Domingo, 08 de mayo de 2011

Entregarle a Dios a los hijos con gran fe, amor y desprendimiento, se trata de seguir la voluntad de Dios
Autor: Marcelino de Andr?s y Juan Pablo Ledesma | Fuente: Catholic.net
Robos, asaltos, secuestros? Todos esos desmanes hoy est?n al orden del d?a. Y me apena comprobar que gracias ellos nuestras sociedades se est?n construyendo sobre la desconfianza, la incertidumbre y el miedo. Se contratan guardaespaldas, se refuerzan los cerrojos de las casas, se instalan alarmas en los negocios, se blindan los autom?viles. Pero se da algo a?n peor que todo eso: se acorazan las almas y se amurallan los corazones en una ausencia casi total de seguridad y de confianza en los dem?s. Y as?, nuestro mundo, ?c?mo no va a ser cada d?a m?s inhabitable?

Bien, pero no es mi intenci?n entretenerme ahora considerando las causas y consecuencias de esa marcada inestabilidad social que actualmente nos envuelve. Sin embargo, s? voy a traer a colaci?n precisamente un secuestro. Uno -con todo y los que hoy se dan- fuera de lo normal. El hecho me ha vuelto a dar mucho qu? pensar y ha abierto en mi interior viejas y nuevas heridas.

Sucedi? que una joven albanesa de 26 a?os fue secuestrada nada menos que por sus propios familiares. Y el secuestro es inaudito no s?lo por eso; lo es m?s a?n por las circunstancias y los intereses que lo motivaron.

Resulta que esa joven, desde hac?a seis a?os, viv?a como monja en un convento de benedictinas en Italia. Desde que decidi? seguir ese camino, se encontr? con la oposici?n frontal de su padre, que busc? la complicidad de sus familiares emigrados en Italia para obligarla a retornar a Albania. Al no poder convencerla de abandonar la idea de la profesi?n religiosa, decidieron pasar a los hechos y secuestrarla. Y as? lo hicieron.

Un d?a, cuando la joven se dirig?a a la catedral para rezar, fue detenida, en plena plaza principal, por tres personas, entre ellas su hermano, y obligada a subir a un coche.

Gracias a la denuncia del suceso por parte de algunos testigos, la polic?a pudo encontrarla y rescatarla 48 horas despu?s. Ella, una vez liberada, decidi? volver al convento. Se mostr? serena (al menos por fuera) y decidida sinceramente a seguir el camino elegido, en la esperanza de que sus padres lleguen a comprenderla y compartan alg?n d?a su deseo de ser religiosa.

He conocido otros casos de oposici?n por parte de los padres a la vocaci?n de sus hijos. He o?do a un padre decirle a su hijo: ?si te vas de sacerdote, para m? es como si ya no existieses, ya no te consideres hijo m?o?. Y a una madre gritarle a su hija: ?prefiero que seas una mujer de mala vida a que te alejes de m? para ser monja?. He sabido de padres que desheredan, marginan, rechazan y olvidan a sus hijos por id?nticos motivos? Pero nunca pens? que un padre hoy d?a pudiese perpetrar el secuestro de su propia hija, ya de 26 a?os, para hacerla desistir de su vocaci?n y obligarle a hacer algo que ella no quiere. No permiten la opci?n de la vocaci?n sacerdotal o religiosa entre las distintas vocaciones.

El que a un padre o a una madre le duela en el alma la partida de un hijo que decide consagrase a Dios, me parece lo m?s normal del mundo. A cualquiera le cuesta desprenderse de un hijo a quien ama. Sin embargo, la oposici?n rotunda de los padres a la vocaci?n religiosa o sacerdotal de su hijo o hija, me parece algo trist?simo. Porque es se?al de que esos padres padecen una miop?a avanzada ante el don maravilloso de Dios que es toda vocaci?n. Dios escoge lo mejor de su cosecha, y el que un padre llegue a usar la fuerza y la coacci?n f?sica para impedir que uno de sus hijos siga el llamado de Dios, me parece ya demasiado. Creo que es un verdadero atropello, manifestaci?n de un ego?smo sobresaliente y, a la vez, una ceguera total para las cosas de Dios, de verdad preocupante.

Voy a decir algo fuerte. Pero que juzgo verdad. Ning?n padre o madre tiene derecho alguno de oposici?n sobre su hijo cuando lo que est? de por medio es el querer infinito y los intereses de Dios sobre ?l. Porque de eso se trata en la vocaci?n: de seguir la voluntad de Dios. Y si Dios llama a un hijo, ning?n padre o madre puede arrogarse el derecho de rechazar, obstaculizar o impedir el cumplimiento de su sant?sima voluntad por parte del propio hijo. Ninguno. Porque nadie est? por encima de Dios y su voluntad.

Adem?s, yo me pregunto si el padre o la madre que rechaza y combate la vocaci?n del hijo, se da cuenta del dolor, de la aflicci?n, del tormento que puede estar causando en el alma de aquel por su obstinada actitud. No, yo creo que muchas veces no se dan cuenta. No se fijan m?s que en s? mismos y sus intereses ego?stas. Y ni se imaginan siquiera la pesadumbre interior del hijo que, tratando de hacer la voluntad de Dios(que ya es de suyo muchas veces dif?cil y hasta heroico), tiene que cargar adem?s con el peso y la amargura de la incomprensi?n y resistencia de sus mismos padres. Con el desconocimiento y rechazo de qu? es su vocaci?n. No es justo, ni cristiano, ni humano. Y tambi?n aqu? tengo que decir clara otra verdad: ning?n padre, ni ninguna madre, tiene derecho de causar ese sufrimiento al propio hijo.

Menos mal que, por el contrario, hay otros padres y madres (muchos gracias a Dios) que ante el don de una o m?s vocaciones entre su prole, sin dejar de sentir el dolor de entregarle a Dios alguno de sus hijos, lo hacen con gran fe, amor y desprendimiento. Y aunque con el coraz?n sangrando y l?grimas en los ojos le devuelven a Dios lo que ?l les dio antes y ahora reclama para s?; y lo dejan partir, disimulando con una sonrisa sincera lo que sienten por dentro.

?Qu? hermoso el testimonio de tantos padres de familia que aceptan, agradecen, apoyan y sostienen con sus oraciones y sacrificios la vocaci?n de alguno de sus hijos! Sepan, todos ellos, que a ese hijo le toc? la mejor parte, que as? est?n agradando a Dios, mereciendo ante ?l, dando fecundidad al propio sufrimiento y soledad. Y, adem?s, est?n haciendo m?s llevadero y feliz, para el propio hijo, el seguimiento del Se?or, que tantas alegr?as y satisfacciones traer? consigo para ?l y para ustedes tambi?n.


Publicado por mario.web @ 0:02
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios