Martes, 10 de mayo de 2011
La oraci?n es la elevaci?n del alma hacia Dios o la petici?n a Dios de bienes convenientes.
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La oraci?n seg?n el magisterio de Benedicto XVI
La oraci?n seg?n el magisterio de Benedicto XVI
Introducci?n
La oraci?n ha sido siempre a lo largo de la historia de la humanidad un tema fascinante, envuelto en el misterio. De las religiones polite?stas a los cultos monote?stas, desde los tiempos que se pierden en los inicios del hombre hasta nuestros d?as, la oraci?n tiene un lugar privilegiado en el coraz?n del hombre. La sola idea de poder relacionarse con Dios, de entablar un di?logo con el creador, con la materia viviente, con el origen de la vida o con los dioses que rigen el destino del universo ha despertado en el hombre una inc?gnita que lo ha llevado a erigir altares, establecer cultos y rituales en forma tal que le permitieran esta comunicaci?n o al menos los deseos de comunicarse con las deidades.

No es sino con la Revelaci?n cuando el hombre logra captar lo que Dios quiere de ?l y la forma en que puede relacionarse con ?l, la forma en que puede hablar con ?l. Es Dios mismo quien se comunica con el hombre y quien comunica al hombre sus deseos, lo que espera de su criatura preferida. Ya Jesucristo nos revelar? las particularidades de esta relaci?n, no s?lo con su palabra sino con su misma vida.

A partir de entonces surgir?n hombres y mujeres en la historia del cristianismo que mediante su testimonio personal y su palabra ir?n ilustrando el misterio que significa la oraci?n cristiana. Un misterio que no puede ser abarcado en unas pocas palabras, precisamente porque es misterio. Quien habla o escribe sobre la oraci?n lo hace siempre desde su experiencia personal, desde aquello que Dios le ha permitido vivir. Si bien el sujeto que experimenta la oraci?n es ?nico y cada hombre o mujer que ora lo hace con sus propias cualidades y no puede hablar sino de lo que ha experimentado en primera persona, sabemos que el objeto de la oraci?n, este encuentro personal con Dios es un dato objetivo 1 , porque es el mismo Dios que se encuentra con el hombre, si bien respetando las peculiaridades de cada hombre.

Confiados en esta objetividad de la Revelaci?n y guiados por el Magisterio de la Iglesia podemos afirmar, como nos dice el Catecismo de la Iglesia cat?lica que la oraci?n no es sino es la elevaci?n del alma hacia Dios o la petici?n a Dios de bienes convenientes" (San Juan Damasceno, f. o. 3, 24) . 2 Muchos otros maestros de oraci?n han dado otras definiciones que enriquecen el concepto de oraci?n y nos hacen part?cipes de las experiencias de dichos maestros. ?La oraci?n es una conversaci?n y un coloquio con Dios? (san Gregorio Nacianceno); ?es hablar con Dios? (San Juan Cris?stomo); ?es el pensar en Dios con piedad y afecto humilde? (San Agust?n); ?es el piadoso afecto de la mente que piensa en Dios? (san Buenaventura); ?es la elevaci?n de la mente a Dios para alabarlo y pedirle las cosas convenientes para la salvaci?n eterna? (Santo Tom?s, sintetizando el pensamiento de Sal Juan Damasceno.? 3

Establecemos entonces como un dato objetivo que es el encuentro del alma con Dios en la oraci?n viene a ser vivido por un sujeto dentro de la obediencia a lo que Dios quiere, por tanto, dentro de unos datos que pueden ser verificables de acuerdo a la Revelaci?n y no s?lo dej?ndose guiar por el s?lo subjetivismo. Es el sujeto quien en el encuentro con Dios en la oraci?n obedece a lo que Dios le hace ver, sin perder para nada sus propias cualidades subjetivas. Al contrario, sus cualidades personales subjetivas vienen a enriquecer el dato objetivo del encuentro con Dios.

La experiencia de un hombre en su encuentro de amor con Dios, es decir en la oraci?n, vendr? por tanto a significar no s?lo una forma de comprender la definici?n de la oraci?n, sino una forma muy personal de vivir este encuentro de amor con Dios. Esta forma personal de vivir el encuentro con Dios es el reflejo de toda la persona, ya que el encuentro con Dios, si es verdadero, abarca a toda la persona humana. Por ello, una palabra, una definici?n, una expresi?n en la oraci?n, nos puede revelar el interior de la persona, su estado de humor, su psicolog?a y hasta su cultura. As? vemos en Santa Teresa de ?vila y san Juan de la Cruz la cultura de su tiempo se refleja en su vida de oraci?n.

