Martes, 10 de mayo de 2011
Carta de la Secretar?a de Estado, en nombre del Santo Padre Juan Pablo II al Movimiento Mundial de los trabajadores cristianos. 26 de abril de 1979 de mano de Guiseppe Caprio.
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Mensaje al Movimiento Mundial de los trabajadores Cristianos
Mensaje al Movimiento Mundial de los trabajadores Cristianos
CARTA DE LA SECRETAR?A DE ESTADO,
EN NOMBRE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II,
AL MOVIMIENTO MUNDIAL DE LOS TRABAJADORES CRISTIANOS



Se?or Presidente:


Desde hace muchos a?os el Movimiento mundial de trabajadores cristianos mantiene con la Santa Sede un di?logo, confiado, abierto y perseverante, sobre todo a trav?s del Pontificio Consejo para los Laicos. Estas relaciones han encontrado su expresi?n m?s alta y significativa en el encuentro que tuvisteis vosotros y vuestros colaboradores de la Oficina mundial cesante, con el Santo Padre el 12 de marzo pasado cuando visitasteis Roma. Pudisteis darle a conocer vuestras inquietudes de apostolado, asegurarle vuestra fidelidad y vuestro compromiso eclesial, y recibir de ?l el est?mulo y orientaciones que necesit?is. Ojal? prosigan estas relaciones y se desarrollen a trav?s de una colaboraci?n cada vez m?s estrecha entre los Movimientos y asociaciones cat?licas de trabajadores y sus pastores a nivel diocesano y nacional, y a trav?s de su participaci?n en los organismos de coordinaci?n pastoral. Los Movimientos y asociaciones que tienen v?nculos institucionales con el MMTC vivir?n m?s intensamente esta colaboraci?n y participaci?n.

El Santo Padre se complace en dirigirse ahora a los obreros cat?licos reunidos estos d?as en Estrasburgo para celebrar las "Conversaciones internacionales" y la asamblea mundial del MMTC; y saludarles fraternalmente y tambi?n alentarles y confirmarles en la fe. Con sumo gusto transmito estas palabras que brotan del coraz?n del Pastor universal de la Iglesia y est?n dictadas por la responsabilidad que le confiere el ministerio pastoral de Sucesor de Pedro y Vicario de Jesucristo.

En esta ocasi?n, ?c?mo no recordar en primer lugar el encuentro que tuvo el Soberano Pont?fice el 30 de enero pasado en Monterrey con una muchedumbre innumerable, fiel y entusiasta de trabajadores, los cuales constituyen parte integral y muy significativa del Pueblo de Dios en M?xico? Quisieron seguir y escuchar al Siervo de los siervos de Dios cuando visit? su pa?s. La sustancia del mensaje pronunciado por el Papa en aquella ocasi?n concierne a todos los obreros y, en particular, a los que est?is reunidos en Estrasburgo cumpliendo una tarea de Iglesia. Acogiendo este mensaje como lo acogieron vuestros compa?eros mexicanos estoy cierto de que respond?is a un profundo deseo del Santo Padre. Por otra parte, ?c?mo no ver un signo y un s?mbolo en aquella multitud inmensa de obreros reunidos alrededor del Papa en Monterrey? Signo y s?mbolo de esperanza, signo y s?mbolo de encuentro de la Iglesia con las grandes masas de trabajadores del mundo entero.

Este encuentro o, mejor, la implantaci?n plena de la Iglesia en el ambiente obrero, exige a?n muchos esfuerzos de ambas partes. Para ello es preciso ahondar, en Iglesia, la conciencia de varias convicciones que os deben ser familiares,

Claro est? que se ha de tener estima justa del papel de los trabajadores ?art?fices principales de las transformaciones prodigiosas que el mundo conoce hoy? (Concilio Vaticano II, Mensaje a los trabajadores). Hay que inspirarse en el valor de la dignidad del trabajo, del trabajador y del mundo del trabajo, para tratar de superar las distintas situaciones de injusticia, o sea, de discriminaci?n y opresi?n que todav?a padecen frecuentemente los obreros en los varios tipos de sociedad, sean cuales fueren la tendencia ideol?gica y el grado de desarrollo. Si es importante apoyar las manifestaciones mejores y m?s leg?timas de los valores de solidaridad, fraternidad y amistad vividas en el seno del Inundo obrero, es necesario asimismo dar pruebas de discernimiento respecto de las ideolog?as que afirmando asumir los problemas de los trabajadores y representar sus aspiraciones, al mismo tiempo se revelan incapaces de abrirles el camino de la liberaci?n integral.

La Iglesia reconoce el derecho de organizaci?n y participaci?n de los trabajadores. En consecuencia, invita al Movimiento obrero a renovarse seg?n las l?neas que acabamos de recordar. Pero sobre todo proclama en alta voz que s?lo Jesucristo garantiza la liberaci?n integral sin fronteras de tiempo, espacio, cultura, ni condici?n social, y ello por la Buena Nueva de salvaci?n de la que la Iglesia es el sacramento.

Por este motivo es urgente que las comunidades cristianas no cesen en dedicarse a la evangelizaci?n del mundo obrero; y que surjan cada vez m?s vocaciones aut?nticas de ap?stoles de obreros entre los obreros, que den testimonio evang?lico y evangelizador en el interior mismo del mundo obrero. Para asumir esta responsabilidad la Iglesia espera y exige mucho del MMTC que, en cuanto movimiento de laicos, obreros y cat?licos, debe desempe?ar el papel de puente y fermento.

Entre la clausura de vuestras "Conversaciones internacionales" y el comienzo de vuestra Asamblea mundial, se celebrar? el 1 de mayo, jornada marcada por la fiesta y a la vez por la llamada a la solidaridad obrera y, en la Iglesia, por la celebraci?n de San Jos? Obrero y, por tanto, por el recuerdo del "hijo del carpintero"; que dicha fecha sea para vosotros ocasi?n de renovar con Cristo y en su Iglesia vuestro compromiso en la evangelizaci?n de la clase obrera. Que el pan compartido en el trabajo y la solidaridad con vistas a nuevas formas de participaci?n y distribuci?n justa de bienes, alcance su dimensi?n plena en la Eucarist?a, Pan que da la vida eterna, en el Cuerpo de Cristo que la Iglesia prolonga en la historia hasta el Reino definitivo donde el obrero fiel entrar? en el gozo de su Se?or.

Que la bendici?n apost?lica que el Santo Padre env?a a todos vosotros. a vuestros colaboradores, a los nuevos responsables del MMTC y a todos los participantes en las "Conversaciones internacionales" y en la Asamblea mundial, sea prenda de nuevas gracias del Se?or.

Acepte, Se?or Presidente, la expresi?n de mi estima y profundo respeto.

Vaticano, 26 de abril de 1979.

Giuseppe CAPRIO
Substituto

Publicado por mario.web @ 22:17
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