S?bado, 07 de mayo de 2011

Orientaci?n a la felicidad en psicoterapia

Autor: Dra. Mariana De Ruschi Crespo
Fuente: Jornadas de Psicolog?a a la luz de la Fe, Buenos Aires


Ponencia de la Dra Mariana De Ruschi Crespo durante las Jornadas de Psicolog?a a la luz de la Fe, en Buenos Aires 2009

La antropolog?a de la felicidad trae a consideraci?n nuestra vida espiritual, vida de la inteligencia y la voluntad, en cuyo ?mbito se despliega la posibilidad de una vida feliz: amor y verdad indisolublemente unidos. As? los presenta Benedicto XVI en su ?ltima enc?clica ?Caritas in Veritate.?

En la Caridad se encuentra (cito)?la fuerza impulsora del aut?ntico desarrollo de cada persona y de toda la humanidad?, por cuanto la b?squeda de la felicidad personal es inseparable del bien com?n , de una situaci?n que necesariamente se hace extensiva al pr?jimo.

Decimos con Arist?teles que la b?squeda de la felicidad es la tendencia m?s profunda y universal del ser humano, y agregamos con la filosof?a cristiana, que esta b?squeda responde a un llamado de Dios a vivir en su Amor, llamado universal: al amor y a la verdad, porque somos imagen y semejanza de un Dios que es, a la vez, Agape y Logos. La verdad es luz intelectual que le da sentido al amor: inteligencia natural, luz de la raz?n, constitutivamente abierta a la vida sobrenatural, a las verdades de la fe, por cuanto la verdad misma es luz para la raz?n y la fe simult?neamente.

La inclinaci?n a conocer la verdad puede corromperse, puede negarse o evitarse, puede debilitarse, pero persiste con la caracter?stica de ser una tendencia a alcanzarla en su grado m?s alto y m?s interior: la verdad sobre Dios, sobre si mismo y sobre nuestras relaciones con los dem?s, en su grado m?s alto y m?s interior. Esta interioridad del conocimiento exige psicol?gicamente una interiorizaci?n de la vida afectiva, justamente porque se trata de una verdad que pide ser amada y de un amor en la verdad. Exige, esta interioridad ,la experiencia de un amor benevolente,es decir, entrar en el dinamismo del amor de Dios No puede hacerse esta experiencia del amor benevolentefuera del ?mbito que re?ne en la Caridad, el amor a Dios, al pr?jimo y a si mismo. El camino en este Amor conduce a la felicidad, la experiencia plena de ese Amor-Verdad es la felicidad.

Si bien nuestra sociedad utilitarista olvida, en su v?rtigo cotidiano, estas determinaciones naturales de nuestra tendencia a la felicidad, ellas son la realidad subyacente a todo nuestro quehacer. La desorientaci?n y el da?o grave que abreva esta ceguera del fin, prueba que la inclinaci?n a la felicidad, as? determinada, es nuestra tendencia m?s profunda, y prueba cuan ineludible resulta consultarla para orientarnos en la vida. Esto, que para algunos pasa inadvertido, es evidente para nosotros los psicoterapeutas.

Podemos entender a la psicolog?a como ciencia de la salud espiritual y, por ello, ciencia de la felicidad humana. La psicolog?a permite demostrar o refutar, en su misma praxis, el ?que? del hombre y de su posibilidad de ser feliz, tal como ha sido dicho por las filosof?as m?s diversas...Este es el punto inferior de la ciencia psicol?gica, su verdad m?nima: el ?que? del hombre. Para alcanzarlo la psicolog?a se hace dependiente de la metaf?sica. Pero el punto m?s alto de la ciencia psicol?gica se refiere al ?como? de la salud y de la felicidad humana. A este punto se llega, en la misma l?nea de las verdades filos?ficas, mediante la apertura de su umbral racional, por la fe, a la Revelaci?n. En la necesidad de ofrecer orientaci?n al hombre hacia su felicidad y a falta de indicaciones adecuadas al alcance del conocimiento natural, la psicolog?a se apropiar? el haber y las indicaciones de otra ciencia, que es la teolog?a. Ser? all? que la psicolog?a encontrar? explicado el ?como? de esta felicidad posible...comprobando su verdad tambi?n ?experimentalmente?, en la praxis psicoterap?utica.

La experiencia de ser feliz, de vivir en Dios gozando de su Amor en medio de los padecimientos cotidianos, ha sido expresada bellamente por todos los santos. Recuerdo especialmente los t?rminos fuertes de San Francisco de As?s, pero tambi?n las im?genes de algunos pacientes identificados con Cristo. Es, seg?n las Escrituras, un sufrir y luchar amando, pasar tempestades y tribulaciones en compa??a del Amado, despreocuparse de todo lo que no sea el amor, afirmarse en la Roca que nos salva, esconderse en la Misericordia que nos rodea. Valoro especialmente la imagen de vivir en intimidad con Dios, como en un huerto cerrado o un huerto regado, que expande desde all? su perfume. Este lenguaje po?tico no es ajeno a nadie que haya tenido alguna experiencia del amor benevolente, no es ajeno a los enamorados... Es un lenguaje que acerca una cierta comprensi?n natural de la caridad. Son im?genes muy aptas para trabajar con ellas en psicoterapia, cuando no surgen otras espont?neamente. Caridad y humildad aparecen en ellas siempre asociadas. Muestran, purifican, invitan, alientan. Toda la riqueza revelada sobre esta vida feliz ilumina ?El Cantar de los Cantares?, el libro de los Salmos y en fin, todo el Antiguo Testamento, para hacer conmovedora eclosi?n en la persona de Nuestro Se?or Jes?s.

Definamos nuevamente la felicidad pero hag?moslo ahora desde la perspectiva de la infelicidad, perspectiva m?s relacionada con la psicopatolog?a. La infelicidad, es consecuente con una perversi?n del dinamismo del amor, con una b?squeda fallida y, en alguna medida, transgresora , de esa roca o ese ?huerto cerrado? pretendiendo hallarlos en el propio yo, como lugar de producci?n de un orden contrahecho, lugar de la soberbia y de una pretendida omnipotencia, del control sobre una realidad que se ve desfigurada y crecientemente amenazante o temible. As? situada el alma ,se constituyen estructuraciones defensivas o ?sistemas de seguridad? particulares en que imperan legalidades arbitrarias. Este egocentrismo clausura el orden natural y lo enajena de la vida sobrenatural. Es una estructuraci?n de la vida ps?quica accidental o secundaria, viciosa. Consecuencia del pecado de origen, es siempre pat?geno. El orden natural separado del orden sobrenatural pierde su posibilidad de un funcionamiento armonioso. As?, en la din?mica centr?peta del yo, las exigencias de la soberbia conducen una b?squeda de la felicidad que se aleja de su destino y sucumbe en la concupiscencia del mundo. L?gicamente, a?n cuando el proceso se acompa?e de fantas?as narcisistas de omnipotencia y ?xito, esta din?mica fracasa, no logra siquiera una finalidad de satisfacci?n para el yo, porque los bienes que procura caducan o le resultan inadecuados. La b?squeda se torna repetitiva y lo que se consigue cae en saco roto. Esta din?mica genera miedos, ansiedad, agotamiento f?sico y mental: padecimientos proporcionados al desarrollo del orgullo, males de pena. Ciertamente la felicidad es un bien arduo, pero esta arduidad ha de resultar vivificante para el psiquismo si se cumple rectamente..La situaci?n que describimos es identificada por los enfermos, al menos bajo ciertos aspectos, con la infelicidad. La b?squeda fallida de felicidad puede y debe ser rectificada y reorientada en el Amor, que siempre aguarda. La tarea de orientaci?n a la felicidad en psicoterapia consiste en mostrar estos sustitutos del buen amor, estos sustitutos de Dios como Fin verdadero de la b?squeda. Develar las caracter?sticas de estos ?sistemas? que suplantan el reino de Dios en el alma y luego ir purificando y modificando los h?bitos de las potencias para llevar a cabo este retorno a la realidad, esta mudanza, esta traves?a, este cambio de pa?s, de costumbres, de lenguaje, seg?n las im?genes de los mismos pacientes. Habr? que proceder con mucha prudencia para que ning?n recurso se pierda y respetando el ritmo y las particularidades de cada uno. A veces esta estructuraci?n patol?gica de la vida an?mica, este falso reino, acapara todas las fuerzas de la vida y, aunque se experimente como un infierno, el paciente lo concibe como su mejor posibilidad. ?Si corro el riesgo de salir, me parece que voy a sufrir el triple? Es la hora de la Caridad que se sirve de todo lo que terapeuta y paciente le entreguen. En el camino de su santificaci?n y por lo tanto en su eventual psicoterapia, el cristiano encontrar? necesariamente m?s sufrimiento que otros seres humanos, como explican los te?logos.

Si es la infelicidad la que trae a las personas a consultar ser? la persistente inclinaci?n a ser felices y eventualmente, a ser santos porque la salud y la felicidad se identifican con la santidad, ser?, dec?a, esta inclinaci?n, el motor de todo el esfuerzo que plantea la psicoterapia. Como ovejas sin pastor... La perseverancia con que se procuran estos encuentros laboriosos, indica el deseo de oriente para una vida feliz y cuan necesitados estamos de buen pastoreo para alcanzarla. Es tanto cuanto atrae, mueve y orienta la b?squeda de la verdad en el amor que suele prevalecer sobre la seducci?n de las convenciones, prejuicios y teor?as pseudocient?ficas en la vida de los pacientes. ?Atraer? a todos hacia Mi? El Amor que siempre espera.

Por el camino de la verdad sobre si mismo, la psicoterapia deviene lugar de encuentro con la Verdad beatificante. Si el paciente carece de esa ?raz?n ampliada? como llama el Santo Padre a la inteligencia abierta por la fe, recordemos que el camino de la verdad y el amor est? exigido por la naturaleza misma y son el t?rmino natural y sobrenatural de nuestro desarrollo humano. Es decir, en todos los casos y siempre, verdad y amor est?n al alcance del hombre, como dones que podemos libremente disponernos a recibir en creciente plenitud. Nuestra conciencia moral no ?produce? sus verdades; tampoco los procesos cognitivos ?producen? la verdad, y m?s que encontrarla, la reciben. El amor como acto de la voluntad, propiamente, no es producido por ella, sino que le es dado. La experiencia nos permite descubrir en el amor todas las notas de lo gratuito, de que es otro quien nos hace felices. Entonces, si bien orden natural y sobrenatural se distinguen y son diferentes, existe entre ellos continuidad, porque ambos dimanan de un mismo Dios: esto es especialmente notable en la observaci?n de la vida an?mica y de un dise?o psicol?gico preparado para la vida sobrenatural que al infundirlo lo mantiene y lo transforma con miras a su divinizaci?n.

Ilustro esta instancia con dos trabajos en cierto sentido opuestos: Una mujer de unos 35 a?os ?sale a caminar? en un trabajo imaginativo por un camino desconocido y se encuentra ante una alternativa , no puede sino toparse con esta alternativa ya al inicio del camino : supone el destino , no lo ve pero lo presiente ....se interpone una maleza espes?sima pero est? muy cerca del destino...el camino en cambio es largo , largo , largu?simo y muy tedioso... quiere ahorrar tiempo , tiene el deseo de meterse en las malezas aunque sabe que se va a ?lastimar toda? para llegar antes a ese destino incierto ,?que apenas vislumbro?. Ya decidi? no caminar por el camino... prefiere ?arriesgar? por la maleza. La detengo. Luego de interpretar esta situaci?n , rica en detalles particulares, vuelve a intentar caminar por un camino desconocido que devela ahora todas sus dificultades afectivas ,temidas, ocultadas y evitadas, y que imped?an aceptar el tiempo como un don, la paciencia como virtud y ,sobre todo , la vida como una oportunidad para crecer hacia un ideal. El segundo caso es el de una postulante a la vida religiosa. Tiene 20 a?os. Muy ansiosa y triste, se encuentra detenida existencialmente en su formaci?n, en su vida familiar y laboral con el justificativo del pr?ximo ingreso en la orden (tal vez m?s de un a?o...) sus fuerzas en una dispersi?n negligente e irreflexiva. Iniciamos la terapia con el objetivo de preparar su ?dote? para la vida consagrada, con excelentes resultados, debido a que el peque?o fruto de cada sesi?n era llevado a la vida de oraci?n y a la direcci?n espiritual. En un trabajo imaginativo, transcurre m?s de media hora en casi total y pl?cido silencio andando por un caminito de campo con pocas variaciones, bellas y significativas. Discretamente le pregunto por el final del camino y responde: ?falta mucho para el final, me parece que todav?a falta para llegar? Le pregunto c?mo lo imagina y responde: ?no me lo imagino, s?lo s? que en alg?n momento llegar? Insisto al rato y dice : ?lo imagino algo parecido a todo esto pero mucho mejor, como si reuniera todo lo que estoy disfrutando por el camino pero m?s fuerte , m?s pleno?. Aunque no puedo decir cual es el final, porque no llegu?... siento que es algo conocido pero que igual me va a sorprender como algo nuevo. Es el Para?so.?

Son enemigos de la orientaci?n a la felicidad, propios de la patolog?a, es decir, del dinamismo egoc?ntrico de la soberbia, por un lado las racionalizaciones, que vulneran la relaci?n de la inteligencia a la verdad y por el otro el ego?smo, c?nicamente promovido en nuestra cultura. Es la debilidad del amor de benevolente, a favor de las concupiscencias (debilidad de la ternura abnegada, del gusto de servir y de hacer feliz a otro desinteresadamente). Vemos este ego?smo como contrario al desarrollo de la caridad, directamente relacionada con la uni?n beatificante .La mayor?a de los pacientes concluye con raz?n que sabemos poco del verdadero amor: ??pero entonces amar, nadie ama!? ?reci?n ahora entiendo de que se trata esto de amar? ?el amor ?amor? de veras, qu? es? Es el sentimiento del ni?o que conf?a y se sustenta en la experiencia del bien que nadie puede quitarle, de una Creaci?n ordenada, de un amor vigente .El ni?o que Jes?s declar? feliz. Es la experiencia de una fuerza que margina todos los miedos salvo el bendito temor de ofender al amado. Esta libertad de todo miedo, esta incondicionalidad de nuestra entrega en la vida, se cumple con esa plenitud que permite ser feliz, s?lo cuando el Amado es Dios mismo. Porque es el ?nico objeto eterno y perfecto capaz de sostener nuestro amor y n uestra vida eterna y perfectamente. Un alma afincada en el bien amado, nada teme y se siente feliz ?como un ni?o en brazos de su madre?. S?lo el Bien Supremo garantiza la plenitud de esta experiencia .Nos hace felices...el amor de Dios. El regreso a esta infancia espiritual requiere como primera instancia el arduo pasaje de la din?mica de egocentrismo a la din?mica del amor y la humildad.

