Domingo, 08 de mayo de 2011
El t?rmino ?sujeto?, ?complica menos que el de ?persona?? ?Es un debate ocioso o, por el contrario, tiene m?ltiples consecuencias? Persona, sujeto, yo, comunidad...
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Persona, Sujeto, Yo
Persona, Sujeto, Yo


El t?rmino ?sujeto?, ?complica menos que el de ?persona?? ?Es un debate ocioso o, por el contrario, tiene m?ltiples consecuencias? Persona, sujeto, yo, comunidad... Una profunda reflexi?n de la mano de uno de los personalistas espa?oles m?s representativos.




1. El t?rmino ?sujeto? ?complica menos que el de ?persona??


Si casi todo lo visible y lo invisible en esta vida resulta quaestio disputata, ?c?mo no iba a brillar por su ausencia despu?s de Nietzsche el acuerdo en lo que se refiere a mi persona? Soy un extra?o para m?, para m? que no paro de hablar de m?, y que tanto y tan obsesivamente voy y vengo tratando de satisfacer mi yo:

?Soy los que ya no son. In?tilmente
Soy en la tarde esa perdida gente? [1]

Dada la irritaci?n que parece levantar el t?rmino persona, cuando no se le quiere mentar para evitar roces con la tradici?n judeocristiana, o cuando se desea eliminar cualquier pleito ancestral sobre sus aspiraciones, entonces se recurre a la noci?n de sujeto, entidad aparentemente m?s neutra, funcional, as?ptica, un poco descafeinada incluso; as? que para los amantes de experiencias fuertes, persona, y para los amantes de pel?culas aptas para menores, sujeto.

1.1. Sicoan?lisis versus sujeto

Algunos sicoanalistas afirman con Lac?n que s?lo hay ?sujeto del inconsciente?, al que por otra parte escriben un tanto ignominiosamente con un grafo tachado, una ?S? tachada. Pienso donde no soy, no soy donde pienso, dice Lacan, frase que tomada en su literalidad se aplicar?a sobre todo a los lacanianos de estricta observancia, pues -aparentemente m?s afectos al sujeto Lac?n que al suyo propio- quien piensa por ellos parece ser precisamente ?Lac?n!.

Sicoanal?ticamente hablando, el sujeto se entiende como un ir hacia, como una pasi?n por ser, y su funci?n residir?a en la encarnizada defensa de su ilusa identidad imaginaria, as? como en la promoci?n de la a?oranza de eternidad: igual que el sujeto trascendental de Kant, tambi?n el del sicoan?lisis recurrir?a al s?mbolo del yo-uno para aglutinar en un s?mbolo denominado ?sujeto? las oce?nicas tensiones de su eterna pluralidad.

Carente de dimensi?n ?ntica, tal ?sujeto? vivir?a tratando de apagar la angustia de las pulsiones derivadas de la individualidad acudiendo a sofocar los conflictos con voluntad de cierre autorregulador, narcisista. Es tambi?n en cierto modo la tesis schopenhaueriana y oriental seg?n la cual el sujeto individual angustiado vive en el error causado por el apego al sujeto. En todo caso, pese a carecer de una ontolog?a de la experiencia narrativa, el sicoan?lisis reconoce que el sujeto resistente e irreducible deja una huella, pero la huella no es nunca el sujeto, cuya naturaleza se ignora y cuya representaci?n queda en crisis. ?C?mo hablar de un sujeto sano con todas sus representaciones permanentemente en crisis? ?c?mo decir algo de ?l, con qu? recursos decir las dificultades del decir, para evitar el insuperable silencio?

Ahora bien, no todas las tramas del sicoan?lisis han convenido en rechazar la existencia del sujeto, sino la representaci?n que se ten?a de ?l; pero el sujeto engloba al ?yo?, al ?ello?, y al ?super yo?, tan subjetuales como el ?yo?. Otras m?s ortodoxas reducen el sujeto-conciencia a la interpretaci?n que de ?l realiza el propio inconsciente. Mas, si tal sujeto emerge de su disoluci?n, y se construye extra?amente deconstruy?ndose, uno tendr?a que descubrir no ser nadie, apenas el triste hueco de su subjetividad, y eso con suerte, pues en todo caso el sujeto temporalmente emergido, si es que fuera algo a la larga, s?lo emerger?a como tal al t?rmino de sus estrategias de presencializaci?n.

Pero un servidor, re-suelto a no ab-solver al sicoanalista que me quiere di-suelto, y sospechando que el sujeto supuestamente muerto goza de buena salud, desea preguntar: ?d?nde estaba mi sujeto-yo antes de disolverse? Quiero saberlo con premura para rescatarlo antes de que avance mi supuesta disoluci?n. Por lo dem?s, sospecho que, si bien es cierto que a veces se disuelven las huellas del yo, nunca se disuelve el sujeto mismo. El mismo sujeto singular vive pregnante en la rica e inagotable pluralidad de sus huellas, las huellas se pierden y el sujeto contin?a. Desde el momento en que el ello o el yo o el superyo, o cualquiera de sus a?n desconocidos estratos act?an, quedan sin excepci?n contagiados por la pregnancia de la subjetualidad. Si todo ?fen?meno? visible remite al ?no?meno? oculto, y viceversa, el sujeto imprime su huella a cuanto objetiva, contagiando con su identidad lo que toca, aunque dicha pregnancia de identidad pueda descubrirse en la alteridad del ello, o en la suprayoidad del yo, o de cualquier otro modo. ?Qu? decir de esto, sino que constituye una variante de aquella posici?n kantiana que contrapon?a el no?meno o constructor oculto al mundano ?fen?meno manifiesto? por ?l constru?do, algo falso en la medida en que al fin y al cabo casi todo lo que hacemos en calidad de constructores ?ocultos? lleva expresamente el sello de nuestro copy right [2]

1.2. Semiolog?a versus sujeto

Connivente con la anterior posici?n, la semiolog?a cuestiona toda pretensi?n de la subjetualidad, es decir, el car?cter fundacional del sujeto por s? mismo, eso que se ha dado en llamar fin de la personolog?a, en una palabra. Para la semiolog?a, pues, la conciencia no estar?a en la conciencia, sino en otros campos, que no s?lo han desplazado, sino adem?s reemplazado a la conciencia misma, constituyendo la memoria de su desaparici?n, su genealog?a o arqueolog?a inconsciente o preconsciente, de la cual ser?a la conciencia un mero s?ntoma.

Como, seg?n Hegel, la verdad no reside en un punto fijo, sino en el movimiento que liga a sujeto y predicado, lo que el sujeto resulte estar? en el predicado: el sujeto vac?o llega hasta el predicado y por retorno se mantiene en s? mismo, de modo que el sujeto es mero movimiento de retorno hacia s?, no punto fijo, y por ende la verdad es el todo silog?stico, totalidad dial?ctica m?s que subjetualidad individual [3] . Esto no impide reconocer que existe el lado err?tico de nuestra existencia pulsional, el arca?smo del deseo, la anterioridad de la pulsi?n respecto a la toma de conciencia, la sem?ntica del deseo como fuerza sin la que ninguna sem?ntica de la conciencia se entender?a, etc. Pero eso siempre desde el reconocimiento del sujeto en que el deseo inhiere.

Por mi parte aceptar?a asimismo que el juicio de la percepci?n no se corresponde con el juicio t?tico-afirmativo, es decir, que el je pense no resulta simult?neo con el je suis, que este ?ltimo ?yo soy? no surge tal y como yo le pienso, que yo no soy tal como me percibo; reconozco de buen grado que puedo decir yo soy sin saber bien que suis-je, moi qui suis (?qu? soy yo, ese yo que yo soy?), pues el yo pienso vive mediatizado por el universo de los signos en que se manifiesta, pero eso tampoco borra mi juicio sobre m?, ni impide que sea yo quien juzgue.

Me encuentro igualmente bien dispuesto a reconocer que el narcisismo induce a confusi?n haci?ndome creer que yo soy yo tal como yo creo que soy, falso prestigio de la conciencia arrogante y autoenfatuada. Concedo tambi?n con Henri Bergson que ?Pedro y Pablo son una sola y la misma persona, a la que ustedes llaman Pedro cuando ella act?a, y Pablo cuando ustedes recapitulan su historia? [4] . M?s a?n concedo con San Agust?n que ?era as? como estas dos voluntades m?as, la vieja y la nueva, la carnal y la espiritual, luchaban entre s? destrozando mi alma en su enfrentamiento? [5], pues de todos modos, aun insurgiendo contra s? misma, ahi late la subjetualidad operante.

Pero hasta aqu? hemos llegado, de cualquier forma. Ese ce que je suis (?lo que yo soy?) problem?tico no convierte en problem?tico al que je suis (?que yo soy?), el cual resulta siempre necesario con anterioridad a todo acto: para saber lo que yo soy es necesario saber que soy, para negar al sujeto hay que suponer al sujeto que lo niega. Por otra parte tampoco creemos que haya que perder ?la conciencia? para encontrar ?el sujeto?, pues una cosa es perder la seudoconciencia de la conciencia (lo que podr?amos llamar ?cogito ilusorio?, o ?cogito herido?) y otra absolutamente distinta el vivir sin su coraz?n batiente.

