Domingo, 08 de mayo de 2011
?Estamos preparados como padres para educar a nuestros hijos como receptores cr?ticos de los contenidos que la televisi?n les ofrece?
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Drogadicci?n Televisiva
Drogadicci?n Televisiva


Puedo ense?arle a un ni?o c?mo funciona la televisi?n. Puedo ense?ar a un adulto c?mo est? hecha la televisi?n. Puedo ense?ar a un universitario c?mo construir una televisi?n. ?Puedo ense?ar, a un ni?o o a un adulto, qu? hacer con la televisi?n?

Desde luego, la televisi?n puede servir para ejercicio de pesas, pero no fue pensada para eso... Otro puede sentir la tentaci?n de tirarla por la ventana, para ver lo que le ocurre a la gente que pasea por la calle. Esperamos que eso se les pase por la cabeza a pocos... Otro puede hacer pruebas sobre la resistencia de la pantalla a un balonazo m?s o menos fuerte. Las posibilidades de uso de ese misterioso aparato son enormes, y, por lo mismo, tambi?n nacen ciertos riesgos.

Si nos asusta el que un hijo pueda tirar la televisi?n por la ventana, nos puede dejar m?s tranquilos el ver que ha comprendido su utilidad, y que se sienta todas las tardes y parte de la noche delante de la pantalla, sereno, sonriente, ante lo que otros han programado para ?l.

Sin embargo, tambi?n nos deber?a preocupar lo que nuestro hijo pueda ver all?, d?a tras d?a, hora tras hora. Imaginemos algunos posibles programas (no estoy pensando en ninguno en particular). En unos dibujos animados, unos mu?ecos simp?ticos, cogen a otro mu?eco. Juegan con ?l, y en un determinado momento lo hacen pedazos y lo tiran. En una pel?cula, el protagonista, un joven fuerte y generoso, decide un d?a matar a pu?aladas a un enemigo, del modo m?s sangriento que el guionista haya podido imaginar. En otra serie televisiva, un ?culebr?n?, una chica aburrida, le dice a su amiga: ?quiero tener un hijo?. La otra le pregunta: ??con qui?n?? Y la primera responde: ?con el primero que encuentre?. Y en un festival de canciones, el artista repite, una y otra vez, obsesivamente, ??quiero matarte, quiero matarte, quiero matarte!?, mientras las y los fans gritan enloquecidos de entusiasmo...

Si estamos atentos a que el ni?o no tire el televisor por la ventana, por el da?o que pueda causar a otros, deber?amos tambi?n estar atentos a lo que pueda ver el ni?o, a lo que las im?genes y palabras que pasan ante sus ojos y o?dos puedan estar produciendo en su coraz?n. A veces escuchamos con indiferencia las estad?sticas que aparecen de vez en cuando en la prensa: en cada a?o de televisi?n se transmiten tantos miles de asesinatos, tantos miles de infidelidades matrimoniales, tantos millones de groser?as, tantos miles de imprecisiones e, incluso, de datos completamente falsos, etc.

?Qu? puede quedar en el coraz?n de un ni?o que es bombardeado por todos estos est?mulos?

La respuesta est? en los padres y en los maestros. Si saben dar criterios y normas sobre cu?nto tiempo se puede usar la televisi?n y sobre qu? programas se pueden ver, evitar?n la ?drogadicci?n televisiva? de sus hijos, y les ayudar?n a escoger bien los programas, a juzgar las imprecisiones, a corregir errores, a retener lo bueno y rechazar lo malo. Lo mismo se puede aplicar a quienes ya desde muy peque?os se inician a los juegos electr?nicos, no siempre hechos para promover la justicia y el bien...

Este trabajo puede parecer dif?cil, pero no es imposible. Hay que pensar en modos para controlar lo que el ni?o ve y para que el tiempo que pasa ante la pantalla a colores no sea exagerado. Esto se puede lograr de muchas maneras. La primera, estableciendo un horario de uso, de forma que m?s all? de los tiempos previstos por los padres la televisi?n se convierta en un aparato ?intocable?. La segunda, viendo con los hijos algunos programas para que puedan aprender a juzgar lo que all? se transmite. Obviamente, lo que se vea se adaptar? a la edad del ni?o. En este punto, conviene ser muy realistas: el ni?o peque?o capta mucho m?s de lo que imaginamos. Si ve a una pareja en pleno acto sexual, presentado como un momento puramente placentero, y no como parte de un proyecto de amor y de vida, puede llegar a concebir la sexualidad como algo para ?usar y tirar?. Si ve a un esposo o esposa que cambia de amante como se cambia uno de vestido, puede hacerse la idea de que la variabilidad de opciones es la cosa m?s normal del mundo. Si ve que dos adolescentes roban coches y se divierten como locos a base de chocarlos contra las cabinas telef?nicas de una ciudad, puede creer que en la vida toda diversi?n es posible y que no se producen traumas despu?s de haber hecho travesuras monumentales...

Desde luego, hay veces en las que uno piensa: ?mejor renunciar a la televisi?n en familia...? Como lo que pueda ocurrir detr?s de esa pantalla es superimprevisible, uno tiene la tentaci?n de no dedicar un minuto m?s a ver si hoy van a poner algo bueno. Una opci?n as?, radical, evita muchos males, pero conviene pensar si no hay otras maneras de aprovechar lo poco bueno (a veces puede ser mucho) que aparezca en la peque?a pantalla. Puede ayudar, por ejemplo, el grabar programas ?tiles para pasarlos luego a los hijos, etc.

El reto est? all?, como en todo descubrimiento humano. Cuando hace muchos siglos las distintas culturas descubrieron las medicinas, muchos se dieron cuenta de que con ellas se podr?a curar o se podr?a matar. Un buen uso de los medicamentos ha salvado millones de vidas. Tambi?n la televisi?n, usada con criterio y medida, puede ser un valioso instrumento de formaci?n. Toca a cada familia aprender a usarla. Aunque lleve tiempo: es mejor ense?ar a ver la televisi?n ahora que no lamentar los problemas ma?ana, cuando a veces s?lo quedan las alternativas de recurrir a un psic?logo o de visitar al hijo en un correccional...


Publicado por mario.web @ 18:15
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