S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: Equipo Gama
Autor: Fernando Pascual

Muchos esposos cat?licos usan anticonceptivos. Al actuar as?, con mayor o menor conciencia, van contra la doctrina de la Iglesia, expuesta en diversos documentos, sobre todo en la enc?clica ?Humanae vitae? del Papa Pablo VI (1968).

Seg?n nos ense?a la moral cat?lica, es inmoral el uso de m?todos anticonceptivos por el hecho de que alteran la naturaleza y el sentido propio del acto conyugal, un acto que deber?a ser expresi?n del amor entre los esposos abierto a la llegada de los hijos que Dios pueda enviar.

?Por qu? tantos cat?licos no aceptan esta ense?anza? Se pueden dar respuestas mejores o peores, seg?n la perspectiva que se adopte para analizar esta situaci?n.

Algunos har?n un an?lisis en clave sociol?gica: en muchos pa?ses la mayor?a de la poblaci?n acepta como ?normal? el uso de los anticonceptivos, y los cat?licos se ajustan y acomodan a la mentalidad dominante.

Otros hablar?n de motivos econ?micos: los esposos, en sus primeros a?os de matrimonio, suelen verse apurados por la falta de dinero. Sienten la presi?n de tener que pagar la casa y mantener un nivel de vida ?aceptable?. Por lo mismo, los dos trabajan. En esa situaci?n, pensar en un hijo parece imposible, y se recurren a los m?todos anticonceptivos ?m?s seguros?.

Otros se?alar?n causas psicol?gicas: las parejas suelen desear unos primeros a?os de matrimonio sin las angustias y las responsabilidades que surgen con el nacimiento de cada hijo. O prefieren madurar y asentar la relaci?n de pareja. O buscan vivir la belleza de los primeros meses de reci?n casados con m?s tranquilidad y sin un hijo ?precoz? que altere completamente la convivencia conyugal.

Pero es importante no olvidar las causas m?s profundas de este hecho. La primera radica, en muchos casos, en un desconocimiento de la ense?anza cat?lica y de los motivos de la misma. Lo cual ocurre porque los j?venes no han recibido una catequesis completa sobre el tema, o porque nunca se les ha ense?ado que el uso de anticonceptivos es pecado mortal, o porque tras haber escuchado una buena explicaci?n han optado por rechazarla.

Por desgracia, no faltan casos de agentes pastorales o incluso sacerdotes que no ense?an la verdadera doctrina cat?lica sobre este tema, y as? confunden, desorientan y enga?an a los fieles. Ante esta situaci?n, hay que renovar la oraci?n a Dios para que env?e a su Iglesia santos sacerdotes y para que los mismos cat?licos sepan distinguir lo que es buena doctrina y lo que es la opini?n err?nea de quien ya no vive en la verdad de la fe que deber?a profesar.

Otra causa profunda est? en la falta de fe y de esperanza. Cuando hay fe en Cristo y en la Iglesia, cuando los corazones se ponen en las manos de Dios, la ense?anza moral de la Iglesia es vivida con seriedad, desde convicciones alegres: Dios, si pide algo, es para nuestro bien, y nos ayudar? a asumir plenamente la ense?anza moral que es parte de nuestra coherencia cristiana.

Una tercera causa, muy relacionada con la anterior, se esconde en el miedo. Para algunos, la llegada del hijo es considerada como un drama, algo que crea inseguridad, problemas, vacilaciones. En cambio, quien conf?a, quien comprende lo maravilloso que es colaborar con el Padre en la transmisi?n de la vida, puede no s?lo superar esos miedos, sino alegrarse profundamente cada vez que inicia un nuevo embarazo y hay que reorganizar toda la vida familiar para acoger de la mejor manera posible al reci?n llegado.

Las familias cat?licas pueden hacer mucho para educar a los ni?os y a los j?venes en el aut?ntico esp?ritu cristiano que lleva a abrirse a la llegada de la vida. Gracias a Dios, es posible encontrar hogares que est?n abiertos a la vida, abiertos al amor, abiertos a la Iglesia, abiertos a Dios.

En esos hogares, si Dios as? lo quiere, el amor de los esposos llega a ser bendecido por la llegada de hijos. Ser?n pocos o muchos, no importa. Lo que s? importa es que cada uno sea amado en s? mismo, y que su llegada haya sido posible porque los esposos, sin usar trampas ni anticonceptivos, con una paternidad aut?nticamente responsable y llena de esperanza, han sabido amarse y darse por completo entre s?.

Viven as? la fecundidad esponsal que es ?el fruto y el signo del amor conyugal, el testimonio vivo de la entrega plena y rec?proca de los esposos? (Juan Pablo II, ?Familiaris Consortio? n. 28). Esa fecundidad explica la existencia de millones y millones de hijos, que recibimos el amor de Dios desde la generosidad alegre de unos padres que se aman y que nos aman.


Publicado por mario.web @ 19:16
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