Lunes, 09 de mayo de 2011
Carta a los Obispos de la Iglesia Cat?lica sobre la rececpci?n de la comuni?n eucar?stica por parte de los fieles divorciados que se han vuelto a casar. Congragaci?n para la doctrina de la fe 14 de septiembre de 1994
?
Carta a los Obispos de la Iglesia Cat?lica
Carta a los Obispos de la Iglesia Cat?lica


Conscientes sin embargo de que la aut?ntica comprensi?n y la genuina misericordia no se encuentran separadas de la verdad(4), los pastores tienen el deber de recordar a estos fieles la doctrina de la Iglesia acerca de la celebraci?n de los sacramentos y especialmente de la recepci?n de la Eucarist?a.


CONGREGACI?N PARA LA DOCTRINA DE LA FE

14 de septiembre de 1994

Excelencia Reverend?sima:

1. El A?o Internacional de la Familia constituye una ocasi?n muy importante para volver a descubrir los testimonios del amor y solicitud de la Iglesia por la familia(1) y, al mismo tiempo, para proponer de nuevo la inestimable riqueza del matrimonio cristiano que constituye el fundamento de la familia.

2. En este contexto merecen una especial atenci?n las dificultades y los sufrimientos de aquellos fieles que se encuentran en situaciones matrimoniales irregulares(2). Los pastores est?n llamados, en efecto, a hacer sentir la caridad de Cristo y la materna cercan?a de la Iglesia; los acogen con amor, exhort?ndolos a confiar en la misericordia de Dios y, con prudencia y respeto, sugiri?ndoles caminos concretos de conversi?n y de participaci?n en la vida de la comunidad eclesial(3).

3. Conscientes sin embargo de que la aut?ntica comprensi?n y la genuina misericordia no se encuentran separadas de la verdad(4), los pastores tienen el deber de recordar a estos fieles la doctrina de la Iglesia acerca de la celebraci?n de los sacramentos y especialmente de la recepci?n de la Eucarist?a. Sobre este punto, durante los ?ltimos a?os, en varias regiones se han propuesto diversas soluciones pastorales seg?n las cuales ciertamente no ser?a posible una admisi?n general de los divorciados vueltos a casar a la Comuni?n eucar?stica, pero podr?an acceder a ella en determinados casos, cuando seg?n su conciencia se consideraran autorizados a hacerlo. As?, por ejemplo, cuando hubieran sido abandonados del todo injustamente, a pesar de haberse esforzado sinceramente por salvar el anterior matrimonio, o bien cuando estuvieran convencidos de la nulidad del anterior matrimonio, sin poder demostrarla en el foro externo, o cuando ya hubieran recorrido un largo camino de reflexi?n y de penitencia, o incluso cuando por motivos moralmente v?lidos no pudieran satisfacer la obligaci?n de separarse.

En algunas partes se ha propuesto tambi?n que, para examinar objetivamente su situaci?n efectiva, los divorciados vueltos a casar deber?anentrevistarse con un sacerdote prudente y experto. Su eventual decisi?n de conciencia de acceder a la Eucarist?a, sin embargo, deber?a ser respetada por ese sacerdote, sin que ello implicase una autorizaci?n oficial.

En estos casos y otros similares se tratar?a de una soluci?n pastoral, tolerante y ben?vola, para poder hacer justicia a las diversas situaciones de los divorciados vueltos a casar.

4. Aunque es sabido que an?logas soluciones pastorales fueron propuestas por algunos Padres de la Iglesia y entraron en cierta medida incluso en la pr?ctica, sin embargo nunca obtuvieron el consentimiento de los Padres ni constituyeron en modo alguno la doctrina com?n de la Iglesia, como tampoco determinaron su disciplina. Corresponde al Magisterio universal, en fidelidad a la Sagrada Escritura y a la Tradici?n, ense?ar e interpretar aut?nticamente el dep?sito de la fe.

Por consiguiente, frente a las nuevas propuestas pastorales arriba mencionadas, esta Congregaci?n siente la obligaci?n de volver a recordar la doctrina y la disciplina de la Iglesia al respecto. Fiel a la palabra de Jesucristo(5), la Iglesia afirma que no puede reconocer como v?lida esta nueva uni?n, si era v?lido el anterior matrimonio. Si los divorciados se han vuelto a casar civilmente, se encuentran en una situaci?n que contradice objetivamente a la ley de Dios y por consiguiente no pueden acceder a la Comuni?n eucar?stica mientras persista esa situaci?n(6).

Esta norma de ninguna manera tiene un car?cter punitivo o en cualquier modo discriminatorio hacia los divorciados vueltos a casar, sino que expresa m?s bien una situaci?n objetiva que de por s? hace imposible el acceso a la Comuni?n eucar?stica: ?Son ellos los que no pueden ser admitidos, dado que su estado y situaci?n de vida contradicen objetivamente la uni?n de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucarist?a. Hay adem?s otro motivo pastoral: si se admitieran estas personas a la Eucarist?a los fieles ser?an inducidos a error y confusi?n acerca de la doctrina de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio?(7).

Para los fieles que permanecen en esa situaci?n matrimonial, el acceso a la Comuni?n eucar?stica s?lo se abre por medio de la absoluci?n sacramental, que puede ser concedida ??nicamente a los que, arrepentidos de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo, est?n sinceramente dispuestos a una forma de vida que no contradiga la indisolubilidad del matrimonio. Esto lleva consigo concretamente que cuando el hombre y la mujer, por motivos serios, -como, por ejemplo, la educaci?n de los hijos- no pueden cumplir la obligaci?n de la separaci?n, "asumen el compromiso de vivir en plena continencia, o sea de abstenerse de los actos propios de los esposos"?(8). En este caso ellos pueden acceder a la Comuni?n eucar?stica, permaneciendo firme sin embargo la obligaci?n de evitar el esc?ndalo.

5. La doctrina y la disciplina de la Iglesia sobre esta materia han sido ampliamente expuestas en el per?odo post-conciliar por la Exhortaci?n Apost?lica Familiaris consortio. La Exhortaci?n, entre otras cosas, recuerda a los pastores que, por amor a la verdad, est?n obligados a discernir bien las diversas situaciones y los exhorta a animar a los divorciados que se han casado otra vez para que participen en diversos momentos de la vida de la Iglesia. Al mismo tiempo, reafirma la praxis constante y universal, ?fundada en la Sagrada Escritura, de no admitir a la Comuni?n eucar?stica a los divorciados vueltos a casar?(9), indicando los motivos de la misma. La estructura de la Exhortaci?n y el tenor de sus palabras dejan entender claramente que tal praxis, presentada como vinculante, no puede ser modificada bas?ndose en las diferentes situaciones.

6. El fiel que est? conviviendo habitualmente ?more uxorio? con una persona que no es la leg?tima esposa o el leg?timo marido, no puede acceder a la Comuni?n eucar?stica. En el caso de que ?l lo juzgara posible, los pastores y los confesores, dada la gravedad de la materia y las exigencias del bien espiritual de la persona(10) y del bien com?n de la Iglesia, tienen el grave deber de advertirle que dicho juicio de conciencia ri?e abiertamente con la doctrina de la Iglesia(11). Tambi?n tienen que recordar esta doctrina cuando ense?an a todos los fieles que les han sido encomendados.

Esto no significa que la Iglesia no sienta una especial preocupaci?n por la situaci?n de estos fieles que, por lo dem?s, de ning?n modo se encuentran excluidos de la comuni?n eclesial. Se preocupa por acompa?arlos pastoralmente y por invitarlos a participar en la vida eclesial en la medida en que sea compatible con las disposiciones del derecho divino, sobre las cuales la Iglesia no posee poder alguno para dispensar(12). Por otra parte, es necesario iluminar a los fieles interesados a fin de que no crean que su participaci?n en la vida de la Iglesia se reduce exclusivamente a la cuesti?n de la recepci?n de la Eucarist?a. Se debe ayudar a los fieles a profundizar su comprensi?n del valor de la participaci?n al sacrificio de Cristo en la Misa, de la comuni?n espiritual(13), de la oraci?n, de la meditaci?n de la palabra de Dios, de las obras de caridad y de justicia(14).

7. La errada convicci?n de poder acceder a la Comuni?n eucar?stica por parte de un divorciado vuelto a casar, presupone normalmente que se atribuya a la conciencia personal el poder de decidir en ?ltimo t?rmino, bas?ndose en la propia convicci?n(15),sobre la existencia o no del anterior matrimonio y sobre el valor de la nueva uni?n. Sin embargo, dicha atribuci?n es inadmisible(16). El matrimonio, en efecto, en cuanto imagen de la uni?n esponsal entre Cristo y su Iglesia as? como n?cleo basilar y factor importante en la vida de la sociedad civil, es esencialmente una realidad p?blica.

8. Es verdad que el juicio sobre las propias disposiciones con miras al acceso a la Eucarist?a debe ser formulado por la conciencia moral adecuadamente formada. Pero es tambi?n cierto que el consentimiento, sobre el cual se funda el matrimonio, no es una simple decisi?n privada, ya que crea para cada uno de los c?nyuges y para la pareja una situaci?n espec?ficamente eclesial y social. Por lo tanto el juicio de la conciencia sobre la propia situaci?n matrimonial no se refiere ?nicamente a una relaci?n inmediata entre el hombre y Dios, como si se pudiera dejar de lado la mediaci?n eclesial, que incluye tambi?n las leyes can?nicas que obligan en conciencia. No reconocer este aspecto esencial significar?a negar de hecho que el matrimonio exista como realidad de la Iglesia, es decir, como sacramento.

9. Por otra parte la Exhortaci?n Familiaris consortio, cuando invita a los pastores a saber distinguir las diversas situaciones de los divorciados vueltos a casar, recuerda tambi?n el caso de aquellos que est?n subjetivamente convencidos en conciencia de que el anterior matrimonio, irreparablemente destruido, jam?s hab?a sido v?lido(17). Ciertamente es necesario discernir a trav?s de la v?a del fuero externo establecida por la Iglesia si existe objetivamente esa nulidad matrimonial. La disciplina de la Iglesia, al mismo tiempo que confirma la competencia exclusiva de los tribunales eclesi?sticos para el examen de la validez del matrimonio de los cat?licos, ofrece actualmente nuevos caminos para demostrar la nulidad de la anterior uni?n, con el fin de excluir en cuanto sea posible cualquier diferencia entre la verdad verificable en el proceso y la verdad objetiva conocida por la recta conciencia(18).

Atenerse al juicio de la Iglesia y observar la disciplina vigente sobre la obligatoriedad de la forma can?nica en cuanto necesaria para la validez de los matrimonios de los cat?licos es lo que verdaderamente ayuda al bien espiritual de los fieles interesados. En efecto, la Iglesia es el Cuerpo de Cristo y vivir en la comuni?n eclesial es vivir en el Cuerpo de Cristo y nutrirse del Cuerpo de Cristo. Al recibir el sacramento de la Eucarist?a, la comuni?n con Cristo Cabeza jam?s puede estar separada de la comuni?n con sus miembros, es decir con la Iglesia. Por esto el sacramento de nuestra uni?n con Cristo es tambi?n el sacramento de la unidad de la Iglesia. Recibir la Comuni?n eucar?stica ri?endo con la comuni?n eclesial es por lo tanto algo en s? mismo contradictorio. La comuni?n sacramental con Cristo incluye y presupone el respeto, muchas veces dif?cil, de las disposiciones de la comuni?n eclesial y no puede ser recta y fruct?fera si el fiel, aunque quiera acercarse directamente a Cristo, no respeta esas disposiciones.

10. De acuerdo con todo lo que se ha dicho hasta ahora, hay que realizar plenamente el deseo expreso del S?nodo de los Obispos, asumido por el Santo Padre Juan Pablo II y llevado a cabo con empe?o y con laudables iniciativas por parte de Obispos, sacerdotes, religiosos y fieles laicos: con sol?cita caridad hacer todo aquello que pueda fortalecer en el amor de Cristo y de la Iglesia a los fieles que se encuentran en situaci?n matrimonial irregular. S?lo as? ser? posible para ellos acoger plenamente el mensaje del matrimonio cristiano y soportar en la fe los sufrimientos de su situaci?n. En la acci?n pastoral se deber? cumplir toda clase de esfuerzos para que se comprenda bien que no se trata de discriminaci?n alguna, sino ?nicamente de fidelidad absoluta a la voluntad de Cristo que restableci? y nos confi? de nuevo la indisolubilidad del matrimonio como don del Creador. Ser? necesario que los pastores y toda la comunidad de fieles sufran y amen junto con las personas interesadas, para que puedan reconocer tambi?n en su carga el yugo suave y la carga ligera de Jes?s(19). Su carga no es suave y ligera en cuanto peque?a o insignificante, sino que se vuelve ligera porque el Se?or -y junto con ?l toda la Iglesia- la comparte. Es tarea de la acci?n pastoral, que se ha de desarrollar con total dedicaci?n, ofrecer esta ayuda fundada conjuntamente en la verdad y en el amor.

Unidos en el empe?o colegial de hacer resplandecer la verdad de Jesucristo en la vida y en la praxis de la Iglesia, me es grato confirmarme de su Excelencia Reverend?sima devot?simo en Cristo

Joseph Card. Ratzinger
Prefecto

+ Alberto Bovone
Arzobispo tit. de Cesarea de Numidia
Secretario

El Sumo Pont?fice Juan Pablo II, durante la audiencia concedida al Cardenal Prefecto ha aprobado la presente Carta, acordada en la reuni?n ordinaria de esta Congregaci?n, y ha ordenado que se publique.

Roma, en la sede la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, 14 de septiembre de 1994, fiesta de la Exaltaci?n de la Santa Cruz.



(1) Cf. JUAN PABLO II, Carta a las Familias (2 de febrero de 1994), n. 3.

(2) Cf. JUAN PABLO II, Exhort. apost. Familiaris consortio nn. 79-84: AAS 74 (1982) 180-186.

(3) Cf. Ibid., n. 84: AAS 74 (1982) 185; Carta a las Familias, n. 5; Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 1651.

(4) Cf. PABLO VI, Encicl. Humanae vitae, n. 29: AAS 60 (1968) 501; JUAN PABLO II, Exhort. apost. Reconciliatio et paenitentia, n. 34: AAS 77 (1985) 272; Encicl. Veritatis splendor, n. 95: AAS 85 (1993) 1208.

(5) Mc 10,11-12: "Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete adulterio contra aqu?lla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio".

(6) Cf. Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 1650; cf. tambi?n n. 1640 y Concilio de Trento, sess. XXIV: DS 1797-1812.

(7) Exhort. Apost. Familiaris consortio, n. 84: AAS 74 (1982) 185-186.

(8) Ibid, n. 84: AAS 74 (1982) 186; cf. JUAN PABLO II, Homil?a para la clausura del VI S?nodo de los Obispos, n. 7: AAS 72 (1980) 1082.

(9) Exhort. Apost. Familiaris consortio, n.84: AAS 74 (1982) 185.

(10) Cf. I Co 11, 27-29.

(11) Cf. C?digo de Derecho Can?nico, can. 978 ? 2.

(12) Cf. Catecismo de la Iglesia Cat?lica, n. 1640.

(13) Cf. CONGREGACION PARA LA DOCTRINA DE LA FE, Carta a los Obispos de la Iglesia Cat?lica sobre algunas cuestiones relativas al Ministro de la Eucarist?a, III/4: AAS 75 (1983) 1007; STA TERESA DE AVILA, Camino de perfecci?n, 35,1; S. ALFONSO M. DE LIGORIO, Visitas al Sant?simo Sacramento y a Mar?a Sant?sima.

(14) Cf. Exhort. apost. Familiaris consortio, n. 84: AAS 74 (1982) 185.

(15) Cf. Encicl. Veritatis splendor, n. 55: AAS 85 (1993) 1178.

(16) Cf. C?digo de Derecho Can?nico, can. 1085 ? 2.

(17) Cf. Exhort. apost. Familiaris Consortio, n. 84: AAS 74 (1982) 185.

(18) Cf. C?digo de Derecho Can?nico cann. 1536 ? 2 y 1679 y C?digo de los c?nones de las Iglesias Orientales cann. 1217 ? 2 y 1365, acerca de la fuerza probatoria de las declaraciones de las partes en dichos procesos.

(19) Cf. Mt 11,30.

Publicado por mario.web @ 15:12
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios