Domingo, 08 de mayo de 2011
Para saber lo que Dios quiere de una obra de apostolado o de la Congregaci?n, es necesario saber en d?nde se encuentra dicha congregaci?n o dicha obra de apostolado
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El an?lisis de la realidad
El an?lisis de la realidad
?Qu? es lo que pretendemos?
Buscar lo que Dios quiere de nosotros es una empresa ardua y nada f?cil de conseguir. Si las personas consagradas se han donado al amor de Dios, es para hacer s?lo su voluntad. Conocer esta voluntad y ponerla en pr?ctica, es ya una empresa que de por s? requiere paciencia y constancia. Paciencia para discernir el camino que Dios se?ala al alma y constancia para no sucumbir frente a la marea de circunstancias, imprevistos, dificultades, contratiempos y situaciones por las que debe atravesar la persona humana.

Si esto de por s? ya es dif?cil para una persona, nos podemos imaginar el grado al que esta dificultad se eleva cuando se trata de buscar la voluntad de Dios para una obra de apostolado o para una obra que es suya, como bien puede ser una Congregaci?n religiosa. Fundada como un don de Dios para construir la Iglesia , 1cada Congregaci?n religiosa, cada Instituto de vida consagrada ha sido querido por Dios para cumplir con una misi?n espec?fica. Inspir?ndose en un carisma espec?fico, recibido de dios, los fundadores se han esforzado por penetrar en el misterio de Dios y as? dar a conocer a quienes los seguir?an a lo largo de la historia, lo que ellos consideraban la Voluntad de Dios para la obra reci?n fundada.

Si bien es cierto que s?lo Dios es eterno y que ninguna obra humana, incluidas las Congregaciones religiosas, ni tampoco ninguna criatura espiritual, como son los carismas, puede abrogarse el derecho de la perennidad, no deja de ser inquietante el preguntarse por el tiempo de duraci?n de dichas congregaciones e Institutos de vida consagrada. Los hay que nacen para morir. Hay sin embargo institutos cuyo carisma parece amoldarse perfectamente a las circunstancias de los tiempos. Hay quienes han aprendido a desarrollar en el tiempo el carisma de acuerdo a las necesidades culturales o los desaf?os de cada sociedad. Vemos por ejemplo el caso de los mercedarios o los padres trinitarios que nacidos para rescatar a cristianos de la cautividad isl?mica, ahora rescatan a los j?venes de los vicios actuales. Cu?nto es cierto lo dicho por el magisterio de la Iglesia en lo referente al desarrollo de la obra, del apostolado o del carisma: ?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. test. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? 2Es por tanto necesario tomar en cuenta la posibilidad de que el carisma de adecue a los tiempos actuales y ofrezca as? una ayuda valios?sima a la Iglesia. Pero este desarrollo depende de la labor que desarrollen los hijos espirituales del fundador. El carisma, la congregaci?n, como no poseen el don de la eternidad, necesitan trabajar para conocer cu?l es el derrotero que debe seguir, sin perder su identidad propia. Mucho se ha hablado a este respecto cuando se toca el tema de la fidelidad creativa .3 Son ya varias las congregaciones que en este tiempo de la renovaci?n post.-sinodal han llevado a cabo grandes esfuerzos para reestructurar su adaptaci?n a las circunstancias actuales del mundo. Los frutos se comienzan a ver en el florecimiento de obras y en la llegada de nuevas vocaciones.

Pero para llegar a estos resultados, como dec?amos al inicio, es necesario saber cu?l es la voluntad de Dios para el Instituto. Algunas preguntas pueden siempre ayudar para conocer esta voluntad de Dios. ?D?nde estamos? ?D?nde vamos? ?D?nde podemos ir? ?D?nde queremos ir? ?Qu? debemos hacer? ?Qu? podr?amos hacer? ?C?mo debemos hacerlo? ?C?mo lo estamos haciendo?

Pero todas estas preguntas, requieren conocer la realidad en la que se mueve el Instituto, la Congregaci?n religiosa, la obra de apostolado. No basta un conocimiento superfluo. Es necesario conocer a fondo las circunstancias que est?n rigiendo en un momento preciso y que est?n influyendo en la marcha y el dinamismo de la congregaci?n o de la obra de apostolado. La falta de dicho conocimiento exacto lleva a las personas que tienen el cargo de la autoridad, a generar mandatos e indicaciones que, por su falta de correspondencia con la realidad, son obsoletos, impracticables o inciden muy poco en la realidad. Da pena muchas veces el ver grupos de personas con muy buena voluntad, embarcadas en proyectos que les requieren mucho de su tiempo y de sus energ?as, pero que no incidir? en la realidad o lo har? enana escala menor a los que se ha invertido en ella.

La adecuada planeaci?n de las actividades asegura, en cierto sentido, la consecuci?n de unos objetivos previamente trazados. Objetivos que bien pueden considerarse como voluntad de Dios cuando se ha visto, despu?s de analizar la realidad, que es posible seguir desarrollando el carisma hacia esa direcci?n.

Conocer la realidad deber? una de las tareas prioritarias para una adecuada planeaci?n de la obra de apostolado o de la congregaci?n.


Conocer la realidad.
Para saber lo que Dios quiere de una obra de apostolado o de la Congregaci?n, es necesario saber en d?nde se encuentra dicha congregaci?n o dicha obra de apostolado. Sin un conocimiento exacto e dicha realidad, las disposiciones tomadas pueden caer en el error o llevar a dicha obra o congregaci?n a situaciones inconvenientes. Resulta parad?jico, por ejemplo, el constatar como algunas congregaciones se dedican en estos momentos a luchar por defender los derechos del agua o de los desprotegidos, cuando deber?an estar haciendo algo por la evangelizaci?n. Son congregaciones que quiz?s conocen muy bien la situaci?n y el entorno externo que las rodea, pero que no se han percatado de la situaci?n interna por la que est?n atravesando. De no mediar un milagro de la gracia de Dios, muchas de esas congregaciones desaparecer?n, pues contando actualmente con una media de edad entre los 65 y 70 a?os y sin prospectivas a corto plazo de nuevas vocaciones, bastar?a hacer una sencilla proyecci?n para darse cuenta de la realidad.

Conocer la realidad no es un fin en s? mismo. De nada sirve manejar datos, informaciones para situarse en el contexto de la realidad, si dicho conocimiento no lleva a tomar acciones certeras. No se trata simplemente de conocer la realidad y de ponerse a trabajar. El conocimiento de la realidad debe ser completado con el conocimiento de la finalidad de la obra de apostolado o de la Congregaci?n y de las expectativas que se tienen para ellas. Conocer la realidad desconociendo la finalidad de la obra, puede llevar a tomar acciones que atente contra el carisma de la Congregaci?n y con la finalidad de la obra de apostolado. Conocer la realidad y desconocer las expectativas para dicha obra o para la Congregaci?n es puede llevar al peligro de trabajar sin ning?n ideal, guiados simplemente por la inercia de costumbres que ya han hecho parte de un modus vivendi, pero que poco o nada influyen para conseguir la finalidad de la obra.
Conviene por tanto que en primer lugar, quiz?s antes de analizar la realidad, se tenga bien centralizada la misi?n de la obra de apostolado o de la Congregaci?n. Para la congregaci?n, esta labor resulta relativamente f?cil, pues se puede echar mano de las constituciones. Generalmente en los primeros n?meros de las constituciones se encuentra lo que puede considerarse la misi?n de la Congregaci?n. Es conveniente tambi?n ayudarse de todos aquellos documentos que explicitan el carisma de la congregaci?n y que constituyen el patrimonio espiritual del Instituto: ?Todos han de observar con fidelidad la mente y prop?sitos de los fundadores, corroborados por la autoridad eclesi?stica competente, acerca de la naturaleza, fin, esp?ritu y car?cter de cada instituto, as? como tambi?n sus sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio del instituto.?

Esta misi?n del Instituto podr? iluminar las obras de apostolado o aquellos proyectos de la congregaci?n que se quieran poner en marcha. No es conveniente desvincular, y a veces no es posible hacerlo, la misi?n del Instituto con la misi?n particular de una obra de apostolado. El carisma de la congregaci?n deber? hacer de factor vinculante entre la misi?n de la congregaci?n y la misi?n de dicha obra. Conocerlo con profundidad es signo seguro de estar de acuerdo con lo que Dios ha pensado para dicha obra. En muchas ocasiones, y m?s recientemente en los tiempos de la renovaci?n e la vida consagrada, se desmarca f?cilmente la obra de apostolado del carisma, por considerar a ?ste como algo desfasado o pasado de moda. Esta postura refleja una falta de conocimiento de lo que es el carisma y su posibilidad de entretejerse en el mundo actual, para seguir respondiendo a los retos del mundo moderno.

Una vez que se conoce con certeza el carisma y que se ha fijado la misi?n, se proceder? a conocer la realidad para luego fijar los objetivos globales. Conociendo la realidad y la misi?n, se estar? en grado de fijar el rumbo que se debe tomar, concentr?ndolo en pocos objetivos globales pero que den la direcci?n e de la obra y tengan en cuenta el contexto en el que se desenvuelven.

La realidad puede ser interna o externa, positiva o negativa, dependiendo de la forma en que cada uno de estos factores afecta a la misi?n. La misi?n puede estar favorecida o impedida por factores externos o internos. Debemos por tanto hacer una breve clasificaci?n de estos factores, de acuerdo con las variables antes mencionadas. Las variables que se manejan son: aspectos positivos y aspectos negativos por un lado; y aspectos internos o externos de otra parte. Vale la pena hacer una breve aclaraci?n de estas variables.

Aspectos positivos son aquellas variables que ayudan directa o indirectamente a la misi?n. Por contraposici?n de t?rminos, los aspectos negativos ser?n aquellas variables que impiden o retrasan la consecuci?n de la misi?n

Aspectos internos son aquellas variables en las que se tiene un cierto control o que pueden ser manejadas con una cierta facilidad. Los aspecto externos ser?n aquellos en las que no se tiene un control total y afectan considerablemente la consecuci?n de la misi?n.

Hay que tomar en cuenta que no existen variables que sean total y exclusivamente pertenecientes a las categor?as antes mencionadas, pero vale la pena tomarlas en consideraci?n por la influencia que tienen sobre la misi?n. Un an?lisis de estas variables no deber?a abarcar gran parte del tiempo dedicado a la planeaci?n, sin m?s bien dedicar un tiempo para identificar las variables m?s significativas que est?n influyendo sobre la misi?n. Bastar?a con elencarlas o describirlas en pocas l?neas.

Una clasificaci?n cl?sica de estas variables es lo que se conoce como SWOT, de las siglas inglesas S = Strengths Fuerzas W= Weaknesses Debilidades
O = Opportunities Oportunidades T = Threats Amenazas.

Las fuerzas son aquellas variables internas positivas que ayudan a la consecuci?n de la misi?n. Pueden ser por ejemplo las cualidades personales, el ambiente interno de la instituci?n en la que se desempe?a el trabajo, el conocimiento y la aplicaci?n del carisma por todas las personas que trabajan en la obra de apostolado, etc.

Las debilidades son aquellas variables internas negativas que impiden o retrasan la consecuci?n de la misi?n. Entre ellas podr?a considerarse las carencias personales, el mismo ambiente de la instituci?n, la falta de colaboraci?n, etc.

Las oportunidades son aquellas variables externas positivas, sobre las que no se tiene mucho control pero que ayudan a lograr el objetivo. Algunas de estas oportunidades podr?a ser el ambiente cultural, econ?mico, social en el que se desarrolla la misi?n.

Las amenazas son aquellas variables externas negativas sobre las que no se tiene ning?n control, o muy poco y que impiden o retrasan la consecuci?n de la misi?n. Pudieran ser consideradas como amenazas el ambiente social, cultural, econ?mico, cuando impiden u obstaculizan el desarrollo de la misi?n.

Una vez que se han identificado las fuerzas, debilidades, oportunidades y amenazas, conviene dejarlas por escrito. Esta selecci?n o deber? ser exhaustiva, sino reducirse a aquellos elementos que en forma m?s significativa est?n influyendo en la consecuci?n de la misi?n. De aqu? podr?n desprenderse f?cilmente lo que pueden ser las expectativas para dicha obra de apostolado o para la congregaci?n. Las expectativas no son m?s que la proyecci?n realista del punto al que puede llegar dicha obra de apostolado o la congregaci?n. Mientras que el an?lisis de la realidad respond?a a la pregunta ?en d?nde estamos?, las expectativas responden a la pregunta ?hacia d?nde podemos ir? Es el punto al que se quiere llegar.

Estas expectativas deben formularse en forma tal que marquen un punto de llegada para un periodo determinado. Es proyectarse en el tiempo con metas claras. La formulaci?n de las expectativas deber? dar origen a una visi?n del futuro. ?Dentro de un cierto tiempo nosotros queremos vernos de la siguiente manera?.? Este elenco de proyecciones es lo que conforma la visi?n de la obra de apostolado o de la congregaci?n. Es lo que marcar? las pautas de actuaci?n, ya que para lograr conformar la realidad con la visi?n, se deber?n seguir algunas acciones concretas.

En base a esta visi?n, surgir?n entonces los objetivos globales o generales, como se les guste llamar, ya que la terminolog?a en este caso puede aplicarse indistintamente. Los objetivos generales permiten encauzar el trabajo en el per?odo de tiempo para el que se ha fijado la visi?n. Estos objetivos deben fijarse en forma clara, comprensible, accesible y con una gran dosis de esperanza. No deben ser objetivos que aparezcan como inalcanzables, pues la falta de realismo ocasiona frustraciones y pesimismo. No deben tampoco formularse objetivos banales o demasiado sencillos, que al final no son conducentes para alcanzar la visi?n que se ha fijado. El realismo, basado en el an?lisis SWOT de la realidad, deber? ser el ingrediente principal de dichos objetivos.

Quiz?s sea conveniente formular dos o tres objetivos generales, posiblemente un n?mero no mayo al de cinco, y que cada objetivo general requerir? de un gran trabajo para conseguirlo, como veremos en los siguientes art?culos. Por lo pronto, es necesario mencionar que los objetivos generales, con el fin de que puedan ser apreciados, deber?n ser enunciados en forma que recuerden el carisma de la congregaci?n. No podemos olvidar que los objetivos generales, como todo el proceso de planeaci?n, son tan solo medios para alcanzar un fin mayor que el programa mismo. El fin mayor es el de cumplir con la voluntad de Dios para dicho proyecto o para la Congregaci?n. Por lo tanto, el carisma contiene en s? mismo estos objetivos generales.

Si los objetivos generales no tienen ning?n nexo con el carisma del Instituto, puede ser un signo preocupante, ya que su significado, variado, no es positivo. Puede significar un desconocimiento del carisma, o bien que dichos objetivos no corresponden al carisma del Instituto y se est? utilizando la programaci?n para desviarse del carisma o no cumplir completamente con lo que ?l marca. Una revisi?n constante de este aspecto ser? necesaria para vivir la fidelidad creativa sin separarse de lo que debe ser el carisma originario.

Veremos en los siguientes art?culos la forma en que los objetivos deben bajar a la pr?ctica y convertirse as? en metas y en tareas espec?ficas.


NOTAS:
1 ?La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y ense?anzas de Cristo el Se?or, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Esp?ritu.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.2006, n. 1.

2 Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 11.

3 ?Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy (81). Esta invitaci?n es sobre todo una llamada a perseverar en el camino de santidad a trav?s de las dificultades materiales y espirituales que marcan la vida cotidiana. Pero es tambi?n llamada a buscar la competencia en el propio trabajo y a cultivar una fidelidad din?mica a la propia misi?n, adaptando sus formas, cuando es necesario, a las nuevas situaciones y a las diversas necesidades, en plena docilidad a la inspiraci?n divina y al discernimiento eclesial. Debe permanecer viva, pues, la convicci?n de que la garant?a de toda renovaci?n que pretenda ser fiel a la inspiraci?n originaria est? en la b?squeda de la conformaci?n cada vez m?s plena con el Se?or.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.2006, n. 1.

4 C?digo de Derecho Can?nico, c. 578.

Publicado por mario.web @ 1:55
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