Martes, 10 de mayo de 2011

Ser pr?jimo o hacerse pr?jimo: esa es la cuesti?n. Jesucristo ha querido decirnos que el cristiano no nace pr?jimo, se hace pr?jimo. Con Cristo la hermandad rompe las murallas que la historia, la tradici?n y las costumbres pueden haber impuesto.
Autor: Jes?s David Munoz, L.C. | Fuente: Virtudes y Valores

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??Qui?n es mi pr?jimo?? (Lc 10,29). Fue una pregunta maliciosa que dio origen a una de las par?bolas m?s bellas que nos narra san Lucas en su evangelio.

El relato habla de un hombre cualquiera, seguramente un jud?o que bajaba de Jerusal?n a Jeric? despu?s de una visita a la ciudad. La desgracia le sobrevino cuando una banda de malhechores lo asalt? y se fueron dej?ndolo medio muerto.

Dos hombres, un levita y un sacerdote, pasaron por all?. Se acercan con curiosidad a ver qu? pasa con aquel hombre que yace desmayado en el suelo. Despu?s de observar y dar un rodeo se alejan. ?Por qu? se van? Porque no tienen nada para ayudar a aquel pobre infeliz. ?Para qu? meterse en l?os si tal vez ya est? muerto?

Eran hombres de alcurnia, que salieron de su residencia aquel d?a sin imaginarse que en el camino se podr?an encontrar en una situaci?n as?. Dentro de sus planes no estaba encontrar personas necesitadas, y por eso se vinieron ligeros y sin equipaje.

A la par?bola se a?ade un cuarto personaje. Un samaritano que iba de viaje, un no-jud?o; uno que no deb?a pararse a atender a su antagonista religioso, uno que no estaba obligado a nada con aquel desgraciado; uno que no era ?pr?jimo? seg?n los criterios humanos de la ?poca.

?Qu? sorpresa! Aquel hombre extranjero y sin compromiso alguno con el desvalido, parece que hab?a salido de su casa con la ?nica finalidad de atender a este desdichado. Lleva todo consigo: vendas, aceite, cabalgadura, dinero y, sobre todo, un coraz?n desembarazado y sin fronteras de raza, religi?n y costumbres. Es de esta manera como comienza una aut?ntica revoluci?n protagonizada por el cristianismo y que ha cambiado por completo el mundo.

Ser pr?jimo o hacerse pr?jimo: esa es la cuesti?n. Jesucristo ha querido decirnos que el cristiano no nace pr?jimo, se hace pr?jimo. Con Cristo la hermandad rompe las murallas que la historia, la tradici?n y las costumbres pueden haber impuesto. La pregunta no es ya ?con qui?n tengo la obligaci?n de vivir la caridad y tratarlo como mi hermano?, sino ?cu?nto estoy dispuesto yo a hacerme pr?jimo de cualquier persona que se cruza en mi camino necesitada de m??

La caridad ahora no conoce diferencia entre palestino y jud?o, entre norcoreano y surcoreano, entre oriental y occidental, entre republicano y dem?crata, entre inmigrante y ciudadano...

Si cualquier persona puede ser mi pr?jimo, no puedo darme el lujo de ir ahora por la vida con las manos vac?as ocupado en mi proyecto y en mi itinerario. La vida no es un paseo para estar viendo el paisaje y canturrear mientras hay muchos que yacen al borde del camino, despojados de su dignidad y heridos por la miseria y el pecado. De un cristiano se pide que vaya equipado, sobre todo de un coraz?n magn?nimo y generoso abierto a escuchar el grito del que gime pidiendo ayuda.

Con Cristo la caridad no es una obligaci?n jur?dica ni una simple norma de cortes?a y protocolo. Depende de mi generosidad, en la medida en la que est? dispuesto a dejar mi cabalgadura para llegar a decir: lo que gastes de m?s te lo pagar? a mi regreso (cf. Lc 10,35). Depende de la apertura de mi alma para aceptar la invitaci?n del Maestro: ?Ve y haz t? lo mismo? (Lc 10,37).


Publicado por mario.web @ 10:08
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