Martes, 10 de mayo de 2011
El carisma no act?a por s? s?lo. No es la varita m?gica que por s? misma, invocando su nombre y haciendo unos movimientos extraordinarios, soluciona todo r?pida y eficazmente. Es necesario trabajar el carisma, hacerlo trabajar en nosotros
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Despertar del Carisma
Despertar del Carisma
?Por qu? es importante despertar el carisma?
El inicio del tercer milenio est? siendo para la vida consagrada un momento de gran trascendencia. Se han dejado a un lado los aldabonazos de lo que fueron los inicios del per?odo de la renovaci?n, con todo lo que ello pudo traer de error o de extremismos. Dejados tambi?n ya a un lado los tiempos ad experimentum, los Cap?tulos extraordinarios para la revisi?n de las Constituciones a la luz de las disposiciones emanadas por el Concilio Vaticano II, se puede hacer el balance de lo acontecido.

Necesario, y triste por cierto, es conveniente tambi?n hacer el recuento de las bajas en el campo de batalla. Quitarnos de eufemismos y llamar las cosas por su nombre, es signo de madurez y de una voluntad que quiere buscar una soluci?n a lo acaecido, cuando lo que ha ocurrido no deber?a nunca haber pasado, o por lo menos, no era necesario que hubiese sucedido. As? como tambi?n ver el futuro con esperanza, dando gracias por el pasado y viviendo con confianza el presente, es signo de una postura verdaderamente cristiana y de gran confianza en Dios, Padre providente.

Ponernos ante el presente sin a?oranzas por el pasado, ni angustia por el futuro, es poner los ojos en las inmensas posibilidades que se abren a la vida consagrada en el Tercer milenio, tal como profetizaba Juan Pablo II. ??Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un oc?ano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarn? hace dos mil a?os por amor al hombre, realiza tambi?n hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran coraz?n para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos.? Es tambi?n aceptar la situaci?n tal y como se presenta, sin angustias, temores, pero con pleno realismo .

De frente a tal postura es posible decir que los retos que enfrenta la vida consagrada son la de mantenerse fiel a s? misma, despu?s del vendaval. ?Ser lo que tienes que ser? bien podr?a ser el lema sugerido a la vida consagrada para este per?do de su historia. En la fidelidad a su esencia, es decir, en la fidelidad al seguimiento de Cristo a la manera del Fundador, se encuentra la clave para no s?lo no sucumbir, sino para florecer y cumplir con la misi?n que Cristo y la Iglesia le han confiado.

Misi?n que bien podr?a resumirse en lo anotado en art?culos anteriores: la invitaci?n de Juan Pablo II a la vida consagrada para llevar a cabo la nueva evangelizaci?n en Europa es a?n una tarea incipiente; la misi?n que tiene de aportar una esperanza a este mundo, est? dando sus primeros pasos; el convertirse en verdaderos maestros y gu?as del esp?ritu, es un largo camino a?n por recorrer; la adecuada gesti?n de las comunidades religiosas, en donde el gobierno debe ser sobretodo un gobierno de animaci?n espiritual; la mayor participaci?n e incidencia de las personas consagradas con los laicos.

Por lo tanto, nos encontramos con dos frentes: el de la identidad y el de los retos que debe afrontar la vida consagrada. Pero tenemos tambi?n un medio: el carisma.

Pero el carisma no act?a por s? s?lo. No es la varita m?gica que por s? misma, invocando su nombre y haciendo unos movimientos extraordinarios, soluciona todo r?pida y eficazmente. Es necesario trabajar el carisma, hacerlo trabajar en nosotros. Es necesario que despertemos al carisma en nosotros mismos.

Cada uno de los elementos que conforman la consagraci?n pueden estar informados por el carisma. Pero se requiere la libre participaci?n y el libre ejercicio de la persona consagrada, para hacer que ella integre en su vida esos elementos de la vida consagrada, impregnados y vivificados por el carisma, de forma que sean los principios rectores de todo su ser y de todo su actuar. Sin esta libre participaci?n no puede darse la persona consagrada, pues hablaremos entonces o de un t?tere a merced de sus pasiones, de sus sentimientos y de las circunstancias o de una persona forzada a hacer lo que no quiere. Es necesario que la persona quiera vivir el carisma, quiera hacer que el carisma cobre vida en ella misma e impregne todo su actuar. A este querer lo llamamos despertar del carisma.

Despertar el carisma ser? hacer que el carisma act?e en la persona consagrada, en todos los niveles que conforman su persona, logrando que todo su obrar y su ser queden impregnados de una identidad clara y definida. Que su pensar y su querer sean el pensar y el querer de una persona consagrada, que el obrar sea el obrar propio de una persona consagrada. Para ello, es necesario que el carisma impregne, penetre y se llegue a configurar plenamente con la persona que vive el carisma, de forma que no haya una distinci?n entre carisma y persona, sin por esto suprimir las personalidades individuales. Al contrario, el carisma no s?lo no cancelar? dichas individualidades, sino que las potenciar? y las elevar?, pues al irlas purificando de todo aspecto ajeno a la consagraci?n, har? que brille m?s el aspecto humano para beneficio del carisma.

Despertar el carisma en el nivel humano es motivar a la persona consagrada para que conozca el pensamiento del Fundador, y as? asimile no s?lo sus palabras, sino sus intenciones y las ponga en obra. Es adecuar el propio pensamiento al pensamiento del Fundador, no renunciando por ello a tener pensar por s? mismo sino a pensar siempre en sinton?a con el Fundador. Es poner al servicio de este pensamiento, de este carisma, todos los dones propios y hacer que el pensamiento del Fundador cobre forma en la mente de la persona consagrada y se enriquezca con sus dones personales.

Despertar el carisma es aplicar este pensamiento del Fundador -enriquecido con el pensamiento propio-, a las situaciones actuales, en forma tal que la persona consagrada pueda desarrollar y aplicar el carisma en los tiempos actuales. Es un trabajo que requiere un doble conocimiento y amor: conocimiento del carisma y amor a ?l y conocimiento y amor a las situaciones actuales. La persona consagrada hace de las situaciones actuales un momento propicio para poner en pr?ctica el carisma. No se angustia por el presente, ni a?ora el pasado, sino que se lanza para aplicar las l?neas fundamentales del carisma en las circunstancias concretas del presente.

Despertar el carisma es tener un solo querer con el Fundador. Es ver la vida con los ojos del Fundador y querer lo que ?l quer?a, que no es algo diverso a lo que Cristo quiere. Si el carisma es la actuaci?n pr?ctica del amor de Dios al hombre en una situaci?n espec?fica y con unos medios espec?ficos, despertar el carisma no ser? otra cosa que el buscar el querer de Dios en cada instante y situaci?n de la vida. Se quiere lo que Dios quiere, porque se vive el carisma.

Despertar el carisma es sentir con el coraz?n del Fundador, que es el coraz?n de Cristo. Si los fundadores se han dejado enamorar de Cristo al grado que no hay ya ninguna diferencia entre los sentimientos de Cristo y los sentimientos del Fundador, la persona consagrada al despertar el carisma encuentra la forma para hacer que sus sentimientos sean los mismos sentimientos de Cristo. El Fundador ha dejado una escuela viviente de amor por Cristo y amor por los semejantes, escuela que puede ser seguida por la persona consagrada cuando hacer despertar en ella misma el carisma.

Despertar el carisma es vivir la madurez humana, ?la cual se comprueba, sobre todo, en cierta estabilidad de ?nimo, en la facultad de tomar decisiones ponderadas y en el recto modo de juzgar sobre los acontecimientos y los hombres.? Es asumir responsabilidades, llevarlas adelante, saber emitir juicios, pero teniendo siempre como base la opci?n que se ha hecho de seguir en todo el pensamiento del Fundador que ilumina en todo a la persona consagrada.

Despertar el carisma es importante para la persona consagrada que quiere encontrar una seguridad en esta vida y no dejarse zarandear por ning?n viento: ?Cu?ntos vientos de doctrina hemos conocido en estas ?ltimas d?cadas, cu?ntas corrientes ideol?gicas, cu?ntas modas del pensamiento? La peque?a barca del pensamiento de muchos cristianos con frecuencia ha quedado agitada por las olas, zarandeada de un extremo al otro: del marxismo al liberalismo, hasta el libertinismo; del colectivismo al individualismo radical; del ate?smo a un vago misticismo religioso; del agnosticismo al sincretismo, etc. Cada d?a nacen nuevas sectas y se realiza lo que dice san Pablo sobre el enga?o de los hombres, sobre la astucia que tiende a inducir en el error (Cf. Efesios 4, 14). Tener una fe clara, seg?n el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar ?zarandear por cualquier viento de doctrina?, parece ser la ?nica actitud que est? de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que s?lo deja como ?ltima medida el propio yo y sus ganas?

No es ser fundamentalista, sino radical. Despertar el carisma no es otra cosa que atreverse a ?reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy ,? con el fin de tener un norte seguro d?nde apuntar en la vida consagrada y contar con un medio seguro y eficaz que el Esp?ritu Santo otorg? a la Iglesia a trav?s del Fundador. Por ello, para vivir con radicalidad la vida consagrada, hay que lanzarse a despertar el carisma.


?C?mo despertar el carisma en la persona consagrada?
Despertar el carisma no es una cuesti?n intelectual, es una cuesti?n del coraz?n, entendiendo por coraz?n la facultad del hombre por buscar en la libertad lo mejor para el amado. El proceso que lleva al alma consagrada a hacer del carisma el centro de su vida y as? fundamentar en ?l su pasado, presente y futuro, comienza en el momento en que el consagrado o la consagrada se cuestiona la fidelidad y la radicalidad en su propia consagraci?n. Inicia cuando quiere poner en pr?ctica las directrices del Concilio sobre la adecuada renovaci?n y buscar aplicar los lineamientos antes citados de la Perfectae caritatis . Podemos decir por tanto, que el despertar el carisma es un proceso inherente a la reforma de la vida consagrada, sugerida por el Concilio y auspiciada en los ?ltimos tiempos por Benedicto XVI . No es m?s que un camino de ayuda para ?reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy? , pues la persona consagrada ?tiene (...) una gran historia que construir.?

Para despertar el carisma la persona consagrada debe llevar a cabo un proceso que contempla tres momentos importantes. El primero es un proceso de conocimiento. El segundo es un proceso de asimilaci?n o vivencia y el tercero lo es de transmisi?n. No son tres momentos aislados, sino que son tres etapas de un mismo proceso. Etapas estrechamente unidas entre s?, de forma que no puede entenderse una sin las otras dos. Tampoco puede entenderse estas tres partes del proceso como una sucesi?n cronol?gica por etapas. Deben entenderse como un proceso ?nico en el tiempo, pero que por motivos pedag?gicos es necesario explicarla por etapas.

Aunada a esta divisi?n, que se hace por necesidades pedag?gicas, es conveniente tomar en consideraci?n que estamos hablando de una realidad espiritual. No debemos olvidar que el carisma es un don del Esp?ritu con el fin de edificar a la Iglesia. Por ello, debemos siempre considerar que, como parte de la Iglesia, se adecua siempre al desarrollo de Ella, en conformidad a unos par?metros muy bien definidos por Cristo, cabeza de la Iglesia. Cristo es el dador del carisma, por medio del Esp?ritu Santo. ?l suscita el carisma y suscita tambi?n su desarrollo, contando con la libre colaboraci?n del hombre. El trabajo que humanamente lleve a cabo la persona consagrada para despertar el carisma, deber? siempre estar animado por el Esp?ritu Santo. Por tanto, ese necesario trabajar siempre dejando campo abierto a la acci?n el Esp?ritu. Querer hacerlo todo sin dejar el campo a la acci?n del Esp?ritu Santo puede ser un signo de un af?n de protagonismo que llega a reducir al carisma a una realidad meramente humana, alej?ndose del verdadero don de Dios para la Iglesia .

Para despertar el carisma la persona consagrada debe hacer propia la triple experiencia con la que el Esp?ritu sugiri? al Fundador el nacimiento del Instituto o congregaci?n religiosa. Esta triple experiencia corresponde al triple movimiento del que hemos ya hablado: conocer, vivir y transmitir el carisma, que en este caso se aplican directamente al Fundador. El fundador conoci? qu? era lo que Dios le ped?a, esto es, el carisma; el Fundador vivi? lo que Dios le ped?a en el carisma; el Fundador transmiti? lo que Dios le ped?a en el carisma.

Todo carisma nace de una necesidad. El Esp?ritu hace ver al Fundador la existencia de una urgencia en la Iglesia. Esta urgencia puede ser variada en su car?cter. Puede tratarse de una urgencia material, como por ejemplo, la necesidad de curar a los enfermos, o de dar de comer a los hambrientos, o de atender a los inmigrantes. Puede ser tambi?n una urgencia espiritual, como la de ofrecerse por la reparaci?n de los pecados, o por la salvaci?n de las almas del Purgatorio, o impulsar un amor grande a la Eucarist?a o al Divino coraz?n. Esta necesidad, material o espiritual, es tambi?n una necesidad apremiante en la Iglesia.

Existen diversas formas para solucionar esta necesidad. Dios puede suscitar a las personas diversas formas de salir al paso de estas dificultades o apremios. Pueden darse, por ejemplo, soluciones de tipo meramente material, como la construcci?n de hospitales, dispensarios m?dicos, centros de acogida, escuelas o universidades, por mencionar tan s?lo unas pocas respuestas a esas necesidades. Para las necesidades espirituales tambi?n el Esp?ritu puede hacer surgir iniciativas como grupos de adoraci?n y/o reparaci?n, grupos de oraci?n, personas que promuevan el rezo del rosario, de novenas.

Pero a unas personas Dios les hace ver dichas necesidades y su soluci?n, insertadas en el mismo Cristo. Las necesidades materiales o espirituales no aparecen a los ojos de estas personas como necesidades materiales o espirituales en el cuerpo m?stico de Cristo ?la Iglesia-, sino como necesidades materiales o espirituales en el mismo Cristo y encuentran la soluci?n o la inspiraci?n a la soluci?n en un misterio de la vida de Cristo. Ahora el problema fundamental no son ya las necesidades materiales o espirituales, sino la persona de Cristo. La soluci?n material, como podr?a ser la construcci?n de una escuela o de un orfanatorio no es la soluci?n principal, sino que es una manifestaci?n secundaria de la intenci?n principal del Fundador. La intenci?n consiste principalmente en aliviar la necesidad corporal o espiritual en el mismo Cristo. Quien por ejemplo construye una escuela, no lo hace s?lo para dar instrucci?n a un grupo de ni?os o j?venes analfabetas, sino para ayudar a Cristo que requiere de ser instruido. Su intenci?n no es solamente ense?ar, sino ayudar a Cristo a aprender. Y para ello, Dios le hace experimentar en una forma del todo original, un misterio de la vida de Cristo. Es esta experiencia del misterio de Cristo en forma original la experiencia del Esp?ritu, que dar? origen al carisma.

Cristo aparece como centro de todo lo que se debe de hacer, a partir de haberlo experimentado bajo una caracter?stica espec?fica. Esta experiencia del Esp?ritu origina en el Fundador toda una espiritualidad, toda una forma de vivir el misterio de Cristo y el misterio de la Iglesia y una forma muy peculiar de hacer apostolado . Esta experiencia del Esp?ritu no deja indiferente la persona del Fundador. Ha experimentado de manera peculiar y original a Cristo. La vida misma del Fundador queda trastocada de esta experiencia, y lo que antes era una prioridad ?la soluci?n apremiante de una necesidad-, pasa a ser elemento secundario, como hemos dicho. Se trata ahora de la persona misma de Cristo, de dar una soluci?n personal a ese Cristo que ha experimentado en forma particular. El Fundador comienza a vivir una relaci?n personal con Cristo, en formas muy espec?ficas y novedosas, dando origen a una espiritualidad. La espiritualidad ser? la manera de relacionarse con Dios, a partir de la experiencia del Esp?ritu.

Con esta nueva visi?n y experiencia que el Fundador ha hecho de Cristo, lo que eran las necesidades apremiantes, pasan a un segundo plano. Ahora se ve a Cristo en esas necesidades apremiantes. El Fundador penetra y va m?s all? del aspecto meramente material o externo de lo que pudo estar al origen de todo este movimiento del Esp?ritu, para ver prioritariamente a Cristo que sufre en esa necesidad, ya sea espiritual o material. Ahora el impulso del Fundador se dirige m?s bien a Cristo, que se encarna en la necesidad. Solucionar? s?, la necesidad, pero teni?ndola como trasfondo. El papel principal es ahora ayudar a Cristo, a la misma persona de Cristo. Para el Fundador, Cristo se presentar? en la necesidad peculiar. Sin embargo, ya no es la necesidad lo que hay que paliar, ahora el objetivo es aliviar el sufrimiento de Cristo que se presentan de una forma muy especial en la necesidad que ha dado origen a todo este proceso. Este movimiento de querer ayudar a Cristo en la necesidad particular, ser? la intenci?n del Fundador, que se equipara a la intenci?n de la Congregaci?n. El Fundador al querer solucionar el problema del Cristo que sufre espec?ficamente en una necesidad, tiene una intenci?n muy espec?fica. Esta intenci?n dar? origen al nacimiento de una Congregaci?n o instituto religioso. Esta forma de solucionar el problema da origen a las intenciones del Fundador, intenciones que miran no s?lo al aspecto material de la situaci?n, sino, sobretodo, al aspecto espiritual. Su intenci?n primaria es aliviar a Cristo que sufre de alguna manera.

En un siguiente paso, el Fundador toma de la experiencia del Esp?ritu, aquellos elementos de la espiritualidad que Dios le est? haciendo vivir en su vida personal y los aplica a la necesidad que dio origen a todos estos movimientos. Con esta experiencia del Esp?ritu, el Fundador ilumina, ahora s?, la necesidad que dio origen a dicha experiencia, y con todo aquello que ha experimentado, con todo aquello que ha visto en la oraci?n, se lanza a dar una soluci?n al problema, pero que ser? ante todo, una soluci?n a una carencia espiritual, no meramente material, como hemos ya antes explicado. Nacen entonces las obras de apostolado y las maneras de llevar a cabo dichas obras de apostolado, siempre surgidas por la experiencia del Esp?ritu.


Este triple movimiento, conocer, vivir y transmitir, comienza cuando se comparte la experiencia del Esp?ritu que hizo el fundador y que es el origen del carisma. Una vez que se comparte esta experiencia, la persona consagrada no permanece indiferente, nace en ella un deseo de vivir lo experimentado, para despu?s comunicarlo y transmitirlo a los dem?s. Estos tres momentos no se dan simplemente por un mero proceso humano o intelectual, requieren de la participaci?n de la voluntad, del coraz?n. Querer conocer lo experimentado por el Fundador, querer vivirlo y querer transmitirlo, es algo muy distinto que un simple conocimiento intelectual. Es necesario, claro que s?, tener un conocimiento preciso, pero es m?s necesario tambi?n implicar la voluntad en este proceso. Hay que bajar de las ideas a los actos de la voluntad. Hay que pasar del conocimiento te?rico al conocimiento experimental, de la vivencia impersonal a la vivencia pr?ctica del d?a a d?a. De la transmisi?n mec?nica a la transmisi?n cordial. Y para ello, es necesario aplicar en cada uno de estos procesos una m?stica, entendida aqu? como la fuerza interior o ?mpetu espiritual que procede de la fe y del amor, la m?stica mueve a una persona hacia los ideales que el carisma le propone. Donde hay m?stica, hay un conocimiento experimental del carisma, hay una vivencia fiel y personal a todo lo que propone el mismo carisma y hay frutos apost?licos en la transmisi?n del mismo. Por ello, junto con los procesos de conocer, vivir y transmitir el carisma, es necesario que la persona consagrada cree una m?stica del conocimiento del carisma, una m?stica de la vivencia de dicho carisma y por ?ltimo una m?stica en la transmisi?n del carisma. En cada uno de los art?culo subsecuentes, dedicaremos un apartado para explicar cada uno de estos aspectos de la m?stica.


Bibliografia,
En este sentido traigo a colaci?n unas palabras que justamente quieren reflejar la situaci?n actual de la vida consagrada, que muchas veces, cubri?ndola de eufemismos, no nos deja enfrentar a ella con toda la crudeza a la realidad: ?Se usan eufemismos para enmascarar una realidad que hace da?o: redimensionamiento de las obras, para no decir que se ha visto obligado a cerrar conventos, casas, instituciones; cualificaci?n de las vocaciones y apertura a la internacionalidad para compensar la baja desmesurada de los nuevos ingresos; restructuraci?n de las unidades territoriales para no confesar que las provincias no se pueden sostener por s? mismas y que progresivamente van a desaparecer.? Fabio Ciardi, Inutilit?, distrazione, vulnerabilit?: punti forti della vita consacrata, en Dove ci porta il Signore, Paoline editoriale libri, Roma, 2005, p. 62. O como dec?a tambi?n una superiora provincial del norte de Italia, que su trabajo consist?a ahora en animar a las casas de reposo que ten?a la Congregaci?n en la provincia, porque hab?an desaparecido las escuelas y los hospitales que antes ten?an en esa ?rea.
Juan Pablo II, Carta apost?licaNovo Millennio Ineunte, 6.1.2001, n. 58.
?Si tuviese que resumir (la actitud teol?gica y espiritual que debemos tener) en una frase, que no quiere ser ir?nica, sino profundamente espiritual, yo dir?a ?sta: ?Calma! La situaci?n es solamente grave. En otras palabras, es grave ?y estoy convencido que en el pr?ximo futuro, desde el punto de vista num?rico, lo ser? a?n m?s- pero mantengamos las cosas en orden. Recuerdo las palabras del entonces prefecto de la Congregaci?n de los religiosos, cardenal Hamer, cuando vino a hacernos una visita durante el Cap?tulo general de los claretianos en 1985: <>. Creo que dichas palabras sean perfectamente v?lidas hoy tambi?n. Preocuparse es signo de responsabilidad; angustiarse, en cambio, ser?a signo de falta de fe en el Se?or que, suceda aquello que suceda (incluida la posible desaparici?n de la comunidad, la provincia o el Instiuto), gu?a la historia.? Jos? Rovira, La vita consacrata in Europa: realt? e atteggiamento teologico-spirituale, en Dove ci porta il Signore, Paoline editoriale libri, Roma, 2005, p. 40.
Concilio Vaticano II, Decreto Optatam totius, 20.10.1965, n. 11.
Card. Joseph Ratzinger, Momil?a en la misa por la elecci?n del Sumo Pont?fice, 18.04.2005.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 37.
?Los Superiores de los Religiosos tienen la obligaci?n grave que han de considerar de primaria importancia, de fomentar por todos los medios a su alcance la fidelidad de los religiosos al carisma del Fundador, promoviendo al mismo tiempo la renovaci?n que prescribe el Concilio y exigen los tiempos. Har?n todo lo que est? en su mano para que los religiosos sean orientados eficaz y apremiantemente a la consecuci?n de dicho fin: y, ante todo, procurar?n que los religiosos se preparen para ello con una formaci?n adecuada y que responda a las exigencias de los tiempos.? Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 14.
No podemos ocultar nuestra perplejidad ante el uso que se ha hecho de este y otros t?rminos referidos a la renovaci?n que buscaba el Concilio. Utilizamos el t?rmino reforma, dentro del contexto de la adecuada hermen?utica o clave de lectura que se debe dar al Concilio. Una clave de lectura de continuidad, no de ruptura, con el fin de desarrollar los elementos esenciales de la vida consagrada. Desarrollo no es cambio, sino descubrimiento de lo esencial, supresi?n de lo accesorio y aplicaci?n a la vida actual.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 37.
Ibidem. n. 110.
?La Iglesia es llamada tempo del Esp?ritu porque el Esp?ritu Santo vive en el cuerpo que es la Iglesia: en su cabeza y en sus miembros; ?l adem?s edifica la Iglesia en la caridad con la Palabra de Dios, los sacramentos, las virtudes y los carismas.? Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de editores del Catecismo, Madrid, 2005, n. 159.
?Ante todo se pide la fidelidad al carisma fundacional y al consiguiente patrimonio espiritual de cada Instituto. Precisamente en esta fidelidad a la inspiraci?n de los fundadores y fundadoras, don del Esp?ritu Santo, se descubren m?s f?cilmente y se reviven con m?s fervor los elementos esenciales de la vida consagrada.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 37.
Mons. Franc Rod?, c.m., prefecto de la congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, en su intervenci?n al Congreso de la vida consagrada en el 2004, ha acu?ado este t?rmino. Creemos oportuno utilizarlo como una forma que expresa el concepto que queremos transmitir, puesto que no basta un contacto con el carisma, sino que es necesario incorporarlo a la propia vida, en todos los niveles que la vida consagrada comporta. Franc Rod?, c.m. La vita consacrata alla scuola della Eucarist?a, en Passione per Cristo, passione per l?umanit?, Paoline editoriale, 2005, p. 239.
Conviene aqu? recordar las caracter?sticas esenciales de todo carisma: ?a) proveniencia singular del Esp?ritu, distinta ciertamente aunque no separada de las dotes personales de quien gu?a y modera; b) una profunda preocupaci?n por configurarse con Cristo testimoniando alguno de los aspectos de su misterio; c) un amor fruct?fero a la Iglesia, que rehuya todo lo que en ella pueda ser causa de discordia.? Sagrada Congregaci?n para los religiosos e institutos seculares, Mutuae relationes,23.4.1978, n. 51.


Para mayor informaci?n, consulta los documentos de apoyo para la Religiosa.

Publicado por mario.web @ 23:04
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