Como terapeutas cristianos tenemos el gran oriente de las Bienaventuranzas en que el mismo Se?or se presenta como modelo del Hombre Feliz. Jes?s nos dice cual es el hombre feliz y como lograr esta identificaci?n con El, feliz en su obediente filiaci?n. Siguiendo al padre Basso dividimos las bienaventuranzas en tres grupos, como en tres tramos del camino a la vida feliz: pobreza, mansedumbre y llanto como medios de remoci?n de los obst?culos, tramo correspondiente a la via purgativa. El segundo tramo, via iluminativa, lo constituyen el hambre y sed de justicia , y la misericordia, medios para desarrollar nuestras disposiciones sanas, positivas. El tercer tramo se corresponde con la via unitiva y son las bienaventuranzas propias de la vida contemplativa: bienaventurados los limpios de coraz?n, los pac?ficos y los que sufren persecuci?n por Cristo...los que suben con El a Su Cruz. Dice el padre Basso, que ?en el ejercicio de la primera bienaventuranza el reino de Dios comienza a ser pose?do; mas, por el ejercicio de la octava, esa posesi?n llega a su plenitud?.

En primer lugar las bienaventuranzas indican la puerta, el medio para el acto beatificante. Porque ser feliz es un acto, las bienaventuranzas lo preparan como puertas a Dios Se da un transformarse mediante una cierta destrucci?n del estado `previo: un desprenderse de los bienes sensibles como fines en si mismos o de ciertos estados artificialmente instaurados como ?bienaventurados? : tener riquezas, honores, poder, pareja. Aqu? lo terap?utico es mostrar en la propia vida del paciente la limitaci?n o relatividad del bien en estas opciones, el da?o y la estupidez de seguirlas como fin ?ltimo siendo meros medios, la frustraci?n y el dolor consecuentes a adherir a ellos...o a perderlos. Podemos considerar junto a nuestros pacientes el poder patog?nico de la codicia, de las tristezas y de la venganza. Habr? que vaciar de lo sensible para llenar con lo espiritual, que por estar m?s participado de lo divino acerca m?s a Dios y tiene funciones de gobierno indelegables. Pero tambi?n habr? que vaciar el alma de lo humano espiritual para llenarla de Dios, por el camino de la purificaci?n interior.

En psicoterapia, l?gicamente, los temas propios de las bienaventuranzas no aparecen siguiendo ning?n orden y simplemente secundamos el don del Esp?ritu Santo con gracias externas: sean gracia todas nuestras intervenciones terap?uticas, las explicaciones, los consejos. Tengamos a bien , sobre todo , aprovechar las ?puertas de entrada? a la experiencia de Dios en nuestros pacientes : la muerte de un bebe, el nacimiento de un hijo enfermo, p?rdidas sucesivas de seres queridos... verdaderos hitos en la subida a la monta?a de las Bienaventuranzas. En Dios, las heridas sanan, la muerte da vida. La psicoterapia no puede operar la modificaci?n de las facultades necesaria para alcanzar esta vida feliz porque esto es obra de Dios, pero s? puede ayudar a remover los obst?culos del miedo y las cobard?as, de las concupiscencias, del egocentrismo, de la mentira, de la tristeza y la desesperanza provenientes de la soberbia y sus secuelas en el alma, que debilitan la fuerza del amor. El amor verdadero quiere abrazar el dolor, evita la ira y procura la paz; el amor humano quiere prepararse al amor de Dios con estos actos de amor que ya lo inician.

Ejemplifico con el caso de una mujer excesivamente atenta a los m?nimos males y males aparentes en su entorno que puedan afectarla a ella o a sus hijos. Sufre permanentes sentimientos de amenaza y una tendencia a responder con ira ingobernable, notablemente inadecuada e ineficaz. El egocentrismo, que promueve su irascibilidad exacerbada, se acompa?a de una notable posesividad en sus relaciones. Es inteligente y formada. Padece desde hace a?os una enfermedad autoinmune en la que su cuerpo parece replicar contra si mismo las conductas defensivas extremas que ella practica vehementemente. Un buen d?a est? en juego la vida de un hijito y ella tolera muy mal su internaci?n: se desata en acusaciones y luchas est?riles contra m?dicos y enfermeras. Sobre todo rivaliza e intenta imponer sus criterios, muchas veces razonables. Su cl?nico, preocupado por su salud, la deriva a terapia. Aprovecho su intenso amor de madre. La terap?utica consiste en rectificar el funcionamiento de su irascibilidad y ponerlo al servicio del amor. Le presento el valor de la mansedumbre, y tambi?n la oportunidad de hacerse fuerte en el dolor aceptado, aprendiendo a encontrar consuelo en la Cruz. ?C?mo pasar de su din?mica defensiva egoc?ntrica a la din?mica del amor? La acompa?o a descubrir que el amor es su fuerza y que no hay otra verdaderamente ?fuerte?. Se ejercita en retener o guardar la agresividad para ponerla a disposici?n del amor. En lugar del enojo, el sufrimiento que profundiza y hace fecundo el amor. Representa imaginativamente varias situaciones que ?disparan? su habitualidad egoc?ntrica y violenta: una por una , las fue transformando interiormente , a veces deseando la mansedumbre que iba haci?ndose virtud en ella, a veces en uni?n a Jes?s crucificado, a veces ?envolviendo ? en el m?s puro amor a su hijo , esta lucha por su salud. Depone el miedo y el sentimiento de ser fr?gil y estar rodeada de enemigos, mediante una observaci?n m?s cuidadosa de la realidad. El secreto fue purificar y fortalecer su intenso amor de madre. Pudo llegar a decir, en un tiempo tan dif?cil de su vida : ?soy feliz?.


La Subida al monte de las bienaventuranzas coincide con la Subida al monte Calvario, por esta inclusi?n del sufrimiento en la caridad, subida que nos ubica ante estaciones sucesivas o delante de distintas puertas. La primera puerta la abre el amor alentando el desprendimiento de los ego?smos, de las vanidades, las pasiones o la queja ante circunstancias adversas que solo piden una aceptaci?n sencilla. Una segunda puerta, que tambi?n le corresponde abrir a ese amor verdadero, es la conciencia y dolor de las propias faltas como purificaci?n. Infidelidades, malos tratos, mentiras, abusos. El coraz?n del terapeuta responde con un ?bienaventurados los pobres? o un ?bienaventurados los que lloran? Es el mismo Jes?s quien invita a caminar con El.


Al referirme a ?puertas?, indico situaciones interiores, puertas naturales y sobrenaturales a la felicidad, situaciones que operan una cierta interiorizaci?n de la vida ps?quica favorable a su divinizaci?n por la Caridad. Por puertas naturales me refiero a situaciones anteriores a la conciencia de la presencia de Dios en nuestra vida, experiencias de uni?n personal a un bien que es verdadero y bello. Doy un breve ejemplo: una paciente de unos 27 a?os imagina que recorre una pradera y se queja de aburrimiento... no hay nada que valga la pena, es todo igual...pasto, aire abierto, p?jaros .... ?P?jaros? ?Cu?les? Le pido que se detenga, que al detenerse contemple los movimientos de uno solo de esos p?jaros... Los p?jaros son aburrid?simos tambi?n....pero hay un pajarito que salta, un poco pesado, est? tranquilo. Silencio....el sabe que en esta pradera hay comida para ?l y un nido para descansar...es muy buena su situaci?n. Vali? la pena detenerse...no hay ya nada de aburrimiento, hay una atenci?n absorta en la escena elocuente. La paciente goza del bien que expresa este p?jaro. Hay un amor incipiente a este bien hasta ahora desconocido. Partiendo de la iluminaci?n de la imagen se alcanz? una percepci?n inteligente de una realidad ordenada que se ofrece como la vida misma, como un don, como un orden natural que sostiene, que es bueno y confiable. Surge un amor a este bien que se encarna en sentimientos de ternura y tranquilidad, pero sobre todo de confianza.

Sugiero a la paciente que se identifique, salvando las distancias, con este p?jaro. La gran novedad en su vida an?mica es justamente la confianza: la paciente, tensa y exasperada en el encierro de sus fantas?as, e invenciones mentales, incapaz de producir un orden verdadero y confiable, sufre insatisfecha su tristeza y su an?mico cansancio por no haber descubierto ese orden dado en la Creaci?n y en su propio ser que le permite sentirse sostenida y luego desplegar una funcionalidad que necesita esta condici?n previa para su accionar... Es la experiencia de la Providencia, desde una contemplaci?n terrena, experiencia incipiente del amor y la gratuidad que la terapia se ocupar? de desarrollar Dios mediante. Pero ya hemos dado un paso fuera de la situaci?n patol?gica. Cuando el alma est? encerrada en la observaci?n de sus propios datos, interpret?ndolos hasta extenuarse, cuando la vida propia y ajena es bien de uso, espejo para las ilusiones y desilusiones narcisistas, la realidad se cierra, no remite ya a ning?n bien espiritual, pierde todo valor anal?gico: la naturaleza y la realidad se clausuran como puertas a Dios y a la felicidad. En psicoterapia esta orientaci?n a la felicidad por el camino de las analog?as, se realiza invitando a la contemplaci?n mediante el recurso a las representaciones conservadas en la imaginaci?n. Las realidades naturales son un riesgo o una oportunidad para la salud: son una oportunidad si me mantengo en la l?nea de mi naturaleza, si eventualmente acepto sufrir por mantenerme en esta l?nea de la verdad en el amor. Hay pues un acercamiento natural al esp?ritu de las bienaventuranzas. Sin embargo, s?lo sobrenaturalmente se puede entrar en ellas y desde all? relacionarse en plena salud y libertad con Dios y con el pr?jimo. La realidad, como vimos, o se abre como puerta a Dios o se cierra sobre si misma cuando uno busaca en si mismo,o en los dictados del mundo, todas las referencias.

