Martes, 10 de mayo de 2011
Paul Johnson habla de la falta de c?digos de conducta para los jefes de redacci?n.
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Felicidad en la redacci?n
Felicidad en la redacci?n
Una encuesta sobre los directores de peri?dicos nacionales en un peri?dico dominical sostiene que "tienen m?s poder que nunca". No es del todo cierto. Ninguno de los actuales tiene la influencia que ejerc?a Delane del Times a mediados del siglo pasado. Pero eso era porque el Times de esos tiempos ten?a tanta preponderancia sobre sus competidores que equival?a a un monopolio, el mismo motivo por el cual el director del Washington Post de hoy es tratado con respeto en ambas m?rgenes del Potomac. Lo cierto es que, con gobierno y oposici?n d?biles, y con pol?ticos despreciados por el p?blico, los periodistas parecen ejercer una mayor influencia, al menos de signo negativo.

Pero no existe un c?digo de conducta para los jefes de redacci?n, formal o informal.

Habitualmente no saben en qu? se han equivocado hasta que reciben una reprimenda. Ese mal trago se suele deber m?s a un fracaso comercial que a un fallo profesional, y mucho menos moral. El ?ltimo jefe de redacci?n a quien despidieron fue Aylmer Vallance del News Chronicle, sorprendido in flagrante delicio con su secretaria por el airado propietario cu?quero; "en el propio edificio", como se quej? el segundo. Pero eso fue en 1936. Hoy la competencia es m?s dura que nunca, sobre todo en la gama alta del mercado, y sospecho que la mayor?a de los jefes de redacci?n est?n demasiado preocupados mirando las cifras, y produciendo trabajos que los lleven en la direcci?n correcta, para filosofar profundamente sobre su funci?n. Por ello, he aqu? algunas reflexiones que se me ocurren en este momento de estrellato period?stico.

No es preciso que un jefe de redacci?n sea un superhombre, ni una mujer maravilla. Pero debe ser capaz, en?rgico, ingenioso, r?pido, pa ciente y muy perseverante. El coraje es absolutamente esencial. Un jefe de redacci?n sin agallas fracasar? incluso antes de que lo descubran. Debe ser capaz de decirle al due?o: "Desp?dame si quiere, pero hasta entonces d?jeme en paz". En una ?poca de alta tecnolog?a, el jefe de redacci?n debe saber c?mo se prepara su peri?dico y ser capaz de hacerlo ?l mismo. Debe tener capacidad suficiente para hacer el trabajo de todos los integrantes de su personal, con excepci?n de un par de especialistas. Y los redactores deben ser conscientes de ello. Un jefe de redacci?n se las puede apa?ar inspir?ndoles temor, pero la admiraci?n, o al menos un respeto te?ido de reverencia, produce mejor trabajo.

Detr?s de su caparaz?n de cinismo, la mayor?a de los periodistas son rom?nticos: quieren sentirse orgullosos de estar al servicio de un gran jefe de redacci?n, cuyo menor reproche sea humillante y cuyo raro elogio sea n?ctar. Es muy importante el sentido del humor, pues las oficinas de redacci?n est?n plagadas de crisis, y la risa disuelve la tensi?n, tambi?n eleva la circulaci?n. Pero un m?nimo de sabidur?a humana es esencial. Los jefes de redacci?n deben tener las puertas abiertas, pues los periodistas llevan vidas accidentadas y con frecuencia no tienen a quien acudir en busca de consejo, aliento y un poco de afecto. Un buen jefe de redacci?n es una figura paterna. M?s a?n, materna.

Los jefes de redacci?n no tienen todas las respuestas. Cierta capacidad de asombro, el af?n de descubrir, son mucho m?s ?tiles que la omnisciencia. No se requiere que tenga ideas -salvo acerca de la gente- ni que sea un intelectual; en realidad, mejor que no lo sea, pues si es pretencioso inevitablemente encontrar? rid?culos a muchos de sus lectores. Pero debe saber c?mo reconocer las ideas y explotarlas, c?mo sorber el genio. Sus propias opiniones deber?an situarse en lo que yo llamar?a median?a superior. No puede pasar mucho tiempo en tabernas, clubes, bares y autobuses, pero debe tener una idea de lo que se comenta en esos lugares.

Un jefe de redacci?n ideal tiene muchos hijos, y con el tiempo nietos y una buena provisi?n de t?as, primos, sobrinos, ahijadas. Una familia numerosa es la mejor fuente de informaci?n espont?nea. Pero un buen jefe de redacci?n tambi?n escucha a los carteros, barrenderos, polic?as, cajeras, encargados de mantenimiento y otros que saben lo que est? pasando, no su ch?fer, que se mueve en c?rculos demasiado altos.

Un jefe de redacci?n puede volverse bueno impartiendo ?rdenes, pero permanece bueno haciendo preguntas. En breve, es gregario de d?a, y de noche est? fren?ticamente ocupado, pero la prueba de fuego viene entre el momento en que se acuesta y apaga la luz: ?qu? libros tiene en la mesilla? Un jefe de redacci?n debe ser lector, sea cual sea el precio.

Northcliffe sosten?a, con raz?n, que los jefes de redacci?n y losdue?os de peri?dicos no deb?an estar demasiado cerca de los pol?ticos, y menos de los ministros. Lo que averiguan de ese modo habitualmente se puede descubrir por otros medios y queda m?s que superado por las obligaciones emocionales de la amistad. Tiemblo cuando oigo hablar de periodistas que pasan el fin de semana en Chequers o Dorneywood. Los pol?ticos de hoy, que suelen ser socialmente inseguros y carecen de medios independientes, exigen m?s respaldo que antes a sus conocidos de los medios y se pueden poner muy hist?ricos cuando en cambio reciben cr?ticas. Hace poco tiempo un ministro me asegur? airadamente que "ten?a un dato" sobre m? y que si yo "no me andaba con cuidado" pronto "aparecer?a en Pr?vate Eye". Le escrib? una carta pidi?ndole que no rebajara su digno puesto. Es triste que los periodistas deban instruir a sus gobernantes en la etiqueta de la vida p?blica. La ?nica gu?a segura es que el jefe de redacci?n debe mantener una relaci?n distante con los poderosos.

Ante todo, los jefes de redacci?n activos no deben aceptar honores. (Tampoco deber?an hacerlo los periodistas en general, mientras puedan sostener una pluma.) En a?os recientes esta regla se ha infringido, con resultados indeseables para la pol?tica y el periodismo. Es posible que los jefes de redacci?n cobren el doble que el primer ministro, tengan m?s poder que los secretarios y sean mejores candidatos para las fiestas. Pero no saben manejar estos honores. El due?o de un peri?dico me contaba que, cuando nombraron caballero a uno de sus jefes de redacci?n, "se pens? que era otra clase de persona. Tuve que probarle lo contrario mostr?ndole la punta de mi bota". El sistema honor?fico es sin duda el aspecto m?s corrupto y corruptor de nuestra vida p?blica, pues est? podrido de cabo a rabo, y los jefes de redacci?n deben rechazarlo.

Mi ?ltimo consejo para los jefes de redacci?n es que no se tomen el trabajo -y mucho menos a s? mismos- demasiado en serio. Lo que importa es el peri?dico, que tiene una vida, un car?cter y un esp?ritu propio. Los jefes de redacci?n se pueden sentir como peque?os dioses de hojalata, pero una vez que son "ex" no tienen m?s importancia que la modelo que es ex esposa de un multimillonario.

Creo que trabaj? demasiado cuando era jefe de redacci?n, que me consagr? demasiado al trabajo y me preocup? demasiado por ?l. As? que hoy aconsejo as? a los nuevos: "Comp?rtate como Alejandro VI, quien, al llegar a papa coment?: "Ahora al menos tenemos el papado, as? que disfrut?moslo". El peri?dico no empeorar? por ello. Pues el mejor jefe de redacci?n es el que se siente feliz.

Publicado por mario.web @ 11:56
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