Lunes, 09 de mayo de 2011

Sacrificarnos, abneg?ndonos en cosas l?citas, es entrenarnos, ejercitarnos en esa capacidad de amar
Autor: Jes?s David Mu?oz, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

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En la cafeter?a de una universidad conversaban dos chicos a la hora de la comida. De repente se acerca un tercero y se sienta al lado de sus compa?eros para pasar con ellos el rato. Los dos primeros pidieron un buen plato de pasta a la matriciana. El reci?n llegado, sin embargo, pidi? s?lo un bocadillo y un vaso de agua.

Ante la admiraci?n de los comensales, que le cuestionaron cu?l era el motivo para tan dr?stica dieta, respondi? sencillamente:
-Estoy haciendo un sacrificio por un amigo.
-?Sacrificio? ?Pareces un monje! - fue la respuesta que recibi? a su ?rid?cula? explicaci?n.

?Fue un error haber dicho esto o efectivamente eso de sacrificarse s?lo lo hacen los monjes?

En nuestra ?poca hemos crecido con la mentalidad de buscar lo m?s c?modo para vivir sin batallar, del ?abre f?cil?, del ?aprenda ingl?s sin esfuerzo?... Esto nos ha llevado a rehuir todo lo que cueste y de todo lo que signifique renuncia, ascesis, lucha, sacrificio y abnegaci?n. Son palabras disonantes y desconocidas en muchos ?mbitos, al menos por lo que se refiere a la experiencia de vida.

La ense?anza cristiana de caminar por la ?v?a estrecha porque es ancha y espaciosa la senda que conduce a la perdici?n? (cf. Lc 13,24) parece, por lo dem?s, anticuada y medieval para el com?n de los hombres de nuestro siglo. Cabe ahora preguntarse si, como bautizados, no hemos sabido explicar el verdadero sentido de la ascesis cristiana al hombre de hoy.

Partimos de un dato importante: Jesucristo no vino al mundo a eliminar el dolor; vino m?s bien a ense?arnos a afrontarlo para que sea para nosotros un medio de redenci?n. Viviendo ?l mismo una vida de sacrificio y renuncia, lo convirti? en el medio por excelencia de salvaci?n.

Por lo mismo, en su intento por explicar a los hombres la ?buena noticia?, el cristianismo no debe caer en el peligro de suavizar sus palabras. Efectivamente, Jesucristo habl? de renuncia y de ?tomar la cruz? (cf. Mt 10,28), palabras que no dejan de ser fuertes y exigentes, pues ?el Reino de los Cielos sufre violencia y s?lo los esforzados lo arrebatan? (Mt 11,12).

Para entender esto, es preciso ir al primer libro de la biblia. El libro del G?nesis nos comenta que Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza (cf. Gen 1,26). En el otro extremo de la revelaci?n leemos en la primera carta de san Juan: ?Dios es amor? (1Jn 4,8). Por lo tanto, si Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, y Dios es amor, el hombre es un ser amable (capaz de ser amado) y amante (capaz de amar). La grandeza del hombre consiste en tener, entonces, la capacidad de amar.

Aqu? se encuentra el origen de la explicaci?n cristiana del sacrificio y de la renuncia: el amor. La Madre Teresa de Calcuta no se quedaba recogiendo beb?s en los basureros de Calcuta porque fuera su hobby. Era un sacrificio que no ten?a otra motivaci?n que el amor.
Una de las caracter?sticas fundamentales del amor es la libertad. El amor, si es amor, tiene que ser libre, y todo acto libre tiene que provenir de la voluntad.

Desde estas sencillas nociones podemos darnos cuenta de que hacer actos voluntarios de sacrificio por el pr?jimo o incluso para conseguir una virtud, desarraigar un defecto, dominar las malas inclinaciones o formar la voluntad, tiene la ?nica finalidad de ense?arnos a amar.

El entonces cardenal Ratzinger, fij?ndose en la traducci?n del griego al ingl?s de la palabra ascesis (training), dec?a que dominarse a s? mismo en el dolor y buscar el sacrificio es precisamente un ?entrenamiento? (cf. J. Ratzinger, Un nuevo canto para el Se?or, S?gueme, Salamanca 2005, p. 191).

Por lo tanto, sacrificarnos, abneg?ndonos en cosas l?citas, es entrenarnos, ejercitarnos en esa capacidad de amar. De esta manera estaremos preparados para cuando lleguen adversidades, momentos en los que la respuesta m?s dif?cil, pero la ?nica justa, sea el amor.

El objetivo no es soportar o buscar como masoquistas el dolor, sino aprender a amar; porque, como dec?a Lorenzo Sc?poli en su libro El combate espiritual, ?el que no se abniega en lo l?cito, no se abnegar? en lo il?cito?. O mejor, parafraseando el evangelio: ?quien es fiel en lo poco, ser? fiel en lo mucho? (cf. Mt 25,21-26).


Publicado por mario.web @ 0:47
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