Con la consigna de buscar una puerta con su nombre y abrirla, una mujer adulta, encuentra, detr?s de unos arbustos, la puerta de la novela ?El jard?n secreto?...pero esta puerta no tiene su nombre... y enseguida dice que no puede evitar confundirse con el jard?n de ?El Gigante Ego?sta? de Oscar Wilde. Considera mentalmente la situaci?n, no entra, se plantea una alternativa. Luego, al tratar de comprender lo que ocurri?, vemos que rehus? el trabajo de limpieza y cultivo que exig?a el ?jard?n secreto?. Rehus? especialmente el don de un lugar de encuentro con Dios: su propia vida. Est? detenida sin poder decidir. M?s all? de la dificultad de encontrar una puerta personal, y su necesidad de recurrir a lo literario o convencional, vemos en este trabajo, graficados, los dos dinamismos que estamos estudiando: hay un d?bil intento de acercarse a comprender y vivir la ascesis, la benevolencia, la intimidad y la contemplaci?n, por un lado, pero por otro, aparecen sus avideces, su posesividad y egocentrismo y tambi?n sus miedos. Su deseo de controlar todo como el ?gigante ego?sta? se relaciona con el miedo a seguir sola, equivoc?ndose ?en la elecci?n de pareja?. Pero antes hay miedo a la verdad y a comprometerse con ella que es Amor y vivir seg?n su Ley, lo cual exige conversi?n, obediencia libre y filial.

La orientaci?n a la felicidad incluye por parte del terapeuta, indicar y mostrar los bienes amables, mediante el recurso al arte, los cuentos, poes?as y par?bolas, elegidos e interpretados en sinton?a con el Evangelio. Pero importa sobre todo estar atento a las expresiones e im?genes que elige el paciente, su estilo, su logicidad o su falta de ella, sus falacias, como emergentes del idealismo imperante en la cultura... Habr? que detenerse ante frases tales como ?dispongo de mi propia vida? ?tengo derecho a ser feliz? ?soy due?o de mis decisiones? .Como medio del terapeuta para conocer a su paciente, la ?manifestaci?n de los pensamientos? es fundamental y la comunicaci?n verbal, abierta a todos sus recursos, es el medio terap?utico primordial. Sin embargo ocurre que el paciente no s?lo selecciona lo que quiere trasmitir u omitir sino que no puede trasmitir aquello que no entiende, porque los contenidos requieren una cierta inteligibilidad que permita su verbalizaci?n. Por esto es ?ptimo recurrir, para su acercamiento a la verdad, a esas im?genes donde la racionalidad se prepara, donde las verdades alcanzadas se guardan, donde toda preparaci?n de la experiencia o toda experiencia incompleta se conserva, donde se atesoran los recuerdos o las analog?as de lo vivido, donde la creatividad, apuntalada por la conducci?n terap?utica, cumple con su funci?n natural de encauzar, desde la sensibilidad, la b?squeda de la verdad. Luego, con la rectificaci?n de la sensibilidad por intermediaci?n de las im?genes adecuadas, toda ella se prepara para subordinarse a la racionalidad que la requiere, para servirla en el camino hacia la espiritualidad plena y proveerla de sus recursos en el regreso hacia las obras que encarnan la vida del espiritu.

Para la indagaci?n de la situaci?n del actual del paciente, de su punto de partida en el camino hacia la felicidad, bien puede aplicarse el test desiderativo como evaluaci?n del oriente valorativo del paciente, de su conciencia de libertad y capacidad de gobierno de s?, de su conocimiento o desconocimiento de s? mismo y de los valores espirituales en s? y para ?l. El paciente manifiesta aqu? cuales y de que calidad son sus ideales y a que disvalores, temores o debilidades los contrapone. Luego de una discusi?n exhaustiva de estas elecciones o identificaciones, el mismo paciente intentar? modificarlas, elegir otras m?s acordes con su particularidad y la particularidad de su vocaci?n, a la luz de la verdad y del amor.

En el cap?tulo 12 del evangelio de San Juan, o?mos decir a Jes?s: ?Y yo cuando sea levantado de la tierra atraer? a todos hacia Mi? y agrega ?caminad mientras teneis la Luz....el que camina en tinieblas no sabe donde va....creed en la luz? Atra?dos por Jes?s, iluminados por su Presencia, caminamos y alentamos a caminar hacia el Cielo, en medio de ineludibles sufrimientos, purgaciones y sacrificios, como dispensadores de la gracia, como receptores de ella. El Esp?ritu Santo, Dador de la vida feliz, nos acompa?a con sus dones.

En todos los trances del camino , la psicoterapia ha de v?rselas especialmente con la dimensi?n afectiva porque se trata de mover al paciente siempre a un bien m?s digno de ser amado con el amor m?s puro y benevolente posible. Existe la tendencia natural de integrar lo emocional a lo voluntario. Pero sentimiento y voluntad deben identificarse siempre y cuando la identificaci?n est? fundada en el bien y en la verdad. Este trabajo de ordenaci?n de la naturaleza, imprescindible para una asc?tica que permita la vida feliz, es tambi?n tarea de la psicoterapia: habr? que teorizar lo imprescindible, seg?n la particularidad de cada cual, habr? que alentar al bien arduo, con im?genes bellas y verdaderas, alentar avivando la conciencia de la belleza de las propias posibilidades de amar y de hacer m?s buena, verdadera y bella la propia vida y la de los dem?s. Creo que es necesario aplicarnos m?s a la verdad vislumbrada y a los amores benevolentes sentidos, para darles mayor y mejor presencia en nuestras vidas. Sea la psicoterapia oportunidad para esta amplificaci?n del amor y de la verdad en la propia vida, especialmente cuando se trata del mismo Dios que nos ofrece la experiencia de su Ternura.

Generalmente, las experiencias del consuelo divino se olvidan o ha sido sumamente fugaz su consideraci?n por parte de los pacientes. Le cabe a la psicoterapia recuperarla, amplificarla, darle el sitio que le corresponde en sus vidas. Lo seres humanos volvemos, despu?s de estas experiencias sobrenaturales, r?pidamente, a la exterioridad, frivolidad y sensualidad anteriores, pero perdiendo la intensidad de gozo y la certera orientaci?n a la felicidad que nos deparaba la consolaci?n. Si rescatamos estos momentos en psicoterapia, estos ?rel?mpagos? de lo infinito, atesorados por la memoria, ser?n un lugar bendecido por la presencia de Dios, un lugar de interioridad, que ha de recuperarse y desde donde se podr? comenzar a caminar en la vida bienaventurada que es siempre vida vivida desde lo interior. Menciono aqu? el caso de una paciente bautizada y relativamente formada en la fe pero alejada de todo compromiso y experiencia. Enferma de c?ncer, en un momento de profundo despojamiento de todo lo que la ataba a su cotidianeidad, sinti?ndose sola y desvalida, recibe la gracia del consuelo divino: nada le importa, Dios la ama y esto es superior a todo bien. Confiesa que mil veces prefiere estar enferma con El, que sana sin El. Luego, llega su curaci?n y sabe que esto tambi?n es un regalo de la Providencia: nuevamente experimenta que est? en Sus Manos y que ello tiene una dulzura inaudita y preferible a todo. Sin embargo todo vuelve al orden mundano junto a su pareja diez a?os menor que ella, que finalmente le es infiel y la abandona. Es entonces que comienza su terapia en un estado de profunda perturbaci?n y congoja. Superficialmente toca cuestiones relacionadas con su fe. Una noche sue?a que llora y se despierta llorando, pero interpreta su sue?o explic?ndose que debe ser el dolor por la ruptura con su novio. Le sugiero que regrese imaginativamente a su sue?o y se vea all? llorando...Es entonces que aparece con toda vivacidad el recuerdo del consuelo de Dios, a?n con mayor intensidad y gozo que en el tiempo de su enfermedad. Enterada de esta experiencia, procuro ayudarla a darle toda la expansi?n que merece. Luego de esta sesi?n todos sus trabajos imaginativos, sea cual sea la tem?tica, incluyen el contenido de esa experiencia espiritual que ha de mantenerse vigente para reorientar su vida.

Isaac de la Estrella (hacia 1171), monje cisterciense
Serm?n 2 para la fiesta de Todos los Santos, 13-20


?Dichosos los que ahora llor?is?


?Dichosos los que lloran, porque ser?n consolados? (Mt 5,5). Con estas
palabras el Se?or quiere hacernos comprender que el llanto es el camino
del gozo. Por la desolaci?n se llega a la consolaci?n; es perdiendo su
propia vida que uno la encuentra, rechaz?ndola que la posee, odi?ndola que
la ama, despreci?ndola la conservamos (Mt 16,24s). Si quieres conocerte a
ti mismo y educarte, entra dentro de ti mismo y no te busques fuera de
ti...El hombre que entra dentro de s? mismo ?no se descubrir? lejos,
como el hijo pr?digo, en una regi?n diferente, en una tierra extranjera,
donde se sienta y llora al acordarse de su padre y de su patria? (Lc
15,17)... volv?monos hacia ?l ?con ayunos, llantos y lamentos sobre
nosotros mismos? (Jl 2,12) para que un d?a... sus consolaciones alegren
nuestras almas. Dichosos, en efecto, los que lloran, no por el hecho de
llorar, sino porque ser?n consolados. Los llantos son el camino; la
consolaci?n es la bienaventuranza


