Domingo, 08 de mayo de 2011
Se dan casos de hombres y mujeres que poseen un carisma especial para la predicaci?n, para aconsejar a las personas, para conocer y transmitir a Dios, pero que no necesariamente hayan fundado una congregaci?n religiosa
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?Qu? es el carisma?
?Qu? es el carisma?
Breve introducci?n
En los inicios del Tercer milenio parece muy normal de hablar de carismas. Y si nuestro objetivo es el de despertar el carisma, conviene saber bien lo que este t?rmino significa o quiere significar. Necesitamos tener nociones claras sobre este concepto si vamos a centrar la vida y la identidad consagrada en ?l.

Por carisma siempre se ha entendido el t?rmino paulino de ?gracias especiales [llamadas "carismas"] mediante las cuales los fieles quedan "preparados y dispuestos a asumir diversas tareas o ministerios que contribuyen a renovar y construir m?s y m?s la Iglesia" (LG 12; cf. AA 3). Extraordinarios o sencillos y humildes, los carismas son gracias del Esp?ritu Santo, que tienen directa o indirectamente, una utilidad eclesial; los carismas est?n ordenados a la edificaci?n de la Iglesia, al bien de los hombres y a las necesidades del mundo.?

Un carisma por tanto es una gracia especial que el Esp?ritu Santo dona para el bien de la Iglesia. No existe una clasificaci?n de carismas y as? los hay de diversos tipos . Pero los elementos esenciales que los conforman ser?n siempre los dos siguientes: provienen del Esp?ritu Santo y se dan para la edificaci?n de la Iglesia. De esta definici?n parten tres grandes aplicaciones que conviene conocer para evitar confusiones en el momento de estudiar los carismas dentro de la vida consagrada: el concepto de carisma en cuanto tal, la concepci?n de la vida consagrada como un carisma para la Iglesia y el carisma espec?fico de cada Instituto o congregaci?n religiosa. Un carisma no est? necesariamente ligado a la fundaci?n de una congregaci?n religiosa. Se dan casos de hombres y mujeres que poseen un carisma especial para la predicaci?n, para aconsejar a las personas, para conocer y transmitir a Dios, pero que no necesariamente hayan fundado una congregaci?n religiosa. Por otro lado, la misma vida consagrada se entiende como un don del Esp?ritu para el bien de la Iglesia: ?La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y ense?anzas de Cristo el Se?or, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Esp?ritu.? Y por ?ltimo, es necesario considerar el carisma espec?fico de cada congregaci?n o instituto de vida consagrada, centr?ndose nuestra atenci?n en el presente estudio en esta ?ltima acepci?n del t?rmino.

Comenzaremos haciendo una revisi?n de lo que el Magisterio ha escrito acerca del carisma de cada Instituto o congregaci?n religiosa, para pasar despu?s a un an?lisis de lo dicho por algunos autores de nuestro tiempo. Al final, en base a esta doble investigaci?n, nos aventuraremos a proponer lo que es el carisma y cu?les son sus elementos constitutivos.



Revisi?n del Magisterio.
Si bien el t?rmino carisma no aparece en los documentos del Concilio Vaticano II, todo apuntaba a su desarrollo posterior, ya que en el debate que precedi? a la redacci?n de la Constituci?n dogm?tica Lumen gentium y del Decreto Perfectae caritatis , puede observarse que se maneja ya el car?cter carism?tico de la vida consagrada. Huella que abrir?a las posibilidades para una futura investigaci?n y que ha dado como resultado una vasta literatura, fruto del desarrollo de la Teolog?a de la vida consagrada, en donde se desarrolla ampliamente el t?rmino carisma, bajo diversas acepciones.

El t?rmino carisma viene utilizado por primera vez en un documento del magisterio en el n?mero 11 de la exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio: ?S?lo de esta manera pod?is vosotros dirigir nuevamente los corazones a la verdad y al amor divino, seg?n el carisma de vuestros fundadores, suscitados por Dios en la Iglesia.? A partir de este documento el magisterio asume la terminolog?a paulina de carisma con diversas acepciones: carisma de la vida religiosa, carisma del fundador, carisma de fundador, carisma fundacional, carisma del Instituto, carisma originario, carisma institucional, carisma de una familia religiosa.

Ser? el documento Mutuae relationes quien defina por primera vez el carisma: ?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. nunt. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne. Por eso la Iglesia defiende y sostiene la ?ndole propia de los diversos Institutos religiosos (LG 44; cfr. CD 33; 35, 1, 2, etc.). La ?ndole propia lleva adem?s consigo, un estilo particular de santificaci?n y apostolado que va creando una tradici?n t?pica cuyos elementos objetivos pueden ser f?cilmente individuados. Es necesario por lo mismo que en las actuales circunstancias de evoluci?n cultural y de renovaci?n eclesial, la identidad de cada Instituto sea asegurada de tal manera que pueda evitarse el peligro de la imprecisi?n con que los religiosos sin tener suficientemente en cuenta el modo de actuar propio de su ?ndole, se insertan en la vida de la Iglesia de manera vaga y ambigua.? De esta definci?n partir?n y har?n referencia muchos estudios y documentos posteriores del Magisterio.

Refiri?ndose a la contemplaci?n, el documento lo mencionar? como un carisma especial: ?Los que son llamados a la vida espec?ficamente contemplativa son reconocidos como uno de los tesoros m?s valiosos de la Iglesia. Gracias a un carisma especial, han elegido la mejor parte, esto es, la de la oraci?n, el silencio, la contemplaci?n, el amor exclusivo de Dios y la dedicaci?n total a su servicio...?

El carisma, como don del Esp?ritu, se refleja tambi?n en obras concretas, espec?ficamente en las obras del Instiuto. Por ello un apostolado, una obra puesta en pie por una congregaci?n no es indiferente para el carisma, como lo consigna el Magisterio: ?Existe la tentaci?n de abandonar obras estables, genuina expresi?n del carisma del instituto, por otras que parecen m?s eficaces inmediatamente frente a las necesidades sociales, pero que dicen menos con la identidad del instituto.?

Y en este mismo documento, se se?ala la importancia del carisma para la formaci?n de las personas consagradas, como si fuera un mapa para no perderse en la formaci?n: ?La creciente configuraci?n con Cristo se va realizando en conformidad con el carisma y normas del instituto al que el religioso pertenece. Cada instituto tiene su propio esp?ritu, car?cter, finalidad y tradici?n, y es conform?ndose con ellos, como los religiosos crecen en su uni?n con Cristo.?

M?s adelante, encontramos que el carisma particular de cada Instituto y la vida consagrada son una s?la cosa: ?No existe concretamente una vida religiosa ? en s? ? a la que se incorpora, como un a?adido subsidiario, el fin espec?fico y el carisma particular de cada instituto.? El carisma de cada Instituto forma parte de la vida consagrada. Y este mismo documento considera que el carisma debe formar parte integrante de la formaci?n de la persona consagarda. ?En el programa de estudios, debe figurar en puesto importante la teolog?a b?blica, dogm?tica, espiritual y pastoral y, en particular, la profundizaci?n doctrinal de la vida consagrada y del carisma del instituto.?

La vida fraterna en comunidad encuentra tambi?n en el carisma su raz?n de ser: ?Vivir en comunidad es, en realidad, vivir todos juntos la voluntad de Dios, seg?n la orientaci?n del don carism?tico, que el Fundador ha recibido de Dios y ha transmitido a sus disc?pulos y continuadores.? Este mismo documento, Vida fraterna en comunidad, dedicar? todo un n?mero, el 70, a hablar sobre la posibilidad de compartir el carisma con los laicos, tema del que hablaremos en algunos pr?ximos art?culos.

Podemos citar incluso cu?les son las responsabilidades de las personas consagradas para con el carisma, de acuerdo al siguiente texto: ?Cada instituto tiene una responsabilidad primaria respecto de la propia identidad. En efecto, el ?carisma de los fundadores (...) ?experiencia del Esp?ritu transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y constantemente desarrollada en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en perenne crecimiento?? se le conf?a a cada instituto como patrimonio original en beneficio de toda la Iglesia. Cultivar la propia identidad en la ? fidelidad creativa ? significa, pues, hacer confluir, en la vida y en la misi?n del pueblo de Dios, dones y experiencias que la enriquecen y, al mismo tiempo, evitar que los religiosos ?se inserten en la vida de la Iglesia de un modo vago y ambiguo?.?

Juan Pablo II en la exhortaci?n apost?lica Redemptionis donum habla expl?citamente del carisma como un don, tanto para las personas consagradas como para la comunidad y no duda en afirmar que en ese don, se encuentran elementos v?lidos para vivir la consagraci?n. ?Es dif?cil describir, m?s a?n enumerar, de qu? modos tan diversos las personas consagradas realizan, a trav?s del apostolado, su amor a la Iglesia. Este amor ha nacido siempre de aquel don particular de vuestros Fundadores, que recibido de Dios y aprobado por la Iglesia, ha llegado a ser un carisma para toda la comunidad. Ese don corresponde a las diversas necesidades de la Iglesia y del mundo en cada momento de la historia, y a su vez se prolonga y consolida en la vida de las comunidades religiosas como uno de los elementos duraderos de la vida y del apostolado de la Iglesia. En cada uno de estos elementos, en todo campo -tanto en el de la contemplaci?n fecunda para el apostolado como en el de la acci?n directamente apost?lica- os acompa?a la bendici?n constante de la Iglesia y, a la vez, su pastoral y maternal solicitud, en lo referente a la identidad espiritual de vuestra vida y la rectitud de vuestro actuar en medio de la gran comunidad universal de las vocaciones y de los carismas de todo el Pueblo de Dios.?

Llegamos por fin a la exhoraci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, de la que podemos decir que el t?rmino carisma aparece citado 72 veces, siendo la parte m?s citada la relativa a la fidelidad al carisma. Esta simple observaci?n nos hace pensar en la importancia que se da a la fidelidad al don que inspir? al Fundador a llevar a cabo su obra.

No podemos dejar de mencionar lo descrito por el Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, cuando en el n?mero 160 da la siguiente definici?n de carisma, que si bien se refiere a todo tipo de carisma, bien puede aplciarse al carisma de una congregaci?nreligiosa o Instituto: ? Los carismas son dones especiales del Esp?ritu Santo concedidos a cada uno para el bien de los hombres, para las necesidades del mundo y, en particular, para la edificaci?n de la Iglesia,a cuyo Magisterio compete el discernimiento sobre ellos.?

Por ?ltimo, Benedicto XVI ha encuadrado el carisma como la norma suprema de la vida consagrada, esto es, seguir a Cristo: ?No se puede lograr una aut?ntico relanzamiento de la vida religiosa si no es tratando de llevar una existencia plenamente evang?lica, sin anteponer nada al ?nico Amor, sino encontrando en Cristo y en su palabra la esencia m?s profunda de todo carisma del fundador y de fundadora.?



Revisi?n de algunos autores.
Muy variada y vasta es la literatura que habla sobre el carisma. Anotamos a continuaci?n algunas citas que pueden dar luz sobre el desarrollo teol?gico de este t?rmino y ayudarnos a identificar con mayor certeza el significado de este t?rmino.

?Algunos autores distinguen, entre carisma de fundaci?n, don que habilita a una persona para iniciar una nueva fundaci?n; y carisma del fundador, que dice relaci?n al contenido del don inherente a todo fundador para percibir, vivir, y mostrar en la historia, una experiencia particular del misterio de Cristo, seg?n unas concretas caracter?sticas que, despu?s, los identificar?n. En realidad el carisma de fundaci?n y el carisma de fundador son dos vertientes de una misma realidad que se exigen mutuamente.? Jes?s ?lvarez G?mez, Carisma e Historia, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2001, p. 100-101.

?El carisma del fundador y de la fundadora, una vez compartido en su camino hist?rico se convierte en carisma del Instituto. Con este t?rmino puede entenderse el desarrollo de la virtualidad gen?tica contenida en el carisma del fundador o de la fundadora.? Fabio Ciardi, In ascolto dello Spirito, Citt? Nuova editrice, Roma, 1996, p. 58.

?El carisma del fundador, es por tanto para nosotros aquel don personal que, estando al origen de la experiencia de la fundaci?n, traza los lineamientos espirituales esenciales que caracterizan la identidad propia del Instituto, su misi?n en la Iglesia, su peculiar espiritualidad.? Giuseppe Buccellato, Carisma e Rinnovamento, Edizioni Dehoniane, Bologna, 2002, p. 28.

?Si por carisma de los miembros del Instituto se entiende su espec?fica misi?n o el fin por el cual han ingresado los miembros del Instituto, este carisma puede ser realmente comunicado por el fundador que, con su ejemplo y su vida, arrastra y convence a otros a seguirlo.? Giancarlo Rocca, Il carisma del fondatore, Ancora editrice, Milano, 1998, p. 75.

?El <> no se mantiene en la historia como se mantiene un patrimonio de ideas, de valores, de experiencias, s?lo porque se le puede contrastar con nuevas prospectivas y nuevas emergencias. Se mantiene m?s bien, como una ?gracia viva?, cuya direcci?n pertence al Esp?ritu Santo: comienza con un evento de gracia que involucra al carism?tico en un ardiente camino para seguir a Cristo y puede permanecer en la historia solamente como garcia que siempre se renueva.? Antonio Maria Sicari, Gli antichi carisma nella Chiesa, Jaca Book, Milano, 2002, p. 32 ? 33.

Pier Giordano Cabra en su libro Breve corso sulla Vita consacrata hace un recuento de lo que ha sido la teolog?a del carisma. Para este autor cada Instituto tiene en su base un carisma para el bien de la Iglesia y representa uno de los puntos fuertes de la identidad de cada Instituto. Afirma a continuaci?n que el carisma funda tambi?n la misi?n espec?fica y la propia espiritualidad. Sin embargo para Cabra, existen pocos carismas que aglutinan a todos los carismas, como una gran constelaci?n en donde cada carisma, como una sola estrella, puede reconocerse en una constelaci?n. Sin quitar la importancia a cada carisma espec?fico, Cabra quiere poner en guardia a los Institutos religiosos para no sobrevalorar el propio carisma y poderse enriquecer de todos los carismas, especialmente de los m?s semejantes. Continuando en esta l?nea, en su libro Tempo di prova e di speranza, Cabra considera que los carismas actualmente, y principalmente en Europa, deben traducirse en una realidad pr?ctica, siguiendo las indicaciones de la Vita consecrata, sobre la fidelidad creativa. Pier Giordano Cabra, Breve corso sulla Vita consacrata, Editrice Queriniana, Brescia, 2004, p. 170 ? 172. Pier Giordano Cabra, Tempo di prova e di speranza, Ed. Ancora, Milano, 2005, p. 147- 150.

Por citar un diccionaro de la vida consagarad, apuntamos lo siguiente: ?LA expresi?n <> designa, en susignificado genral, aquel don del Esp?ritu ofrecido ben?volamente por Dios a algunos fundadores, hombres o mujeres, para producir en ellos determinadascapacidades que les hacen aptos para alumbrar nuevas comunidades de vida consagrada enla Iglesia.?

Un estudioso que merece menci?naparte es Antonio Romano quien en su libro I fondatori, profezia della storia, ha hecho un an?lisis valios?simo diferenciando el carisma de la fundaci?n, el carisma del fundador, el carisma del acto de fundar y el carisma del Instituto. Sin pasar a particulares, pues remitimos al mismo libro , es importante sin embargo se?alar, que estos momentos elencados por Romano vienen a significar momentos diversos del mismo carisma. Podemos decir que son desarrollos connaturales al carisma. Al hablar de un carisma de un Instituto religioso hablamos necesariamente de los momentos por los que ha atravesdo para llegar a constituirse en un don del Esp?ritu al servicio de la Iglesia.



?Qu? es el carisma y cu?les son sus elementos constitutivos?
Partiremos de una definici?n que ha servido como base para todos los documentos del magisterio que manejan el t?rmino carisma: ?Los Institutos religiosos en la Iglesia son muchos y diversos, cada uno con su propia ?ndole (cfr. PC 7, 8, 9, 10); pero todos aportan su propia vocaci?n, cual don hecho por el Esp?ritu, por medio de hombres y mujeres insignes (cfr. LG 45; PC 1, 2) y aprobado aut?nticamente por la sagrada Jerarqu?a. El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. test. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne. Por eso la Iglesia defiende y sostiene la ?ndole propia de los diversos Institutos religiosos (LG 44; cfr. CD 33; 35, 1, 2, etc.). La ?ndole propia lleva adem?s consigo, un estilo particular de santificaci?n y apostolado que va creando una tradici?n t?pica cuyos elementos objetivos pueden ser f?cilmente individuados.?

El magisterio identifica en este texto el carisma con la ?ndole propia de cada instituto o congregaci?n religiosa. Hablar de carisma es hablar por tanto de las notas m?s caracter?sticas y espec?ficas que tiene cada congregaci?n o instituto religioso para seguir m?s de cerca a Jesucristo. Usando un t?rmino de la gen?tica moderna, podemos comparar nosotros al carisma con el c?digo gen?tico de la congregaci?n. Ah? est? inscrito la identidad de la congregaci?n, conteni?ndose en esa identidad, aunque con la necesidad de un posterior desarrollo, su patrimonio espiritual, su pasado y su futuro, ya que el carisma no es algo est?tico, sino en continuo desarrollo.

Definir la ?ndole propia puede ser un trabajo arduo para cada congregaci?n o instituto religioso. Cuando el Concilio Vaticano II ped?a el retorno a los or?genes de la vida consagrada y a las fuentes originarias de cada congregaci?n o instituto religioso, invitaba precisamente a la identificaci?n de los elementos m?s propios que configuraban a la congregaci?n. Esta ?ndole propia no proviene necesariamente de las obras de apostolado espec?ficas de la congregaci?n, ni del modo de ser o de actuar de sus miembros, sino de una experiencia del Esp?ritu que vivi? el fundador o la fundadora y que fue capaz de transmitir a los primeros miembros de la congregaci?n o instituto religioso . Las obras de apostolado, el estilo de vida, la forma de vivir los consejos evang?licos son expresiones concretas de la experiencia del Esp?ritu. ?Las diversas formas de vivir los consejos evang?licos son, en efecto, expresi?n y fruto de los dones espirituales recibidos por fundadores y fundadoras y, en cuanto tales, constituyen una experiencia del Esp?ritu, transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? Podemos decir por tanto que ?en el carisma est? constituido no s?lo la finalidad espec?fica del Instituto sino la conformaci?n espiritual, humana y social de la persona consagrada.?
La experiencia del Esp?ritu es una de las notas caracter?sticas o elementos constitutivos m?s importante del carisma. ?Las notas caracter?sticas de un carisma aut?ntico son las siguientes: a) proveniencia singular del Esp?ritu, distinta ciertamente aunque no separada de las dotes personales de quien gu?a y modera; b) una profunda preocupaci?n por configurarse con Cristo testimoniando alguno de los aspectos de su misterio; c) un amor fruct?fero a la Iglesia, que rehuya todo lo que en ella pueda ser causa de discordia.?
Dios permite al fundador o a la fundadora experimentar fuertemente una necesidad en su mundo, un contraste entre los planes de Dios y la realidad concreta. Para hacer frente a esa realidad Dios otorga la gracia al fundador o a la fundadora de hacer una lectura del evangelio en forma novedosa, de tal manera que la realidad viene iluminada con una nueva luz, una nueva interpretaci?n, una experiencia del Esp?ritu que ya no queda circunscrita a las condiciones de espacio tiempo que la vieron nacer, sino que, como criatura del Esp?ritu se expande a todos los tiempos y lugares. Nace as? la experiencia del Esp?ritu del fundador, como un don de Dios para la Iglesia, don que puede compartirse y desarrollarse por otras muchas personas, a lo largo del espacio y del tiempo. Es esta Esp?ritu a trav?s del fundador o la fundadora.
Para hacer frente a la necesidad que Dios le ha permitido experimentar, el fundador o la fundadora, bajo la experiencia del Esp?ritu, fija su atenci?n en alg?n aspecto espec?fico de la figura de Cristo, como el medio m?s id?neo, sugerido por el Esp?ritu, para paliar dicha necesidad. No se excluyen otros medios, o, expresado en forma m?s clara, todos los dem?s medios de los que pueda echar mano el fundador o la fundadora nacen de la gran necesidad que experimenta de salir al encuentro de la necesidad a trav?s del aspecto espec?fico de la persona de Cristo, que el Esp?ritu e ha sugerido. Para el fundador o la fundadora, solamente Cristo puede aliviar la necesidad que ha dado origen a su obra. Su vida estar? dedicada a configurarse lo m?s posible con el aspecto espec?fico del Cristo que ha experimentado .

Un ?ltimo aspecto del carisma es el de saberse insertado dentro de la Iglesia. El fundador o la fundadora han aceptado seguir el camino que el Esp?ritu les ha marcado en su experiencia inicial no para hacer un camino separado de la Iglesia, sino para ayudar a la Iglesia a cumplir con su misi?n. Los carismas s?lo pueden ser entendidos y justificados en la Iglesia, para la Iglesia y desde la Iglesia. De esta forma podemos entender tambi?n el carisma como ?el don particular de la gracia divina operado en el creyente por parte del esp?ritu Santo para la com?n utilidad de la Iglesia.? Concepto que, aplicado a la vida consagrada, Juan Pablo II define de la siguiente manera: ?Es dif?cil describir, m?s a?n enumerar, de qu? modos tan diversos las personas consagradas realizan, a trav?s del apostolado, su amor a la Iglesia. Este amor ha nacido siempre de aquel don particular de vuestros Fundadores, que recibido de Dios y aprobado por la Iglesia, ha llegado a ser un carisma para toda la comunidad. Ese don corresponde a las diversas necesidades de la Iglesia y del mundo en cada momento de la historia, y a su vez se prolonga y consolida en la vida de las comunidades religiosas como uno de los elementos duraderos de la vida y del apostolado de la Iglesia.?

Creemos por tanto que no conviene hacer una diferencia de t?rminos entre carisma del fuindador, carisma de fundar, carisma de fundaci?n, carisma del Instituto. Hemos dicho que son pasos connaturales para que se diera el carisma. Nos centraremos en el carisma como la experiencia del Esp?ritu que Dios da al Fundador para el bien de la Iglesia, englobando en esta definci?n todos los pasos que se han dado para dar a luz este don.


Bibliografia
Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de Editores del Catecismo, nn. 798 y 799.
Pier Giordano Cabra, en su obra Tempo di prova e di speranza, Ed. Ancora, Milano, 2005, p. 147- 150, intentar? una leve semblanza sobre una clasificaci?n de los carismas.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vida consagrada, 25.3.1996, n. 1.
?Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos.? Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae Caritatis, 28.10.1965, n. 2b.
Pablo VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio, 26.6.1971, n. 11.
?El t?rmino paulino de carisma expresa un don particular de la gracia divina operado en el creyente por parte del Esp?ritu Santo para la utilidad com?n de la Iglesia. Se trata de un neologismo creado probablemente del mismo Pablo que lo utiliza 16 veces en sus cartas. Debe hacerse notar que, no obstante la utilizaci?n del t?rmino pueda considerarse relativamente reciente, la realidad profunda que el t?rmino expresa puede ser estimada un patrimonio constante de la tradici?n eclesial.? Giuseppe Buccellato, Carisma e Rinnovamento, Eizioni Dehoniane, Bologna, 2002, p. 15.
Sagrada Congregci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutua relationes, 14.5.1978, n. 11.
Sagrada Congregci?n para los religiosos e institutos seculares, La dimensi?n contemplativa de la vida religiosa, marzo 1980, n. 22.
Sagrada Congregci?n para los religiosos e institutos seculares, Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 27.
Ibidem, n. 46
Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, Orientaciones sobre la formaci?n en los Institutos de vida consagrada, 2.2.1990, n. 17
Ibidem, n. 61.
Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, La vida fraterna en comuniad, 2.2.1994n. 45.
Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, La colaboraci?n entre Institutos para la formaci?n, 8.12.1988, n.7.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica Redemptionis donum, 25.3.1984, n.15.
Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de Editores del Catecismo, Madrid, 2005, p. 68 ? 69.
Benedicto XVI, Carta con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, 27.9.2005.
Antonio Romano, Carisma, en Diccionario Teol?gico de la vida consagrada, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2000, p. 151.
Antonio Romano, I fondatori, profezia della storia, Editrice Ancora, Milano, 1989.
Sagrada congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia, 14.5.1978, n. 11.
La segunda parte de la obra de Fabio Ciardi, In ascolto dello Spirito, Citt? Nuova editrice, Roma, 1996, relata la historia y las fatigas de varias congregaciones por encontrar su propia ?ndole, hasta llegar a individuar el carisma espec?fico de cada uno de ellos.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vida consagrada, 25.3.1996, n. 48.
Amedeo Cencini, Vita consacrata: itinerario formativo lungo la via de Emmaus, Edizioni San Paolo, Milano 1994
Sagrada congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Criterios pastorales sobre relaciones entre obispos y religiosos en la Iglesia, 14.5.1978, n. 51.
Aqu? radica una de las diferencias b?sicas entre apostolado y voluntariado social.
Giuseppe Buccellato, Carisma e rinnovamento. Rifondazione della vita consacrata e carisma del fondatore, EDB, Bologna, 2002, pag. 15.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica Redemptionis donum, 25.3.1984, n. 15Bibliograf?a

Publicado por mario.web @ 1:49
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