S?bado, 07 de mayo de 2011


Fuente: Zenit.org
Autor: S.S. Benendicto XVI

Homil?a de Benedicto XVI en Nazaret

La ciudad de Jes?s, Mar?a y Jos?


Queridos hermanos y hermanas

"?Que la paz de Cristo presida vuestros corazones, pues a ella hab?is sido llamados formando un solo Cuerpo! (Colosenses 3, 15). Con estas palabras del ap?stol Pablo, saludo a todos con afecto en el Se?or. Me alegro de haber venido a Nazaret, lugar bendecido por el misterio de la Anunciaci?n, lugar que contempl? los a?os escondidos del crecimiento de Jes?s en sabidur?a, edad y gracia (Cf. Lucas 2,52). Agradezco al arzobispo Elias Chacour sus gentiles palabras de bienvenida, y abrazo con el signo de la paz a mis hermanos obispos, sacerdotes, religiosos y todos los fieles de Galilea, que en la diversidad de sus ritos y tradiciones, expresan la universalidad de la Iglesia de Cristo. Deseo dar las gracias en especial a cuantos han hecho posible esta celebraci?n, particularmente a quienes han participado en la planificaci?n y construcci?n de este nuevo escenario con su espl?ndido panorama de la ciudad.

Aqu? en la ciudad de Jes?s, Mar?a y Jos?, nos reunimos para destacar la conclusi?n del A?o de la Familia celebrado por la Iglesia en Tierra Santa. Como signo de esperanza para el futuro, bendecir? la primera piedra de un Centro Internacional para la Familia, que ser? construido en Nazaret. Oremos para que este Centro promueva una s?lida vida familiar en esta regi?n, ofrezca apoyo y asistencia a las familias en cualquier lugar y las anime en su insustituible misi?n en la sociedad.

Esta etapa de mi peregrinaci?n, estoy seguro, llamar? la atenci?n de toda la Iglesia hacia esta ciudad de Nazaret. Como dijo el Papa Pablo VI todos necesitamos volver a Nazaret para contemplar siempre de nuevo el silencio y el amor de la Sagrada Familia, modelo de toda vida familiar cristiana. Aqu?, tras el ejemplo de Mar?a, Jos? y Jes?s, podemos apreciar a?n m?s la santidad de la familia que, en el plan de Dios, se basa en la fidelidad para toda la vida de un hombre y una mujer, consagrada por el pacto conyugal y abierta al don de Dios de nuevas vidas. ?Cu?nta necesidad tienen los hombres y mujeres de nuestro tiempo de volver a apropiarse de esta verdad fundamental, que constituye la base de la sociedad y qu? importante es el testimonio de parejas casadas para la formaci?n de conciencias maduras y la construcci?n de la civilizaci?n del amor!

En la primera lectura de hoy, tomada del libro del Eclesi?stico (3, 3-7.14-17), la palabra de Dios presenta a la familia como la primera escuela de la sabidur?a, una escuela que educa a los propios miembros en la pr?ctica de esas virtudes que conducen a la felicidad aut?ntica y duradera. En el plan de Dios para la familia, el amor del marido y la mujer produce el fruto de nuevas vidas, y encuentra su expresi?n cotidiana en los esfuerzos amorosos de los padres para asegurar una formaci?n integral humana y espiritual para sus hijos. En la familia cada persona, ya sea el ni?o m?s peque?o o el familiar m?s anciano, es valorada por lo que es en s? misma, y no es vista meramente como un medio para otros fines. Aqu? empezamos a atisbar algunos de los papeles esenciales de la familia como primera piedra de la construcci?n de una sociedad bien ordenada y acogedora. Adem?s alcanzamos a apreciar, dentro de la sociedad en general, el deber del Estado de apoyar a las familias en su misi?n educadora, de proteger la instituci?n de la familia y sus derechos inherentes, y de asegurar que todas puedan vivir y florecer en condiciones de dignidad.

El ap?stol Pablo, escribiendo a los Colosenses, habla instintivamente de la familia cuando busca ilustrar las virtudes que edifican "el ?nico cuerpo" que es la Iglesia. Como "elegidos de Dios, santos y amados", estamos llamados a vivir en armon?a y en paz los unos con los otros, mostrando sobre todo magnanimidad y perd?n, con el amor como el v?nculo m?s grande de perfecci?n (Cf. Colosenses 3, 12-14). En la alianza conyugal, el amor del hombre y de la mujer es elevado por la gracia hasta convertirse participaci?n y expresi?n del amor de Cristo y de la Iglesia (Cf. Efesios 5, 32), de modo que la familia, fundada sobre el amor, esta llamada a ser una "iglesia dom?stica", un lugar de fe, de oraci?n y de preocupaci?n amorosa por el verdadero y duradero bien de cada uno de sus miembros.

Al reflexionar sobre estas realidades, aqu?, en la ciudad de la Anunciaci?n, nuestro pensamiento se dirige naturalmente a Mar?a, "llena de gracia", la Madre de la Sagrada Familia y nuestra Madre. Nazaret nos recuerda el deber de reconocer y respetar la dignidad y misi?n concedidas por Dios a las mujeres, como tambi?n sus carismas y talentos particulares. Ya sea como madres de familia, en cuanto presencia vital en las fuerzas laborales y en las instituciones de la sociedad, ya sea en la particular vocaci?n a seguir al Se?or mediante los consejos evang?licos de castidad, pobreza y obediencia, las mujeres tienen un papel indispensable en la creaci?n de esa "ecolog?a humana" (Cf. Centesimus annus, 39) de la que nuestro mundo y tambi?n esta tierra tienen una necesidad urgente: un ambiente en el que los ni?os aprendan a amar y querer a los dem?s, a ser honestos y respetuosos con todos, a practicar las virtudes de la misericordia y del perd?n.

En esto, pensamos tambi?n en san Jos?, el hombre justo que Dios quiso poner al frente de su casa. Del ejemplo fuerte y paterno de Jos?, Jes?s aprendi? las virtudes de la piedad masculina, la fidelidad a la palabra dada, la integridad y del trabajo duro. En el carpintero de Nazaret vemos c?mo la autoridad puesta al servicio del amor es infinitamente m?s fecunda que el poder que busca el dominio. ?Cu?nta necesidad tiene nuestro mundo del ejemplo, de la gu?a y de la silenciosa calma de hombres como Jos?!

Finalmente, al contemplar la Sagrada Familia de Nazaret, dirigimos ahora la mirada al ni?o Jes?s, que en la casa de Mar?a y de Jos? creci? en sabidur?a y conocimiento, hasta el d?a en el que inici? su ministerio p?blico. En esto, quisiera compartir un pensamiento particular con los j?venes presentes. El Concilio Vaticano II ense?a que los ni?os tienen un papel especial para hacer crecer a sus padres en la santidad (Cf. Gaudium et spes, 48). Les pido que reflexionen sobre ello y dejen que el ejemplo de Jes?s les gu?e no s?lo para demostrar respeto a sus padres, sino tambi?n para ayudarles a descubrir con m?s plenitud el amor que da a nuestra vida el sentido m?s profundo. En la Sagrada Familia de Nazaret, Jes?s ense?? algo a Mar?a y a Jos? sobre la grandeza del amor de Dios, su Padre de los Cielos, la fuente ?ltima de todo amor, el Padre de quien toda familia en el cielo y en la tierra toma su nombre (Cf. Efesios 3, 14-15).

Queridos amigos, en la oraci?n colecta de la misa de hoy hemos pedido al Padre que "nos ayude a vivir como la Sagrada Familia, unidos en el respeto y en el amor". Renovemos aqu? nuestro compromiso de ser levadura de respeto y de amor en el mundo que nos rodea. Este Monte del Precipicio nos recuerda, como lo ha hecho con generaciones de peregrinos, que el mensaje del Se?or fue en ocasiones fuente de contradicci?n y de conflicto con los mismos que le escuchaban. Por desgracia, como sabe el mundo, Nazaret ha experimentado tensiones en los a?os recientes, que han da?ado las relaciones entre las comunidades cristiana y musulmana. Invito a las personas de buena voluntad de ambas comunidades a reparar el da?o cometido, y en fidelidad al credo com?n en un ?nico Dios, Padre de la familia humana, a trabajar para construir puentes y encontrar formas de convivir pac?ficamente. ?Que cada uno rechace el poder destructivo del odio y del prejuicio, que matan al alma humana antes que al cuerpo!

Dejad que concluya con unas palabras de gratitud y alabanza a cuantos se esfuerzan por llevar el amor de Dios a los ni?os de esta ciudad y por educar a las nuevas generaciones en los caminos de la paz. Pienso de manera especial en los esfuerzos de las iglesias locales, particularmente en sus escuelas y en sus instituciones caritativas, para derribar los muros y para ser terreno f?rtil de encuentro, de di?logo, de reconciliaci?n y de solidaridad. Aliento a los sacerdotes, a los religiosos, a los catequistas y a los profesores a que se comprometan, junto con los padres y cuantos se dedican al bien de nuestros peque?os, a perseverar por dar testimonio del Evangelio, a tener confianza en el triunfo del bien y de la verdad, y a confiar en que Dios har? crecer toda iniciativa destinada a difundir su Reino de santidad, solidaridad, justicia y paz. Al mismo tiempo reconozco con gratitud la solidaridad que muchos hermanos y hermanas nuestros en todo el mundo expresan hacia los fieles de Tierra Santa, apoyando los loables programas y actividades de la Catholic Near East Welfar Association.

"H?gase en m? seg?n tu palabra" (Lucas 1,38). ?Qu? la virgen de la Anunciaci?n, que con valent?a abri? el coraz?n al misterioso plan de Dios, y se convirti? en Madre de todos los creyentes, nos gu?e y nos apoye con su oraci?n! ?Que obtenga para nosotros y nuestras familias la gracia de abrir los o?dos a esta palabra del Se?or que tiene el poder de construir (Cf. Hechos 20, 32), que nos inspire decisiones valerosas, y que gu?e nuestros pasos por el camino de la paz!

[Traducci?n del original ingl?s realizada por Jes?s Colina]

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Escucha la reflexi?n de Mauricio I. Perez sobre la Homil?a de Benedicto XVI en Nazaret


Publicado por mario.web @ 15:38
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