Continuando con el tema de la orientaci?n a la felicidad en psicoterapia a partir de los des?rdenes afectivos, que vinculamos ya con la infelicidad, consideraremos ahora, la ansiedad y el cansancio triste y agobiado, tan de nuestro tiempo. Estos trastornos, que corresponden a la definici?n de la ?acedia?, se deben a un creciente retaceo de la entrega personal , se debe a fuerzas que se separan, privando al psiquismo del rumbo y hegemon?a del amor . Dec?a San Juan de la Cruz que el que anda en amor ?no cansa ni se cansa?. El cansancio, la psicastenia propia de estos cuadros indica el debilitamiento del amor. Las fuerzas ps?quicas se han puesto al servicio del dinamismo de la soberbia o de la b?squeda de poder, seguridades y compensaciones al gozo del amor en el terreno de placer. Una j?ven m?dica se irrita, se malhumora, se ?deprime? y agota en la residencia de su especialidad justamente, como pudimos ver, mediante un trabajo imaginativo sobre un episodio concreto, porque divide la atenci?n y las fuerzas que le debe a sus pacientes, con la preocupaci?n por los gestos y comentarios de la jefa de residentes que la observa, seguramente menos de lo que ella cree y que no prodiga los elogios que ella espera. La realidad de su pr?ctica m?dica, rica en bienes amables, reclama su entrega, pero ella margina estos bienes para buscar su felicidad en una suerte de ?espejo valorativo? que la remite infinitamente al punto de partida, su propio ego insatisfecho. Si el efecto de un elogio es ef?mero, la herida de una cr?tica deja al orgullo sangrando y la frustraci?n la lleva a trabajar cansada y triste. Igualmente, necesita seducir para sentirse linda, porque la evaluaci?n de su marido no vale, considerando que est? enamorado de ella...Otra vez, la renuncia al dinamismo del amor. Muchos y breves trabajos imaginativos incluyeron aceptar su estricta realidad espiritual y encarnada, verse delante del espejo, avivar su amor por la tarea m?dica mirando exclusivamente el bienestar del pobre paciente olvidado y necesitado. Aqu? tambi?n cabe la orientaci?n a la felicidad de la primera bienaventuranza: bienaventurados los pobres de segundas intenciones, de b?squedas contrarias al amor benevolente, en los placeres, los honores, el poder, el reconocimiento...destinos que dejan el coraz?n inquieto, el alma angustiada.

Tambi?n llega a la consulta el paciente que se rebela contra el ?condicionamiento? de desear la felicidad , como si fuera un mero mandato social resultante de una tradici?n equivocada, y pretende colocarse en un m?s all? de este deseo : ?no me interesa ser feliz, la felicidad es imposible? pero luego se desdice con sus hechos en la vida cotidiana, y a?n negando todo orden y sentido en la realidad , cede imperceptiblemente a un cierto orden adhiriendo m?nimamente a este orden al buscar alivio para el dolor , siendo la evitaci?n del dolor un cierto bien que orienta su b?squeda de felicidad, remotamente alineada con el oriente natural. Estar perdido o extraviado no significa que no haya meta y esta meta, como nos lo se?al? Arist?teles primero y San Agust?n desarroll? luego , se encuentra en el Absoluto. El amor es una fuerza que une interiormente como Dios mismo es Uno: cuando las fuerzas se dividen o dispersan el hombre se enferma y es se?al de esta ausencia de la primac?a del amor, la depresi?n y el cansancio patol?gico que consideramos antes.

Si la virtud que nos da acceso a Dios, la virtud de la vida feliz y que permite llamar virtud a las otras virtudes, es la caridad, todo amor, si es amor ordenado, est? participado del Amor del Creador y prepara y acerca a la Caridad. Porque todo amor analoga bajo alg?n aspecto a la Caridad, merece nuestra atenci?n especial en psicoterapia. Adem?s ,es en la Caridad que el terapeuta puede dar a su paciente el amor de Dios, amarlo como es amado por Dios, permitirle al paciente esa misma experiencia en su relaci?n con nosotros, inferiores como somos al tesoro de la gracia que llevamos y entregamos As?, de alg?n modo, comunicamos la bienaventuranza. La bienaventuranza referida a la misericordia es nuestra propia y especial ?orientaci?n a la felicidad? como terapeutas. El amor a nuestros pacientes es curativo, tanto m?s curativo cuanto m?s misericordioso. La miseria de ellos nos purifica y nos santifica, nos hace encontrar medios fecundos e inteligentes para darles ayuda. Todas las obras de misericordia est?n a nuestro alcance como terapeutas: ense?ar, aconsejar, corregir, perdonar, consolar, sufrir con paciencia sus defectos y rezar por ellos. Saber esperar, confiando en la Voluntad de ese Pastor en cuyo nombre pastoreamos, descubrir la imagen y semejanza escondida, amar la divina bondad, verdad y belleza en acto o en potencia en el pr?jimo, amarla con amor benevolente, removiendo los obst?culos intelectuales y afectivos para orientarlos a Dios. Esta ejemplaridad a la que aspiramos como terapeutas es para ellos parte de la misma terapia .Por este mismo camino han de encontrar nuestro pacientes, con la gracia de Dios Misericordioso, y el auxilio de Mar?a , la vida feliz.


Publicado por mario.web @ 9:42
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