Domingo, 08 de mayo de 2011
La carencia de los bienes b?sicos permite descubrir su aut?ntico valor que, de otro modo, suele darse por descontado
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El bien de la vida y el bien de la salud: el deber de preservarlos
El bien de la vida y el bien de la salud: el deber de preservarlos
31 de enero de 2009

?Aquel que amas est? enfermo? (Jn 11,3). El aviso que enviaron las hermanas de L?zaro a Jesucristo con la intenci?n de despertar su atenci?n, en su concisi?n, refleja muy bien de qu? modo el dolor causado por la enfermedad propia o ajena es una de las realidades principales en la vida del hombre, pues su sola menci?n causa inmediatamente una reacci?n espont?nea de compasi?n y se comprende como una invitaci?n a remediarlo.

Hay bienes que por su naturaleza est?n en el fundamento de los dem?s, por ello no se valoran adecuadamente hasta que se pierden. Sucede cuando se pierden los bienes necesarios para nuestro trabajo, o nuestro estado de vida, con las limitaciones de las capacidades ps?quicas, y de modo eminente cuando faltan las personas queridas. Esto es lo que ocurre, evidentemente, con la salud. La carencia de los bienes b?sicos permite descubrir su aut?ntico valor que, de otro modo, suele darse por descontado.

De este modo, la toma de conciencia de estos bienes va a estar unida a dos actitudes muy diferentes: la primera es la de asombro porque al provenir su carencia de una situaci?n imprevista, causa el inicial desconcierto de ver alterada la vida. Detr?s de esta reacci?n casi espont?nea se esconde un descubrimiento mucho mayor: el de la toma de conciencia de la radical vulnerabilidad y contingencia de la vida humana. Nuestro modo de vivir que apunta a un conjunto de deseos e intenciones, est? amenazado en su ra?z por la posibilidad de que no se cumpla ninguno de ellos, y m?s radicalmente, por el simple hecho de desaparecer de la existencia.

La segunda de las actitudes a las que apunt?bamos es la de temor. Si en verdad, como parece indudable, la condici?n humana es tal, nuestra vida parece dependiente de una multitud de circunstancias que no dominamos y cualquier cosa que nos propongamos puede ser una vana ilusi?n, anticipo de un mayor dolor. El temor a perderlo todo, a fracasar en lo que uno se propon?a, aparece ahora con tal fuerza que tiende a ocupar todo el horizonte y no se sabe bien c?mo encauzar este molesto ?invitado? que ahora comienza a acompa?ar nuestra vida.

Ante este impacto inicial del que se alimentan esas actitudes fundamentales caben entonces tres posibilidades.

- La primera es intentar olvidar, enterrar la experiencia vivida y los significados que despierta como algo sin importancia. El razonamiento es pr?ctico: la vida contin?a con todas sus exigencias y son a estas a las que se ha de responder y no a preguntas a las que no parece que se pueda dar una contestaci?n adecuada. El hombre puede concentrarse en lo inmediato ??carpe diem?- de su acci?n o satisfacci?n y evitar preguntarse por una cuesti?n que es fuente solo de inquietudes. Se puede elegir este modo de vida, pero la impresi?n inicial del asombro permanece, no querer responder a la exigencia manifiesta de una pregunta es un modo de existencia inaut?ntica.

- La segunda, es querer responder con una pretendida invulnerabilidad. Llegar a pensar que a la persona en cuesti?n no le afecta esta pregunta porque est? asegurado por otra parte y es en esta seguridad donde asienta su esperanza. En la actualidad la ciencia, y m?s en particular la t?cnica, juegan tantas veces este papel de ser garant?a de que se alcanzar? la resoluci?n de cualquiera de los problemas que se plantean a la debilidad humana(1) . Consiste en dar esperanzas por medio de la eliminaci?n progresiva de cualquier vulnerabilidad que se presente, entre las cuales hay que poner a la enfermedad en primer lugar. En un sentido semejante se sit?a una cierta reducci?n de ?la vida? a la ?autoconciencia? del hombre, a lo que ?l piensa de s? mismo, de esta forma se recluye la cuesti?n de su vida en una esfera que podr?a estar en su dominio. Son respuestas sin duda importantes, pero evidentemente parciales. No se piensa en el significado inherente a la vulnerabilidad y se acalla el asombro como algo superficial, pero permanece el temor. Al final se pone la seguridad en algo incierto, en un futuro que siempre tarda en llegar y con la ?ntima certeza de que, en definitiva, es obviamente imposible la eliminaci?n de tal vulnerabilidad que sigue all? como una amenaza.