?Habr? que decir, pues, que quien busque la subjetualidad la perder?? Depende de donde la busque, claro, y hasta del lugar en que se haya perdido. Quiz? la pierda sin grandes posibilidades de reencontrarla quien la busque mal, pero es seguro que no la encontrar? quien no la busque en modo alguno, o quien la d? por perdida de antemano sin decidirse a buscarla suficientemente, y sin recordar que de alg?n modo no la buscar?amos si ella no nos hubiese hallado antes, y menos seguro a?n es que la encuentre quien la haya perdido despu?s de haber ido demasiado lejos en su tan cacareada de-construcci?n o di-soluci?n de la subjetualidad [6]

1.3. Estructuralismo versus sujeto

Animado por parecida animadversi?n contra el sujeto se?al? Louis Althusser que la historia es un proceso sin sujeto. El postulado fundamental del estructuralismo consiste, as? las cosas, en poner entre par?ntesis la trascendencia del significado (de lo referido) y la de los sujetos hablantes, reduci?ndolo todo a un complejo de diferencias en el interior de un sistema, no habiendo all? mensajes que liberar, ni sentido que descifrar, ni intenciones trascendentes que asumir, ni momento alguno de idealidad que defender, sino solo elementos que distribuir seg?n sus reglas de clasificaci?n predadas [7] . Lo que se excluye en tal perspectiva es la idea que la tradici?n idealista hab?a preservado, a saber, que comprender algo se traduce finalmente en un parejo comprenderse tambi?n a s? mismo.

En este sentido cabe decir que el estructuralismo excluye por completo toda consideraci?n de tipo hermene?tico, pues si existiera alg?n ?nadie? impersonal que en su calidad de ?sujeto estructural? me pensara a m? por su parte, yo ser?a pensado absolutamente por nadie. As? que, si el estructuralismo tuviese raz?n, entonces mi actuaci?n ser?a sin finalidad intencional y sin alteridad: sin sujeto y sin t?rmino nos quiere el estructuralismo.

Bajo tales circunstancias siempre ocurre lo mismo: de la negaci?n del sujeto deriva su pretendida sustituci?n por la sustancia hiperpersonal, ya sea bajo la forma de el Partido, o bajo la forma de la Humanidad, o bajo la forma de la Raza, o bajo la forma de la Historia, etc, donde no lleva los pantalones la singularidad de la conciencia, sino el abstracto y tir?nico Super de la Superestructura correspondiente. Donde no existe sujeto, sino sustancia, tampoco historia individual (Historie), ni colectiva (Geschichte), sino ?nicamente dictadura impersonal, donde el habla ya no habla ni dice nada de nada, pues s?lo queda la orden(anza) impersonal y su eco (des)estructurador. Queremos, as? las cosas, recordar con Piaget los siguientes considerandos frente a los estructuralistas de ayer:

? La estructura humana, compuesta a su vez de subestructuras, no opera con leyes distintas a las del sistema ambiental, si bien su comportamiento es aut?nomo dentro de ellas. No existe ah? el mero azar, ni la ciega necesidad.

? La estructura humana posee leyes estructurantes posibilitadoras del devenir, y elementos estructurados o devenidos. La adaptaci?n a la realidad puede definirse como un equilibrio entre asimilaci?n y acomodaci?n.

? La estructura humana, m?s compleja que las restantes, lejos de quedar absorbida por las circunstancias, impone sus propias leyes, aunque evidentemente no pueda ni deba trasgredir su propio fuero.

? La estructura humana dista de ser una m?quina, se asemeja m?s bien a un maquinista. No se dan all? primero procesos de organizaci?n, de adaptaci?n, de comunicaci?n, etc, y luego mecanismos reguladores destinados a corregir sus errores, pues cada uno de estos mecanismos forma parte de un mecanismo constructivo cuya condici?n esencial de funcionamiento es la de ser autorregulador.

Frente al behaviorismo conductista que consideraba a la mente como caja vac?a, meramente limitada a registrar o inventariar los est?mulos exteriores, el hombre no solamente corrige su ambiente externo, sino tambi?n el interno, produciendo intercambios y reequilibrios, constituyendo de este modo un enriquecimiento para la organizaci?n misma, tanto hacia el pasado como hacia el futuro. M?s a?n, la estructura humana posee reguladores de los reguladores reservando lo que pueda resultar de utilidad futura.

? Por esta regulaci?n posee un sistema de cierre gracias al cual las transformaciones interiores a ella no transgreden sus fronteras ni pierden sus propias leyes, aun cuando en calidad de subestructuras entran a formar parte de una estructura mayor, un ?ret?culo estoc?stico subordinado?, donde a cada elemento del sistema se une una cierta posibilidad de ensanchamiento que ampl?a sus leyes conservando las propias leyes de su interior (?homeostasis?). Esta estructura queda as? sometida a cambios, pero tambi?n a progresos.

? Siendo compleja la estructura, suele reservarse el nombre de ?funci?n? para designar el papel que desempe?a una subestructura respecto de otra superior (naturaleza, sociedad, etc). Ahora bien, la estructura humana ni est? en dependencia o en funci?n de lo exterior, ni puede prescindir de ello, pero es superior a todo, fin en s? ella misma, no objetivable.

? En definitiva, si la evoluci?n de los seres organizados se nos presenta como una serie ininterrumpida de asimilaciones del medio a formas cada vez m?s complejas, la misma diversidad de esas formas demuestra que ninguna ha bastado para equilibrar definitivamente esa asimilaci?n grandiosa.

La epistemolog?a gen?tica, pues, lejos de reducir el universo a una m?quina impersonal, muestra que no es posible prescindir del poder significante, creativo y simbolizador de la estructura personal.

1.4. Sujeto facs?mil versus sujeto humano

Y lo que, para terminar de retorcer la abundante panoplia de antisubjetualidades, me sobrepasa del todo es el ?ltimo grito de la moda, el sujeto facs?mil de Marvin Minsky: ?En el futuro se conservar? en disquete la personalidad de los que mueran. Eso equivale a la inmortalidad, y con el a?adido de que se podr?n hacer tantas copias como se quiera? [8] . ?Sujeto plastificado a la vista! ?Y adem?s con miles de copias del sujeto copy right reducido a d?plica manoseable por miles de manos! ?d?nde queda el sujeto-sujeto, reducido a objeto por el sujeto-sujeto que cobre los derechos por el microsurco momificado en el cual se supone que reside el verdadero sujeto? ?consistir? el futuro del sujeto trascendental en un manager que se haga con los derechos de los sujetos sujetados? ?El lugar del sujeto en la Sociedad General de Autores! Ya estoy viendo al mism?simo don Miguel de Unamuno removerse angustiado desde el fondo de su tumba y desde el hond?n de su alma para gritar de nuevo, hoy con m?s raz?n que nunca: ??Mi yo, mi yo, que me roban mi yo?.

?Tom?rselo a broma? ?Mi terror se refiere a que la realizaci?n m?s trivial del superhombre podr?a ser lo m?s probable. Al fin y al cabo, hace tan solo unos a?os que la revista neoyorkina Time nombr? hombre del a?o al hombre posterior a la muerte del hombre, al sucesor del hombre, el robot, una inteligencia computarizada que no padece ning?n devenir porque no puede olvidar nada, que no padece por tanto ninguna animosidad de la voluntad contra el tiempo. Se trata de una inteligencia sin historia, sin pathos y sin moral, una rapsodia de la inocencia envarada en una m?quina. Del mismo modo, el superhombre podr?a caer en la apoteosis de esa totalidad m?tica que quer?a romper definitivamente con su voluntad para reacu?ar el devenir ilimitado en la permanencia? [9]

1.5. La mala salud de hierro del sujeto, ?ser de lejan?as?

Sin llegar a negarle, muchos otros adelgazan hoy al sujeto hasta la anorexia, empe?ados como est?n en que la cuesti?n no es ?ser o no ser?, sino aguantar el tipo del humano ?ser y no ser?, realidad tan fr?gil y a la vez resistente como ya la pintara Pascal. Pero una cosa es la fragilidad subjetual, y otra su certificado de defunci?n, porque el supuesto sujeto caqu?ctico goza de una mala salud de hierro. Con esto no queremos hacer nuestra la afirmaci?n kafkiana de que la estructura de un edificio se aprecia mejor tras ser incendiada y quedar en ruinas, porque quien juega con fuego se quema, y las cosas tienen un l?mite, aunque esto no lo crea aquel fil?sofo que proclamaba tan ufano: ?soy un consumidor de sujetos?, cogito cuasiantropof?gico del Menschenfreser acad?mico, siempre dispuesto a posar: hazte una foto, y si sales es que existes.

Pero no. Heidegger ya lo dijo: ?El hombre (Dasein) es un ser de lejan?as?. Sin duda no existe lo uno sin lo otro, autobiograf?a sin extra?amiento, verdadero yo sin yo falso, ni c?lula nerviosa sin neuronas, ni sistema nervioso sin c?lulas nerviosas, ni individuo sin sociedad, ni sociedad sin individuo, ni sujeto sin objeto y a la inversa. Por eso resulta dif?cil delimitar el marco de una subjetualidad realmente l?bil, siempre en la encrucijada, proteico hasta el l?mite del emisario catalizador: a veces el enfermo oficialmente designado como tal por la comunidad no coincide con el enfermo real, que puede serlo una persona socialmente codificada como normal, o la sociedad entera, de la que el supuesto enfermo no ser?a m?s que su catalizador final, su representaci?n emp?rica, el que da por ?ltimo la cara. El sujeto puede tambi?n encontrarse en la persecuci?n de la catacumba, y sin embargo perderse en la opulencia del lujo, pues en la adversidad necesita el sujeto reagrupar todos sus ?tomos para sobrevivir y reconciliarse consigo mismo bajo la urgencia de la supervivencia, mientras en el lujo se disgrega y desidentifica bajo el signo del despilfarro. El sujeto pr?digo vuelve a la casa, y all? lo que hay en ?l de sujeto micro se reconcilia con lo que hay en ?l de sujeto macro.

2. A su vez la noci?n de ?yo? ?complica menos que la de ?sujeto??

La noci?n de ?yo? parece complicar menos que la de ?sujeto?. Vana impresi?n, de todos modos, pues el ?yo? siempre anda por ah? hipertr?fico o atr?fico. En efecto, ciertos pensadores de la atrofia, es decir, enemigos de conceder relieve a la condici?n personal, rizando el rizo han dado en disolver ese ?yo? -del que sin embargo peroran sin cesar, s?lo que unicamente cuando se trata de sacar el pecho del propio ?ego?- cortando su nudo, o mejor anud?ndolo hasta reducirlo (a partir de David Hume) a un mero ?haz de percepciones? que se suceden una tras otra con inusitada rapidez unidas por la imaginaci?n y por la memoria [10] . ?Somos nuestra memoria, somos ese quim?rico museo de formas inconstantes, ese mont?n de espejos rotos? [11]

Los empiristas nos recomiendan hablar poco de ese nudo o haz. Ellos se oponen a la idea cartesiana esencialista y enfatizadora de un ?yo? cogitante id?ntico a s? mismo siempre y en todo lugar, el cual ego, no contento con proclamar aquello del ?pienso, luego pienso?, enfatiza incluso esto otro del ?pienso, luego soy?, soy nada menos que una existencia, una realidad con determinaci?n ontol?gica y no s?lo como mera condici?n del pensar.

Frente a esto tan cartesiano, los defensores de la ?doctrina no posesiva o sin sujeto? del ?yo?, aducen que, al convertir Descartes el cogito en una res cogitans o sustancia existencial que piensa, olvid? que el sujeto cogitante o pensante que fundamenta las cogitaciones o pensares no puede ser ?l mismo una sustancia existencial, y esa es precisamente la raz?n por la cual finalmente contrapuso Kant esta sustancia existencial, este yo emp?rico concreto de aqu? y de ahora mismo que es distinto del sujeto concreto de ma?ana o pasado, del cual al fin y al cabo y pese a todas sus transformaciones todos sabemos algo, contrapuso esta sustancia existencial al yo trascendental e ideal, cogitante, inamovible y v?lido para siempre, al que supuso necesario como condici?n de estabilidad y continuidad para todas y cada una de las representaciones cambiantes del sujeto emp?rico. ?Mala cosa, tener que elegir entre Descartes, o al empirismo que desemboca en Kant! Sea como fuere, poco sabemos de nosotros, como se pone de relieve en la cl?sica historia del chimpanc? Viki, criado por el doctor y la se?ora Hayes desde los tres d?as hasta los tres a?os, lapso en que el animal no consigui? siquiera identificar su propia nariz, sus manos, ni sus pies [12] , y m?s de uno -a la vista de cosas tales- habr? conclu?do afirmar con el bastante esc?ptico Borges:

?Mi vida que no entiendo, esta apor?a
De ser enigma, azar, criptograf?a
Y toda la discordia de Babel.
Detr?s del nombre hay lo que no se nombra;
Hoy he sentido gravitar su sombra? [13]


Publicado por mario.web @ 20:24
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