Domingo, 08 de mayo de 2011
Liturgia Eucar?stica con los Trabajadores en Ciudad Guayana. Homil?a del Santo Padre Juan Pablo II durante su Viaje Apost?lico a Venezuela, Ecuador, Per? y Trinidad y Tobago, Martes 29 de enero de 1985.
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Liturgia Eucar?stica con los Trabajadores  en Ciudad Guayana
Liturgia Eucar?stica con los Trabajadores en Ciudad Guayana
VIAJE APOST?LICO A VENEZUELA,
ECUADOR, PER? Y TRINIDAD Y TOBAGO

LITURGIA EUCAR?STICA CON LOS TRABAJADORES
EN CIUDAD GUAYANA

HOMIL?A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Martes 29 de enero de 1985




1. Someted la tierra (Gen. 1, 28). Con esta palabra de la liturgia de hoy, tomada del libro del G?nesis, doy la bienvenida y saludο cordialmente en el Se?or a toda la Asamblea eucar?stica del Pueblo de Dios de Venezuela reunido en esta Ciudad Guayana que crece impetuosamente.

Saludo con afecto al Pastor de esta di?cesis, a los hermanos obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles llegados incluso desde otras di?cesis y zonas del pa?s. Sed todos bienvenidos.

Saludo especialmente a todo el mundo del trabajo venido no s?lo de Venezuela, sino tambi?n de otros pa?ses de Am?rica Latina, debido al desarrollo de la industria del hierro y del acero, del aluminio y de la hidroenerg?a, que ha hecho de esta ciudad uno de los n?cleos industriales m?s importantes de Venezuela. Por tal motivo, el problema del trabajo, del trabajo humano ocupa el centro de esta liturgia eucar?stica.

2. Hablar de ese problema obliga a ir hasta el origen de la creaci?n del hombre, tal como lo escuchamos en el libro del G?nesis. Dios es el Creador de todas las cosas y del hombre. He aqu? el fundamento para llamar persona al hombre: porque es imagen y semejanza de Dios, creado con inteligencia, voluntad y poder de dominar la tierra. Ello le distingue del resto de la creaci?n, ya que adem?s est? llamado a la comuni?n con Dios mediante la gracia de Jesucristo.

El hombre trabaja porque es semejante a Dios. Entre todas las criaturas del mundo s?lo el hombre trabaja conscientemente. Los animales son muy activos, pero ninguno trabaja en sentido de trabajo humano. En efecto, trabajar significa someter o dominar la tierra, tal como lo leemos en el libro del G?nesis. Todo trabajo, independientemente de su caracter?stica, tiene esta finalidad. Se puede decir que en el plan divino el trabajo es un dominio con poder y autoridad recibida de Dios, aunque en su aspecto humano tenga el car?cter m?s servil. El trabajo, todo trabajo, tambi?n cuando el hombre administra y dirige el trabajo de los otros; en una palabra, toda actividad del hombre tiene tal car?cter: la actividad f?sica como la vuestra en la industria, en el campo y en los servicios, la intelectual, la art?stica, la de investigaci?n pura y aplicada, etc.

3. El libro del G?nesis dice que el Creador ha dado toda la tierra, en cierto sentido todo el mundo visible, al hombre y lo ha puesto bajo su dominio. Como imagen y semejanza de Dios el hombre domestica la tierra, la hace suya humaniz?ndola de modo responsable. Al mismo tiempo, ha dado este mundo al hombre como tarea para su trabajo. Las criaturas inferiores han sido sometidas al hombre, y al mismo tiempo le han sido dados los recursos contenidos en el mundo creado, comenzando por las riquezas visibles que se encuentran, por as? decirlo, en la superficie, hasta las escondidas profundamente en la estructura de la materia que el genio humano descubre gradualmente.

El libro del G?nesis nos habla del dominio sobre toda la tierra, es decir, de sus riquezas visibles y de las que esconde: ?Y dijo Dios: Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y mande en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en toda la tierra? (Gen. 1, 26).

