S?bado, 07 de mayo de 2011

Este mal se concretiza de una manera formal, por primera vez, en el momento del noviazgo
Autor: Lic. Oscar M?ndez Casanueva | Fuente: Revista Cristiandad

?Rehacer la vida? de los matrimonios divorciados

He ah? el incontenible slogan, el nuevo ?dogma? laico que actualmente fluye de boca en boca y que el s?lo hecho de contradecirlo convierte al osado que a ello se atreviere, en merecedor de todas las penas, sanciones y calificativos condenatorios. Opinar en contra del divorcio es ir -dicen- contra el progreso, la modernidad y los derechos del hombre.


Sin embargo, quien en un ejercicio de individualidad, empleando su criterio, logre abstraerse de las m?ximas materialistas de una sociedad masificada -que parad?jicamente se cree libre-, empezar? por efectuarse, entre otros, estos fundamentales cuestionamientos: ?Pero...?en verdad rehacen su vida los divorciados??... ??qu? han hecho primero para deshacerla?? Porque -reflexionar?- ?s?lo se intenta rehacer lo que previamente se ha deshecho?. Y, se preguntar? si, en ese intento, realmente se estar? rehaciendo o deshaciendo, a?n m?s, no s?lo la propia vida si no tambi?n la ajena. Sin embargo, hoy en d?a, pocos se lo cuestionan; y por lo mismo ?cu?ntos se internan en una ingenua y peligrosa aventura, muchas veces sin retorno!

Ciertamente, para deshacer una vida hay mil f?rmulas por dem?s eficientes. Germinan muchas veces en nuestras mentes, en nuestro criterio, desde ni?os; toman forma y se desarrollan durante la juventud, para eclosionar finalmente en la etapa adulta. Se componen de m?ltiples factores. Entre ellos sobresalen la ausencia de s?lidos y aut?nticos principios, as? como una pobre visi?n, horizontal y laica, de la existencia.

Ah?, donde se ha perdido el enfoque trascendente del ser humano, donde prevalece ?lo material? sobre lo ?espiritual?, ah? florecen y se desparraman los frutos de una sociedad que nos bombardea, hasta la saciedad, con sus criterios materialistas y masificantes.


La elecci?n

Y si bien es cierto que el da?o se inicia con esos criterios -que como hemos dicho, muchas veces se absorbieron en la ni?ez, o cuando menos en la etapa juvenil-, este mal se concretiza de una manera formal, por primera vez, en el momento del noviazgo. Pues son esos mismos criterios los que regir?n la elecci?n del futuro consorte.

Sin escalas de valores bien establecidas y jerarquizadas, tanto en la novia como en el novio, que constituyen elementos fundamentales para analizar la genuina compatibilidad, y sin un verdadero an?lisis de las caracter?sticas trascendentes de las partes, necesariamente mal se inicia un posible futuro matrimonio. Y as?, considerando como factores principales ?lo f?sico?, ?la qu?mica? -como hoy le llaman a la atracci?n- y el ser ?buena onda?, se embarcan los dos hacia oc?anos desconocidos y peligrosos.

Sin embargo, hay algo muy ?ntimo en su interior que les avisa que est?n edificando sobre cimientos inseguros. Y as?, se curan en salud, pues luego de magnificar su amor, se?alan que en el caso de que ?ste llegase a desaparecer, existe la alternativa del divorcio. Y de esta manera, se dirigen al altar llenos de ilusiones y optimismo, pero parad?jicamente con el virus de un fracaso activado y virtualmente aceptado de antemano.


Triunfo o fracaso

Ya en la vida matrimonial, se iniciar?n las adaptaciones, los ajustes y hasta las confrontaciones, derivadas de los diversos caracteres, criterios, gustos y sobretodo de los distintos valores morales y religiosos. Aflorar?n, en uno u otro sentido, las particulares mentalidades provenientes de la educaci?n y de la clase social de cada uno, con la envoltura de las virtudes y defectos espec?ficos de cada cual.

En este proceso se podr? salir o no victorioso, de acuerdo con la formaci?n, criterio y sentido sobrenatural de ambas partes. A veces se requerir?n verdaderos ejercicios de virtud y prudencia extrema. Ello incidir? en mil beneficios para toda la familia: padres e hijos.

Ciertamente, las gracias de Dios no faltar?n cuando existe buena voluntad. El amor profundo y sobrenatural vencer? sobre todas las vicisitudes y gozar? de mil alegr?as y beneficios. No ser? derrotado ni por el falso amor propio -ego?smo puro- ni por el materialismo hedonista, que finca su relaci?n, principalmente, en la comodidad y la sexualidad. Su fundamento ser? el genuino cari?o entre ambos, con ese sentido de eternidad que pone, primero, al amor y la obediencia a Dios por encima de todo y que conlleva, como consecuencia inevitable, al m?ximo bien del consorte y de los hijos. El verdadero amor sabe que lo dem?s, de una u otra manera y dimensi?n, se dar? como a?adidura.

Por el contrario, m?ltiples elementos contribuyen hoy en d?a, para la destrucci?n del matrimonio. Los medios de comunicaci?n -con su determinante influencia para la creaci?n de mentalidades- no cesan de presentarnos a la infidelidad, la pornograf?a, el amor dizque libre, el aborto y la ?peque?a? -exigua- familia como modelos de vida. Ni que decir de la violencia, la brecha generacional, la drogadicci?n, la incomunicaci?n familiar, la escuela laica y dem?s factores que tambi?n inciden negativamente en la c?lula esencial de la sociedad.


El divorcio

Cuando no hay una adecuada preparaci?n para el matrimonio y una elecci?n responsable, cuando no hay un sacrificio del ?yo? en favor del ?t?? y del ?nosotros?, cuando no se est? dispuesto a todo lo positivo en favor del c?nyuge y los hijos, cuando prevalece el amor propio, el ego?smo y la soberbia -con su disfraz de dignidad-, cuando se tiene abierta la puerta -en alg?n rinc?n de la mente- al divorcio, cuando no se ha alojado a Dios en el hogar, estos factores combinados de una u otra manera, estar?n activando, sin lugar a dudas, un fracaso matrimonial.

Naturalmente, la culpa principal siempre se atribuir? a la otra parte, sin reconocer o, en muchos casos, ni siquiera adivinar la propia. Y a esa parte que se dice tan buena, tan inocente, que en ocasiones llega hasta aceptar (o no puede dejar de reconocer) cierta culpa, ?qu? le queda? Seg?n ella: ?rehacer su vida?, puesto que se considera de alguna manera una v?ctima. Y efectivamente, lo es pero de s? misma, aunque tambi?n es victimaria -en la parte proporcional que le corresponda- de su familia: de su c?nyuge y sus hijos, con todas las consecuencias morales y sociales que ello implica. Todo ello, evidentemente, sin detrimento de la responsabilidad de la otra parte (1).


Papeles, viles papeles

Y as?, con el divorcio creen destruir un v?nculo que libremente aceptaron y que Dios santific? y estableci? hasta la muerte de alg?n c?nyuge. Y si bien, es cierto que el Estado puede regular los efectos civiles de la instituci?n matrimonial, ?stos deben respetar el orden se?alado por su Creador. Por lo tanto, no puede -ni es v?lido- legislar sobre aquello que es de instituci?n Divina. El Estado carece de facultades -aunque se las atribuya- para disolver un verdadero y leg?timo matrimonio. As?, lo que Dios uni? no lo puede separar el hombre, a?n cuando ?ste expida mil actas con sellos oficiales o establezca todas las legislaciones que le vengan en gana. Finalmente, estas leyes y estas actas de divorcio ser?n s?lo papeles sin valor alguno. ?Papeles, viles papeles!

Y con ellos pretenden legalizar el consecuente y quiz? los subsecuentes amasiatos (las cosas por su nombre, aunque suenen duro). Con estos papeles consuman la destrucci?n que iniciaron poco a poco, quiz? antes de elegir novia o novio, en el momento mismo que aceptaron la idea de que el divorcio era ?un derecho? y ?una soluci?n?.

Es la gran tentaci?n y el gran error: El ?rehacer? que dio la opci?n previa de deshacer. El ?rehacer? que impidi? poner TODO de nuestra parte. El ?rehacer? que lleva impl?cito el virus ya activado que obliga a creer que si las cosas salen mal nuevamente, existe la posibilidad de rehacerlas una y otra vez. ?O habr? quien le pueda poner un l?mite a ello? ?en funci?n de qu??

Este virus infecta tambi?n al que se casa con el divorciado, ya que al aceptar el efecto (el nuevo y falso matrimonio) acepta tambi?n la causa (el divorcio). Ahora son dos: ambos con el mismo virus. El efecto se multiplica en ellos y muy probablemente alcanzar? a sus actuales y futuros hijos que acabar?n viendo normal lo que es irregular y considerando al divorcio como una posible opci?n -dir?n que ?en caso necesario?- para su futuro. Sin embargo, ellos ser?n las primeras v?ctimas. Cualquier director(a) de escuela, cualquier trabajador(a) social lo sabe sin necesidad de ser psic?logo(a): ah? donde hay un ni?o con problemas o donde se encuentre un joven delincuente, ah? existe un matrimonio destruido.


?Verdadera reconstrucci?n?

Por otra parte, este ?rehacer? impide una genuina reconstrucci?n, ya que el divorciado crea nuevas estructuras familiares que lo atan y lo arraigan y que s?lo destruye en caso de nuevos fracasos, para crear otras m?s que vuelven a arraigarlo por tercera, cuarta o quien sabe cu?ntas veces m?s. De esta manera, el c?nyuge leg?timo -el que no ?rehizo? su vida- se ve impedido a verdaderamente tratar de reconstruir su matrimonio alguna vez, pues se topar? con estructuras espurias, con amasiatos dizque legalizados, que frustrar?n cualquier posible intento de rehacer (ahora s? realmente) su leg?tima familia.

Dichas estructuras, por su propia naturaleza, anclan a la pareja en su nuevo modus vivendi, que la aleja, adem?s, de la amistad divina y pone en peligro el fin para que fue creado todo hombre: la posesi?n eterna de Dios.

Quien violenta las leyes que El ha dispuesto, quien vive en un esquema permanente de pecado, enga?ar? a todos -incluso a s? mismo-, pero no a Dios, coloc?ndose y colocando a ?su pareja?, en el enorme riesgo de morir como se est? viviendo. En tal caso, se habr? perdido Todo (as?, con may?scula) por nada.


75 a?os de vida (promedio) = ? (eternidad)

?Habr? mayor locura o mayor inconsciencia que esto? ?Qu? duraci?n tiene la vida, que no alcanza a medirse ni siquiera como una millon?sima parte del tiempo en relaci?n con el rechazo o la aceptaci?n, por toda la ETERNIDAD, de parte del Creador? ?Valdr? la pena el riesgo? Si no es suficiente freno el amor a Dios, que al menos lo sea el temor a su justo y definitivo juicio.

Analizando y reflexionando todo lo expuesto, se impone de nuevo el cuestionamiento inicial:

Estos matrimonios destruidos, realmente... ?rehicieron o deshicieron su vida y la de los suyos?




(1) NOTA: No es nuestra intenci?n analizar en este escrito aquellos casos en que la culpa es abrumadoramente imputable -real y objetivamente- a un c?nyuge, pues ciertamente no son los m?s comunes, aunque s? los que m?s se esgrimen en favor del divorcio y en los que la mayor?a de los divorciados enga?osamente dicen estar. Ciertamente, la misma Iglesia acepta, en situaciones extremas, la separaci?n, m?s no la falsa disoluci?n de un v?nculo para volverse a casar.

Por otra parte, es conveniente se?alar, por la confusi?n que existe, que se trata de un caso muy distinto al divorcio, el hecho de declarar nulo un matrimonio que en realidad nunca existi? por causa de alg?n impedimento


Publicado por mario.web @ 20:36
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