Martes, 10 de mayo de 2011
Mientras la televisi?n llena nuestra vida de fantas?as; la religi?n lo hace de sentido. El P. Fernando Pascual nos brinda una bella reflexi?n.
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El cielo y la tele
El cielo y la tele
Por un momento nos dedicamos a ?canalear?. Canal 1: noticias. Canal 2: una pel?cula del Oeste. Canal 3: un programa sobre el arte colonial. Canal 4: un ?reality show?. Canal 5: un concurso de canciones. Canal 6: una telenovela. Canales 7, 8, 9: publicidad...

El dedo pasa de una tecla a otra, la televisi?n cambia de im?genes y de sonidos. Por m?s que vamos hacia atr?s, hacia delante, no encontramos nada, absolutamente nada, sobre el cielo...

La televisi?n nos llena de im?genes de lo inmediato. Noticias de guerras, escenas de terremotos, pel?culas de ciencia ficci?n m?s o menos realistas. Tanta imagen puede embotar nuestra capacidad de fantas?a, alejarnos de lo que vale realmente. A veces somos capaces de contar con mil detalles c?mo ha sido una fiesta de sociedad que nos presentaron en televisi?n. Pero nos sentimos incapaces de decir tres palabras sobre lo que pueda ser el cielo.

Cierto: lo que ocurre tras la muerte es invisible. Nadie nos ha contado c?mo es el cielo. Podemos imaginarlo de mil maneras, pero no hay ninguna c?mara televisiva en un lugar que, por ahora, nos resulta inaccesible. Quiz? por eso no pensamos mucho en lo que hay despu?s de la muerte, en lo que espera a cada hombre y a cada mujer cuando cruza la frontera.

A pesar del vac?o ?televisivo?, el cielo sigue ?all?. Conviene pensar en ?l, so?ar en la vida que nos espera, planear lo que vamos a hacer la mayor parte de nuestro tiempo cuando inicie la existencia futura, la vida eterna.

Es verdad que ?ni el ojo vio, ni el o?do oy?, ni al coraz?n del hombre lleg?, lo que Dios prepar? para los que le aman?, como dec?a san Pablo (1Co 2,9-13). Pero tambi?n es verdad lo que sigue en ese mismo texto de la Escritura: ?Porque a nosotros nos lo revel? Dios por medio del Esp?ritu; y el Esp?ritu todo lo sondea, hasta las profundidades de Dios. En efecto, ?qu? hombre conoce lo ?ntimo del hombre sino el esp?ritu del hombre que est? en ?l? Del mismo modo, nadie conoce lo ?ntimo de Dios, sino el Esp?ritu de Dios. Y nosotros no hemos recibido el esp?ritu del mundo, sino el Esp?ritu que viene de Dios, para conocer las gracias que Dios nos ha otorgado? (1Co 2,9-13).

Tenemos el Esp?ritu de Dios. Cristo, el Resucitado, nos ha enviado un Consolador. Necesitamos a veces quitar algo de tiempo dedicado a la televisi?n para contemplar, para suplicar, para orar y pedir luz y comprensi?n de las verdades decisivas, de las certezas que pueden guiar nuestra existencia, con la mirada puesta en el cielo sin dejar de tener los pies sobre la tierra.

Desde la visi?n de Dios nos daremos cuenta de que no podemos vivir seg?n el esp?ritu del mundo (un esp?ritu que aparece, muchas veces, en la televisi?n), sino seg?n el Esp?ritu de Dios. Seremos capaces, entonces, de desapegar nuestro coraz?n de las fr?giles riquezas materiales (Lc 12,21), de todo aquello que no puede dar vida eterna.

?A los ricos de este mundo recomi?ndales que no sean altaneros ni pongan su esperanza en lo inseguro de las riquezas sino en Dios, que nos provee espl?ndidamente de todo para que lo disfrutemos; que practiquen el bien, que se enriquezcan de buenas obras, que den con generosidad y con liberalidad; de esta forma ir?n atesorando para el futuro un excelente fondo con el que podr?n adquirir la vida verdadera? (1Tm 6,17-19).

Atesorar para el futuro, amar ahora para amar luego, eternamente, en el cielo. No lo hemos visto (ni lo veremos) nunca en la pantalla de nuestro televisor. Pero con la luz de la fe, con la certeza del amor, con la alegr?a de la esperanza, nuestros corazones ser?n capaces de so?ar en ese encuentro, eterno, dichoso, con un Padre que nos ama con locura.

Publicado por mario.web @ 22:28
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