El hombre somete o domina la tierra mediante el trabajo, vocaci?n que Dios le ha dado para colaborar en la obra de la creaci?n. Por esto, para lograr la realizaci?n personal en el trabajo, el hombre se sirve de la t?cnica. Hoy somos testigos de las transformaciones causadas por las ciencias y las tecnolog?as aplicadas por la inteligencia del hombre. Pero, a la par que el instrumento t?cnico tiene un valor positivo, porque ayuda a ejercer el dominio inteligente y responsable del hombre sobre la tierra, tambi?n surgen ser?as dudas e interrogantes; porque la t?cnica puede llegar - y ha llegado a ser - alienante y manipuladora; hasta el punto de deber rechazar moralmente la presencia de una cierta ideolog?a de la t?cnica, porque ha impuesto la primac?a de la materia sobre el esp?ritu, de las cosas sobre la persona, de la t?cnica sobre la moral.

Esta tendencia deshumanizante y despersonalizante explica por qu? la Iglesia no se cansa de pedir una revisi?n radical de las nociones de progreso y desarrollo: lo hizo el Papa Pablo VI en su Enc?clica ?Populorum Progressio? hace que ya casi veinte a?os; y lo he hecho yo en la Sede de Pedro y en mis peregrinaciones pastorales. ?Hasta cu?ndo tendr? que soportar injustamente el hombre, y los hombres del Tercer Mundo, la primac?a de los procesos economicistas sobre los inviolables derechos humanos y, en particular, de los derechos de los trabajadores y de sus familias? Es aqu?, en los valores y derechos humanos inviolables y sagrados de la persona, donde hay que pensar y definir de nuevo las nociones de desarrollo y de progreso.

4. El libro del G?nesis dice que el Creador ha unido el trabajo humano con la necesidad del descanso y de la fiesta. ?En el s?ptimo d?a Dios dio por concluida la labor que hiciera. Y bendijo Dios el d?a s?ptimo y lo santific? (Gen. 2, 2-3). En la intenci?n de Dios se ve claramente que el trabajo es para el hombre, y no el hombre para el trabajo; que el trabajo es para la realizaci?n de su humanidad, de su vocaci?n de persona e hijo de Dios.

Este principio de la dignidad de la persona del trabajador es el que tiene que determinar las estructuras posibles de los sistemas industriales de producci?n y de todo proceso econ?mico, pol?tico y social; si no se quiere continuar en el espantoso desequilibrio del m?nimo porcentaje que goza de los bienes, frente a un alto porcentaje que carece de ellos; sobre todo en los pa?ses del Tercer Mundo. Son desproporcionadas las grandes diferencias de posici?n social y de privilegio salarial entre unos y otros. El trabajo es un bien del hombre, pero un bien para todos, a pesar de la fatiga que conlleva, y no para unos pocos.

Esto se vuelve a?n m?s claro cuando consideramos el hecho de que ?Dios cre? al hombre . . . macho y hembra los cre? (Gen. 1, 27), dando as? comienzo a la familia. ?Sed fecundos y multiplicaos? (Ibid. 1, 28). El trabajo est? subordinado a los fines propios del hombre y de la humanidad, estando en primer plano la familia como comunidad ?nter-personal de un hombre y de una mujer, llamados a transmitir la vida a los hijos: a las personas nuevas, creadas tambi?n ellas a imagen y semejanza de Dios. Por esto la Iglesia no se cansa de afirmar: el trabajo es para la familia, y no la familia para el trabajo.

5. Deseo imprimir esta imagen fundamental y eterna del trabajo humano en la conciencia de todos los que en esta regi?n de Venezuela forman o crean un ambiente nuevo, creciente y pr?spero del trabajo.

En las condiciones actuales de Ciudad Guayana, desarrollada fundamentalmente alrededor y en funci?n del trabajo industrial, con gentes procedentes de todas las categor?as sociales: obreros, t?cnicos y profesionales, permitidme recordar algunas ideas centrales de mi Enc?clica ?Laborem Exercens? sobre el trabajo humano.

6. La idea clave de toda la Enc?clica es la ?problem?tica fundamental del trabajo? (IOANNIS PAULΙ PP. II Laborem Exercens, 11), la cual conduce a la afirmaci?n de que ?en el comienzo mismo del trabajo humano se encuentra el misterio de la creaci?n? (Ibid. 12). En esta perspectiva, y teniendo en cuenta ?las diversas experiencias de la historia?, el problema del trabajo aparece como ?una gran realidad . . . estrechamente ligada al hombre como al propio sujeto y a su obrar racional? (IOANNIS PAULI PP. II Laborem Exercens, 11).

A pesar de la fatiga y del esfuerzo que requiere, ?el trabajo no deja de ser un bien?. ?Este car?cter del trabajo humano, totalmente positivo y creativo, educativo y meritorio, debe constituir el fundamento de las valoraciones y de las decisiones, que hoy se toman al respecto, incluso referidas a los derechos subjetivos del hombre? (Ib?d.). Por lo tanto, es necesario colocar constantemente en primer plano ?el principio de la prioridad del trabajo frente al capital? (Ib?d. 12).

A la luz de este principio hay que estudiar el ?gran conflicto? que se ha manifestado, y contin?a manifest?ndose entre el ?mundo del capital? y el ?mundo del trabajo? (Ib?d. 11). Aceptando que el trabajo y el capital son componentes inseparables del proceso de producci?n, para superar el antagonismo entre uno y otro se impone la necesidad de una permanente concertaci?n de leg?timos intereses y aspiraciones; concertaci?n entre aquellos que disponen de los med?os de producci?n y los trabajadores. Pero, ?los justos esfuerzos por asegurar los derechos de los trabajadores, . . . deben tener siempre en cuenta las limitaciones que impone la situaci?n econ?mica general del pa?s. Las exigencias sindicales no pueden transformarse en una especie de "ego?smo" de grupo o de clase, por m?s que puedan y deban tender tambi?n a corregir - con miras al bien com?n de toda la sociedad - incluso todo lo que es defectuoso en el sistema de propiedad de los medios de producci?n o en el modo de administrarlos o de disponer de ellos? (Ib?d. 20).

En la ?poca del trabajo mecanizado, el que se hace en esta Ciudad Guayana, el hombre no puede perder su puesto de privilegio dado por el Creador: ser el sujeto del trabajo y nο el esclavo de la m?quina, de la t?cnica. Entendida ?sta ?como un conjunto de instrumentos de los que el hombre se vale en su trabajo?, es ?indudablemente una aliada del hombre?, porque ?le facilita el trabajo, lo perfecciona, lo acelera y lo multiplica?. Pero la t?cnica puede transformarse de aliada en adversaria del hombre, como cuando la mecanizaci?n del trabajo, ?suplanta? al hombre, quit?ndole toda satisfacci?n personal y el est?mulo a la creatividad y responsabilidad: cuando quita el puesto de trabajo a muchos trabajadores antes ocupados, o cuando mediante la exaltaci?n de la m?quina reduce al hombre a ser su esclavo? (IOANNIS PAULI PP. II Laborem Exercens, 5).

Por esto el ?evangelio del trabajo? debe ser llevado a la labor concreta de cada d?a, viviendo el mensaje de Jes?s dentro del trabajo y sabiendo que Cristo est? cercano al trabajador en su vida concreta, que El pertenece al mundo del trabajo y que ?ste lleva tambi?n el signo de su Cruz: sufrimiento, fatiga, frustraci?n y dolor. Ese es tambi?n el camino de la Iglesia: estar muy cerca del mundo del trabajo hoy.

