S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: Zenit.org
Autor: Ana Cristina Villa Betancourt

El pasado 7 de julio fue dada a conocer la muy esperada enc?clica social de Benedicto XVI, publicada cuarenta y dos a?os despu?s de la Populorum Progressio (1967) y dieciocho despu?s de la ?ltima enc?clica social de Juan Pablo II, Centessimus Annus (1991). La Caritas in Veritate lleva fecha del 29 de junio de 2009. Era, pues, hora de un nuevo pronunciamiento del Magisterio en temas sociales y m?s a?n en medio de la situaci?n de incertidumbre generada por la actual crisis econ?mica.

Leyendo la enc?clica desde nuestra "Secci?n Mujer" varias reflexiones vienen a la mente. No encontramos par?grafos ni ideas referidas directamente a la mujer; la palabra mujer (mujeres) aparece seis veces en una enc?clica de 31.278 palabras. De estas seis veces, cinco aparece haciendo parte de la frase "hombre y mujer", "hombres y mujeres". La palabra femenino no aparece, ni tampoco la palabra feminista. Sin embargo, en contraste, el t?rmino familia aparece 32 veces, una de ellas como t?tulo del quinto cap?tulo: "La colaboraci?n de la familia humana". ?Qu? puede decirnos esta simple constataci?n num?rica?

La Caritas in Veritate es una enc?clica riqu?sima. Sus propuestas sociales se basan en una profunda visi?n antropol?gica que es patrimonio de la Iglesia, experta en humanidad. No teme proponer al mundo de la econom?a y la pol?tica ciertas "verdades de humanidad" que el Santo Padre ve necesarias para construir una sociedad m?s justa, en la caridad; una sociedad m?s "a la medida del hombre, de su dignidad y vocaci?n" (Benedicto XVI, Carta Enc?clica Caritas in Veritate, 9) y no duda en afirmar que ?ste y no otro es el camino para un verdadero desarrollo.

No cabe duda de que esta visi?n "a la medida del hombre" es una visi?n que encontrar? eco en las mentes y los corazones de las mujeres, por esa conciencia particular de que "Dios le conf?a de un modo especial el hombre" (Juan Pablo II, Carta apost?lica Mulieris Dignitatem sobre la dignidad y la vocaci?n de la mujer con ocasi?n del a?o mariano, 30). La llamada del Santo Padre es la llamada a entender nuestro compromiso y acci?n social en "clave de humanidad". Es una llamada que resuena fuerte en las mujeres, que conocemos nuestra particular vocaci?n a crear un esp?ritu de familia all? donde nos encontremos.

Leyendo la enc?clica parecer?a estar escuchando ecos de las palabras que el Santo Padre dirigi? en su encuentro con los movimientos cat?licos para la promoci?n de la mujer en Luanda, en marzo. All? dijo: "En un mundo como el actual, dominado por la t?cnica, se siente la exigencia de esta complementariedad de la mujer, para que el ser humano pueda vivir sin deshumanizarse del todo". El modelo de desarrollo que la enc?clica plantea, centrado en el ser humano y construido para ?l, parece hacer sentir m?s fuerte a?n la exigencia de una colaboraci?n de hombres y mujeres en relaci?n de complementariedad.

En otro aparte de este mismo discurso africano, el Santo Padre dijo "las mujeres, sobre la base de su igual dignidad con los hombres, "tienen pleno derecho a insertarse activamente en todos los ?mbitos p?blicos y su derecho debe ser afirmado y protegido incluso por medio de instrumentos legales donde se considere necesario [...]? pero a la vez ?la presencia materna dentro de la familia es tan importante para la estabilidad y el desarrollo de esta c?lula fundamental de la sociedad, que deber?a ser reconocida, alabada y apoyada de todos los modos posibles" (Benedicto XVI, Discurso en el encuentro con los movimientos cat?licos para la promoci?n de la mujer, Luanda, 22 de marzo de 2009). Alg?n comentador notaba el hecho de que, al hablar del mundo del trabajo (n.63), la Enc?clica parece asumir como un hecho la presencia de la mujer en este mundo y no ofrece ninguna reflexi?n cr?tica al respecto. La presencia de la mujer parece ser aceptada como parte de la realidad del mundo contempor?neo. Y es que es verdad que las mujeres estamos ya en el mundo, participando plenamente de ?l, dando nuestra contribuci?n en la sociedad. Esta nueva Enc?clica es ocasi?n de cuestionamiento: es hora de profundizar en nuestra identidad y de preguntarnos si al estar ah? presentes estamos siendo, en todo, fieles al "genio femenino", al "carisma prof?tico" (MD, 30, 31). de nuestra feminidad. Si estamos dando todo lo mejor de nosotras mismas. Si estamos contribuyendo, cada una en la medida de sus posibilidades, a que el mundo sea una gran familia.

La Iglesia llama a todos - hombres y mujeres - en esta hora inquietante de la historia a dar nuestra contribuci?n particular, a trabajar por un desarrollo integral que incluya una visi?n trascendente de la persona, un desarrollo que suponga la libertad responsable de la persona; a crear "un ambiente de familia" atento a la persona humana; a insertar las categor?as de confianza y solidaridad en el mercado para que ?ste cumpla mejor su funci?n econ?mica; a recordar que toda decisi?n econ?mica tiene un peso moral; a crear un modelo de econom?a de mercado capaz de incluir a todos los pueblos; a abrirnos a formas de actividad econ?mica caracterizadas por ciertos m?rgenes de gratuidad y comuni?n; a cuidar de la vida y protegerla; a ayudar a implementar una "apertura a la vida en modo moralmente responsable"; a ayudar a ver en esta apertura un "recurso social y econ?mico". Nos llama tambi?n a testimoniar a las j?venes generaciones la belleza del matrimonio y la familia; a establecer pol?ticas que promuevan la centralidad y la integridad de la familia; a ayudar a enriquecer las posibilidades de la humanidad con la mayor disponibilidad para la intercomunicaci?n...

En uno de sus pasajes m?s profundos e interesantes, la Enc?clica denuncia un lamentable vac?o de ideas (n.53) e invita a profundizar en la categor?a de la relaci?n como clave para el futuro de la humanidad. Una humanidad que aparece mucho m?s interconectada que antes, pero en la que, parad?jicamente, la soledad es una de las formas m?s hondas de pobreza que el hombre experimenta. El Santo Padre nos invita a profundizar en la comprensi?n de la relaci?n entre las personas y la centralidad que tiene este tema para entender quien es el hombre y c?mo debe constituirse una sociedad que vele por ?l y lo proteja.

La Enc?clica pues llama a todos, hombres y mujeres, a re-pensar nuestra acci?n y compromiso en el mundo. La visi?n del desarrollo que nos propone, basada en una caridad informada por la verdad, tiene como centro al hombre. El llamado de esta Enc?clica resuena fuerte y espera mentes y corazones dispuestos a acogerlo e implementarlo. Las mujeres nos sentiremos especialmente impulsadas a responder a este llamado desde nuestra particular vocaci?n a la maternidad, f?sica y espiritual, desde nuestras particulares caracter?sticas y sensibilidad.

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Publicado por mario.web @ 19:17
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