En este peque?o estudio queremos abarcar una peque?a parte del magisterio de Benedicto XVI sobre la oraci?n. Se trata en primer lugar de comprender lo que Benedicto XVI entiende por la oraci?n y espec?ficamente por oraci?n en la vida consagrada y para las personas consagradas. Contamos para ello con un texto magn?fico, que si bien no entra propiamente en su magisterio petrino, refleja en forma clara y objetiva el pensamiento de Joseph Ratzinger sobre la oraci?n. Se trata de la Carta sobre algunos aspectos de la meditaci?n cristiana ? Orationis formas del 15 de octubre de 1989, cuando a?n era Prefecto de la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe. En ?l, Joseph Ratzinger como te?logo y pedagogo nos dejar?n para la posteridad cu?l es el pensamiento de la oraci?n cristiana, en contraste con las formas de oraci?n de tipo oriental que comienzan a pulular en Occidente. Este documento unido a la carta enc?clica Spe salvi, ser?n los puntos de arranque para dejar sentado lo que es la oraci?n en el magisterio de Benedicto XVI.

Sin embargo queremos profundizar y descubrir lo que espera Benedicto XVI de las personas consagradas sobre el tema de la oraci?n. Desde el inicio de su pontificado y tomando pie a lo dicho en su mensaje del 27 de septiembre de 2005 con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica, el Santo Padre viene hablando de una aut?ntica ?ripresa? 5 (t?rmino italiano de dif?cil o exacta traducci?n al espa?ol y que algunos err?neamente traducen como renovaci?n ? preferible el t?rmino ingl?s recovery), es decir de un lanzar de nuevo con grande vigor la vida consagrada. Bas?ndonos en este concepto, descubriremos el papel que seg?n Benedicto XVI juega la oraci?n en esta b?squeda por vivir con m?s frescura, con m?s vigor la vida consagrada.

Por ?ltimo y como argumento al que tantas congregaciones religiosas femeninas dan mucha importancia y al que dedican no poco tiempo, hablaremos sobre la oraci?n por las vocaciones. Constataremos no s?lo lo mucho que el Papa conf?a en este medio, sino la forma en la que ?l entiende que se debe desarrollar la oraci?n por las vocaciones, la forma en que la religiosa debe rezar y encontrarse con Dios para pedir por las vocaciones.


M?s que un concepto, la oraci?n es un tipo de vida.
Definir la oraci?n no es una empresa f?cil. Y mucho menos si a esta empresa se une el hecho de que quien debe definir la oraci?n es el sumo Pont?fice, el vicario de Cristo en la tierra. Puede asaltarnos justamente la pregunta del criterio que debe seguirse para cimentar la definici?n de la oraci?n que da Benedicto XVI. Podemos elegir como criterio los grandes dotes pedag?gicos con los que Dios lo ha dotado, mismos que ya se ve?an desde la labor desempe?ada en la di?cesis de M?naco de Baviera, pasando por su trabajo desempe?ado en la Congregaci?n de la Doctrina de la Fe. Tambi?n podemos referirnos a la asistencia que recibe en su ministerio petrino. Sin embargo queremos basarnos en el servicio que ?l viene haciendo a la verdad y a la revelaci?n, como el mismo lo ha dicho: ?? restando nella luce della verit? rivelata in Ges?, tramite la genuina tradizione della chiesa.? 6 ES por tanto el servicio que presta Josph Ratzinger a la verdad revelada en Jes?s, la que nos permitir? descubrir su pensamiento acerca de la oraci?n.

Por otra parte vemos una l?nea continua de este servicio entre su trabajo en la Congregaci?n para la Doctrina de la Fe y su ministerio petrino. Ya desde el inicio de su pontificado, en el momento de dar las primeras palabras en el balc?n central de la Bas?lica Vaticana como reci?n elegido sumo pont?fice, ?l se considera como un trabajador de la vi?a del Se?or, queriendo de esta forma enfatizar el hecho de que est? al servicio de la verdad revelada en Jes?s: ?Queridos hermanos y hermanas: despu?s del gran Papa Juan Pablo II, los se?ores cardenales me han elegido a m?, un simple y humilde trabajador de la vi?a del Se?or.? 7 Y ya en la homil?a del inicio de su pontificado podr? explayarse m?s sobre su programa de trabajo, que sintetiza su pensamiento y el tenor de autoridad con el que quiere llevar adelante la misi?n encomendada. ??Queridos amigos! En este momento no necesito presentar un programa de gobierno. Alg?n rasgo de lo que considero mi tarea, la he podido exponer ya en mi mensaje del mi?rcoles, 20 de abril; no faltar?n otras ocasiones para hacerlo. Mi verdadero programa de gobierno es no hacer mi voluntad, no seguir mis propias ideas, sino de ponerme, junto con toda la Iglesia, a la escucha de la palabra y de la voluntad del Se?or y dejarme conducir por ?l, de tal modo que sea ?l mismo quien conduzca a la Iglesia en esta hora de nuestra historia.? 8 Animados por tanto por esta convicci?n de escuchar a un hombre que quiere ser s?lo testigo de la verdad revelada en Cristo, nos acercamos a su pensamiento sobre la oraci?n.

Joseph Ratzinger no duda en trazar las fuentes hist?ricas de la oraci?n cristiana, partiendo siempre de lo que dice la Biblia y lo santos padres. ?Come debba pregare l?uomo che accoglie la rivelazione biblica, lo insegna la Bibbia stessa. Nell?Antico Testamento ci?? una meravigliosa raccolta di preghiere, rimasta viva lungo i secoli anche nella chiesa di Ges? Cristo, nella quale essa ? diventata la base della preghiera ufficiale: il libro delle Lodi o dei Salmi.? 9 Por ello, se debe considerar siempre la oraci?n cristiana dentro del marco del cristianismo, es decir de la fe cristiana. Quien reza, quien hace oraci?n en el cristianismo lo hace dentro de la estructura de la fe cat?lica. ?La preghiera cristiana ? sempre determinata dalla struttura della fede cristiana, nella quale risplende la verit? stessa di Dio e della creatura.? 10 Encontramos nuevemamente en el pensamento de Joseph Ratzinger esta fuerte tendencia a no apartarse de lo que ha sido revelado por Cristo, este pensamiento de querer hacer lo que Cristo ha querido y ha pensado siempre como verdad revelada por Dios su Padre.

Una vez puestas estas premisas podemos acercarnos a descubrir cu?l es el concepto de Benedicto XVI sobre la oraci?n. Nuevamente el documento Orationis formas nos sirve de gu?a. ?Per questo essa (la preghiera) si configura, propiamente parlando como un dialogo personal, intimo e profundo, tra l?uomo e Dio. Essa esprime quindi la comunione delle creature redenta con la vita intima delle Persone trinitarie. In questa comunione, che si fonda sul battesimo e sull?eucaristia, fonte e culmine della vita della chiesa, ? implicato un atteggiamento di conversione, un esodo dall?io verso il tu di Dio.? 11 Nos encontramos por tanto con una definici?n de oraci?n que hunde sus ra?ces en una profunda sinton?a con la verdad revelada. Si bien toda oraci?n es un encuentro personal con Dios, este encuentro se realiza en la Iglesia y para la Iglesia. En la Iglesia porque el encuentro personal se llevar? a cabo dentro de la estructura que Jes?s ha marcado para que este encuentro se lleve a cabo. Es un encuentro de dos personas: el cristiano que quiere encontrar a Dios y Dios (le Persone trinitarie) que viene al encuentro del hombre. Y es un encuentro para la Iglesia, porque toda oraci?n no queda encerrada en el caparaz?n del ego?smo personal. Si el hombre ha orado verdaderamente, entonces ese encuentro se traduce necesariamente en una misi?n. El hombre que encuentra a Dios lo encuentra necesariamente en un ambiente de obediencia. ?Sul Tabor, dove certamente egli (Cristo) ? unito al Padre in maniera manifesta, viene evocata la sua passione (cf. Lc 9, 31) e non viene neppure presa in considerazione la possibilit? di permanere in <> sul monte della trasfigurazione. Ogni preghiera contemplativa cristiana rinvia continuamente all?amore del prossimo, all?azione e alla passione, e proprio cos? avvicina maggiormente a Dio.? 12

La oraci?n como encuentro no la podemos circunscribir a una t?cnica. Quien se encuentra y habla con una persona, por la calle, o en un encuentro formal, no circunscribe el encuentro a un m?todo, a una t?cnica. Si bien es cierto que todo encuentro, aunque fortuito es precedido de un peque?o o grande ceremonial, el encuentro no se puede basar en dicho ceremonial o normas de etiqueta o respeto mutuo como pueden ser el saludo, el intercambio de alg?n signo de amistad. Son las palabras, los gestos, las emociones, la sinton?a en el pensamiento y en la voluntad las que hacen el n?cleo del encuentro. De la misma manera, lo veremos m?s adelante, no son las t?cnicas de la oraci?n las que hacen el n?cleo y el centro de la oraci?n. Son las palabras, el intercambio de pensamientos y de ideas los que hacen la oraci?n. Nuestra sociedad occidental es una sociedad que se ha centrado en la velocidad, lo quiere todo y en un solo momento. Se olvida por ejemplo que la naturaleza tiene procesos que llevan tiempo: la cosecha est? sujeta al cambio de las estaciones, la gestaci?n de la vida humana requiere de nueve meses y as? todos los procesos conllevan un cierto tiempo. Guiados m?s bien por la t?cnica que busca el eficientismo, muchos han visto la oraci?n como una t?cnica m?s, en d?nde si se llegan a cumplir una serie de rituales, se pueden esperar los resultados prometidos. Si se cumplen las condiciones establecidas en la oraci?n, entonces podr? hacer la experiencia del encuentro con Dios. Se olvida por una parte que el encuentro con Dios es una gracia que procede de Dios mismo y que la oraci?n como encuentro no est? circunscrito a una serie de t?cnicas. Dios y el hombre que se encuentran est?n guiados por la gracia y por la libertad, no por una t?cnica.

Jospeh Ratzinger previene de este posible error cuando escribe: ?I falsi carismatici del IVsecolo identificavano la grazia dello Spirito santo con l?esperienza psicologica della sua presenza nell?anima. Contro di esse i padri insistettero sul fatto che l?unione dell?anima orante con Dio si compie nel mistero, in particolare attraverso i sacramenti della chiesa. Essa pu? inoltre realizzarsi perfino attraverso esperienze di afflizione e anche di desolazione. (?) Queste forme di errore continuano a essere una tentazione per l?uomo peccatore. Lo istigano a cercare di superare la distanza che separa la creatura del Creatore, come qualcosa che non dovrebbe esserci; a considerare il cammino di Cristo sulla terra, con il quale egli ci vuole condurre al Padre, come realt? superata; ad abbassare ci? che viene accordato come pura grazia al livello della psicologia naturale, come <> o come <>. 13 Y m?s adelante ratifica lo dicho cuando escribe: ?L?amore di Dio, unico oggetto della contemplazione cristiana, ? una realt? della quale non ci si pu? <> con nessun metodo o tecnica; anzi, dobbiamo aver sempre lo sguardo fisso in Ges? Cristo, nel quale l?amore divino ? giunto per noi sulla croce a tal punto che egli si ? assunto anche la condizione di allontanamento del padre (cf. Mc 15, 34) Dobbiamo dunque lasciar decidere a Dio la maniera con cui egli vuole farci partecipi del suo amore. Ma non possiamo mai, in alcun modo, cercare di metterci allo stesso livello dell?oggetto contemplato, l?amore libero di Dio; neanche quando, per la misericordia di Dio Padre, mediante lo Spirito santo mandato nei nostri cuori, ci viene donato in Cristo, gratuitamente, un riflesso sensibile di questo amore divino e ci sentiamo come attirati dalla verit?, dalla bont? e dalla bellezza del Signore.? 14

Ya en su ministerio petrino, Benedicto XVI vuelve a hablar de la oraci?n como un encuentro y en un contexto muy preciso como es el de las almas consagradas a Dios. Si bien todos los cristianos est?n llamados a utilizar este medio que es la oraci?n para acrecentar su uni?n con Dios, las personas consagradas, por la misma profesi?n que han hecho de seguir a Cristo en pobreza, castidad y obediencia, necesitan tener una uni?n fuerte y constante con Dios. Se presenta la oraci?n no ya s?lo como un encuentro con Dios, sino como un encuentro con Dios que fortifica la misma consagraci?n. ?El alimento de la vida interior es la oraci?n, ?ntimo coloquio del alma consagrada con su Esposo divino.? 15 Pero de este tema hablaremos con m?s detenimiento. Ahora s?lo queremos recalcar el hecho de que Benedicto XVI sigue viendo la oraci?n como un encuentro con Cristo.


?Para qu? rezar? Las finalidades de la oraci?n.
Una vez que sabemos que la oraci?n es un encuentro con Dios, conviene conocer la din?mica de este encuentro. El saber algo no implica autom?ticamente el vivirlo. El pasaje de la raz?n a la voluntad y de ?sta a la acci?n no se debe suponer como un paso autom?tico. La voluntad es una potencia que sigue a la raz?n, pero si el hombre no hace suyas las propuestas que le presenta la raz?n ser? muy dif?cil que su voluntad se ponga en movimiento. Es necesario por tanto que el pasaje de la raz?n a la voluntad y de ?sta a la acci?n se efect?e a trav?s de las debidas motivaciones, esto es, el hombre debe encontrar y hacer suyos los motivos por los cuales es conveniente poner en pr?ctica lo que la raz?n le ha presentado.

Con la oraci?n sucede algo semejante al proceso que acabamos de describir. Saber que la oraci?n es el encuentro de Dios y el alma no es suficiente para que el hombre ore. Es necesario que el hombre conozca las finalidades de la oraci?n y que estas finalidades las haga propias. Se trata de que el hombre mueva su voluntad no s?lo por razones, sino que haga propia estas razones, es decir, que haga propia las finalidades de la oraci?n. Por ello, pretendemos explicar cu?les son las finalidades de la oraci?n en las ense?anzas de Benedicto XVI con el fin de que la persona pueda apropi?rselas, es decir, con la finalidad de que el hombre pueda transformar estas finalidades de la oraci?n en sus propias motivaciones. Para pasar de la raz?n a la acci?n, es necesario el pasaje del coraz?n. Lograr hacer propias las finalidades de la oraci?n.

De acuerdo con los maestros de la vida espiritual las finalidades de la oraci?n pueden abarcarse en la adoraci?n, la acci?n de gracias, la petici?n, el perd?n y el ofrecimiento. 16 Todo encuentro de Dios y el hombre en la oraci?n engloba al menos una de las finalidades antes mencionadas. Haremos ahora un peque?o an?lisis de la aplicaci?n que Benedicto XVI hace de estas finalidades de la oraci?n en forma tal que a partir de dicho conocimiento podamos encontrar las motivaciones personales para nuestra oraci?n.

Si hemos dicho que la oraci?n es el encuentro personal con Dios, es l?cito preguntarnos de qu? esta hecho este encuentro, c?mo se llena este encuentro. Es necesario poner como premisa que este encuentro se realiza entre una persona que es criatura y su Creador, por lo tanto la criatura nunca podr? poseer por entero a su Creador. Podr? tan s?lo participar de la vida del Creador, y a esto tiende la oraci?n, el encuentro con Dios.

Una de las finalidades de la oraci?n que se?ala Benedicto XVI es la de ser familiar con Dios, de modo que el hombre pueda someterse a la voluntad del Padre. Se trata por tanto de lograr un trato ?ntimo y personal con Dios. No es que la persona pueda abarcar a Dios, lo cu?l no ser? posible, por la premisa que hemos mencionado en el p?rrafo precedente. Es lograr en el hombre, mediante el asiduo contacto con Dios, una confianza total en la voluntad del Padre. Que conozca de tal forma al Padre, que pueda vaciarse de s? mismo para cumplir su voluntad. Es necesario por tanto en el hombre un proceso de vaciamiento para que pueda entrar en ?l la voluntad del padre. ?<>: ecco il vero pericolo. Il grande dottore della chiesa (S. Agostino) raccomanda di concentrarse in se stessi, ma anche di trascendere l?io che non ? Dio, ma solo una creatura. Dio ? <>. Dio infatti ? in noi e con noi, ma ci trascende nel suo mistero.? 17

