Domingo, 08 de mayo de 2011
Presentar la forma en que puede alcanzarse la identidad de la vida consagrada mediante la naturaleza humana.
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Vida consagrada y antropolog?a
Vida consagrada y antropolog?a

A manera de introducci?n?
El Concilio Vaticano II ha dado a la Iglesia una bocanada de aire fresco. En su esfuerzo por comprender al mundo y por hacerse comprender por el mundo los frutos se han visto en diversos campos: la importancia de los laicos en el desarrollo de la Iglesia, la formaci?n y desarrollo del papel que debe desempe?ar el sacerdote en nuestros d?as, la adaptaci?n de la liturgia a los tiempos actuales. Fundamental, aunque algo accidentado, ha sido tambi?n la renovaci?n que la vida consagrada ha tenido en estos ?ltimos cuarenta a?os.

Pier Giordano Cabra ha esclarecido el debate teol?gico que se ha tenido a lo largo de este tiempo, fijando de alguna manera, gracias a un an?lisis exhaustivo de la exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita Consecrata, las l?neas fundamentales que confluyen en la edificaci?n de una identidad de la vida consagrada.

Junto con el desarrollo teol?gico de la vida consagrada se han dado tambi?n en este tiempo grandes avances en diversas ciencias sociales y psicol?gicas que han permitido comprender m?s al hombre y a todos los hombres. Y siendo una l?nea fundamental de la renovaci?n el conocer y aplicar en la medida de lo posible los logros de estas ciencias a la vida de la Iglesia, la vida religiosa se ha visto enriquecida, y a veces, por qu? no decirlo, tambi?n amenazada por la contribuci?n de estas ciencias.

En diversas ocasiones y m?s con un af?n m?s de sensacionalismo que de madura reflexi?n, se han hecho incorporaciones de la psicolog?a o de las ciencias sociales al mundo de la vida religiosa, sin tomar en cuenta, no digamos ya identidad de la vida consagrada, sino la naturaleza misma del hombre. Esto ha dado origen a dolorosas experiencias en donde la vida consagrada diluy?ndose en interpretaciones psicologistas o sociales, ha perdido su identidad. Tr?gicamente este debate y puesta en marcha de nuevas experiencias ha ocasionado en no pocos casos la p?rdida de innumerables vocaciones y ha dejado a muchas religiosas en un estado vegetativo, sin ilusi?n, sin esperanza y sin vida.
No negamos el aporte objetivo que dichas ciencias pueden dar a una mejor comprensi?n del hombre y del mundo, pero muchas veces se han introducido cambios basados meramente en elementos psicol?gicos sin haberse tenido en cuenta la naturaleza misma de la persona y la naturaleza o identidad de la vida consagrada.

Nuestro objetivo en este ensayo ser? el presentar la forma en que puede alcanzarse la identidad de la vida consagrada mediante la naturaleza humana. Son muchos los estudios que tratan de interpretar desde el punto de vista psicol?gico la vida consagrada. Y a veces se nos olvida, o no tomamos en cuenta que primero debemos conocer qui?n y qu? es esta persona, para luego analizar su comportamiento.
Entender por tanto, lo que es el hombre desde un punto de vista antropol?gico, no en
contraposici?n con la psicolog?a, sino para fundamentar precisamente el conocimiento psicol?gico del hombre.
La confusi?n reinante es tal en lo que se refiere a la psicolog?a , que resulta conveniente primero analizar qu? es el hombre. Profundizaremos en primer lugar en la identidad de la vida consagrada. Ser? nuestro punto de partida. Conocer qui?n es la persona consagrada, hombre o mujer que recibe una especial llamada de Dios a una vida de ?ntima uni?n con ?l. Comprender con profundidad cu?l es el pensamiento que el Magisterio de la Iglesia tiene sobre la vida consagrada, para as? tenerlo como un modelo accesible, posible y deseable de alcanzar.
En un segundo momento, analizaremos la naturaleza humana y sus relaciones con la vida consagrada. La identidad de la vida consagrada se basa en un hombre o una mujer con caracter?sticas espec?ficas, con unas potencias. Conocerlas y saber en qu? medida sirven para alcanzar el ideal propuesto en el concepto de la identidad de la persona consagrada, ser? nuestro objetivo final en este peque?o ensayo.


La identidad de la vida consagrada.
Para quien ha ingresado en la vida religiosa despu?s del Concilio Vaticano II puede parecer superficial el siguiente an?lisis. Muchas cosas actualmente se dan ya por supuestas, pero pensemos que poco antes del Concilio ?se establec?a una distinci?n muy clara entre la <> y la perfecci?n. En consecuencia los cristianos se divid?an en dos categor?as: los <, contentos con lo m?nimo necesario, y los religiosos que aspiraban a una meta superior.? B?stenos pensar que antes del Vaticano II se hablaba siempre de estado de perfecci?n al referirse al estado de vida religiosa o consagrada . Por ello podemos considerar como verdaderamente renovador el n?mero 44 de la Lumen Gentium en donde se perfilan los nuevos brotes de una teolog?a de la vida consagrada que servir?n para comprender mejor su identidad: ?Por los votos, o por otros sagrados v?nculos an?logos a ellos a su manera, se obliga el fiel cristiano a la pr?ctica de los tres consejos evang?licos antes citados, entreg?ndose totalmente al servicio de Dios sumamente amado, en una entrega que crea en ?l una especial relaci?n con el servicio y la gloria de Dios. Ya por el bautismo hab?a muerto el pecado y se hab?a consagrado a Dios; ahora, para conseguir un fruto m?s abundante de la gracia bautismal trata de liberarse, por la profesi?n de los consejos evang?licos en la Iglesia, de los impedimentos que podr?an apartarle del fervor de la caridad y de la perfecci?n del culto divino, y se consagra m?s ?ntimamente al divino servicio.
Esta consagraci?n ser? tanto m?s perfecta cuanto por v?nculos m?s firmes y m?s estables se represente mejor a Cristo, unido con v?nculo indisoluble a su Esposa, la Iglesia. Y como los consejos evang?licos tienen la virtud de unir con la Iglesia y con su ministerio de una manera especial a quienes los practican, por la caridad a la que conducen, la vida espiritual de ?stos es menester que se consagre al bien de toda la Iglesia. De aqu? nace el deber de trabajar seg?n las fuerzas y seg?n la forma de la propia vocaci?n, sea con la oraci?n, sea con la actividad laboriosa, por implantar o robustecer en las almas el Reino de Cristo y dilatarlo por el ancho mundo. Por lo cual la Iglesia protege y favorece la ?ndole propia de los diversos institutos religiosos.?

En el curso de la historia seguir?n innumerables debates sobre la identidad de la vida consagrada hasta llegar a la exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita Consecrata, en donde Juan Pablo II, recogiendo la experiencia y los aportes que se han hecho a la vida consagrada en los casi 40 a?os de camino posconciliar, dejar? establecida la identidad de la vida consagrada en la ?poca de la renovaci?n.

Son varios los te?logos de la vida consagrada, que haciendo un an?lisis de Vita Consecrata, descubren diversas l?neas que definen la identidad de la vida consagrada, Citaremos, de entre muchos a Pier Giordano Cabra y ?ngel Pardilla, por sus ricos y extensos an?lisis.

Pier Giordano Cabra se?ala las siguientes l?neas que definen la vida consagrada :
?una nueva y especial llamada al seguimiento que comporta dejar todo, seguimiento que no se le pide a todos, s?lo a algunos (VC 18?, VC 93c)
?no surge como un desarrollo natural del bautismo, sino que requiere una nueva y especial consagraci?n, conferida por un nuevo y especial don del Esp?ritu, que sigue a la respuesta de la nueva y especial llamada, arriba mencionada (VC 30).
?esta nueva forma de consagraci?n permite reproducir en la medida de lo posible, la forma de vida de Cristo virgen, pobre y obediente (VC 30).
?si los consejos evang?licos son para todos, no son para todos aquellos consejos que se profesan en la vida consagrada (VC 30).
?la vida consagrada tiene su origen en la persona de Cristo, por el hecho que ?l se ha presentado e mundo en una forma de vida muy peculiar, a la cual ha asociado tambi?n a su Madre (VC 18).
?la vida consagrada deriva del hecho que representa en forma m?s cercana aqu?l tipo de vida que despu?s de la venida de Cristo, viene considerada como la forma divina de vivir la vida humana o la forma humana que se acerca m?s a la forma de vida divina (VC 32)
?la vida consagrada es una estructura de la Iglesia y no simplemente est? en la Iglesia (VC 29)
?si de una parte la vida consagrada encuentra su identidad s?lida en referencia al Cristo trinitario, es tambi?n importante tomar en consideraci?n la necesidad a una fidelidad creativa al Fundador, para que sea significativa en nuestro tiempo (VC 37).

?ngel Pardilla en forma m?s escueta, se?alar? las siguientes l?neas que identifican a la vida consagrada:
?vida de creyente en Cristo (VC 29)
? vida cristiana peculiar y positiva (VC 31 y 32)
?vida de especial configuraci?n con Cristo (VC 22)
?vida de especial comuni?n de amor con el Padre (VC 17)
?vida de especial comuni?n de amor con el Esp?ritu santo (VC 16)
?vida de especial seguimiento de Cristo, a ala manera de los Ap?stoles (VC 72, 93)
?vida de especial configuraci?n con la Virgen Mar?a (VC 28)
?vida de profesi?n de los consejos evang?licos (VC 1, 22, 29)
?vida de especial vocaci?n (VC 15, 64, 100)
?vida de nueva y especial consagraci?n (VC 30, 31, 77)
?vida de especial perfecci?n (VC 1, 21, 104)
? vida de especial radicalismo evang?lico (VC 18, 80)
?vida con una peculiar espiritualidad (VC 40, 50, 93)
?vida de una especial misi?n (VC 25, 72)
?vida de un apropiado programa de oraci?n (VC 29, 38, 77)
?vida de especial testimonio prof?tico (VC 15, 84)
?vida de especial valor carism?tico (VC 29)
?vida de especial fidelidad (VC 17, 36, 37, 49, 52, 70, 93, 110)
?vida abierta a los valores de las diversas culturas (VC 2, 47, 67, 79, 80)
?vida de peculiar comuni?n eclesial (VC 2, 7, 8, 32)
?vida de una especial y espec?fica formaci?n (VC 63 ? 71)

Todas estas l?neas ayudan a comprender con mayor exactitud la identidad de la vida consagrada. Siendo nuestro prop?sito el arribar no tanto a una definici?n de la vida consagrada, sino el plasmar una imagen de la persona consagrada con el fin de fijar los par?metros que nos permitan tener acceso a esta imagen ?imagen real, no en sentido figurado-, debemos ir a lo esencial de esta identidad, descrita por la exhortaci?n Vita Consecrata y comentada por estos autores.

En ayuda de este objetivo analizaremos la definici?n que da el derecho Can?nico sobre la vida consagrada. Si bien pudiera parecer una aberraci?n o una reducci?n el hecho de ir a buscar lo esencial en una definici?n can?nica, pienso que muy por el contrario, nos da la seguridad de saber cu?l es el pensamiento de la Iglesia sobre la vida religiosa y as? fijar mejor la identidad de la vida consagrada. Debemos tener presente que el C?digo de Derecho Can?nico, publicado por Juan Pablo II el 25 de enero de 1983, recoge la experiencia de casi 20 a?os de camino posconciliar. Por lo tanto, el C?digo ha asumido los cambios propuestos por el Concilio, se ha enriquecido con las aportaciones del per?odo vivido y ha contemplado los excesos y desviaciones. Lo cual le da una enorme capacidad de discernimiento sobre el recto modo de juzgar los esfuerzos que han tenido diversas ?rdenes religiosas con respecto a la renovaci?n.

Dice el C?digo en el n?mero 573:
? 1.La vida consagrada por la profesi?n de los consejos evang?licos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo m?s de cerca a Cristo bajo la acci?n del Esp?ritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que entregados por un nuevo y peculiar t?tulo a su gloria, a la edificaci?n de la Iglesia y a la salvaci?n del mundo, consigan la perfecci?n de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial.
? 2.Adoptan con libertad esta forma de vida en institutos de vida consagrada can?nicamente erigidos por la autoridad competente de la Iglesia aquellos fieles que, mediante votos u otros v?nculos sagrados, seg?n las leyes propias de los institutos, profesan los consejos evang?licos de castidad, pobreza y obediencia, y, por la caridad a la que ?stos conducen, se unen de modo especial a la Iglesia y a su misterio.
Para llegar a encontrar la identidad de la vida consagrada debemos buscar lo esencial de ella. ?Qu? es lo esencial de la vida consagrada? ?Cu?l es aquel elemento que en caso de no encontrarse har?a que desapareciera la vida consagrada? Por esencia entendemos: ?Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas?. O bien. ?Lo m?s importante y caracter?stico de una cosa?.
Cabra y el Derecho can?nico parece que nos dar?n la soluci?n. Ambas hablan de un seguimiento, de un especial seguimiento a Cristo. As? lo consigna Vita Consecrata en el n?mero 18: ?El Hijo, camino que conduce al Padre (Cf. Jn 14, 6), llama a todos los que el Padre le ha dado (Cf. Jn 17, 9) a un seguimiento que orienta su existencia. Pero a algunos ?precisamente las personas consagradas? pide un compromiso total, que comporta el abandono de todas las cosas (Cf. Mt 19, 27) para vivir en intimidad con ?l (30) y seguirlo adonde vaya (Cf. Ap 14, 4).? Sin esta llamada de Cristo a seguirlo m?s de cerca, parecer?a que no existiera la vida consagrada. Sin esta llamada, no tendr?a caso recibir una nueva consagraci?n como un nuevo y especial don del Esp?ritu santo. Esta nueva consagraci?n se da con el fin de que la mujer consagrada reciba las gracias necesarias para responder a la llamada. Esta llamada es una invitaci?n a vivir una vida de especial consagraci?n en pobreza castidad y obediencia. Sin la llamada no tendr?a caso que la mujer consagrada eligiera vivir de acuerdo a los votos antes mencionados. Las restantes l?neas que definen la vida consagrada vienen a coadyuvar para que la llamada de Cristo pueda ser respondida con mayor viveza. Muchas de estas l?neas responden perfectamente al aggiornamento pedido por el Concilio.
La esencia por tanto de la vida consagrada es la llamada de Cristo y la respuesta que el hombre o la mujer deben dar a esta llamada. Una llamada que implica tres elementos: el abandono de todas las cosas, el vivir en intimidad con ?l y el seguirlo a d?nde ?l vaya. Y una respuesta que se identifica con la imitaci?n de Cristo en la vida que ?l escogi? para s? mismo en pobreza, virginidad y obediencia .
Ahora que hemos fijado la identidad de la vida consagrada, conviene que nos preguntemos qui?n es el hombre al que dirige Cristo esta llamada y c?mo puede este hombre, desde lo que es, -en su antropolog?a- responder a esta llamada, es decir, los recursos antropol?gicos con los que cuenta para seguir la llamada de Cristo.


El hombre llamado?
La llamada de Cristo a seguirlo m?s de cerca en un modo de vida peculiar, a la manera de los ap?stoles, no hace diferente a este hombre del resto de los mortales. La especial consagraci?n que recibe pro la profesi?n de los votos de pobreza, castidad y obediencia, tampoco a?ade o quita nada a la constituci?n espec?fica de este hombre. Deberemos plantearnos por tanto la cuesti?n de conocer qui?n es este hombre. Con Martin Heidegger podr?amos decir. ?Ninguna ?poca ha tenido como la actual nociones tan numerosas y variadas del hombre. Ninguna ?poca ha logrado como la nuestra presentar su saber en torno al hombre en modo eficaz y fascinante, al mismo tiempo que en una forma veloz y de f?cil acceso. Tambi?n es cierto sin embargo, que ninguna otra ?poca ha sabido menos que la nuestra qu? cosa es el hombre. Jam?s el hombre ha asumido un aspecto tan problem?tico como en nuestros d?as.? Y no podemos tambi?n de embelesarnos al leer el salmo 8: ??Qu? es el hombre para que de ?l te acuerdes, el hijo de Ad?n para que de ?l te cuides? Apenas inferior a un dios le hiciste, coron?ndole de gloria y de esplendor; le hiciste se?or de las obras de tus manos, todo fue puesto por ti bajo sus pies: ovejas y bueyes, todos juntos, y a?n las bestias del campo, y las aves del cielo y los peces del mar, que surcan las sendas de las aguas. ?Oh Yahveh, Se?or nuestro, qu? glorioso tu nombre por toda la tierra!? (Ps. 8, 5 ? 10).
Este hombre, misterio cerrado es un ser complejo, formado no s?lo de elementos diversos, sino muchas veces contrapuestos entre ellos mismos. Carne y esp?ritu, materia y alma que la hacen un verdadero enigma. Corremos el peligro al tratar de definir al hombre, de caer en un reduccionismo, dejando fuera elementos constitutivos esenciales. Sin embargos debemos aventurarnos a dar los elementos constitutivos m?s importantes, aquellos que constituyen la esencia del hombre.
La filosof?a ha siempre visto como caracter?stica esencial del hombre su interioridad, que es la capacidad de recogerse en s? mismo, de ensimismarse , ha diferencia de los animales que viven fuera de ellos mismos, pues no tienen un lugar interno en d?nde refugiarse, en donde puedan vivir. Esta caracter?stica de la interioridad permite al hombre conocerse a s? mismo y conocer todas las cosas que est?n fuera de ?l mismo. Conoce porque tiene la capacidad de interiorizarse. Por tanto, una primera potencia del hombre, que nos servir? en nuestro estudio, es la capacidad de conocer: puede conocerse a s? mismo y puede conocer todas las cosas en su esencia espiritual.
Pero no todo en el hombre es espiritual, no todo en el hombre es conocimiento. El hombre es tambi?n un ser material, un cuerpo con el que se relaciona consigo mismo, con sus semejantes y con el ambiente. Y aqu? se dan unas de las manifestaciones m?s importantes y caracter?sticas del hombre: puede sentir. Calor, fr?o. Amor y odio. Amistad y venganza. De un extremo a otro, de las pasiones a los sentimientos, el hombre es un ser que siente. Por ello encontramos en el hombre una cualidad que es la afectividad y cuyo fruto principal son los sentimientos y las emociones. ?Son los sentimientos y las emociones, que acompa?an los actos del conocimiento y las tendencias, que hacen vibrar todo nuestro ser.?
Sin embargo, para complicar m?s a este hombre, de por si ya complicado, observamos que no est? a la merced de sus sentimientos y de sus pasiones. Tiene la capacidad de estar por encima de ellas. Puede pasarse la vida amando, sublimando los sentimientos y las emociones de odio y venganza. O puede vivir siempre odiando, reprimiendo sus sentimientos de donaci?n hacia los dem?s. ?Qu? capacidad le permite dirigir sus sentimientos, estar m?s all? del nivel de los instintos? Es la potencia volitiva, la potencia de la voluntad, el querer humano. El hombre conoce las cosas, las siente, pero las puede querer o rechazar por esta capacidad volitiva.
Recordemos que la potencia del conocimiento y la potencia volitiva pertenecen al mundo espiritual del hombre, mientras que la afectividad se da en su aspecto material.
Con estas tres cualidades, el conocimiento, la voluntad y la afectividad, el hombre se constituye a s? mismo como un ser ?nico, diferente de todos los otros seres de la creaci?n. Es precisamente este ser el que queremos analizar. Es este ser y no otro, el que recibe el llamado de Cristo a seguirlo en una vida de intimidad con ?l y lo invita a dejar todo para vivir, a la manera de los ap?stoles, una vida de pobreza, castidad y virginidad. ?Cu?l ser? el servicio que le prestar?n dichas potencias al hombre en la respuesta que debe dar a la llamada de Cristo?

El conocimiento y la vida consagrada
Comencemos por la potencia del intelecto. Convendr? saber c?mo puede ayudar la capacidad intelectiva a alcanzar la identidad de la vida consagrada, que seg?n, hemos dicho en los cap?tulos precedentes, no es otra cosa que seguir la llamada de Cristo y configurarse con ?l en una vida de pobreza, castidad y obediencia.
Por la facultad intelectiva el hombre percibe y conoce las cosas, todas las cosas. Este conocimiento puede ser intelectual o sensitivo. Las fases del conocimiento intelectual son tres, la conceptualizaci?n, el juicio y el razonamiento. Mediante estas tres fases el hombre puede analizar, sintetizar y relacionar los conceptos para formarse un juicio. La forma en que se realiza este conocimiento y las diversas operaciones a ?l ligadas pueden estudiarse en los manuales de Filosof?a. Lo que debe quedarnos claro es que el hombre, con su capacidad de conocer, tiene la posibilidad de alcanzar el objeto que quiere conocer mediante su intelecto y no s?lo mediante una experiencia sensitiva, vaga o et?rea, en donde s?lo la subjetividad de la persona puede actuar como norma ?ltima. ?Finalmente, la naturaleza intelectual de la persona humana se perfecciona y debe perfeccionarse por medio de la sabidur?a, la cual atrae con suavidad la mente del hombre a la b?squeda y al amor de la verdad y del bien. Imbuido por ella, el hombre se alza por medio de lo visible hacia lo invisible.?
Con estas definiciones podemos decir claramente que la facultad intelectiva permite conocer en su esencia los diversos objetos que se le presentan al hombre. Uno de estos objetos es la llamada que Jesucristo hace a hombres y mujeres para seguirlo m?s de cerca. Esta llamada puede ser percibida de diversas formas y puede ser conocida por el hombre. Las caracter?sticas de esta llamada y sus implicaciones son tambi?n materia del conocimiento, de forma que no se deja a la interpretaci?n subjetiva de la persona. La llamada comporta un estilo de vida muy preciso, requiere de un comportamiento espec?fico y de unas disposiciones muy especiales. El seguimiento de Cristo puede y debe ser reconocido por el intelecto y la persona consagrada puede informarse sobre el contenido de esa llamada.
Toso lo anterior nos permite establecer el servicio que presta la facultad intelectiva a la vida consagrada. La posibilidad de que el hombre y la mujer consagrad puedan conocer la llamada en forma inequ?voca y sustancial, es decir, en su esencia, no deja campo para las interpretaciones o la subjetividades personales. La vida consagrada, de acuerdo al deseo de Cristo, su fundador, queda establecida en una forma muy bien definida. Garante de esta definici?n es el Magisterio de la Iglesia. La persona consagrada con su mente debe esforzarse por entender el significado de la llamada en su vida y las implicaciones en su actuar personal. Si utiliz?semos una imagen del evangelio, podr?amos decir que la facultad intelectiva permite conocer la perla de gran valor, el tesoro escondido en el campo. Se percibe la llamada, pero el intelecto sabe razonar, juzgar y comparar esta llamada para valorarla. (Mt. 13, 44 ? 46)
La facultad intelectiva le permite conocer y ser consciente de sus actos. Sabe juzgar con claridad mediana sus actos en el pasado y prever los del futuro. La conciencia , juicio pr?ctico de la raz?n, le ayudar? a discernir lo bueno de lo malo, tomar decisiones que lo lleven hacia el fin que se ha propuesto y le premiar? o le castigar? sobre los actos realizados. ?l es due?o de sus actos y no queda limitado por un pasado hist?rico.
Como colof?n de esta potencia, podemos decir que el intelecto permite al hombre conocer qui?n es el que llama y a qu? llama. Las formadoras de la vida religiosa deber?n tener siempre en cuenta en su labor formativa el saber presentar adecuadamente la llamada, de forma que la mujer consagrada pueda identificar lo que significa para su vida qui?n es el que le hace el llamado y a qu? la est? llamando. Ayudar? a la religiosa a conceptualizar, juzgar y hacer un razonamiento claro sobre esta llamada, n?cleo y esencia de la identidad de la vida consagrada. Hay que a?adir que un adecuado uso de la facultad intelectiva permite alcanzar la madurez en la persona, ?la cual se comprueba, sobre todo, en cierta estabilidad de ?nimo, en la facultad de tomar decisiones ponderadas y en el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres?. Sin esta facultad del entendimiento, cualquier hombre es como una hoja en tiempos de vendaval, dejada a la merced de las circunstancias, las pasiones, los sentimientos.

Pero no basta la sola raz?n.,
"melior est amor Dei quam cognitio": el amor de Dios vale m?s que conocer a Dios.
Dec?amos que la mujer consagrada que recibe la llamada se asemeja a la par?bola del evangelio de la perla preciosa o el tesoro en el campo. El hombre aprecia dicho tesoro o dicha perla, lo valora, es decir, lo conoce. Pero enseguida el evangelio apunta que tal hombre, ?va, vende todo lo que tiene y compra el campo? o ?va, vende todo lo que tiene y la compra?. (Mt. 13, 44 y 46). El conocer la perla o el tesoro no significa hacer nada para adquirirlo. Es necesario apetecer dicho tesoro o dicha perla. Surge entonces la segunda facultad del hombre: la facultad volitiva, la facultad de apetecer, la facultad de querer algo.
Los fil?sofos distinguen diversos tipos de apetito y volici?n. B?stenos en este peque?o estudio se?alar las consecuencias de esta capacidad de apetecer, de atraer las cosas hacia s?, como lo define Mondin . Al querer las cosas el hombre se pone en la capacidad de decidir. Por lo limitado que es, no puede desear todo al mismo tiempo ni mucho menos puede hacer todo al mismo tiempo. Sin embargo, por la ley natural siente una gran atracci?n hacia el bien y una repulsa al mal. No son cuestiones culturales, son cuestiones que se llevan en el alma, por el hecho de participar de la naturaleza humana.
Esta capacidad de querer, lo pone de frente a una no menos gran capacidad, que es la de elegir. Se le presentan diversas opciones, diversos objetos por los que debe elegir. Y se elige en base a la ley natural: hacer el bien y evitar el mal. Esta capacidad de elecci?n no es otra cosa que la libertad. De manera que la libertad no es una facultad, sino un accidente de la facultad volitiva, que se explica del siguiente modo: la voluntad es una de las facultades del hombre. Los actos que provienen de esa voluntad, son los actos volitivos y algunos casos, estos actos volitivos son libres.
Para que un acto volitivo sea libre, es necesario que la persona conozca aquello que quiere hacer (los medios para llevarlo a cabo, sus implicaciones, sus consecuencias) y que la persona sea due?a de hacerlo o de no hacerlo. Se establecen de esta manera las condiciones del acto libre. Y es justo en este momento donde tambi?n nace el amor. El amor y la libertad est?n asociadas intr?nsecamente, pues ?ah? donde comienza la libertad nace el amor y donde nace el amor comienza la libertad? . No podemos hablar entonces de determinismos psicol?gicos, cuando por determinismos psicol?gicos entendemos que la voluntad queda reducida o aniquilada por el pasado psicol?gico, el inconsciente o traumas de la vida pasada. Si bien es cierto que algunos de estos factores pueden condicionar y disminuir la libertad con la que la persona puede actuar, jam?s podr?n aniquilar del todo la libertad de la persona.
Por la libertad, esto es, la capacidad de elegir y de amar que tiene el hombre en los actos volitivos libres, puede elegir una opci?n fundamental para su vida, que es el sentido global y totalizante que el hombre da a su vida. Es un h?bito de la libertad de forma que todos sus actos pueden quedar orientados hacia esta opci?n fundamental, pero siempre queda en el hombre, por su facultad volitiva, la capacidad de actuar en determinados actos en contra de la misma opci?n fundamental que ?l libremente ha elegido.
Estas disquisiciones sobre la voluntad nos llevan a conclusiones sobre la persona consagrada. Por la capacidad volitiva, siguiendo la par?bola de la perla y del tesoro en el campo, la persona consagrada conoce el llamado, pero es su voluntad la que lo har? ?vender todo cuanto tiene? para comprar el campo o adquirir la perla d e inmenso valor. Es la voluntad la que mueve la persona a tomar decisiones que puedan hacer que responda al llamado de Dios. La voluntad, como facultad humana puede acrecentarse o disminuirse, dependiendo de la forma en que se ejercite. Con frecuencia las formadoras, superioras y animadoras vocacionales se preguntan el porqu? de la falta de vocaciones y su bajo ?ndice de perseverancia en la vida religiosa. Sin llegar a reducir todo a un factor, bien podemos apuntar que la d?bil fuerza de voluntad en los j?venes est? en el origen de estas dolencias en la vida consagrada. Las formadoras, superioras y animadoras vocacionales, har?n bien en integrar en sus programas de formaci?n, de comunidad o de animaci?n vocacional el cultivo de la voluntad, para desarrollar esta facultad en aquellas religiosas que adolecen de una d?bil fuerza de voluntad.
Por otra parte siendo la libertad un valor propagado a los cuatro vientos en nuestra ?poca, es necesario considerar el concepto verdadero de libertad en la vida religiosa, con sus consecuencias directas en el voto de la obediencia. Libertad no es hacer lo que yo quiera, sino lo que m?s me convenga para alcanzar el fin que me he propuesto en la vida. La persona consagrada se propone seguir m?s de cerca de Jes?s y utilizar?, en l?gica consecuencia con su capacidad volitiva, aquellos medios que m?s puedan ayudarle a alcanzar este ideal. Ideal que filos?ficamente se identifica con la opci?n fundamental. Este concepto de hacer una opci?n por seguir a Cristo en la vida consagrada, viene explicitado por Juan Pablo II, como una contribuci?n al desarrollo teol?gico de la vida consagrada en el periodo de la renovaci?n y que de alguna manera revelan la permanencia de la esencia de la vida consagrada a trav?s de toda la historia: ?Podr? haber hist?ricamente una ulterior variedad de formas, pero no cambiar? la sustancia de una opci?n que se manifiesta en el radicalismo del don de s? mismo por amor al Se?or Jes?s y, en El, a cada miembro de la familia humana?. ?Es ?l quien, a lo largo de los milenios, acerca siempre nuevas personas a percibir el atractivo de una opci?n tan comprometida.?
La vida consagrada, entendida como opci?n fundamental implica necesariamente la valoraci?n de otras opciones en la vida. Se hace una opci?n cuando se ha estado en la capacidad de elegir. Saber elegir no es un acto que se debe dar por descontado. La persona puede elegir por diversos motivos, incluso en contra de la ley natural. Puede elegir dej?ndose llevar por sus pasiones, sus instintos, su comodidad. Puede optar por modelos de vida diversos al evangelio. Puede optar por seguir a Cristo, pero por motivos ego?stas o condicionada por elementos que disminuyen o comprometen su libertad.
Ense?ar a elegir es una cuesti?n formativa que se logra haci?ndole ver a la persona que su elecci?n debe estar motivada por el amor, que es un inicio de libertad y viceversa, como apunt?bamos renglones arriba. Y un campo propicio para hacer esta elecci?n es la oraci?n. ?Las personas consagradas, en la medida en que profundizan su propia amistad con Dios, se hacen capaces de ayudar a los hermanos y hermanas mediante iniciativas espirituales v?lidas, como escuelas de oraci?n, ejercicios y retiros espirituales, jornadas de soledad, escucha y direcci?n espiritual. De este modo se favorece el progreso en la oraci?n de personas que podr?n despu?s realizar un mejor discernimiento de la voluntad de Dios sobre ellas y emprender opciones valientes, a veces heroicas, exigidas por la fe.?

Se han descuidado, pero son importantes?
?Qui?n tiene la primac?a en la vida del hombre? Un debate se ha abierto a lo largo de los siglos para saber si es el intelecto o la voluntad quien debe dirigir los actos del hombre. Santo Tom?s de Aquino resuelve la cuesti?n al decir que cuando la cosa en el que el bien se encuentra es noble que el alma misma en la cual se encuentra su imagen intelectiva, entonces la voluntad es superior al intelecto con respecto a tal cosa. Pero si la cosa en la que se encuentra el bien est? por debajo del alma, entonces el intelecto es superior a la voluntad.
Sin embargo bien sabemos que el conocimiento y la voluntad pueden estar determinados por la manera en que percibimos y sentimos las cosas. Nos estamos refiriendo por tanto a la afectividad, cuyos frutos m?s palpables son los sentimientos y las emociones. Son sensaciones que se refieren a la parte sensible de nuestro organismo y que pueden tener una gran carga afectiva de temor, amor gozo, esperanza, etc. El sentimiento es una impresi?n agradable o desagradable que experimenta la persona y que no tiene ninguna relaci?n con un objeto. Es simple y puramente un aspecto subjetivo de la persona. As?, mientras que a alguien un d?a de lluvia le pone nervioso o tenso, a otro lo relaja y le invita a una convivencia fraterna con sus hermanos en religi?n.
Una emoci?n es un sentimiento intenso, de duraci?n m?s breve que un sentimiento, pero que comporta alguna reacci?n org?nica anterior, concomitante o posterior a la misma emoci?n.
Se han tratador establecer las causas m?s profundas de dichos sentimientos. Hay quien ve su origen en el inconsciente, quien en la combinaci?n de recuerdos y memorias. Otro lo tratar?n de analizar desde el punto de vista meramente biol?gico. Su origen escapa a una causa cierta y segura, constante en el tiempo. Sin embargo, lo que es real es la parte subjetiva de la sensaci?n. El gozo de una persona es su gozo. De igual forma que la tristeza es su tristeza.
Durante alg?n tiempo, especialmente en la vida consagrada, se trat? de suprimir la vida afectividad. Hoy en d?a nos encontramos con el p?ndulo del reloj hacia el otro lado y as? hay quienes de alguna manera quieren dar una primac?a a la vida afectiva de las personas consagradas. En la vida consagrada se ha de buscar la integraci?n afectiva de la persona consagrada, esto es, que la persona sea capaz de encauzar todos sus sentimientos y emociones a la consecuci?n de su identidad como consagrado.
Los sentimientos y las emociones no se pueden, ni se deben eliminar. Mientras que el hombre sea hombre, por m?s consagrado que lo sea, no dejar? de sentir. Su sensibilidad y su afectividad, lejos de apartarlo de su identidad como persona consagrada, pueden ayudarle a enriquecer esa identidad. Para ello tendr? que utilizar el intelecto y la voluntad. El intelecto para conocer si dicho sentimiento o emoci?n lo aparta o lo acerca a su opci?n fundamental. Y la voluntad para poner en marcha los medios necesarios para aceptar o apartar dicho sentimiento o emoci?n.

A manera de conclusi?n
De esta manera la persona consagrada podr? ir asemej?ndose m?s a Cristo, al hacer suyos los sentimientos que tuvo Cristo. El seguimiento m?s cercano de Cristo, motivo fundamental de la identidad consagrada, no ser? una quimera inalcanzable, sino un proyecto de vida plausible, alcanzable, objetivo, bello en s? mismo. Ser? este el objetivo fundamental por alcanzar, que con la facultad del intelecto podr? convertirse en un objeto por conocer. La voluntad lo convertir? en la opci?n fundamental. Y la afectividad ayudar? a enriquecerlo y hacerlo cada d?a m?s personal.

Notas
Pier Giordano Cabra, Breve corso sulla Vita consacrata, Queriniana, Brescia, 2004 pp. 135 - 173.
?Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz?. Paulo VI, Decreto Perfectae Caritatis, 28.10.1965, n.2d
Dice Andereggen en su ensayo La problem?tica de una psicolog?a intr?nsecamente cat?lica, en Ignacio Andereggen y Zelmira Seligmann, La Psicolog?a ante la gracia, Ediciones de la Universidad Cat?lica Argentina, Buenos Aires, 1997: ?Es necesario asimismo hacer notar que fuera de los ambientes universitarios espec?ficos reina una inmensa confusi?n terminol?gica: psiquiatr?a, psicolog?a, psicoan?lisis, psicoterapia, psicopedagog?a, con los correspondientes adjetivos de personas, se usan indiscriminadamente permitiendo luego maniobras ambiguas, especialmente dentro de ?mbitos cat?licos, por parte de psic?logos y psiquiatras de intenciones poco claras? En los ambientes universitarios en que se cultiva el estudio de la psicolog?a es enorme tambi?n la confusi?n y la ignorancia real acerca de la conformaci?n de la persona humana y de sus potencias, aunque exista, en el mejor de los casos, un estudio te?rico m?s o menos adecuado. Se da en muchas oportunidades la situaci?n an?loga a la que se presentar?a en una carrera de matem?ticas en la que los alumnos nunca hubieran aprendido los n?meros ni a contar, pero en la que se hablara con gran seguridad de las m?s complicadas teor?as.? Por otra parte, la misma definici?n de psicolog?a, si fuera bien entendida, ser?a suficiente para aclarar las diferencias y los l?mites entre la gracia, la vida espiritual y los papeles que cada persona debe desempe?ar por perfilar lo mejor posible la identidad de la vida consagrada en una persona. Conviene por lo tanto que nos ci?amos en este estudio a la definici?n que de Psicolog?a da Silvestre Paluzzi en su libro ?Manuale di psicolog?a?, Urbaniana University Press, Citt? del Vaticano, 1999, p. 30: ?? es el estudio cient?fico del comportamiento y de la experiencia humana. Tal estudio se focaliza sobretodo en los procesos del pensamiento, en la mente y en sus relaciones con el comportamiento y la vivencia de la persona.? Por ?ltimo, no debemos olvidar que el objetivo de la Psicolog?a, seg?n el mismo Paluzzi (ibidem, p. 87): ? no es el de proponer ni producir modelos globales u omnicomprensivos, sino el de promover el conocimiento humilde que cada visi?n de la realidad, examinada por el investigador con su propia teor?a de referencia, es del todo parcial: se trata de ir sustituyendo una l?gica dicot?mica y opuesta, de matriz cartesiana, a una l?gica de relaci?n complementaria y dial?ctica.
Tom?s Spildik, L?<>, Lipa Edizioni, Roma, 2003, p.53
Los ?ltimos escritos de Pio XII a los religiosos, llevaban siempre en el membrete el t?tulo de estado de perfecci?n, como lo desmuetran: Allocuzioni Sous la meternelle, ai partecipanti al II Congresso generale degli statu di perfezione in Roma (9.12.1957), Allocuzione Haud mediocri sui principi e criteri nell?impegno di rinnovamento e aggiornamento della vita degli istituti di perfezione (11.2.1958)
La renovaci?n era y es precisamente el objetivo del Concilio. Sin cambiar la esencia de la consagraci?n, hab?a que adaptarla adecuadamente a las condiciones del mundo moderno. El adverbio adecuadamente tiene un gran significado en la interpretaci?n justa de la renovaci?n. Ya lo hab?a se?alado Paulo VI, en la exhortaci?n apost?lica Evangelica Testificatio, al notar claras y fuertes desviaciones en varios Institutos religiosos que no hab?an comprendido con claridad, primero, la identidad religiosa y segundo, la adecuada renovaci?n. Por ello insistir? en el discernimiento, como un medio para llevar a cabo la adecuada renovaci?n en los Institutos religiosos.
Paulo VI, Constituci?n dogm?tica sobre la Iglesia Lumen Gentium, 21.11.1964, n.44
Pier Giordano Cabra, Breve corso sulla Vita consacrata, Queriniana, Brescia, 2004 pp. 135 - 173.
Utilizaremos las siglas VC para referirnos a la exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita Consecrata de Juan Pablo II, 25.3.1996.
?ngel Pardilla, Vita Consacrata per il nuevo millennio, Libreria Editrice Vaticana, Citt? del Vaticano, 2003, pp. 1353 - 1417.
Definiciones del Diccionario de la Real Academia Espa?ola, 2004.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita Consecrata, 25.3.1996, n.18
El seguimiento de Cristo pobre, virgen y obediente, ha sido uno de los puntos centrales del desarrollo teol?gico posconciliar de la vida consagrada. Con fuerza inusitada se presenta el seguimiento de Cristo como respuesta a la llamada que ?l hace a hombres y mujeres a lo largo de la historia. Partiendo del ejemplo de los ap?stoles, ?que dej?ndolo todo, le siguieron?, otros han recibido la invitaci?n para seguir sus huellas a lo largo de la historia. Dicho desarrollo teol?gico ha quedado plasmado en VC 65- 71, al hablar del recorrido formativo que se debe hacer para alcanzar la meta de formar un hombre o una mujer consagrada. Dicha formaci?n no tendr? otro objetivo que preparar al hombre y a la mujer para seguir a Cristo, de forma que pueda: ?Desde el momento que el fin de la vida consagrada consiste en la conformaci?n con el Se?or Jes?s y con su total oblaci?n, a esto se debe orientar ante todo la formaci?n. Se trata de un itinerario de progresiva asimilaci?n de los sentimientos de Cristo hacia el Padre.? (VC. 65).
Martin Heidegger, Kant e la metafisica, Genova 1962, pp. 275-276.
Battista Mondin, Antropolog?a Filosofica, Edizioni Studio Dominicano, Bologna, 2000, p. 13.
Lucas Lucas, L?uomo spirito incarnato, Edizioni Paoline, 1993, pp. 73 ? 143.
Ibidem, p. 182 - 191
Battista Mondin y Lucas Lucas, dos fil?sofos de nuestro tiempo enfrentan la capacidad del conocimiento del hombre desde diversos puntos de vista. Mientras que Mondin sostiene que todos los vivientes est?n dotados de percepci?n y apetito y a partir de ah? comienza a describir el proceso del conocimiento, haciendo una diferencia neta entre el proceso que siguen los animales y el proceso que siguen los hombres, Lucas Lucas prefiere partir de la cualidad de interioridad o ensimismamiento del hombre, en forma tal que explica el conocimiento en una doble vertiente, la del conocimiento sensible y la del conocimiento intelectual. Son dos caminos distintos pero que llegan a explicar el conocimiento y las diversas operaciones intelectuales. Lo que podemos sacar en conclusi?n de estos dos an?lisis es la capacidad que tiene el hombre de conocer todas las cosas en profundidad y las operaciones que puede realizar con esta potencia.
Paulo VI, Constituci?n Pastoral Gaudium et spes, 7.12.1965, n. 15
?El juicio de la conciencia es un juicio pr?ctico, o sea, un juicio que ordena lo que el hombre debe hacer o no hacer, o bien, que valora un acto ya realizado por ?l. Es un juicio que aplica a una situaci?n concreta la convicci?n racional de que se debe amar, hacer el bien y evitar el mal. Este primer principio de la raz?n pr?ctica pertenece a la ley natural, m?s a?n, constituye su mismo fundamento al expresar aquella luz originaria sobre el bien y el mal, reflejo de la sabidur?a creadora de Dios, que, como una chispa indestructible (?scintilla animae?), brilla en el coraz?n de cada hombre?. Juan Pablo II. Veritatis Splendor, 6.8.1993, n. 59
Paulo VI, Decreto Optatam totius, 20.10.1965, n. 11
Santo Tom?s de Aquino, S.Th., I, 82/3.
Battista Mondin, Antropolog?a Filosofica, Edizioni Studio Dominicano, Bologna, 2000, p. 139
Lucas Lucas, L?uomo spirito incarnato, Edizioni Paoline, 1993, p 177
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita Consecrata, 25.3.1996, n. 3 y 19.
Ibidem. n.39
S. Tom?s de Aquino, Summa Theologiae, I, q. 82, a. 4. Cf. De veritate, q. 22, aa. 11 y 13
?La dimensi?n humana y fraterna exige el conocimiento de s? mismo y de los propios l?mites, para obtener el est?mulo necesario y el apoyo en el camino hacia la plena liberaci?n. En el contexto actual revisten una particular importancia la libertad interior de la persona consagrada, su integraci?n afectiva, la capacidad de comunicarse con todos, especialmente en la propia comunidad, la serenidad de esp?ritu y la sensibilidad hacia aquellos que sufren, el amor por la verdad y la coherencia efectiva entre el decir y el hacer.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita Consecrata, 25.3.1996, n.


Publicado por mario.web @ 1:50
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