Martes, 10 de mayo de 2011
Entrevista al Dr. D. Alfonso L?pez Quint?s donde clarifica la idea de fidelidad matrimonial, la deslealtad y las crisis que sufren actualmente las instituciones a las que se deber?a tener fidelidad.
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El valor de la fidelidad matrimonial
El valor de la fidelidad matrimonial

D. Alfonso L?pez Quint?s, catedr?tico em?rito de filosof?a en la Universidad Complutense (Madrid) y miembro de la Real Academia Espa?ola de Ciencias Morales y Pol?ticas, ha resaltado en varias de sus obras el car?cter creativo de la fidelidad. Queremos rogarle que clarifique un poco la idea de fidelidad, que juega un papel decisivo en nuestra vida de interrelaci?n.


Pregunta: ?Es la fidelidad actualmente un valor en crisis? ?A qu? se debe el declive actual de la actitud fiel?

Respuesta: A juzgar por el n?mero de separaciones matrimoniales que se producen, la fidelidad conyugal es un valor que se halla actualmente cuestionado. Entre las m?ltiples causas de tal fen?meno, deben subrayarse diversos malentendidos y confusiones:

  • Se confunde, a menudo, la fidelidad y el aguante. Aguantar significa resistir el peso de una carga, y es condici?n propia de muros y columnas. La fidelidad supone algo mucho m?s elevado: crear en cada momento de la vida lo que uno, un d?a, prometi? crear. Para cumplir la promesa de crear un hogar con una persona, se requiere soberan?a de esp?ritu, capacidad de ser fiel a lo prometido aunque cambien las circunstancias y los sentimientos que uno pueda tener en una situaci?n determinada. Para una persona fiel, lo importante no es cambiar, sino realizar en la vida el ideal de la unidad en virtud del cual decidi? casarse con una persona. Pero hoy se glorifica el cambio, t?rmino que adquiri? ?ltimamente condici?n de "talism?n": parece albergar tal riqueza que nadie osa ponerlo en tela de juicio. Frente a esta glorificaci?n del cambio, debemos grabar a fuego en la mente que la fidelidad es una actitud creativa y presenta, por ello, una alta excelencia.

  • Si uno adopta una actitud hedonista y vive para acumular sensaciones placenteras, debe cambiar incesantemente para mantener cierto nivel de excitaci?n, ya que la sensibilidad se embota gradualmente.

  • Esta actitud lleva a confundir el amor personal -que pide de por s? estabilidad y firmeza- con la mera pasi?n, que presenta una condici?n ef?mera.

  • De ah? el temor a comprometerse de por vida, pues tal compromiso impide el cambio. Se olvida que, al hablar de un matrimonio indisoluble, se alude ante todo a la calidad de la uni?n. El matrimonio que es aut?ntico perdura por su interna calidad y valor. La fidelidad es nutrida por el amor a lo valioso, a la riqueza interna de la unidad conyugal. Ob-ligarse a dicho valor significa renunciar en parte a la libertad de maniobra -libertad de decisi?n arbitraria- a fin de promover la aut?ntica libertad humana, que es la libertad para ser creativo. La psic?loga norteamericana Maggie Gallagher indica, en su libro Enemies of Eros, que millones de j?venes compatriotas rehuyen casarse por pensar que no hay garant?a alguna de que el amor perdure. Dentro de los reducidos l?mites de seguridad que admite la vida humana, podemos decir que el amor tiene altas probabilidades de perdurar si presenta la debida calidad. El buen pa?o perdura. El amor que no se reduce a mera pasi?n o mera apetencia, antes implica la fundaci?n constante de un aut?ntico estado de encuentro, supera, en buena medida, los riesgos de ruptura provocados por los vaivenes del sentimiento.


    P.-: Si la fidelidad se halla por encima del af?n hedonista de acumular gratificaciones, ?qu? secreto impulso nos lleva a ser fieles?

    R.-
    : La fidelidad, bien entendida, brota del amor a lo valioso, lo que se hace valer por su interna riqueza y se nos aparece como fiable, como algo en lo que tenemos fe y a lo que nos podemos confiar. Recordemos que las palabras fiable, fe, confiar en alguien, confiarse a alguien... est?n emparentadas entre s?, por derivarse de una misma ra?z latina: fid. El que descubre el elevado valor del amor conyugal, visto en toda su riqueza, cobra confianza en ?l, adivina que puede apostar fuerte por ?l, poner la vida a esa carta y prometer a otra persona crear una vida de hogar. Prometer llevar a cabo este tipo de actividad es una acci?n tan excelsa que parece en principio insensata. Prometo hoy para cumplir en d?as y a?os sucesivos, incluso cuando mis sentimientos sean distintos de los que hoy me inspiran tal promesa. Prometer crear un hogar en todas las circunstancias, favorables o adversas, implica elevaci?n de esp?ritu, capacidad de asumir las riendas de la propia vida y estar dispuestos a regirla no por sentimientos cambiantes sino por el valor de la unidad, que consideramos supremo en nuestra vida y ejerce para nosotros la funci?n de ideal.


    P.-: Seg?n lo dicho, no parece tener sentido confundir la fidelidad con la intransigencia...

    R.-
    : Ciertamente. El que es fiel a una promesa no debe ser considerado como terco, sino como tenaz, es decir, perseverante en la vinculaci?n a lo valioso, lo que nos ofrece posibilidades para vivir plenamente, creando relaciones relevantes. Ser fiel no significa s?lo mantener una relaci?n a lo largo del tiempo, pues no es ?nicamente cuesti?n de tiempo sino de calidad. Lo decisivo en la fidelidad no es conseguir que un amor se alargue indefinidamente, sino que sea aut?ntico merced a su valor interno.

    Por eso la actitud de fidelidad se nutre de la admiraci?n ante lo valioso. El que malentiende el amor conyugal, que es generoso y oblativo, y lo confunde con una atracci?n interesada no recibe la fuerza que nos otorga lo valioso y no es capaz de mantenerse por encima de las oscilaciones y avatares del sentimiento. Ser? esclavo de los apetitos que lo acucian en cada momento. No tendr? la libertad interior necesaria para ser aut?nticamente fiel, es decir, creativo, capaz de cumplir la promesa de crear en todo instante una relaci?n estable de encuentro.

    As? entendida, la fidelidad nos otorga identidad personal, energ?a interior, autoestima, dignidad, honorabilidad, armon?a y, por tanto, belleza. Recordemos la indefinible belleza de la historia b?blica de Ruth, la moabita, que dice estas bell?simas palabras a Noem?, la madre de su marido difunto: ?No insistas en que te deje y me vuelva. A d?nde t? vayas, ir? yo; donde t? vivas, vivir? yo; tu pueblo es el m?o, tu Dios es mi Dios; donde t? mueras, all? morir? y all? me enterrar?n. S?lo la muerte podr? separarnos, y, si no, que el Se?or me castigue?.


    P.-: En Iberoam?rica y en Espa?a parece concederse todav?a bastante importancia a la fidelidad conyugal. ?C?mo se conjuga esto con la crisis del valor de la fidelidad?

    R.
    : En estos pa?ses todav?a se conserva en alguna medida la concepci?n del matrimonio como un tipo de unidad valiosa que debe crearse incesantemente entre los c?nyuges. De ah? el sentimiento de frustraci?n que produce la deslealtad de uno de ellos. Esto no impide que muchas personas se dejen arrastrar por el prestigio del t?rmino cambio, utilizado profusamente de forma manipuladora en el momento actual.


    P.-: ?Puede decirse que lo que est? en crisis actualmente son las instituciones a las que se debiera tener fidelidad?

    R.-
    : Exige menos esfuerzo entender el matrimonio como una forma de uni?n que podemos disolver en un momento determinado que como un modo de unidad que merece un respeto incondicional por parte de los mismos que han contribuido a crearla. Este tipo de realidades pertenecen a un nivel de realidad muy superior al de los objetos. Hoy d?a vivimos en una sociedad utilitarista, afanosa de dominar y poseer, y tendemos a pensar que podemos disponer arbitrariamente de todos los seres que tratamos, como si fueran meros objetos. Esta actitud nos impide dar a los distintos aspectos de nuestra vida el valor que les corresponde. Nos hallamos ante un proceso de empobrecimiento alarmante de nuestra existencia.

    Por eso urge realizar una labor de an?lisis serio de los modos de realidad que, debido a su alto rango, no deben ser objeto de posesi?n y dominio sino de participaci?n, que es una actividad creadora. Participar en el reparto de una tarta podemos hacerlo con una actitud pasiva. Estamos en el nivel 1 de conducta. Participar en la interpretaci?n de una obra musical compromete nuestra capacidad creativa. Este compromiso activo se da en el nivel 2. Para ser fieles a una persona o a una instituci?n, debemos participar activamente en su vida, crear con ella una relaci?n fecunda de encuentro ?nivel 2-. Esta participaci?n nos permite descubrir su riqueza interior y comprender, as?, que nuestra vida se enriquece cuando nos encontramos con tales realidades y se empobrece cuando queremos dominarlas y servirnos de ellas, rebaj?ndolas a condici?n de medios para un fin.


    P.-: Al analizar la cuesti?n de la fidelidad, volvemos a advertir que la corrupci?n de la sociedad suele comenzar por la corrupci?n de la mente...

    R.-
    : Sin duda. Es muy conveniente leer la Historia entre l?neas y descubrir que el deseo de dominar a los pueblos suele llevar a no pocos dirigentes sociales a adue?arse de las mentes a trav?s de los recursos t?cticos de la manipulaci?n. Si queremos ser libres y vivir con la debida dignidad, debemos clarificar a fondo los conceptos, aprender a pensar con rigor, conocer de cerca los valores y descubrir cu?l de ellos ocupa el lugar supremo y constituye el ideal aut?ntico de nuestra vida.


    Mar?a ?ngeles Almacellas,
    Doctora en Filosof?a.
    Universidad Complutense, Madrid




    Comentarios a D. Alfonso L?pez Quint?s

  • Publicado por mario.web @ 11:34
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