Martes, 10 de mayo de 2011
Intervenci?n del Consejero Mons. Faustino Sainz Mu?oz en un seminario Europeo. Riva del Garda, Italia, 3 al 5 de mayo de 1984.
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El Papel de la Informaci?n y la comunicaci?n en orden a la comprensi?n internacional
El Papel de la Informaci?n y la comunicaci?n en orden a la comprensi?n internacional
INTERVENCI?N DEL CONSEJERO MONS. FAUSTINO SAINZ MU?OZ
EN UN SEMINARIO EUROPEO SOBRE ?EL PAPEL DE LA INFORMACI?N Y LA COMUNICACI?N EN ORDEN
A LA COMPRENSI?N INTERNACIONAL?

Riva del Garda, Italia, 3 al 5 de mayo de 1984




1. No me corresponde a m? recordar la importancia de la informaci?n en sus aspectos de acceso, difusi?n e intercambio, en relaci?n con la comprensi?n y conocimiento mutuo de las personas y comunidades, dentro de cada pa?s y en las relaciones internacionales. En una asamblea como ?sta, formada por personas que dedican su actividad, por vocaci?n, a este sector de la vida social, no es necesario y podr?a resultar pretencioso.

En cambio, creo podr?an interesar algunas consideraciones sobre la importancia que ciertamente tiene, en el contexto de esta problem?tica, la informaci?n religiosa y sobre la acci?n desplegada por la Santa Sede para facilitar su difusi?n e intercambio dentro del ?mbito del territorio europeo, al que se refiere este seminario.

Es preciso partir de alguna premisa de ?ndole general y referirse concretamente a la persona humana, pues el conocimiento del mundo en que ?sta vive y el intercambio con otros de las cosas que conoce, sirven para su enriquecimiento espiritual y est?n ?ntimamente relacionadas con su dignidad por ser exigencias que derivan de la misma.

De aqu? el inter?s de la Santa Sede por el vasto campo de la informaci?n, en cuanto sector significativo de los derechos humanos; a los cuales pues la Iglesia desde siempre, y sobre todo en las ?ltimas d?cadas, ha prestado una atenci?n particular, porque est?n en conexi?n con los ideales del Evangelio que a ella corresponde proclamar.

2. No es el caso de enumerar aqu? documentos e intervenciones pontificias sobre el tema. En el contexto de esta reuni?n puede ser oportuno recordar la aportaci?n de la Santa Sede en la Conferencia sobre Seguridad y Cooperaci?n en Europa en este sector concreto de los derechos del hombre, con una propuesta que, en el ?mbito de lates derechos y libertades fundamentales, ped?a que se hiciese menci?n especifica de la libertad religiosa, no para reivindicar un tratamiento privilegiado en perjuicio de los otros derechos humanos y dem?s libertades fundamentales, sino para destacar en una Conferencia como aqu?lla y con los problemas de convivencia que se propon?a afrontar, un elemento de car?cter ideal que pod?a constituir un factor muy valioso de distensi?n, comprensi?n, amistad y cooperaci?n entre los pueblos del continente europeo.

Al mismo tiempo la Santa Sede, que apoy? entonces las propuestas encaminadas a mejorar las condiciones de vida de las individuos de los pa?ses participantes, por entender que las personas, antes que los Estados, eran los verdaderos destinatarios de los resultados de la Conferencia, quiso poner de relieve dos aspectos concretos de la libertad religiosa; a este fin present? ?en el tercer ?cesto? o conjunto de documentos? propuestas concretas sobre encuentros, contactos y desplazamientos por motivos religiosos, y sobre una m?s amplia y libre difusi?n de informaciones religiosas.

3. Limit?ndome a esta ?ltima propuesta, quisiera aludir a las razones en que se basaba y que no parecen ajenas a la tem?tica de este seminario.

En primer lugar, en su expresi?n y su pr?ctica la libertad religiosa supone una co-presencia de aspectos individuales y comunitarios, privados y p?blicos, estrechamente vinculados entre s?; por ello, el disfrute de la libertad religiosa tiene dimensiones ?ntimamente relacionadas y complementarias, en el plano personal y en el comunitario, y ?stas con frecuencia superan las fronteras de los Estados, tanto en el ?mbito interno de las distintas confesiones, como en el de las relaciones interconfesionales ecum?nicas.

En esta perspectiva, la difusi?n de informaciones religiosas constituye una dimensi?n inherente al pleno goce de libertad religiosa, la cual comprende, entre otros, el derecho de manifestar la propia religi?n o convicci?n individualmente y en com?n, en p?blico y en privado, y no s?lo con el culto y celebraci?n de ritos y pr?cticas, sino tambi?n con la ense?anza, can el di?logo y con la discusi?n: para todo esto la informaci?n es un elemento esencial (cf. Art?culo 18 de la Declaraci?n universal de los Derechos del Hombre, y art. 18 del Pacto internacional sobre Derechos civiles y pol?ticos; tambi?n el art. 19 de dichos documentos, referentes al derecho de libertad de opini?n y expresi?n, confirma tal libertad).

Al explicar la Santa Sede su propuesta, hacia resaltar que la libertad de comunicaci?n e intercambio a todo nivel (local, regional, nacional e internacional) de informaciones, reflexiones y ense?anzas referentes a la propia religi?n y convicci?n, es una exigencia fundamental de la vida espiritual de las personas y de las comunidades confesionales, con el fin de:

? alimentar y enriquecer la instrucci?n y formaci?n de los correligionarios y de quienes comparten las mismas convicciones;

? comunicar a otros que la desconocen o no la comparten, su fe y convicci?n como elemento fundamental que inspira y gu?a la existencia y contribuye asimismo a la convivencia en nuestra sociedad civil, puesto que generalmente favorece relaciones de solidaridad, justicia y fraternidad;

? intercambiar informaciones y conocimientos en el marco de un di?logo ecum?nico con personas y comunidades de fe y convicciones diferentes, para instaurar una mejor comprensi?n mutua y una cooperaci?n fraterna que se inspire en unos mismos valores religiosos y morales, con evidentes repercusiones ben?ficas en la vida civil.

En particular, la puesta en pr?ctica de una difusi?n m?s libre y amplia de las informaciones religiosas servir?a para:

? satisfacer las exigencias de la libertad de pensamiento, conciencia, religi?n y opini?n de gran n?mero de personas y colectividades de todos los pa?ses participantes en la Conferencia sobre Seguridad y Cooperaci?n en Europa;

? favorecer su enriquecimiento espiritual y el incremento de relaciones interconfesionales m?s intensas;

? contribuir eficazmente a reforzar la paz y comprensi?n entre los pueblos; esto se hace todav?a m?s evidente si se considera que, en general, las creencias y convicciones religiosas ? particularmente la fe cristiana tan ampliamente difundida en los pa?ses que participan en la citada Conferencia?, dan un gran impulso a la comprensi?n, al encuentro y al entendimiento de unos pueblos con otros, pues inspiran sentimientos de fraternidad entre los hombres y les lleva a preocuparse del bien de la comunidad nacional e internacional. Baste pensar en el papel que est?n desempe?ando las distintas confesiones en favor del di?logo y de la paz en el dif?cil momento de las relaciones internacionales de hoy.

4. Consciente de la importancia de conseguir estas metas en el contexto europeo, en el plano de la convivencia civil, nacional e internacional, la Santa Sede expres? ya su inter?s por esta tem?tica durante las ?Consultas preparatorios? de la Conferencia (Helsinki, noviembre de 1972 - junio de 1973), que determinaron la agenda de dicha Conferencia. Ya entonces, la Delegaci?n de la Santa Sede pidi? que se incluyera en dicha agenda el punto referente al aumento de intercambios de informaciones religiosas. En aquella fase inicial no fue expresamente acogido en las ?recomendaciones finales? el texto propuesto, si bien se admit?a que el tema estaba incluido en el mandato gen?rico del ?tercer cesto? o conjunto de documentos de la Conferencia (es decir, el que trataba de los contactos humanos, informaci?n, cultura y educaci?n; y as? lo hizo notar la Delegaci?n de la Santa Sede al dar su asentimiento al Documento final, a trav?s de una declaraci?n interpretativa que no encontr? objeciones).

5. Es preciso subrayar desde ahora que la Delegaci?n de la Santa Sede tuvo siempre en cuenta el parecer de otras confesiones cristianas y no cristianas, si bien hab?a tomado ?motu proprio? la iniciativa de presentar propuestas referentes a los derechos humanos y a la libertad religiosa; tanto en Helsinki como despu?s en Ginebra, mantuvo contactos con representantes de importantes comunidades y organismos confesionales, pues era consciente del alcance ecum?nico de su iniciativa. Estos interlocutores acogieron favorablemente dichas propuestas, compartiendo las motivaciones y apoy?ndolas en las sedes apropiadas.

6. En este contexto, y durante la fase de Ginebra de la Conferencia sobre la Seguridad y la Cooperaci?n en Europa (agosto de 1973 - julio de 1975), la Delegaci?n de la Santa Sede, de la que tuvo el honor de formar parte quien les est? hablando, present? una propuesta en favor ?de una m?s libre y amplia difusi?n de las informaciones religiosas? (Doc. CSCE/ J/ Rev. 1, del 29 de noviembre de 1973), recogiendo las consideraciones que yo les he expuesto poco antes y sugiriendo que los Estados participantes ?se esforzaran por garantizar a los individuos y comunidades religiosas la libertad de buscar, recibir y difundir informaci?n oral, escrita, radiof?nica y televisiva de car?cter religioso sin tener en cuenta fronteras y, en particular, la informaci?n religiosa cuyo objeto fuera:

a) instruir sobre el contenido de una fe o convicci?n;

b) dar a conocer la vida, organizaci?n y actividades religiosas varias (culturales, educativas, caritativas, etc.) de las comunidades o de los respectivos grupos confesionales;

c) intercambios de informaciones entre comunidades y entre grupos religiosos de confesiones varias, con el fin de instaurar una comprensi?n mutua mejor y una cooperaci?n inspirada en los mismos valores.

Debo decir que la propuesta encontr? una acogida muy favorable. Sin embargo, en un negociado largo y complejo como el de Ginebra, hall? dificultades en la formulaci?n a causa de la oposici?n fundada en motivos de ?ndole diversa y no todos relacionados con el ejercicio de la libertad religiosa. Al final, como soluci?n de compromiso ?necesaria en una reuni?n que funcionaba, como es sabido, seg?n la regla del ?consenso??, la Santa Sede (teniendo en cuenta los p?rrafos sobre la libertad religiosa del principio VII referentes a los derechos humanos), acept? una menci?n de los intercambios de informaci?n religiosa en un ?nico p?rrafo que inclu?a tambi?n los encuentros y contactos por motivos religiosos:

?Estos (los Estados participantes) confirman que los cultos religiosos y las instituciones y organizaciones religiosas que act?an en el mareo constitucional de los Estados participantes, y sus representantes, pueden tener contactos y encuentros entre s?, dentro del ?mbito de su actividad, e intercambiarse informaciones?.

7. A muchos ?sobre todo a quienes no hayan seguido las negociaciones de Ginebra y, por tanto, no hayan tenido noticias concretas de los dif?ciles momentos que all? se vivieron? les parecer? poco relevante el resultado obtenido en este sector. Y sin embargo, el per?odo siguiente a la firma del Acta final de Helsinki (1 de agosto de 1975) dio la raz?n a quien opinaba que aun aquella brev?sima menci?n producir?a resultados concretos positivos ?adem?s del significado ?pol?tico? de su inclusi?n en un Documento com?n de todos los pa?ses europeos (excepto Albania), y de Estados Unidos y Canad?.

En efecto, en la declaraci?n de apertura de la Reuni?n de Belgrado sobre la Seguridad y la Cooperaci?n en Europa del 7 de octubre de 1977, es decir, en el momento de la primera evaluaci?n conjunta del cumplimiento de los acuerdos del Acta final de Helsinki, mons. Achille Silvestrini tuvo inter?s en afirmar el hecho innegable de que dicha Acta hab?a dado comienzo a un proceso positivo, aunque incipiente, en materia de libertad religiosa con progresos alentadores confirmados por varias Iglesias y grupos confesionales. Recordaba concretamente que en el sector de los medios de comunicaci?n y de informaci?n, ?la concesi?n a comunidades religiosas de imprimir localmente un cierto n?mero de libros de oraci?n y catecismos, el consenso dado al env?o de algunos miles de publicaciones religiosas (Evangelios, Biblias, catecismos) o lit?rgicas (Misales, Rituales de Sacramentos, Breviarios para sacerdotes y religiosos) o de oraci?n a comunidades cat?licas que hasta ahora no pod?an imprimirlos ni importarlos; y adem?s, la recepci?n, ya sin ser obstaculizada, de determinados programas religiosos radiof?nicos, como las transmisiones de Radio Vaticano?.

Estos resultados no son ciertamente todos los que pod?an esperarse ni, en opini?n de la Santa Sede, la situaci?n general de otras confesiones religiosas u otros Estados participantes era tal que correspondiera al pleno ejercicio de la libertad religiosa en el campo de la informaci?n. Efectivamente, hab?an mejorado los intercambios de informaciones y publicaciones religiosas todav?a de modo limitado y se sent?a la necesidad de algo m?s en el sector del env?o y llegada al destinatario de revistas y peri?dicos espec?ficamente religiosos; se aspiraba tambi?n a que las Iglesias e instituciones religiosas de todos los pa?ses pudieran gozar de alguna posibilidad de acceso a los medios p?blicos de radio y televisi?n, por tratarse de un servicio comunitario.

Por esto la Delegaci?n de la Santa Sede present? otra propuesta en Belgrado ?primero oralmente y luego por escrito? para facilitar la aplicaci?n de las disposiciones del Acta final, pidiendo concretamente que se mejorase la actual situaci?n de los intercambios internacionales de informaciones religiosas y el acceso a los medios p?blicos de radio y televisi?n.

Por desgracia, la Reuni?n de Belgrado no obtuvo resultados y se concluy? con un documento breve, cuyo punto fundamental consist?a en posponer todo hasta la reuni?n siguiente de Madrid, del a?o 1980.

8. En v?speras del encuentro preparatorio de la Reuni?n de Madrid, el Papa Juan Pablo II consider? oportuno enviar un documento, acompa?ado de una carta personal, a los Jefes de Estado de los pa?ses firmantes del Acta final de Helsinki; en el documento somet?a a la atenci?n de los altos destinatarios y de sus Gobiernos una profunda reflexi?n sobre el valor y contenido de la libertad religiosa, con alusi?n particular a la aplicaci?n del Acta final en vista de la Reuni?n de Madrid.

Este documento, publicado en L?Osservatore Romano (Edici?n en Lengua Espa?ola, 21 de diciembre, 1980, p?gs. 1, 19 y 20), contiene naturalmente consideraciones sobre aspectos de la libertad religiosa relacionados con la informaci?n En la declaraci?n de apertura, mons. Silvestrini expuso a la Asamblea los motivos de esta iniciativa del Santo Padre y expres? el deseo de un dialogo serio y constructivo sobre las propuestas que iban a presentarse luego al respecto.

Efectivamente, la Delegaci?n de la Santa Sede present? una propuesta sobre el Principio VII (derechos humanos y libertad religiosa en general) y otra sobre contactos y reuniones religiosas e informaci?n religiosa. Respecto de la informaci?n religiosa, ?sta ultima solicitaba que los pa?ses participantes se propusieran examinar y mejorar la situaci?n actual en lo referente a:

a) acceso de los cultos, de las instituciones y de las organizaciones religiosas y de sus representantes a los medios radiotelevisivos p?blicos;

b) y tambi?n intercambio de informaci?n escrita, filmada y radioteletransmitida entre dichos cultos, instituciones y organizaciones religiosas y entre sus representantes.

Como antes en Ginebra y Belgrado, las negociaciones fueron complejas, tanto respecto de las cuestiones examinadas como por la situaci?n de las relaciones internacionales.

Se lleg? finalmente a un Documento conclusivo sustancial, equilibrado en su conjunto que, entre otras cosas, en el sector referente a los principios, contiene la confirmaci?n de los compromisos del Acta final sobre la libertad religiosa y, acogiendo en alguna medida la propuesta de la Santa Sede, se?ala exigencias concretas de reconocer y respetar dicha libertad, precisando que los Estados participantes concuerdan ?emprender las acciones necesarias para garantizar la libertad del individuo de profesar y practicar solo o en uni?n con otros una religi?n o credo de acuerdo con los dictados de su propia conciencia?.

Adem?s, dicho documento comprende un p?rrafo en el que, de manera menos satisfactoria, se alude a los intereses puestos de relieve por la Delegaci?n de La Santa Sede en la segunda propuesta. El texto es como sigue:

?Estos (Los Estados participantes) aplicar?n del modo m?s completo las pertinentes disposiciones del Acta final, de forma que los cultos, instituciones y organizaciones religiosas y sus representantes puedan tener contactos y reuniones entre ellos e intercambiar informaciones, en el campo de sus actividades?.

Por tanto un peque?o paso adelante respecto del texto del Acta final de Helsinki que podr?a y deber?a conseguir en el futuro resultados mas positivos de los que se presentaron en Belgrado y de los que se verificaron antes de la Reuni?n de Madrid y durante su celebraci?n, per?odo en el que la realidad de una situaci?n de las relaciones internacionales deterioradas hab?a tenido repercusiones no favorables tambi?n en este campo.

9. Y, en fin, en la actualidad la Iglesia cat?lica e igualmente las otras confesiones religiosas tienen esperanza de que pueda darse en Europa alguna mejora m?s en el campo de la informaci?n religiosa y, consiguientemente, en el de la libertad religiosa.

De lo expuesto resulta que es deseable una mejora en estas dos direcciones.

En primer lugar, en lo referente a la posibilidad de que las diversas confesiones religiosas puedan utilizar libremente sus propios medios de comunicaci?n e informaci?n, tanto en las actividades dentro del pa?s como en las relaciones con confesiones de otros pa?ses. Este problema est? bien solucionado en pa?ses de car?cter pluralista, donde las organizaciones sociales de todo tipo tienen medios propios para expresarse en el sector de su actividad. En cambio, en los pa?ses donde la organizaci?n estatal no tiene las caracter?sticas del pluralismo ideol?gico e institucional, se plantea este problema y, en consecuencia, el ?mbito de la libertad religiosa dif?cilmente resulta satisfactorio incluso en este aspecto sumamente implante de la informaci?n.

Y luego, el acceso a los medios de comunicaci?n, sobre todo a la radio y a la televisi?n. Esta cuesti?n tiene importancia tambi?n en pa?ses pluralistas, pues, por tratarse de servicio de car?cter comunitario, los medios p?blicos debieran estar suficientemente abiertos tambi?n a las confesiones religiosas, a fin de satisfacer las expectativas leg?timas de muchos ciudadanos; y sin embargo, esta posibilidad de acceso resulta a veces excesivamente limitada a causa de una determinada concepci?n de las relaciones entre Estado y confesiones religiosas, fund? en una determinada manera de concebir la laicidad o neutralidad del Estado.

En conclusi?n, en este sector es de desear cualquier mejora no s?lo para una expresi?n m?s plena de la libertad religiosa, sino tambi?n porque esto contribuir?a a una mejor comunicaci?n entre personas y entre comunidades de los distintos pa?ses y, por tanto, a la comprensi?n y entendimiento.

Publicado por mario.web @ 22:26
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