S?bado, 07 de mayo de 2011
Matrimonio ejemplar que llev? la santidad desde la vida conyugal y el trabajo.
?
Luis Martin (1823-1894) y Celia Gu?rin (1831-1877)
Luis Martin (1823-1894) y Celia Gu?rin (1831-1877)
Luis Martin naci? en Burdeos el 22 de agosto de 1823. Era el segundo de los cinco hijos del matrimonio Pierre-Fran?ois Martin, capit?n del ej?rcito franc?s, y Marie Anne Fanny Boureau, cristianos de fe viva. La primera formaci?n de Luis estuvo vinculada a la vida militar y se benefici? de las facilidades que ten?an los hijos de los militares.

Al jubilarse su padre, la familia se traslad? a Alen?on (1831) y Luis estudi? con los Hermanos de las Escuelas Cristianas de la ciudad. Tanto en la familia como en el colegio recibi? una s?lida formaci?n religiosa.

Terminados los estudios, no se inclin? hacia la vida militar, sino que quiso aprender el oficio de relojero, primero en Breta?a, luego en Rennes, Estrasburgo, en el Gran San Bernardo (Alpes suizos) y por ?ltimo en Par?s.

A los veintid?s a?os sinti? el deseo de consagrarse a Dios en la vida religiosa. Para ello, se dirigi? al monasterio del Gran San Bernardo, con intenci?n de ingresar en esta Orden, pero no fue admitido porque no sab?a lat?n. Con gran valor se dedic? a estudiarlo durante m?s de un a?o, con clases particulares; pero, finalmente, renunci? a ese proyecto. No se sabe mucho de este per?odo: s?lo que su madre en una carta le exhortaba a "ser siempre humilde", y que mostr? su valent?a y sangre fr?a salvando de morir ahogado al hijo del amigo de su padre, con el que resid?a.

En Alen?on puso una relojer?a. Sus padres, tras la muerte de los otros hijos, vivieron siempre con ?l, incluso despu?s de su matrimonio con Celia Gu?rin.

H?bil en su oficio, ten?a amigos y conocidos con los que le gustaba pescar y jugar al billar, y era apreciado por sus cualidades poco comunes y por su distinci?n natural, que explica por qu? le presentaron un proyecto de matrimonio con una joven de la alta sociedad, al que se neg?.
En 1871 vendi? el edificio a un sobrino. El amor al silencio y al retiro lo llev? a comprar una peque?a propiedad con una torre y un jard?n. All? instal? una estatua de la Virgen, que le hab?a regalado la se?ora Beaudouin; trasladada m?s tarde a Buissonnets, esta imagen fue conocida en todo el mundo como la Virgen de la Sonrisa.

Celia Gu?rin naci? en Gandelain, departamento de Orne (Normand?a), el 23 de diciembre de 1831. Era hija de Isidoro Gu?rin, un militar que a los 39 a?os decidi? casarse con Louise-Jeanne Mac?, diecis?is a?os m?s joven que ?l. De esta uni?n nacieron tambi?n Marie Louise, la primog?nita (fue monja visitandina), e Isidore, el m?s peque?o. Para los padres de Celia la vida hab?a sido dura, lo que repercut?a en su manera de ser: eran rudos, autoritarios y exigentes, si bien ten?an una fe firme. Celia, inteligente y comunicativa por naturaleza, dice en una de sus cartas que su infancia y juventud fueron tristes "como un sudario". A pesar de ello, cuando su padre, viudo y enfermo, manifest? el deseo de ir a habitar con ella, lo acogi? y cuid? con devoci?n hasta que muri? en 1868. Afortunadamente encontr? en su hermana Marie Louise un alma gemela y una segunda madre.

Cuando se jubil? su padre, la familia se estableci? en Alen?on en 1844. La se?ora Gu?rin abri? un caf? y una sala de billar, pero su car?cter intransigente no favoreci? el desarrollo del negocio. La familia sal?a adelante con dificultad, gracias a la pensi?n y a los trabajos de carpinter?a del padre. En pocos a?os, la situaci?n financiera se hizo muy precaria y no mejor? hasta que las hijas contribuyeron con su trabajo a cuadrar el balance familiar. Esta situaci?n econ?mica influy? en los estudios de las hijas: Celia entr? en el internado de las religiosas de la Adoraci?n perpetua; aprendi? los primeros rudimentos del punto de Alen?on, un encaje de los m?s famosos de la ?poca; luego, para perfeccionarse, se inscribi? en la "Ecole dentelli?re". Mientras tanto, la hermana mayor se dedic? al bordado, con su madre. No tenemos documentaci?n de este per?odo, pero Celia conservaba un excelente recuerdo de este tiempo.