- La tercera es aceptar el desaf?o de la pregunta y descubrir en ella un significado distinto: una cuesti?n de sentido(2) . Sin duda, esta opci?n se trata de una elecci?n personal, de la asunci?n profunda de una verdad que provoca e interroga. El hombre interrogado por la enfermedad no vive las tres posibilidades como equivalentes, no se le presentan de un modo neutral por el cual elija desde la indiferencia. De hecho, el entorno cultural occidental que nos rodea facilita las dos primeras posibilidades: al ser la nuestra una sociedad que se mueve por el consumo, incita a acallar cualquier pregunta mediante la satisfacci?n de los deseos inmediatos, a modo de un letargo que impide despertar. Es, adem?s, una cultura que rinde pleites?a a la t?cnica y hace que los hombres depositen en ella la esperanza de su futuro.

Se comprende muy bien de qu? modo estas dos respuestas no solo tienen carencias, sino que falsean la verdad sobre el hombre. Se produce as? el hecho parad?jico, pero manifiesto en la actualidad, de que lo que se ha pretendido que fuera un remedio para esa ?enfermedad? espec?fica de la vulnerabilidad humana, se ha convertido en cambio en el fundamento de una aut?ntica ?cultura de muerte?(3 ), en una larvada amenaza contra la vida.

Es la mentalidad consumista la que tiende a valorar cualquier realidad por su apetibilidad y siempre en relaci?n a un conjunto de impresiones que se pueden considerar satisfactorias. El dolor abandonado a ser un hecho sin sentido se convierte, en cuanto se escapa de nuestro dominio, en insoportable, una amenaza irracional, insuperable y fatal. Desde esa consideraci?n, puede llegar a pensarse la vida de un enfermo una ?vida sin calidad? y, por consiguiente, juzgarla como indigna del hombre y eliminable.

Por su parte, la t?cnica se mide por el modo de alcanzar unos fines a modo de productos. Ha sido su aplicaci?n masiva al campo de la medicina lo que ha permitido comprobar con gran rapidez la amenaza que supone una mentalidad exclusivamente t?cnica en acciones que tienen como fin no simples productos, sino a las personas. La bio?tica en cuanto tal nace de la percepci?n indudable de la necesidad de fijar l?mites ?ticos a las intervenciones t?cnicas que no se pueden justificar por s? mismas. La amenaza se considera tan grave que la ?tica se convierte en un argumento esencial para la supervivencia: ?Bioethics: de Science of Survival? (4) . Este ha sido el t?tulo del primer art?culo que us? el t?rmino ?bio?tica? y que as? ha dado nombre a esa nueva disciplina dentro del saber ?tico.

Estos hechos tan elocuentes nos permiten apuntar a un primer diagn?stico en lo que se refiere a la causa de tal evoluci?n en los valores referentes a la vida: lo parad?jico de este cambio se debe al elemento interior que comunica los extremos. Entre la propuesta social y cultural y la realidad de la ?cultura de muerte? est? la crisis del sentido de la vida. Es esta en definitiva la que se ha de interpretar como el fundamento de lo que todos conocen como la ?crisis moral?, tomada as? en su ra?z m?s profunda.

Notas



1.Cfr. BENEDICTO XVI, C.Enc. Spe Salvi, nn. 16-18.
2. La ?Magna quaestio? agustiniana: SAN AGUST?N, Confesiones, l. 4, 4, 9 (CCL 27,44). Una reflexi?n de gran inter?s acerca del sentido de la vida que se desprende de esta cuesti?n es la de: GRYGIEL S., Il pensiero sorge dell?angustia inter vitam ac mortem, en NORIEGA J., DI PIETRO M.-L. (a cura di), N? accanimento n? eutanasia. La cura del malato in stato vegetativo permanente, Roma: Lateran University Press, 2002: 25-46.
3. Cfr. JUAN PABLO II, Evangelium vitae, n. 12.
4. POTTER V.R., Bioethics: de Science of Survival, Perspectives in Biology and Medicine 1970, 14: 127-153.

Publicado por mario.web @ 19:45
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