S?bado, 07 de mayo de 2011
?ngel Guti?rrez Sanz (Arbil.org) plantea la necesidad de recuperaci?n de sentido e indentidad en tiempo de crisis que ofrezcan esperanza.
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Tiempos de crisis
Tiempos de crisis
Esta sociedad nuestra que ha visto con indiferencia como se iban derrumbando los pilares de una cultura milenaria sin tener previsto nada que pudiera sustituirla, se siente ahora amenazada por una quiebra econ?mica. Sin desear que esto se produzca, pienso que si ello acaba por resultar inevitable, al menos que sea un revulsivo capaz de hacer volver al hombre sobre s? mismo, que le ayude a recuperar su propia identidad y le haga pensar en otro tipo de esperanzas m?s firmes.

Rupturas, inseguridades, vacilaciones, innovaciones, desorientaci?n son constitutivos de estos tiempos nuestros. Nos sentimos obligados a vivir de prisa contra-reloj, aunque no sepamos muy bien donde nos dirigimos. Todo parece cambiante y provisional, inexorablemente sometido a la ley del tiempo que todo lo trasforma. Es un hecho f?cilmente constatable que el signo de la ?poca que nos est? tocando vivir, viene marcado por la aceleraci?n y los cambios, apenas queda treguas para el necesario e imprescindible reposo. Los avances t?cnicos nos hacen vivir unos acelerones, cuyos ritmos son dif?ciles de acompasar. Apenas hemos asimilado nuevas formas de vida, tenemos que abandonarlas para adaptarnos a otras diferentes, lo peor de todo, es que inmersos en esta vor?gine de acomodaci?n tecnol?gica, no prestamos atenci?n al desarrollo humano. Hemos llegado a hacer de la t?cnica el centro de nuestras aspiraciones olvid?ndonos de todo lo dem?s.

Nuestro mundo es un mundo materializado, hambriento de ?autonom?a? y de?libertad?, El hombre moderno, a trav?s del poder que le proporciona la t?cnica, aspira a ser due?o de su propio destino. Sus ansias de independencia le han llevado a cuestionar todo tipo de absolutos, sea en el terreno del conocimiento, la moral o la religi?n . El hombre ha asumido con gozo el llegar ser la medida de todas las cosas. Los valores, las instituciones, las creencias han de ajustarse a sus deseos, a sus caprichos, todo a merced de la subjetividad. Vive en permanente crisis, porque el hombre ha llegado a ser un problema para s? mismo. Si tuvi?ramos que hablar con propiedad, deber?amos decir que lo que se est?n produciendo, no son ya cambios en las diversas manifestaciones culturales, sino un cambio de ?poca en toda regla.

El hombre moderno rico en lo t?cnico, pobre en lo humano se congratula de que hayan desaparecido todas las certidumbres, de que se hayan derrumbado todos los cimientos de una cultura milenaria y se siente satisfecho de que se vuelva reescribir la historia de la humanidad. Se trata de liquidar el pasado, para quedarnos sin referencias ni seguridades, sin absolutos ni certezas. Es la cultura del pensamiento d?bil, en la que nada es permanente y todo fluye de forma constante. A partir de la segunda mitad del siglo XX irrumpe con fuerza el sentimiento de que no hay mas verdad que nuestras interpretaciones de la misma. Todo lo que podamos pensar o decir, incluso todo lo que creemos saber, no es m?s que pura interpretaci?n. Bajo este horizonte de incertidumbre, la crisis generalizada en todos los ordenes ten?a que llegar de forma inevitable, como as? ha resultado ser. Ante esta situaci?n de ausencia de cualquier tipo de verdad divina o humana, nos hemos ido acostumbrando a vivir el d?a a d?a, bajo el imperio de la provisionalidad, hemos llegado incluso a sumir el riesgo de no saber c?mo ser? el despertar del nuevo d?a.

Para cualquier espectador de hace no m?s de un siglo el panorama que se contempla en nuestra sociedad industrializada hubiera sido impensable; pero a mi personalmente lo que m?s me sorprende es que estos cambios tan radicales y profundos, que se han ido produciendo en los ?ltimos a?os, no han sido motivo de ning?n tipo de alarma generalizada, no ha habido reacci?n significativa ante mutaciones tan traum?ticos, que han acabado por dejar a la sociedad a la intemperie.

Estamos asistiendo a un comportamiento generalizado de las conciencias que han asumido esta sustancial trasformaci?n, como si fuera el resultado natural de un progreso cultural y humano, que es como muchos est?n empe?ados en hacerlo ver. Hubiera sido motivo de esc?ndalo; pero no lo es, el que desaparecieran las normas etico-jur?dicas de la convivencia social o que se hayan removido las bases estructurales del matrimonio y la familia. Debi?ra de resultar indignante para cualquier sensibilidad, el que no se respete la libertad educativa. Debiera verse como intolerable que no se respeten las convicciones religiosas, ni sus p?blicas manifestaciones, en pa?ses de milenaria tradici?n religiosa.

Tiempos de crisis, son los nuestros y tambi?n de desorientaci?n, en los que las gentes parecen mirar para otra parte, porque lo que verdaderamente nos preocupa en los ?ltimos tiempos es el bienestar material. ?Que suceder? ahora que la crisis seg?n parece se va a hacer presente tambi?n en el terreno econ?mico? Aqu? s? que comienza a haber alarma social, la gente no s?lo est? preocupada por lo que se avecina, sino que est? asustada. ? Que va a pasar ahora?. Aquellas gentes que dec?a que no les importaba que el barco se hundiera, mientras las plataformas del surf econ?mico les permitiera mantenerse en pie a pesar del oleaje, puede que ahora, el cambio de direcci?n de los vientos les haga cambiar tambi?n a ellos de opini?n.

No es que yo me alegre de la crisis econ?mica, no; lo que si digo, es que a mi me hubiera gustado m?s, que nos hubi?ramos preocupado m?s por otras crisis m?s sustanciales que desgraciadamente han ido pasando desapercibidas. Por otra parte ante lo que parece irremediable, prefiero ser positivo y no negativo, dispuesto estoy siempre, a aplicar la filosof?a de aquel dicho popular que nos advierte, de que no hay mal que por bien no venga. De todo, en la vida se pueden extraer alguna aplicaci?n positiva ? por qu? no va a serlo ahora tambi?n, que comienzan a desplomarse los fundamentos econ?micos ?

Pudiera ser que esta crisis econ?mica nos sirva de purga de tanto exceso sibaritista, de tanto empacho de bienestar maerial, tal vez obligue a las sociedades opulentas a probar el sabor de la austeridad, despu?s de tanto derroche injustificado. A lo mejor esta crisis nos abre los ojos y nos damos cuenta de que vincular nuestra suerte al bienestar material, ni es tan constante ni tan definitiva como cre?amos, por lo que en el futuro habr? que estar preparados por si vienen mal dadas. A lo mejor nos ayuda a todos a comprender que hemos de moderar nuestros afanes consumistas y que no es tan imprescindible cambiar el mobiliario del piso cada diez a?os y estrenar un nuevo modelo de coche cada cuadro. A lo mejor acabamos aprendiendo de que el dinero no lo es todo y nos damos cuenta de que no es m?s feliz el que m?s tiene, sino el que menos necesita.

Ojal? que esta crisis nos sirviera para pensar en los dem?s, sobre todo en los m?s necesitados, haciendo converger todos los intereses personales en el bien com?n y universal dentro de un marco econ?mico m?s equitativo y justo del que nadie quedara excluido. La presente crisis debiera hacernos m?s solidarios con los que nada tienen, puede que incluso nos ayude a humanizarnos y quien sabe si tal vez sea motivo para que reflexionemos de que las esperanzas puestas en el dios-dinero no debiera seguir siendo el ?ltimo fundamento de nuestras vidas. La gentes comienzan a preguntarse por el futuro de la humanidad y a mi este tipo de preguntas me gustan, porque el hombre ha de ser previsor y no vivir eternamente inmerso en el carpe diem.

Publicado por mario.web @ 23:54
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