S?bado, 07 de mayo de 2011


Fuente: Zenit.org
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--Me llamo Anna Filippone, tengo doce a?os, soy monaguilla, vengo de Calabria, de la di?cesis de Oppido Mamertina-Palmi. Papa Benedicto, mi amigo Giovanni tiene un pap? italiano y una madre ecuatoriana y es muy feliz. ?Crees que diferentes culturas un d?a podr?n vivir sin pelearse en el nombre de Jes?s?

--Benedicto XVI: He sabido que quer?is saber c?mo nosotros, cuando ?ramos ni?os, nos ayud?bamos rec?procamente. Tengo que decir que viv? los a?os de la escuela primaria en un peque?o pueblo de 400 habitantes, muy alejado de los grandes centros. Por tanto, ?ramos algo ingenuos y, en ese pueblo, hab?a, por una parte agricultores muy ricos y otros menos ricos pero acomodados, por otra pobres empleados, artesanos. Nuestra familia, poco antes de que comenzara la escuela primaria, hab?a llegado a este pueblo procedente de otro, y por tanto ?ramos algo extranjeros para ellos, incluso el dialecto era diferente. En esta escuela, por tanto, se reflejaban situaciones sociales muy diferentes. Sin embargo, se daba una hermosa comuni?n entre nosotros. Me ense?aron su dialecto, que yo todav?a no conoc?a. Colaboramos bien, y tengo que decir que en alguna ocasi?n naturalmente tambi?n me pele?, pero despu?s nos reconciliamos y olvidamos lo que hab?a sucedido. Esto me parece importante. A veces, en la vida humana parece inevitable pelearse; pero lo importante es, de todos modos, el arte de reconciliarse, el perd?n, volver a comenzar de nuevo y no dejar la amargura en el alma. Con gratitud, recuerdo c?mo colabor?bamos todos: uno ayudaba al otro y segu?amos juntos nuestro camino. Todos ?ramos cat?licos, y esto era naturalmente una gran ayuda. As? aprendimos juntos a conocer la Biblia, empezando por la Creaci?n hasta el sacrificio de Jes?s en la Cruz, y llegando a los inicios de la Iglesia. Juntos aprendimos el catecismo, aprendimos a rezar juntos, nos prepararnos juntos para la primera confesi?n, para la primera comuni?n: aquel fue un d?a espl?ndido. Comprendimos que el mismo Jes?s viene a nosotros y que no es un Dios lejano: entra en la propia vida, en la propia alma. Y, si el mismo Jes?s entra en cada uno de nosotros, nosotros somos hermanos, hermanas, amigos, y por tanto tenemos que comportarnos como tales. Para nosotros esta preparaci?n a la primera confesi?n, como purificaci?n de nuestra conciencia, de nuestra vida, y despu?s tambi?n la primera comuni?n, como encuentro concreto de Jes?s, que viene a m? y a todos, fueron factores que contribuyeron a formar nuestra comunidad. Nos ayudaron a avanzar juntos, a aprender juntos a reconciliarnos, cuando era necesario. Hicimos tambi?n peque?os espect?culos: es importante tambi?n colaborar, prestar atenci?n el uno por el otro. Despu?s, a ocho o nueve a?os me hice monaguillo. En aquel tiempo no hab?a todav?a monaguillas, pero las chicas le?an mejor que nosotros. Por tanto, ellas le?an las lecturas de la liturgia, nosotros ?ramos monaguillos. En aquel tiempo, todav?a hab?a muchos textos en lat?n que hab?a que aprender, de este modo cada uno tuvo que realizar su parte de esfuerzo. Como he dicho, no ?ramos santos: tuvimos nuestras peleas, pero de todos modos se daba una hermosa comuni?n, en la que las distinciones entre ricos y pobres, inteligentes y menos inteligentes no contaban. Contaba la comuni?n con Jes?s en el camino de la fe com?n y de la responsabilidad com?n, en los juegos, en el trabajo com?n. Encontramos la capacidad para vivir juntos, para ser amigos, y a pesar de que desde 1937, es decir, desde hace m?s de setenta a?os, ya no he estado en ese pueblo, hemos permanecido amigos. Aprendimos a aceptarnos el uno al otro, a llevar el peso el uno del otro. Esto me parece importante: a pesar de nuestras debilidades, nos aceptamos y con Jesucristo, con la Iglesia, encontramos juntos el camino de la paz y aprendemos a vivir bien.

--Me llamo Letizia y te quer?a hacer una pregunta. Querido Papa Benedicto XVI, ?qu? quer?a decir para ti, cuando eras peque?o, el lema: "Los ni?os ayudan a los ni?os"? ?Habr?as pensado que alguna vez llegar?as a ser Papa?

--Benedicto XVI: A decir verdad, nunca hubiera pensado que ser?a Papa, pues, como ya he dicho, era un muchacho bastante ingenuo, en un peque?o pueblo muy alejado de las ciudades, en la provincia olvidada. ?ramos felices de vivir en esa provincia y no pens?bamos en otras cosas. Naturalmente conocimos, veneramos y amamos al Papa --era P?o XI--, pero para nosotros era una altura inalcanzable, casi otro mundo: era nuestro padre, pero de todos modos una realidad muy superior a nosotros. Y tengo que decir que todav?a hoy me cuesta comprender c?mo el Se?or ha podido pensar en m?, destinarme a este ministerio. Pero lo acepto de sus manos, aunque es algo sorprendente y me parece que va mucho m?s all? de mis fuerzas. Pero el Se?or me ayuda.

--Querido Papa Benedicto. Soy Alessandro. Quer?a preguntarte: t? eres el primer misionero, nosotros, muchachos, ?c?mo podemos ayudarte a anunciar el Evangelio?

--Benedicto XVI: Dir?a que, una primera manera es ?sta: colaborar con la Obra Pontificia de la Infancia Misionera. De este modo, form?is parte de una gran familia, que lleva el Evangelio al mundo. De este modo pertenec?is a una gran red. Vemos aqu? c?mo es representada la familia de los diferentes pueblos. Vosotros est?is en esta gran familia: cada uno pone su parte y juntos sois misioneros, promotores de la obra misionera de la Iglesia. Ten?is un hermoso programa, indicado por vuestra portavoz: escuchar, rezar, conocer, compartir, ser solidarios. Estos son los elementos esenciales que constituyen realmente una forma de ser misionero, de hacer crecer a la Iglesia y la presencia del Evangelio en el mundo. Quisiera subrayar algunos de estos puntos.

Ante todo, rezar. La oraci?n es una realidad: Dios nos escucha y, cuando rezamos, Dios entra en nuestra vida, se hace presente entre nosotros, act?a. Rezar es algo muy importante, que puede cambiar el mundo, pues hace presente la fuerza de Dios. Y es importante ayudarse para rezar: rezamos juntos en la liturgia, rezamos juntos en la familia. Yo dir?a que es importante comenzar el d?a con una peque?a oraci?n y acabar tambi?n el d?a con una peque?a oraci?n: recordar a los padres en la oraci?n. Rezar antes de la comida, antes de la cena, y con motivo de la celebraci?n com?n del domingo. Un domingo sin misa, la gran oraci?n com?n de la Iglesia, no es un verdadero domingo: le falta el coraz?n del domingo, as? como la luz para la semana. Pod?is tambi?n ayudar a los dem?s, especialmente cuando quiz? no se reza en casa, cuando no se conoce la oraci?n, ense??ndoles a rezar: al rezar con ellos se introduce a los dem?s en la comuni?n con Dios.

Luego hay que escuchar, es decir, aprender realmente lo que nos dice Jes?s. Adem?s, hay que conocer la Sagrada Escritura, la Biblia. En la historia de Jes?s aprendemos -como ha dicho el cardenal--, el rostro de Dios, aprendemos c?mo es Dios. Es importante conocer a Jes?s profundamente, personalmente. De este modo, ?l entra en nuestra vida y, a trav?s de nuestra vida, entra en el mundo.

Tambi?n hay que compartir, no hay que querer las cosas s?lo para uno mismo, sino para todos; dividir con los dem?s. Y si vemos que otro quiz? tiene necesidad, que tiene menos cualidades, tenemos que ayudarle, y de este modo hacer presente el amor de Dios sin grandes palabras, en nuestro peque?o mundo personal, que forma parte del gran mundo. De este modo, juntos nos convertimos en una familia, en la que uno tiene respeto por el otro: soportar al otro en su alteridad, aceptar tambi?n a los antip?ticos, no dejar que uno quede marginado, sino ayudarle a integrarse en la comunidad.

Todo esto quiere decir simplemente vivir en esta gran familia de la Iglesia, en esta gran familia misionera: vivir los puntos esenciales como compartir, el conocimiento de Jes?s, la oraci?n, la escucha rec?proca y la solidaridad es una obra misionera, pues ayuda a que el Evangelio se convierta en realidad en nuestro mundo.

[Traducci?n del original italiano realizada por Jes?s Colina

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Publicado por mario.web @ 16:05
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