7. Esta imagen del trabajo que la doctrina social de la Iglesia recibe en herencia en la Palabra del Dios vivo, contando con las experiencias siempre vivas del mundo del trabajo humano, tiene todav?a otro punto central de referencia. En el Evangelio de hoy escuchamos las palabras sobre ?el hijo del carpintero? (Matth. 13, 55). Jesucristo, Hijo del Dios Vivo, de la misma substancia del Padre, se hizo hombre como Verbo Eterno. Y como hombre, durante muchos a?os de su vida oculta en Nazaret, ha trabajado junto a San Jos?, que para los hombres era su ?padre?. Por esto fue llamado ?el hijo del carpintero?, pues Jos? era artesano, carpintero. Jes?s de Nazaret durante tantos a?os de su vida, que fue toda misi?n mesi?nica, realiz? el trabajo manual.

De este modo ha unido el trabajo humano con la obra de la Redenci?n del mundo, a la vez que ha confirmado la dignidad del mismo, que tiene su comienzo en Dios. Por lo tanto los hombres del trabajo, y en particular los del trabajo manual, justamente miran a San Jos? y al ?hijo del carpintero?, buscando en ellos la confirmaci?n de los valores esenciales del trabajos y de esta dignidad que corresponde al hombre que trabaja.

Hablando a los hombres del trabajo industrial en esta regi?n de Venezuela, deseo tambi?n abrazar con nuestra comunidad eucar?stica, y con esta homil?a, las vastas multitudes de hombres que trabajan de cualquier modo, pero sobre todo a los que trabajan en los campos: a los campesinos.

S?, a los campesinos, porque: ?Vosotros sois fuerza dinamizadora en la construcci?n de una sociedad m?s participada? (Puebla, 1245); y sin embargo no ten?is, muchos de vosotros, ?la facultad de participar en las opciones decisorias correspondientes a las prestaciones sociales?, o no dispon?is de las ventajas pr?cticas ?del derecho a la libre asociaci?n en vista de la justa promoci?n social, cultural y econ?mica? (IOANNES PAULI PP. II Laborem Exercens, 21); no obstante, segu?s ofreciendo ?a la sociedad los bienes necesarios para su sustento diario? (Ib?d.).

Por ello quiero reafirmar la gran dignidad de vuestra misi?n y de vuestras personas, no inferior a la de cualquier otra categor?a social. Vivid, pues, vuestra condici?n de campesinos con dignidad, con deseo de superaci?n, con sentido solidario entre vosotros mismos, y no dej?is de elevar, desde vuestros campos, la mirada y el coraz?n hac?a Dios. Elevadlo con una plegar?a.

He aqu? lo que proclama el Salmo de la liturgia de este d?a: ?Antes que naciesen los montes, / o fuera engendrado el orbe de la tierra, / desde siempre y por siempre t? eres Dios. / T? reduces al hombre a polvo, / diciendo: ?retornad, hijos de Ad?n?. / Mil a?os en tu presencia / son un ayer, que pas?, / una vela nocturna? (Ps. 89 (90), 2-4).

?Hermosas palabras! ?Profundas palabras! Encierran la alabanza al Creador que es eterno y omnipotente. Encierran la verdad sobre el hombre que pasa por esta tierra: est?n contados sus a?os y d?as.

Por esto la oraci?n ferviente del Salmista:

Ens??anos a calcular nuestros a?os, / para que adquiramos un coraz?n sensato? (Ps. 89 (90), 12).

Es la primera cosa.

Y la segunda:

Por la ma?ana s?cianos de tu misericordia, / y toda nuestra vida ser? alegr?a y j?bilo? (Ibid. 14).

Y finalmente lo que es m?s importante:

Que tus siervos vean tu acci?n / y tus hijos tu gloria? (Ib?d. 16).

Junto con todos los hombres del trabajo, de esta Ciudad Guayana y de toda Venezuela, pido a Dios, como Pastor de la Iglesia, lo mismo que hace siglos ped?a el Salmista:

que el trabajo llegue a ser para vosotros, amados hermanos y hermanas, una participaci?n en la obra divina de la Creaci?n y Redenci?n; que llegue a ser para vosotros y para vuestros hijos la garant?a de la gloria de Dios.

?Dios bendiga a vosotros y vuestro trabajo!

?Y que la Virgen Santa, Nuestra Se?ora del Valle, os acompa?e siempre!

Publicado por mario.web @ 18:26
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