S?bado, 07 de mayo de 2011

No podemos dejar que ese enemigo interior nos robe el tesoro m?s grande, m?s importante, m?s profundo que hemos recibido.
Autor: P. Fernando Pascual | Fuente: Catholic.net
Sentimos dolor, rabia, ante tantos ataques a Cristo, a la Iglesia, al Papa, a los cat?licos. Vemos con pena profunda c?mo ?artistas? se burlan de la Cruz, c?mo personajes de la vida p?blica dicen que los s?mbolos religiosos ?sobran?, c?mo se producen, aqu? y all?, profanaciones de iglesias, ataques al Sacramento de la Eucarist?a, destrucci?n de im?genes de la Virgen.

Vemos, tocamos, la acci?n de enemigos rabiosos que muestran su desprecio hacia la fe cat?lica en la televisi?n, el cine, la radio, la prensa, la literatura, el internet. Pero a veces no nos damos cuenta de un enemigo interior, que entra en los hogares, que anida en los corazones, que destruye, poco a poco, el tesoro de la gracia en nuestras vidas.

Muchas veces el enemigo est? dentro. Porque el peor da?o que hacemos a nuestra Iglesia nace precisamente de la apat?a, de la tibieza, de la incoherencia, de la cobard?a, de la mundanidad en la que viven (vivimos, hemos de decirlo con pena) muchos cat?licos.

El enemigo est? dentro cuando en la familia los padres no van a misa. Seguramente llevar?n a los ni?os al catecismo, preparar?n la fiesta de la primera comuni?n. Pero luego, ?qu? ejemplo dejan a los hijos sobre la importancia de la misa? ?Qu? hacen para que cada domingo los peque?os puedan ir a misa precisamente con sus padres, con quienes desean lo mejor para los hijos?

El enemigo est? dentro cuando la televisi?n es vista por todos y en todo momento, sin una sana disciplina, sin una vigilancia atenta, sin un deseo sincero por evitar cualquier programa que denigre al hombre o a la mujer, o que fomente la violencia, la avaricia, el odio, la soberbia, la lujuria, la pereza, la vanidad.

El enemigo est? dentro cuando lo que m?s importa es la manera de ganar dinero, de divertirse el fin de semana, de buscar el ?ltimo grito de la t?cnica, mientras todo son quejas cuando experimentamos las estrecheces de la vida. ?No olvidamos, entonces, la invitaci?n de Cristo a desapegarnos de las riquezas, a confiar en la Providencia de un Padre que nos ama, a compartir nuestros bienes con los pobres, a vivir con los ojos en el cielo?

El enemigo est? dentro cuando la castidad ha dejado de ser un valor, cuando los esposos no respetan la doctrina cat?lica que proh?be el uso de anticonceptivos, cuando no hay confianza a la hora de abrirse al don de un nuevo hijo que nace desde el amor conyugal que acoge el amor divino; cuando en la familia se llega a recomendar a los hijos que usen el preservativo o los anticonceptivos en vez de pedirles con una firmeza llena de cari?o que cuiden el tesoro de la pureza, sin la cual es imposible ver a Dios.

El enemigo est? dentro cuando pisoteamos una y mil veces la fama de nuestros hermanos; cuando criticamos al familiar, al vecino o al compa?ero de trabajo; cuando no sabemos tender la mano para acoger a quien nos ha ofendido; cuando no somos capaces de pedir perd?n por tantas veces en las que herimos al otro con nuestra lengua asesina; cuando no somos capaces de dejar el propio programa personal para visitar a un familiar enfermo o para consolar a quien necesita una palabra de aliento.

El enemigo est? dentro cuando hemos olvidado el consejo de Cristo: ?Velad y orad, para que no caig?is en tentaci?n? (Mt 26,41); cuando tenemos m?s confianza en una revista ?light? donde se aconseja un poco de todo que en el Evangelio; cuando no nos agarramos a Dios a la hora de afrontar un momento dif?cil; cuando no tenemos humildad para reconocer nuestro pecado y no sabemos acudir a la misericordia divina en el Sacramento de la confesi?n.

El enemigo est? dentro cuando nos hemos acomodado al mundo presente y ya no somos capaces de practicar la abnegaci?n cristiana (cf. Rm 12,1-2); cuando no vivimos la humildad, sino que buscamos el aplauso de los hombres y el engreimiento de la propia satisfacci?n ego?sta; cuando no controlamos la avaricia y ponemos nuestra confianza en la salud o en las riquezas; cuando no sabemos decir un ?no? firme y claro a una propuesta deshonesta por ese maldito respeto humano que destruye tantas conciencias; cuando no estamos dispuestos a perder la vida con tal de seguir unidos al ?nico que nos puede dar la Vida verdadera: Jesucristo.

Nos deben doler mucho los ataques de fuera. Incluso hemos de saber responder, en la medida de las propias posibilidades, a quienes desean borrar el nombre de Cristo en nuestras sociedades. Pero sobre todo hemos de reaccionar ante ese enemigo de dentro, que nos carcome, que nos ahoga, que mata la vida de Dios en nuestras almas.

No podemos dejar que ese enemigo interior nos robe el tesoro m?s grande, m?s importante, m?s profundo que hemos recibido: la acci?n salvadora de Cristo. Cada momento nos ofrece su perd?n, su amistad, su paz, y nos conduce, poco a poco, al encuentro con un Padre que nos ama eternamente.


Publicado por mario.web @ 20:41
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