Martes, 10 de mayo de 2011

?

?

Mt 14, 22-36

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

?

Si: est? un alma en toda la tribulaci?n y alboroto interior que queda dicho y oscuridad del entendimiento y sequedad; con una palabra de ?stas que diga solamente: no tengas pena, queda sosegada y sin ninguna, y con gran luz, quitada toda aquella pena con que le parec?a que todo el mundo??y si esta toda llena de temor: y con una palabra que se le diga s?lo: Yo soy, no hayas miedo, se le quita del todo, y queda consolad?sima, y pareci?ndole que ninguno bastar? a hacerla creer otra cosa?.(La Moradas 6, 3, Santa Teresa de Jesus)

?

Relata el Evangelio, (Mt 14, 22-36), que despu?s de la multiplicaci?n de los panes, Jes?s oblig? a los disc?pulos que subieran a la barca y pasaran antes que ?l a la otra orilla, mientras ?l desped?a a la multitud. Despu?s, subi? a la monta?a para orar a solas.

Jes?s no deja nunca de orar, los Evangelios nos muestran muchas situaciones donde El se retira a orar, y busca la soledad para hacerlo.

Muchas veces hablamos mucho, somos inquietos, queremos hacer muchas cosas, pero la actividad mas importante es orar, es la mejor forma de utilizar el tiempo, y no se puede considerar como algo secundario.

Cuando planifiquemos la actividad del d?a, incluyamos unos minutos para la oraci?n, y dejemos esos instantes para dedicarnos con constancia a comunicarnos con nuestro Padre y que nada nos aparte de esta intenci?n.

Despu?s de navegar casi toda la noche, la barca donde navegan los Doce ?ntimos amigos del Se?or, avanza entre las dificultades ocasionadas por la violencia de las olas y el viento en contra, podemos imaginar la fatiga que llevaban al remar as?.

Es como le sucede hoy a nuestra Iglesia, que avanza por Cristo en una mar de dificultades, remando contra la irreverencia y el descaro de aquellos que imponen leyes contrarias a las ense?anzas del Se?or.

A la madrugada, Jes?s fue hacia ellos, caminando sobre el mar. Los disc?pulos, al verlo caminar sobre las aguas, se asustaron. ?Es un fantasma?, dijeron, y llenos de temor se pusieron a gritar. Sin embargo la palabra de Nuestro Se?or Jesucristo viene a tranquilizar a sus almas y les dice: ?Tranquil?cense, soy yo; no teman?. De todos ellos, Pedro es el m?s audaz, ya es el l?der? entre sus amigos, y le dice a Jesus: ?Se?or, si eres t?, m?ndame ir a tu encuentro sobre el agua? y lo hace porque el no duda de que el Se?or tiene ese poder y a una palabra ?Ven?, baja de la barca y camina sobre las aguas. Pero a causa de la violencia del viento, tuvo miedo, y como empezaba a hundirse, grit?: ?Se?or, s?lvame?. La reacci?n del Ap?stol es muy humana, es un contraste entre la fe y su intuitivo temor.

Quiz?s distinto hubiera sido si sus amigos desde la barca le hubieran entre todos animados, ?Pedro, avanza con confianza?, ?Pedro si se puede, te fe?, y es posible pensar que entre tanto ?nimos de sus amigos el no hubiera tenido el normal temor de hundirse. Esto nos ense?a, comparando este suceso, que la barca es como nuestra Iglesia y Pedro como nuestro Papa,? es decir, frente a las tormentas por la cual la Iglesia pasa, todos tenemos que animarla a que siga adelante al encuentro con el Se?or.

Pedro, esta colmado de entusiasmo y ardor por su Maestro, pero tambi?n expuesto a los miedos, al cansancio, por cuanto necesita que el Se?or venga en su ayuda para sostenerlo. Caminando sobre las aguas turbulentas, el Dios de Jesucristo, se muestra como persona humana y divina, el se hizo hombre y fue hermano para sus disc?pulos, es parte de la familia de sus amigos, El los ?nima pero tambi?n los reprende, el calma sus tormentas, pero al mismo tiempo les tiende su mano. Frente al peligro, EL se hace presente para salvarlos. As? es como en seguida, Jes?s le tendi? la mano y lo sostuvo, mientras le dec?a: ?Hombre de poca fe, ?por qu? dudaste??. En cuanto subieron a la barca, el viento se calm?. Los que estaban en ella se postraron ante ?l, diciendo: ?Verdaderamente, t? eres el Hijo de Dios?.

El encogimiento de la fe, nos hace temer frente al peligro, como tambi?n nos hace sentir desanimado en las dificultades, y parece que? naufragamos. Pero donde la fe es viva, es cuando no dudamos del poder de Jesucristo, por cuanto su presencia nos protege del peligro y nuestra Iglesia estar? por siempre a salvo, la mano del Se?or se extender? amorosamente para salvarla de cualquier tormenta.

Y cuando estemos solos, o cuando nos veamos solo, aprendamos a sentir la presencia del Se?or, El siempre quiere estar con nosotros, lo hemos visto que no deja de preocuparse por sus ap?stoles y esta justamente ah?, donde el peligro asecha, para animarnos y darnos confianza. Es l?gico asustarse si no tenemos a Jes?s junto a nosotros, es normal que nos sintamos solo si no tenemos su compa??a. Pero ah? esta Jes?s dici?ndonos "Tranquil?cense, soy yo; no teman".

En muchas ocasiones perdemos la tranquilidad, y tenemos a nuestro alrededor una tormenta de preocupaciones y nos sucede que no identificamos la voz de calma que nos da el Se?or o nos cuesta mucho reconocer su presencia, seguramente esto es porque estamos algo alejados de Dios, y entonces no hundimos en la inseguridad que esta bajo nuestros pies. Cuando esto suceda busquemos tomar la mano salvadora de Jes?s que se extiende hacia nosotros, y hag?moslo poniendo mucho de nuestra parte.

En efecto tenemos que poner mucho de nosotros y hacerlo en forma habitual cada d?a, ya que Jes?s no pide esfuerzo, y si damos todo de si, podemos confiar en la ayuda de Jes?s, y como ante el grito angustioso de Pedro ?Se?or S?lvame!, El nos extender? cari?osamente las manos para hacerlo, pero no har? ver la poca fe, nos echar? en cara que si estuvimos en peligro y tuvimos miedo fue por no confiar en El o por que no hemos distanciados de El.

Todo volvi? a la calma en el momento que Jes?s tomo la mano de Pedro, y todo es distinto cuando nosotros no tomamos de Jes?s, es cuesti?n de fe, esa fe que debe guiar nuestra vida, nuestro prop?sitos, nuestros planes, fe que debe mantenerse viva para que ilumine y la fuente de energ?a que permite que no se apague esta en la oraci?n.

?Tranquil?cense, soy yo; no teman?, le dice el Se?or a sus disc?pulos, ?OH, que bueno eres Dios m?o, dici?ndole a ellos y a nosotros esas palabras!, .. Qu? d?bil soy, qu? miserable, qu? pecador, qu? agitado estoy de continuo por el viento de la tentaci?n y c?mo estoy a punto de anegarme...! Porque no es tanto que la tentaci?n sea fuerte cuanto que yo soy d?bil... S? reconozco; t? no dejas que yo sea muy tentado; siento mano sin cesar sobre m? para protegerme y cualquier tentaci?n grave... Qu? bueno eres, Dios m?o, dici?ndome a m? que bogo sin avanzar un paso, a m? que me siento juguete de las olas e impotente para continuar: No teman. ... iQu? bueno eres, no s?lo dici?ndome esa palabra, sino tambi?n dej?ndome entrever que? la esperanza de que alg?n d?a tu mismos subir?s a mi barquita.. (Carlos de Foucauld)

El Se?or les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant


Publicado por mario.web @ 0:39
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios