Martes, 10 de mayo de 2011
Jos? E. Morales Mancera (Yoinfluyo.com) nos ofrece una reflexi?n sobre porqu? cuesta tanto trabajo encontrar l?deres positivos.
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Dilema del l?der: ?Buscar el yo, para perder el ego o buscar el ego, para perder el yo?
Dilema del l?der: ?Buscar el yo, para perder el ego o buscar el ego, para perder el yo?
lunes, 13 de abril de 2009

Cada vez se dificulta m?s encontrar l?deres positivos en un mundo en el cual el espect?culo, el show, es m?s importante que la autenticidad de la persona, donde la superficialidad puede m?s que la profundidad de pensamiento y la imagen comprada es mejor que la real. Mundo de m?scaras, no de personas.

El mayor riesgo para la estrategia realista en la direcci?n de empresas o en los puestos relevantes de gobierno, o de los partidos, es la soberbia. El apetito desmedido de la propia excelencia, de su influencia y dominio en los dem?s. Reinos, pa?ses, familias, fortunas, han sido acabados por la soberbia y su hermana la envidia.

Las preguntas que todo el d?a y m?s a?n en las cavilaciones nocturnas se formula la mente, son ?qui?n soy? y ?qui?n creen los dem?s que soy? ?Cu?nto valgo? ?A qui?n puedo dominar y qui?n me domina? Auto estimaci?n y prestigio son los temas en que piensa cualquier humano pero mucho m?s quien se piensa l?der o se lo han hecho creer en su familia, en su escuela de negocios que lo ha inflado o en su partido pol?tico que lo ha postulado. Tan malo es quien le crea una baja estima a un ni?o, humill?ndolo, como quien lo pone por las nubes sin mayor m?rito que el apellido, la sangre, el dinero o la posici?n social.

Le dec?a un ni?o argentino a su pap?:
?De grande quiero ser como t?.
? ?De veras hijo? ?Qu? bueno que reconozcas y te agraden mis ?xitos, mi fortuna, mi f?sico!
? No, Pap?, lo que quiero es tener un hijo como yo.

Aclaro que admiro a Argentina y a los argentinos, pero ?sta es la fama que a ellos mismos les gusta crear. El ego es el peque?o argentino que todos llevamos dentro. La m?scara que nos agrada que miren los dem?s. Cada quien es el centro del universo para s? mismo y le agradar?a serlo para los que le rodean. El ?ser?is como dioses? fue la tentaci?n b?blica que perdi? a Ad?n. El yo, lo que realmente soy y el Ego la imagen amplificada que tengo de m?, las estructuras donde me encaramo para parecer m?s.

Mi yo y mi ego viven en continuo di?logo o competencia, pero parad?jicamente mientras m?s inseguro y m?s baja autoestima tengo, m?s busco m?scaras y medallas que ponerme. La persona con baja auto estima es la m?s proclive a desarrollar egos fant?sticos, a dominar y estorbar a quien pueda. Lo vives en la mayor?a de los tr?mites burocr?ticos: obstaculizar es el ego del bur?crata.

Generalmente, primero habla y domina el ego sobre el yo, ambos cohabitan juntos a veces de acuerdo, pero generalmente en divergencia. Qui?n es superior a qui?n y qu? imagen proyecta el yo, que no le agrada al ego o qu? historias pasadas acepta el yo, pero que al ego le disgustan, por remordimientos o rencores. Los recuerdos se ajustan m?s al ego que al yo, pues la memoria es buena para recordar lo que le agrada al ego y para olvidar a personas y acciones que le molestan.

?Qu? personas aceptan mi yo, como soy realmente, pero no mi ego? Las que me aman, me conocen y me toleran. ?Cu?ntos son mis competidores o enemigos?, pues mi relaci?n puede ser de dominante o de dominado, de admirado o despreciado, de ejemplo o de verg?enza para los seres cercanos o en opini?n de quienes personalmente ni conozco, sobre todo, si soy hombre p?blico, pues en pol?tica, en negocios o en el mundo social hay esferas en las que mi ego disfruta, sufre o compite con los egos ajenos.

Est? perdido el director con baja autoestima al que le guste rodearse de admiradores d?ciles y complacientes cortesanos. Al director maduro le gusta rodearse de gente mejor que ?l, cada quien en su ?rea: los apoya, los escucha y no compite, s?lo unifica la planeaci?n y acci?n. Sartre, el fil?sofo de la angustia existencial dec?a: ?El infierno son los otros?; aqu? est? expresando la mejor definici?n de infierno, donde conviven egos absolutos y frustrados que se aborrecen unos a otros. Puede haber familias, empresas, clubes, sindicatos o partidos, preludios del infierno. Mi yo y mi ego no sobreviven sin la comparaci?n y la competencia con los otros.

Al ego se le dificulta amar y el yo tiene que aprender a colocar a los dem?s en su lugar de aprecio, que es el comienzo del amor. Atrapar los yo de otros hasta fusionarse en un t?-yo o un yo-t? con la familia, con los del equipo de trabajo, en un solo rostro de unidad es el comienzo de un buen matrimonio y de una delegaci?n de autoridad a altos niveles. En M?xico,
por desgracia, para la mayor?a todo es competir y oponerse, abunda la baja autoestima en busca de dominaci?n.

Los grandes l?deres como Gandhi, Mandela o Churchill no requirieron de ingenier?a de imagen, pues se aceptaban plenamente en lo bueno y en lo malo, eran due?os de una aut?ntica personalidad y no ten?an baja autoestima o, como antes se dec?a, no estaban acomplejados. Sus activos del esp?ritu, tanto el human?stico, la verdadera cultura, como el sentido religioso de su vida eran s?lidos. Los falsos l?deres generalmente han sido ateos o pante?stas (el cosmos es Dios); los verdaderos han tenido, por lo general, un sentido trascendente de su vida.

El amor pleno se logra cuando el yo no necesita acordarse continuamente de s? mismo. La salud mental extrema se da cuando en el sentido de mi vida los otros son tan apreciados hasta la identificaci?n de su yo real con el m?o, en una realidad que hace posible la aceptaci?n de mi yo por parte de los dem?s, incuso son mis egos, porque yo tambi?n acepto los peque?os egos de los otros y hasta los alabo en ocasiones.

La disyuntiva es: ser libre de mi ego para poder volverme hacia los dem?s o libre de los dem?s para concentrarme en m? mismo como el m?ximo neur?tico. Convertirme en una torre cerrada donde disfruto y sufro al mismo tiempo contemplando mi ?egoteca?, compitiendo, envidiando o rumiando rencores. Las neurosis est?n m?s en los hijos de los ricos que en los pobres porque confunden el tener y el mandar, es decir, el ego con el ser real del yo, y la facultad de poder humillar con el liderazgo constructivo.

El ego m?ximo se alcanza, cuando ?ste ha tomado posesi?n del yo y se identifica con el olvido o el odio de los otros, lo mismo familiares, que socios, que miembros del partido. Cree que ?l solo lo puede todo. La paranoia es un s?ndrome cargado de egos irreversibles, es una enfermedad que no duele, antes agrada, y que se da con frecuencia en pol?ticos y empresarios de ?xito. Tiene varios momentos.

Primer momento: ?No me ames, adm?rame?. Segundo: ?T?meme aunque no me hagas caso y me desprecies?. Tercero: ?Publica mis cualidades y virtudes aunque no creas en ellas?. Por ?ltimo, cuando ha sido abandonado por los seguidores: ?a d?nde huyo o en d?nde me escondo?, pues las estructuras de mis egos se han desmoronado y regreso a la realidad solitaria del tirano, del fr?volo o del hombre vac?o. El final de la paranoia es la obsesi?n de huir y puede llegar al suicidio.

El ego crea sus estructuras de soporte: el dinero, el puesto, la credencial del nombramiento, las relaciones, los t?tulos. Existe la peque?a pantalla (hobby) de quienes se creen los mejores cazadores, pescadores o deportistas, expertos en fiestas, en buen comer o en peque?as vanidades que, aunque no les dan un desarrollo integral, s? logran cierta felicidad que los entretiene y les proporciona amigos. ?stas pueden ser muy buenas aficiones si no se convierten en adicciones (que hacen perder los verdaderos valores), y si son usadas sin despilfarros, pues permiten compartirse humildemente con los dem?s en una verdadera amistad.

El excesivo uso de computadoras y de los medios electr?nicos, cuando llega a la adicci?n o dependencia, produce una soledad peligrosa con la imagen de muchos y sin presencia de nadie, sin afectos humanos, sin juicios de valor, lo cual no forma ni desarrolla el pensamiento abstracto (causa del d?ficit de atenci?n actual), ?nicamente produce im?genes virtuales. Es como un buque fantasma que est? vac?o de personas reales con sus afectos, pasiones y gestos, que son los que me permiten identificar su yo, no s?lo los datos que tienen en internet.

?ste es el problema de las grandes empresas globalizadas donde sus funcionarios lejanos ni se conocen, son simples n?meros de enlace de comunicaci?n. El pensamiento humano abstracto se vuelve nulo y s?lo queda lo visual y existencial. El materialismo crece, el esp?ritu, se esfuma. La diversi?n substituye a la formaci?n. Simpat?a y empat?a significan poder sentir y padecer o gozar con los dem?s lo que s?lo se logra en reuniones presenciales. Las tertulias, las pe?as, los caf?s de anta?o ?literarios o de cultura?, no tienen substituto.

Si la conciencia de tu yo es fuerte, m?s que tu ego, podr?as ser independiente y existencial, sin importarte demasiado la opini?n ajena o el quedar bien. Para ello hay que reflexionar con qui?nes te identificas y de qui?nes te separas, en qu? grupos de amigos te apoyas, cu?les son cambiantes seg?n los tiempos y cu?les son tus amigos de verdad y forman parte de tu personalidad, aunque no te alaben continuamente.

Apolo y Dionisos

Son dos formas de egos famosos de la mitolog?a. Esta divisi?n s?lo marca los extremos, en medio existe toda una gama de diferencias. La personalidad apol?nea es aquella que ya lo tiene todo, o cree tenerlo y se convierte en obsesiva-compulsiva de s? misma y de los dem?s. Es juez absoluto y due?o de la verdad. Son muy efectivos como gerentes en t?rminos de resultados materiales, pero peligrosos en el proceso de desarrollo de personas y de equipos. Se rodean de cortesanos y luminarias. En el apol?neo domina el s?per ego y por lo menos en apariencia, desaprecia el id, cargado de impulsos y pasiones. Su pecado es la soberbia.

En el dionisiaco, por el contrario, domina el id y se burla del s?per ego. El d?bil yo se tambalea entre ambos: el s?per ego r?gido y aburrido, y el id permisivo y divertido. De acuerdo con la teor?a de Freud se requiere del psicoan?lisis para reencontrarse. El yo no es capaz de unificar esta doble imagen de la persona.

Los apol?neos como jefes o como padres son generalmente destructivos de la personalidad de sus subalternos, hijos o empleados, pues son m?s temidos que amados y logran grandes objetivos a costa de mucha infelicidad tanto propia como ajena. San Pablo aconseja: ?padres no abus?is ni abrum?is a vuestros hijos, pues los har?is pusil?nimes?, o sea, acomplejados; era buen psic?logo.

Los apol?neos desprecian a los dionisiacos, contrarios al dios Apolo, pues ?stos son hedonistas, divertidos, placenteros, gente sin voluntad, esclavos de las pasiones del cuerpo; carecen de la virtud de la templanza, son fr?volos. El modelo apol?neo suele degenerarse en una forma de paranoia ligera (rara vez en la grave e incurable de la paranoia vera), en este estado intermedio le es necesario el otro como competidor, a quien debe combatir. Compite en la tertulia, en el caf?, en el club, en el deporte, en los negocios, en las conquistas. Su ego crece cuando pude descubrir y acusar errores o inmoralidades de otros, sobre todo en el orden moral o del negocio.

El dionisiaco basa su popularidad en la fiesta y en la diversi?n, es apariencia, le falta compromiso; son simp?ticos por el momento, pero carecen de fundamentos, de principios mentales y morales.

El soporte de imagen del apol?neo es la soberbia, pero el soporte del dionisiaco es la envidia, pues en ambos el yo es muy d?bil y existe baja autoestima, y el falso yo es el soporte amargo de su ego. El dionisiaco es ?socio c?ntrico?, se siente bien si es el eje de la fiesta, pues es un consumado actor, y la representaci?n es su fuerte; siempre se muestra tolerante y pacifista, est? con los pobres y con los oprimidos, aunque nunca se compromete con ellos, pero su ego goza de la aceptaci?n y del aplauso de salir en notas period?sticas como benefactor y modelo de buena persona.

Es experto en colocarse cerca de los que deciden, se fotograf?a alrededor de los importantes, es lambisc?n y sus enemigos son los que le puedan hacer sombra a su imagen. En ambos hay narcisismo, o sea, auto admiraci?n contemplativa. La moral burguesa puritana tiene su origen en una personalidad apol?nea de orden y rectitud, que tiene en su personalidad oculta o reprimida a la dionisiaca, en la cual lo que importa es s?lo la imagen externa, la apariencia de moral o ?tica.

Dicen que la moral puritana burguesa siempre puede dar explicaciones de sus excesos e injusticias, ya que parte de los principios de la moral utilitaria. ?Qu? es bueno? Lo que es ?til por el momento. Una moral seg?n sus propios criterios subjetivos los hace sentirse de una imaginada superioridad moral de infalibilidad. Estamos viendo c?mo los grandes negocios y la gran banca quiebra, a pesar de sus apol?neos directores que se cre?an infalibles, y sus soberbios consejeros y auditores incorruptibles.

Es curiosa la moral puritana, pues el que roba en una tienda comercial va de inmediato a la c?rcel, mientras el que defrauda millones de d?lares con cuello blanco, puede seguir en la calle por mucho tiempo y hacerse rico. El apol?neo disfrutar? proyectos estrat?gicos estrafalarios, romper? normas y querr? cambiarlo todo al momento; las malas asociaciones pueden llevarlo al fracaso porque desea dominarlo todo. En el dionisiaco la falta de control, los gastos absurdos y la incompetencia e inmoralidad de sus subalternos son la causa de su ruina.

El delirio de Prometeo en ambos casos es llegar al sol, mientras no se le derritan sus alas de cera y regresen a la triste realidad. La humildad es la verdad, la verdad de uno mismo frente a Dios y los dem?s, para poder amar y compartir, reconociendo que todo lo bueno viene de Dios si el hombre lo busca.

El l?der humilde es el que tiene mejores condiciones de planeaci?n estrat?gica, es quien sabe delegar en el largo plazo, pues es realista de s? mismo, de su gente, de sus recursos, de sus posibilidades y de su entorno presente y futuro. Sabe crear el mejor equipo de seguidores leales e imitadores. La gloria no es de ?l, es de su equipo.

Publicado por mario.web @ 22:18
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