S?bado, 07 de mayo de 2011

Autor: Fernando Pascual

El ba?ador, las gafas de sol, una novela de intriga, una revista de crucigramas, algo de ropa (no mucha), desodorante, colonia... Todo entra en la maleta, antes de salir, por fin, de vacaciones.

Todo... Bueno, algo tiene que quedarse en casa. Miramos a la estanter?a y salta, ante nuestros ojos, una Biblia. ?La llevamos? Una voz nos susurra: "pesa mucho, adem?s, vas de vacaciones, para disfrutar y descansar, que te lo mereces..."

Existe el peligro de vivir el tiempo de verano como si Dios no existiese, como si la fe cristiana fuese s?lo para los d?as ordinarios, para el trabajo, cuando los familiares, conocidos y amigos clavan sus ojos en nosotros y siguen cada uno de nuestros movimientos. Las vacaciones, piensan algunos, se viven para olvidar deberes pesados, responsabilidades dif?ciles, normas oprimentes. Incluso hay quienes olvidan o quieren olvidar esa lista de mandamientos que Dios nos dio por medio de Mois?s y que marcan nuestro camino de fidelidad a Cristo. Buscan hacer "vacaciones de Dios", o, incluso, mandan a Dios "de vacaciones" para poder disfrutar unos d?as seg?n lo que se les antoje en cada momento.

El cristiano, sin embargo, no puede tomarse vacaciones de sus compromisos espirituales. Pensar en el verano como una especie de tiempo sin ley, donde uno se echa unas cuantas canas al aire y se permite pel?culas, bailes o bebidas que pueden ser peligrosas, es simplemente no entender el tesoro tan estupendo que llevamos entre manos. No es justo arriesgarse a perder, en unos d?as, la amistad con Dios que llamamos "estado de gracia".

La vida cristiana, no lo olvidemos, es el tesoro m?s grande que Dios nos ha dado. Implica vivir seg?n las bienaventuranzas, pensar en los dem?s, ayudar a los pobres, ser fieles a los compromisos familiares y sociales. El verano no puede ser un par?ntesis, un momento en el que dejemos volar los instintos a donde nos lleven, incluso tal vez a alg?n que otro pecado grave.

No pensemos s?lo en el campo sexual, donde ya de por s? somos tentados durante casi todo el a?o. Tambi?n se puede aplicar al verano la par?bola del pobre L?zaro a las puertas del rico (que llamamos, ya por costumbre, Epul?n): habr? alg?n necesitado que nos pida ayuda, y el pensar en los otros vale tambi?n cuando uno est? en la playa o en la monta?a. Igualmente, hay v?rgenes necias que, en verano, son sorprendidas por la llegada del esposo, y no tienen aceite en sus alcuzas. La muerte no avisa, y no es de psic?ticos estar preparados al encuentro del Se?or. Y los dones que Dios nos ha dado (salud, alegr?a, optimismo, energ?as f?sicas y espirituales) no son para ser guardados durante las semanas de descanso: tambi?n nos pueden pedir cuenta de lo que hayamos hecho o dejado de hacer con ellos estos d?as en los que alguno se siente con m?s ganas de acariciar las s?banas que de dedicarse a ayudar a la familia en las peque?as cosas de todos los d?as (tambi?n en verano).

Pero ver el verano s?lo como un momento de relax lleno de tentaciones es injusto para con nosotros mismos y para con el mismo Dios. Cuando disponemos de m?s tiempo libre, cuando los momentos de descanso son abundantes, podemos dedicarnos con mayor serenidad a tantas actividades que embellecen el coraz?n, que nos acercan a Dios. El Papa Juan Pablo II nos lo dec?a en sus palabras del domingo 6 de julio de 2003, cuando expresaba su deseo de que "sea provechoso el descanso veraniego para crecer espiritualmente".

Ir un rato a una iglesia o al cementerio m?s cercano para rezar, sin prisas, sin relojes. Pasear los ojos en las plantas con las que Dios nos permite asomarnos a su imaginaci?n inagotable. Escuchar con esperanza los gritos de unos ni?os que luchan por mantener en pie, frente a las olas, un castillo de arena fr?gil como la vida de cada hombre y mujer en este planeta de emociones y sorpresas. Seguir con la mirada el vuelo de un murci?lago que todas las tardes busca y consigue la comida para su existencia ef?mera. Mil oportunidades nos permiten reflexionar sobre tantas cosas importantes: nuestra familia, nuestras amistades, nuestros sue?os m?s profundos, quiz? a?n irrealizados...

Acabamos de preparar la maleta. Quiz? no hubo espacio para la Biblia gruesa, pesada, m?s de adorno que de lectura. Pero pudimos apretar, entre un pijama y unos pantalones de paseo, un peque?o Evangelio o una "Imitaci?n de Cristo". Tendremos peque?os momentos para volver a leer verdades que nos salvan, que nos ponen ante lo ?nico necesario. Cuando cada domingo, en la playa o en la monta?a, busquemos una iglesia para ese encuentro deseado con Cristo en la Misa, podremos decirle que este verano, de verdad, no hemos hecho unas vacaciones sin Dios.

A El lo invitamos, el primero, a vivir unos d?as de emociones y de descanso, estos d?as de vacaciones. Un descanso que ser? eterno y feliz, si acogemos su amor, cuando nos llame, un d?a cualquiera, en el trabajo o, por sorpresa, en un d?a de vacaciones vividas, esperamos, entre sus brazos de Padre bueno.


Publicado por mario.web @ 16:06
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