S?bado, 07 de mayo de 2011

No importa d?nde ni de qu? condici?n sea la gente, ni el material con que haya sido elaborada: madera o diamante, fierro o cer?mica, la cruz de Cristo est? presente en todas partes.
Autor: MIguel Guerra, L.C. | Fuente: Gama - Virtudes y Valores


No pocos la miramos con frecuencia. La vemos en los dormitorios de las casas, en la cima de algunas colinas y monta?as; colgada del espejo retrovisor de los autom?viles, o en calcoman?as con alguna frase que invite a la reflexi?n. La encontramos pendiendo de cadenas de oro y de plata, de mecates o hilos corrientes atados al cuello. No importa d?nde ni de qu? condici?n sea la gente, ni el material con que haya sido elaborada: madera o diamante, fierro o cer?mica La cruz de Cristo est? presente en todas partes.


As? la divisamos sobre las c?pulas de las catedrales, en la parte m?s alta de los templos y campanarios, como conquistadora de todos los tiempos. A veces pasamos la vista r?pidamente sobre ella, continuando con lo que tra?amos en mente, tal vez un proyecto o un pendiente. Al manejar estamos atentos del tr?fico, y cuando pasamos a lado de un accidentado, con la mano derecha nos santiguamos y sobamos el crucifijo que traemos colgando pero, ?lo hacemos conscientemente?, ?nos hemos dado el tiempo alguna vez de observarla detenidamente? M?rala bien.

Mira la cruz; contempla al crucificado: los brazos extendidos y forzados al punto de ser dislocados. Sus manos clavadas sin piedad a cada lado. Manos que trabajaron arduamente en Nazaret por m?s de treinta a?os; ellas curaron a mucha gente, expulsaron demonios, alimentaron a muchedumbres, partieron el pan y repartieron los peces, hasta la ?ltima Cena en donde con ellas lav? los pies sucios de los ap?stoles, e hizo del pan su Cuerpo y del vino su Sangre.

Admira a Jes?s: su rostro ensangrentado y desfigurado por tantos golpes recibidos antes de ser crucificado. Contemplemos ese rostro que cautiv? a los ap?stoles cuando los llam? a seguirle, e hizo de las gentes disc?pulos de su palabra. Rostro que mir? con bondad a la ad?ltera a quien perdon?, y al leproso que san?. Observa su boca abierta ligeramente en se?al de cansancio y fatiga. Su lengua seca y pegada al paladar por la deshidrataci?n susurrando con ternura: ?tengo sed?. Sus ojos, apenas entreabiertos, descargando una mirada de misericordia sobre la entera humanidad que lo carg? con su pecado.

Mira la cruz; contempla su cuerpo: debilitado por tanto latigazo, con el costado abierto y sangrando, adolorido, fr?gil y tembloroso. En ese cuerpo, Dios se encarn? por nuestra redenci?n, y en un acto infinito de misericordia lo transform? en pan para quedarse con nosotros hasta la consumaci?n de los tiempos. Con ese cuerpo tambi?n resucit? lleno de gloria y majestad, dej?ndonos como herencia la esperanza gozosa de la vida eterna.

Mira a Cristo: sus pies taladrados por los clavos que sosten?an todo el peso de su cuerpo. Son pies que nunca estuvieron inactivos, que recorrieron toda Galilea, Samaria y Judea en busca de las ovejas perdidas de Israel. Con ellos lleg? a las multitudes y les habl? de la salvaci?n; con ellos camin? sobre las aguas y nos dej? el ejemplo de la exigencia requerida para ser su misionero. As? lleg? hasta el calvario, y todo el peso de la cruz lo llev? con ?l, sobre sus pies.

Mira la cruz, y cuando la mires, no veas s?lo ese trozo de le?o que fue hecho sin cuidado, que infunde gran temor a los condenados a la crucifixi?n, y que no tiene en s? valor alguno de no haber sido por Cristo. M?s bien m?ralo a ?l. ?Qu? te dice?, ?qu? le preguntas?, ?qu? te responde?

Si te dice algo, es porque lo has observado bien y si no, m?ralo con m?s atenci?n y preg?ntale a Dios qu? hace ah?.

Ojal? que de ahora en adelante, cada vez que nos encontremos con una cruz, la veamos desde esta ?ptica, y digamos en lo m?s ?ntimo de nuestro coraz?n: ?Gracias, Se?or!


Publicado por mario.web @ 19:59
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