S?bado, 07 de mayo de 2011

Fuente: ?Making Sense Out of Bioethics?
Autor: Tad Pacholczyk

Los seres humanos, por propia naturaleza, evadimos el dolor y el sufrimiento. Por instinto reaccionamos, por ejemplo, evitando el objeto punzante que puede herirnos. Cuando identificamos que quien nos est? llamando por tel?fono es un vecino indeseable, no contestamos. Nuestra reacci?n inmediata, al igual que la de la mayor?a de los animales, es evitar los est?mulos nocivos y el dolor.

No obstante, tambi?n somos capaces de responder conscientemente y en formas que nos diferencian de manera radical del resto del reino animal.

Por ejemplo, podemos decidir enfrentar y soportar el dolor por razones m?s elevadas. As?, sabiendo que la jeringa nos lastima, decidimos no mover el brazo durante una inyecci?n porque el poder de la raz?n nos dice que con ella mejorar? nuestra salud. Sabemos que es desagradable platicar con ese vecino dif?cil, pero con tal de cultivar la paz en nuestro barrio, decidimos enfrentar el reto y lo superamos.

Sin embargo, movidos por la preocupaci?n y el miedo, tambi?n podemos responder al dolor y al sufrimiento de una manera insensata. Por ejemplo, cuando sufrimos debido a una relaci?n dif?cil, podemos voltear a las drogas, al alcohol o a malos h?bitos alimenticios. Si la perspectiva de tener que continuar un embarazo nos hace sufrir, podemos responder acabando con la vida de nuestro beb? mediante el aborto. Cuando sufrimos por el dolor de un c?ncer, podemos hacer corto circuito a todo y recurrir al suicidio con ayuda del m?dico.

Reaccionar al sufrimiento de una manera racional o irracional es una de las decisiones humanas m?s importantes. Para muchas personas en nuestra sociedad, el sufrimiento se ha convertido en un mal que hay que evitar a toda costa, llev?ndolas a tomar muchas decisiones irracionales y destructivas.

Si bien es cierto que el dolor f?sico est? presente en todo en el reino animal en general, la diferencia en cuanto a los seres humanos es que nosotros somos conscientes de nuestro sufrimiento y nos preguntamos el por qu?; y mucho m?s sufrimos cuando no encontramos una respuesta satisfactoria; necesitamos saber si nuestro sufrimiento tiene un sentido. Desde una cama de hospital o una silla de ruedas es dif?cil evitar la dolorosa pregunta ??por qu???, cuando la enfermedad grave o la debilidad nos hace sentir in?tiles o una carga para los dem?s. Sin embargo, analiz?ndolo, ning?n sufrimiento es ?in?til?, aunque efectivamente mucho de ?l se pierde y desperdicia cuando lo rechazamos y nos negamos a aceptar su sentido profundo. El Papa Juan Pablo II nos recordaba constantemente que la respuesta a la pregunta sobre el sentido del sufrimiento Dios se la dio al hombre en la Cruz de Jesucristo.

El tema del sufrimiento siempre est? presente en el campo de la atenci?n m?dica cat?lica, y aunque los profesionales de la salud luchan con dedicaci?n por disminuir el sufrimiento y el dolor, no han logrado eliminarlos completamente. La Conferencia Estadounidense de Obispos Cat?licos (The U.S. Conference of Catholic Bishops), en un importante documento titulado Directrices ?ticas y Religiosas para los Servicios de Atenci?n M?dica Cat?licos (Ethical and Religious Directives for Catholic Health Care Services), nos recuerda que ?los pacientes que experimentan un sufrimiento no mitigable deber?n recibir ayuda para comprender el significado cristiano del sufrimiento redentor?.

El ?sufrimiento redentor?

El solo concepto de ?sufrimiento redentor? ya deja ver que el sufrimiento humano es mucho m?s de lo que vemos a simple vista, y no solamente un mal que hay que rehuir instintivamente. M?s bien, es una fuerza incomprensible que puede moldearnos en formas importantes y hacernos madurar; una fuerza con la que tenemos que aprender a colaborar y aceptar como parte del viaje y destino del ser humano.

En el sufrimiento y el dolor, todos y cada uno de nosotros podemos hacernos part?cipes del sufrimiento redentor de Cristo. Desde que ?ramos ni?os quiz? ya se nos ense?aba la frase ??Ofr?celo al Se?or!?. Estas sencillas palabras nos recordaban que el sufrimiento puede beneficiarnos no s?lo a nosotros mismos sino a todos a nuestro alrededor, dentro del misterio de la comuni?n humana. Al estar inmovilizados en nuestra cama de hospital nos hacemos como Cristo, inmovilizado en el madero de la Cruz, y si aceptamos y acogemos nuestra propia situaci?n en uni?n con ?l, se abren para nosotros momentos redentores poderosos.

Gracias al amor personal que el Se?or nos tiene, podemos cooperar con Su plan de Salvaci?n al unir nuestro sufrimiento con Su Cruz salvadora, como lo hace una mam? cuando deja que su ni?a le ayude a preparar un pastel a?adiendo los huevos, la harina y la sal. La mam? puede hacerlo sola pero la ayuda de la ni?a es real y significativa pues el amor de la madre encuentra la cooperaci?n de la hija para crear algo nuevo y maravilloso. De igual forma, Dios permite nuestro sufrimiento y nosotros se lo ofrecemos, dejando as? una marca imborrable en Su trabajo de Salvaci?n. Esta transformaci?n de lo ?in?til? de nuestro sufrimiento en algo con significado profundo, se convierte as? en una fuente de gozo espiritual en aquellos que lo viven. Para quienes est?n en Cristo, el sufrimiento y la muerte representan el dolor de parto hacia una creaci?n nueva y redimida. Nuestros sufrimientos, aunque nunca deseables en s? mismos, siempre apuntan hacia posibilidades trascendentes, si es que no los rehuimos por miedo.

El Padre Tadeusz Pacholczyk hizo su doctorado en neurociencias en la Universidad de Yale y su trabajo post-doctoral en la Universidad de Harvard. Es Sacerdote para la Di?cesis de Fall River, Massachusetts, y se desempe?a como Director de Educaci?n en el Centro Nacional Cat?lico de Bio?tica en Philadelphia. The National Catholic Bioethics Center: www.ncbcenter.org Traducci?n: Mar?a Elena Rodr?guez


Publicado por mario.web @ 19:29
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