Se dedic? a la confecci?n de dicho encaje. Dese? formar parte de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Pa?l, pero no la admitieron. Pidi? luz al Se?or para conocer su voluntad y el 8 de diciembre de 1851, despu?s de una novena a la Inmaculada Concepci?n, escuch? interiormente las palabras: "Hacer punto de Alen?on". Con la ayuda de su hermana comenz? esta empresa y ya a partir de 1853 era conocida como fabricante del punto de Alen?on. En 1858 la casa para la que trabajaba recibi? una medalla de plata por la fabricaci?n de este encaje y Celia una menci?n de alabanza. Poco despu?s, su hermana entr? en el monasterio de la Visitaci?n y tom? el nombre de Mar?a Dositea.

Un d?a, al cruzarse con un joven de noble fisonom?a, semblante reservado y dignos modales, se sinti? fuertemente impresionada y oy? interiormente que ese era el hombre elegido para ella. En poco tiempo los dos j?venes llegaron a apreciarse y amarse, y el entendimiento fue tan r?pido que contrajeron matrimonio el 13 de julio de 1858, tres meses despu?s de su primer encuentro. Llevaron una vida matrimonial ejemplar: misa diaria, oraci?n personal y comunitaria, confesi?n frecuente, participaci?n en la vida parroquial. De su uni?n nacieron nueve hijos, cuatro de los cuales murieron prematuramente. Entre las cinco hijas que sobrevivieron, Teresa, la futura santa patrona de las misiones, es una fuente preciosa para comprender la santidad de sus padres: educaban a sus hijas para ser buenas cristianas y ciudadanas honradas. A los 45 a?os, Celia recibi? la noticia de que ten?a un tumor en el pecho y pidi? a su cu?ada que, cuando ella muriera, ayudara a su marido en la educaci?n de los m?s peque?os: vivi? la enfermedad con firme esperanza cristiana hasta la muerte, en agosto de 1877.

Luis se encontr? solo para sacar adelante a su familia: La hija mayor ten?a 17 a?os y la m?s peque?a, Teresa, cuatro y medio. Se traslad? a Lisieux, donde resid?a el hermano de Celia; de este modo la t?a Celina pudo cuidar de las hijas. Entre 1882 y 1887 Luis acompa?? a tres de sus hijas al Carmelo. El sacrificio mayor fue separarse de Teresa, que entr? en el Carmelo a los 15 a?os. Luis ten?a una enfermedad que lo fue invalidando hasta llegar a la p?rdida de sus facultades mentales. Fue internado en el sanatorio de Caen, y muri? en julio de 1894.

No estamos habituados a pensar en la santidad de un matrimonio, porque nuestra experiencia nos lleva a unir la santidad a un individuo. Juan Pablo II se atrevi? a ir m?s all? de los esquemas, beatificando a Luis y Mar?a Beltrame Quattrocchi. Ahora, el Papa Benedicto XVI ha decidido a?adir a ellos a los c?nyuges Martin, a fin de mostrar a los padres y madres de familia de todo el mundo la grandeza de la vocaci?n a la vida conyugal. As? se concreta la invitaci?n de Juan Pablo II: "Es el momento de proponer de nuevo a todos con convicci?n este "alto grado" de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esta direcci?n" (Novo millennio ineunte, 31) y del concilio Vaticano II: "Todos los fieles, de cualquier estado o condici?n, est?n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci?n de la caridad" (Lumen gentium, 40).

?Qu? es lo que fascina de los esposos Martin? ?Qu? mensaje deja esta familia a la Iglesia y a la sociedad? Sin duda fascina la valent?a de esta familia que, despu?s de diecinueve a?os de matrimonio, ante la crisis econ?mica que aflig?a a Francia, queriendo garantizar bienestar y futuro a sus hijos, hall? la fuerza de dejar Alen?on y trasladarse a Lisieux, como tantos hombres y mujeres de nuestro tiempo, "emigrantes" en busca de lo que pudiera hacer m?s bella la vida y concreta la esperanza. Hay una belleza que emana de su trabajo artesanal emprendedor: Luis Mart?n, como relojero y joyero; y Celia Gu?rin, como peque?a empresaria de una taller de bordado. Junto con sus cinco hijas, emplearon tiempo y dinero en ayudar a quienes ten?an necesidad. Su casa no fue una isla feliz en medio de la miseria, sino un espacio de acogida, comenzando por sus obreros. El matrimonio Martin nos recuerda que existe una ?tica que debe imbuir la vida de los empresarios, poniendo en el centro el valor de la persona humana (cf. Populorum progressio, 42-44). Anima su testimonio cristiano de laicos, vivido dentro y fuera de las paredes del hogar, a trav?s de la belleza de su vida, la fascinaci?n de los sentimientos, la transparencia del amor, sabiendo dedicarse tiempo, porque "el amor no es un trabajo para hacer de prisa" (M. No?lle). El compromiso eclesial de los esposos Martin recuerda que "la futura evangelizaci?n depende, en gran parte, de la iglesia dom?stica" (Familiaris consortio, 52), y tiene el sabor de la ternura.

Publicado por mario.web @ 23:52
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios