Martes, 10 de mayo de 2011

Mateo 14,13-21

Autor: Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

Nosotros los hombres que llevamos una vida normal y de esfuerzo, tenemos nuestras limitaciones si se trata de acudir en ayuda para alimentar a muchos, entonces frente a tantas necesidades solo podemos hacer hasta donde nos alcance, sin embargo Dios esta dispuesto a darnos todo lo que nos sea necesario, pero todo lo que de El viene, no es solo para nosotros, sino que para lo compartamos, de all? es que nos preguntamos, ?si Dios nos ha dado bienes, favores, atenciones,? educaci?n, recursos materiales, es todo eso solo para nosotros o para que los multipliquemos y podamos compartirlo?, ?Qu? conciencia tenemos de esto?

El Se?or pone en nuestras manos mucho de los que los dem?s necesitan, El es generoso y ofrece a manos llenas la abundancia de sus bienes, y estamos llamados a responder a una encantadora palabra del Se?or: ?Denles de comer ustedes mismos?, el pone en nuestra manos como alimento la Palabra, para que regalemos Palabra, pone en nuestras manos Pan, para que regalemos Pan, y de lo poco que tengamos, El Se?or se encargara de multiplicarlo.

As? fue como en aquel tiempo, al enterarse Jes?s de la muerte de Juan el Bautista, se march? de all? en barca a un sitio tranquilo y apartado, El se retira a un lugar desierto a causa de esta noticia.? Al saberlo la gente, lo sigui? por tierra desde los pueblos, llevando a los enfermos, seguramente llenos de esperanza, por esos los llevaron.

Al desembarcar vio Jes?s a la muchedumbre, se compadeci? de ella y cur? a los enfermos. Y los cura sin que las gentes se lo pidan. Jes?s nos muestra como en casi en todos los Evangelios su car?cter lleno de sentimientos de pena y l?stima por la desgracia o por el sufrimiento ajeno. Siempre nos ense?a esa natural inclinaci?n a compadecerse y mostrarse comprensivo ante las miserias y sufrimientos, siempre motivado por un autentico sentimiento de afecto, cari?o y solidaridad hacia aquella gente que estaba cansada y hambrienta, por querer estar en su compa??a, es as? como sinti? una gran compasi?n y cur? a los enfermos que ellos tra?an.

Mateo relata: Como ya se hac?a tarde, pone en conocimiento que el d?a esta por terminar, y ya no hay tiempo necesario para poder ir a proveerse de v?veres y alojamientos, entonces se acercaron sus disc?pulos a decirle: Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Los disc?pulos est?n preocupados, lo que hab?a llevado como provisiones, no era suficiente para tanta gente. La ense?anza que impart?a de Jes?s debe haber sido cautivante, se hab?a quedado m?s tiempo de lo considerado y se hab?an agotado los v?veres. Entonces los disc?pulos le dicen al Se?or: Despide a la gente para que vayan a las aldeas y compren algo de comer.

Para los disc?pulos de Jes?s, la soluci?n era simple para remediar el hambre, que vayan ellos a proveerse de alimentos, sin embargo para El Se?or, hay otro mas sencillo, y en sus manos esta la posibilidad de hacerlo, y no es mandar a comprar, al contrario, proveer personalmente.?

Entonces Jes?s les contest?: No hace falta que vayan; denles ustedes de comer. Ellos le respondieron: No tenemos aqu? m?s que cinco panes y dos pescados. El Coraz?n de Jes?s, siempre esta dispuesto a dar una soluci?n y no titubea en recurrir a lo que El puede hacer, para ir en ayuda a tanta gente hambrienta, entonces le dijo: Tr?iganmelos. Jes?s dan pan material a las gentes, pero el sabe que tambi?n los hombres sienten hambre de Dios, las dos hambres que experimenta el hombre y los dos son urgentes de atender.

Luego mand? que la gente se recostara en la hierba. Tom? los cinco panes y los dos pescados, alz? la mirada al cielo, pronunci? una bendici?n. Jes?s elev? los ojos al cielo. Este gesto de Jes?s era frecuente en su oraci?n. En cambio, no era usual en las costumbres rab?nicas, porque se dec?a: ?La regla es que el que ora ha de tener los ojos bajos y el coraz?n elevado al cielo.? Jes?s no ense?a nuevamente que todo viene del Padre, El esta con su coraz?n en ese momento en la tierra, pero levanta los ojos al cielo, ense??ndonos que es all? donde debemos mirar, porque todo viene de Dios y todo nos debe llevar a Dios. Tambi?n el relato nos dice que: pronunci? una bendici?n. Jes?s sigue la tradici?n jud?a. La costumbre rab?nica hab?a establecido que no se comiese o bebiese sin bendecir los alimentos, pues equival?a a un pecado de infidelidad.

Tambi?n dice Mateo que: parti? los panes y se los dio a los disc?pulos para que los distribuyeran a la gente. El milagro se hizo en las manos de Jes?s, y se puede suponer que se fue multiplicando en las manos de los disc?pulos, porque de lo contrario hubiese sido incesante e inacabable ir y venir a Jes?s. Entonces, Jes?s no saci? directamente el hambre, lo hace a trav?s de sus disc?pulos, es as? como les dios a ellos los panes y estos a las gentes.

As? han de ser los ap?stoles de hoy, en ning?n caso indiferente a las necesidades de los dem?s, siempre dispuestos a atender y acudir en la ayuda de los necesitados, con generosidad y sin pensar muchas veces en el descanso, porque esto se hace por el amor a Cristo, por amor al Padre Bueno y a todos sus hermanos.

Los ap?stoles le ofrecieron a Jes?s todo lo que ten?an, fruto del trabajo y del esfuerzo, solo cinco panes y Jes?s hizo todo los dem?s. El Evangelio contin?a: Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que hab?an sobrado se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los ni?os.

El milagro fue tan abundante, que todos se saciaron y luego recogieron doce canastos sobrantes. Era uso jud?o recoger, despu?s de las comidas, los trozos de comida ca?dos a tierra. El milagro se constataba bien: las sobras eran m?s que la materia de cinco panes para el milagro.

La esperanza de las gentes que hab?an seguido a Jes?s, no quedo fallida, ellos recibieron lo que necesitaban, llegaron enfermos y fueron curados, para saciar su hambre les proporcion? pan, para saciar su esp?ritu, El les entrego su la Palabra.

El que sigue resueltamente a Jesucristo, encuentra todo lo que necesita para s?, en esta vida terrenal y luego en la vida eterna. Nuestro amado Padre Bueno, ya nos ha regalo su amor. En Cristo nos ha dado todo, se ha dado a s? mismo. ?Qu? otro poder ser? m?s fuerte que este amor generoso y apasionado que el Padre manifest? en Jes?s? Este amor nos sostiene en medio de toda circunstancia adversa. As? lo comprendi? tambi?n San Pablo; ?Qui?n podr? separamos del amor de Cristo? ?Las tribulaciones, las angustias, la persecuci?n, el hambre, la desnudez, los peligros, la espada? (Rom 8, 35).

As? como Pablo, que convencido de que en el amor de Cristo tiene la fortaleza para vencer cualquier dificultad, as? tambi?n sea para nosotros el mismo convencimiento. As? como las gentes dejaron todo por seguir al Se?or hasta el desierto, y sin importarle el hambre no se apartaron de El,? que ninguna adversidad nos contenga para seguirle.

As? como el Se?or pone en nuestras manos muchos bienes, pongamos en manos de los dem?s compartiendo solidariamente lo que tenemos, para que le demos a otros nosotros mismos.

El Se?or les Bendiga

Pedro Sergio Antonio Donoso Brant

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Publicado por mario.web @ 1:02
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