Esta familiaridad con Dios le permite no s?lo conocerlo, sino estar siempre en una postura de hacer su voluntad. Cuando mediante la oraci?n el coraz?n del hombre logra deshacerse de las preocupaciones del mundo, la ?nica preocupaci?n es la de hacer la voluntad de Dios. El encuentro con Dios tiene como una finalidad para el hombre la de ayudarlo a vaciarse de s? mismo para aceptar y cumplir con amor la voluntad de Dios. ?Obviamente, el cristiano que reza no pretende cambiar los planes de Dios o corregir lo que Dios ha previsto. Busca m?s bien el encuentro con el Padre de Jesucristo, pidiendo que est? presente, con el consuelo de su Esp?ritu, en ?l y en su trabajo. La familiaridad con el Dios personal y el abandono a su voluntad impiden la degradaci?n del hombre, lo salvan de la esclavitud de doctrinas fan?ticas y terroristas.? 18

Si el encuentro con Dios tiene como una de sus finalidades buscar la voluntad de Dios para que Dios est? presente en las realidades del hombre, tanto m?s cuanto estas realidades son las que maneja el sacerdote, y podemos nosotros a?adir, las personas consagradas. Si bien es cierto que el sacerdote y las personas consagradas est?n insertas en el mundo, no son del mundo, como recomienda el mismo Cristo. Este vivir siempre con la mirada fija en Dios dentro de las realidades terrenas, requiere de un medio para avivar estos deseos de Dios. La oraci?n tendr? como finalidad el mantener vivo este deseo. ?Para cumplir su elevada tarea, el sacerdote debe tener una s?lida estructura espiritual y vivir toda su vida animado por la fe, la esperanza y la caridad. Debe ser, como Jes?s, un hombre que busque, a trav?s de la oraci?n, el rostro y la voluntad de Dios, y que cuide tambi?n su preparaci?n cultural e intelectual.? 19


?Un m?todo?
Hemos dicho que la oraci?n no puede reducirse a un m?todo, ya que la criatura no podr? abarcar nunca el objeto de la oraci?n, esto es, el amor inefable de Dios. La oraci?n no es un m?todo, pero un buen m?todo ayuda a hacer oraci?n. ?La preghiera ? un mistero. L?uomo non pu? entrare in contatto con Dio se non entrando nel mistero divino. La preghiera cristiana ? il mistero di Cristo che introduce i suoi discepoli in una relazione filiale che permette loro di gridare: <>.? 20 Por lo tanto, estamos hablando de misterio, en d?nde la gracia de Dios juega un papel preponderante, aunque sin descuidar tampoco la importancia de la libertad del hombre. Siendo por tanto el encuentro con Dios suscitado por su Esp?ritu santo, no podemos encasillar dicho encuentro a una serie de normas, de reglas, de recetas que nos permitan obtener un resultado infalible. El h?gase esto y entrar? en contacto con Dios, reduce el misterio del encuentro con Dios a los horizontes terrenos de la mente humana. El encuentro con Dios es m?s que un m?todo, pero un buen m?todo ayuda al encuentro con Dios, en la manera en que dicho m?todo permite a Dios actuar libremente, d?ndole la primac?a del actuar.

Benedicto XVI sin sugerir un m?todo en cuanto tal, traza con deliciosas pinceladas lo que podr?a ser una forma, no me atrevo a decir m?todo, del encuentro con Dios y que cada hombre puede aprender y hacer propias estas formas. Encuadra esta forma de oraci?n en una escuela de esperanza. 21 Como la oraci?n es un encuentro personal con Dios, el n?cleo de la persona humana, su coraz?n, entendido como el ?rgano de la voluntad, su deseo m?s ?ntimo, debe irse trasformando para que en ?l s?lo pueda estar Dios, sus intereses, sus anhelos. Benedicto XVI, citando a San Agust?n, lo expresa de la siguiente manera. ?? Imag?nate que Dios quiere llenarte de miel [s?mbolo de la ternura y la bondad de Dios]; si est?s lleno de vinagre, ?d?nde pondr?s la miel? ? El vaso, es decir el coraz?n, tiene que ser antes ensanchado y luego purificado: liberado del vinagre y de su sabor. Eso requiere esfuerzo, es doloroso, pero s?lo as? se logra la capacitaci?n para lo que estamos destinados.? 22

El encuentro personal con Dios no es simplemente un encuentro que deja indiferente a la persona. Antes de encontrarse con Dios, la persona debe buscar las disposiciones necesarias para encontrarlo. Disposiciones que son ?nicamente exteriores, sino sobre todo interiores . Disposiciones que se resumen en buscar ya desde antes el querer de Dios. De lo contrario la oraci?n se reduce a un ejercicio depreda que o toca lo ?ntimo del hombre, que no lo transforma. A lo m?s ser? una meditaci?n piadosa que llena un cierto requisito de piedad filial. Cuando por el contrario, el hombre busca en el encuentro personal con Dios cumplir su voluntad, el coraz?n se ensancha: ?El hombre ha sido creado para una gran realidad, para Dios mismo, para ser colmado por ?l. Pero su coraz?n es demasiado peque?o para la gran realidad que se le entrega. Tiene que ser ensanchado. ? Dios, retardando [su don], ensancha el deseo; con el deseo, ensancha el alma y, ensanch?ndola, la hace capaz [de su don] ?.? 24 Este ensancharse del coraz?n es un ejercicio constante que se realiza en la oraci?n que sin ser una escuela de oraci?n, bien lo podemos llamar, con Benedicto XVI, una forma de oraci?n que lleva a una cierta finalidad. La forma es la de buscar que el coraz?n del hombre se hace al coraz?n de Dios, a aceptar lo que Dios quiere de ?l. Es llegar a la oraci?n con un coraz?n abierto, dispuesto para que Dios lo llene, que es precisamente la finalidad de la oraci?n: ?El modo apropiado de orar es un proceso de purificaci?n interior que nos hace capaces para Dios y, precisamente por eso, capaces tambi?n para los dem?s. En la oraci?n, el hombre ha de aprender qu? es lo que verdaderamente puede pedirle a Dios, lo que es digno de Dios.? 25


La oraci?n de las personas consagradas y en las personas consagradas.
Si la oraci?n reviste una importancia fundamental para la vida del cristiano, cuanto m?s para la vida de la persona que ha entregado su vida a Cristo mediante la consagraci?n a trav?s de los votos o de cualquier otro v?nculo estable . 26 Conocer lo que es la persona consagrada en el magisterio de Benedicto XVI puede servirnos para entender mejor la importancia que el Santo Padre da a la oraci?n de las personas consagradas.

Desde la inauguraci?n de su magisterio, Benedicto XVI se ha referido a las personas consagradas con expresiones llenas de significado espiritual. ?Os saludo a vosotros, religiosos y religiosas, testigos de la presencia transfigurante de Dios,? 27 fue su primer saludo a las personas consagradas. A partir de ese momento se ha referido a los religiosos y las religiosas como personas que viven la dimensi?n espiritual de la uni?n con Dios. As?, en uno de los que podemos llamar su primer documento oficial a la vida consagrada, la Carta con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica del 27 de spetiembre de 2005, Benedicto XVI pone su acento en la dimensi?n espiritual de las personas consagradas, esto es, su relaci?n personal con Cristo: ?alegr?a, porque a trav?s de vosotros s? que me dirijo al mundo de las mujeres y de los hombres consagrados que siguen a Cristo por el camino de los consejos evang?licos y del respectivo carisma particular sugerido por el Esp?ritu.? 28

Esta dimensi?n espiritual est? centrada en el seguimiento de Cristo, pero que se hace personal. No es seguir una idea, unas costumbres, sino que es seguir a una persona que se ha encontrado. De este encuentro nace la conciencia de saber que se pertenece s?lo y exclusivamente a Aqu?l que se ha encontrado. Esta pertenencia Benedicto XVI la sabe expresar claramente en el pensamiento de San Benito, cuando comenta el n?mero de la regla que se refiere al amor de Cristo: ?En efecto, la vida consagrada, desde sus or?genes, se ha caracterizado por su sed de Dios: quaerere Deum. Por tanto, vuestro anhelo primero y supremo debe ser testimoniar que es necesario escuchar y amar a Dios con todo el coraz?n, con toda el alma y con todas las fuerzas, antes que a cualquier otra persona o cosa.? 29 Ser de Dios y pertenecer a Dios son las caracter?sticas fundamentales de la consagraci?n. Dichas caracter?sticas impregnan la vida de todo consagrado y le permiten actuar en el mundo con una cierta especificidad. ?Pertenecer al Se?or: esta es la misi?n de los hombres y mujeres que han elegido seguir a Cristo casto, pobre y obediente, para que el mundo crea y sea salvado. Ser totalmente de Cristo para transformarse en una permanente confesi?n de fe, en una inequ?voca proclamaci?n de la verdad que hace libres ante la seducci?n de los falsos ?dolos que han encandilado al mundo. Ser de Cristo significa mantener siempre ardiendo en el coraz?n una llama viva de amor, alimentada continuamente con la riqueza de la fe, no s?lo cuando conlleva la alegr?a interior, sino tambi?n cuando va unida a las dificultades, a la aridez, al sufrimiento.? 30

Nos damos cuenta que Benedicto XVI basa el concepto de la vida consagrada en la pertenencia al Se?or y que por consecuencia la persona consagrada busca vivir en todo momento esta pertenencia, no anteponiendo nada al Amor. A partir de este concepto de vida consagrada, la oraci?n cobra un matiz muy espec?fico. Si como hemos dicho, la persona consagrada es aquella que pertenece s?lo a Dios y se esfuerza por vivir esa pertenencia a Dios en todas las dimensiones de la vida, necesariamente buscar? aquellas actividades que m?s le ayuden a reforzar su pertenencia a Dios. Quien busca pertenecer a un objeto, trata de poseer dicho objeto. No en vano el amor que es una acci?n de la voluntad y no del sentimiento, busca ponerse siempre en sinton?a con el objeto amado . Y si la oraci?n es un encuentro personal con Dios, para la persona consagrada que busca pertenecer s?lo a Dios y poseer s?lo a Dos, la oraci?n se convierte en una forma de poseer a Dios y de alimentarse de Dios: ?El alimento de la vida interior es la oraci?n, ?ntimo coloquio del alma consagrada con su Esposo divino.? 32

Si la oraci?n es el alimento necesario para que las personas consagradas puedan pertencer y aumentar su pertenencia al Se?or, se infiere que la continuidad en la oraci?n es la garant?a de la constancia en la pertenencia al Se?or. Siendo que la persona consagrada se desarrolla a lo largo del tiempo y que su vida no est? exenta de peligros y tribulaciones, ya sea que vengan del exterior de la persona, ya sea que provengan del interior, la oraci?n se convierte por tanto en un medio esencial para llenarse del Se?or y reafirmar la pertenencia a ?l. Un medio que no debe reducirse a un tiempo espor?dico, sino que debe sellar la jornada de todos los d?as, ya que la pertenencia se alimenta de los encuentros cotridianos, no s?lo espor?dicos. ?Proseguid por este camino, fortaleciendo vuestra fidelidad a los compromisos asumidos, al carisma de vuestros respectivos institutos y a las orientaciones de la Iglesia local. Esta fidelidad, como sab?is, es posible a quienes se mantienen firmes en las fidelidades diarias, peque?as pero insustituibles: ante todo, fidelidad a la oraci?n y a la escucha de la palabra de Dios; fidelidad al servicio de los hombres y de las mujeres de nuestro tiempo, de acuerdo con el propio carisma; fidelidad a la ense?anza de la Iglesia, comenzando por la ense?anza acerca de la vida consagrada; y fidelidad a los sacramentos de la Reconciliaci?n y la Eucarist?a, que nos sostienen en las situaciones dif?ciles de la vida, d?a tras d?a.? 33

Una aplicaci?n de la oraci?n: la oraci?n por las vocaciones.
Siendo la escasez de las vocaciones uno de los argumentos de mayor importancia para la vida consagrada en nuestra ?poca, Benedicto XVI ha se?alado en diversos momentos de su magisterio la forma en que el problema debe afrontarse. Desde un comienzo debe verse esta situaci?n desde el punto de vista de Dios y no dejarse llevar ni por un malsano alarmismo, pero tampoco por un infructuoso pesimismo. En su discurso al clero de la di?cesis de Aosta en julio de 2005, Benedicto XVI, con una visi?n realista dice que no nos debemos llevar del pesimismo ni pensar en recetas que puedan solucionar el problema. Se debe partir aceptando la situaci?n de sufrimiento, conscientes de que el Se?or permite y est? en el sufrimiento, pero conscientes tambi?n de que el Se?or actuar? a trav?s de nuestra acci?n. Y una de estas acciones es la oraci?n por las vocaciones . 34

La oraci?n por las vocaciones no falta en la mayor parte de las comunidades de vida religiosa. Ya sea en forma comunitaria, personal o intercongregacional, la oraci?n por las vocaciones se ha convertido en un elemento indispensable para pedir al due?o de la mies que env?e obreros a la mies (cf. Mt 9, 37 ? 38). Sin embargo, Benedicto XVI, hace una aclaraci?n importante. No basta pedir que el Se?or env?e obreros a la mies. Hay que ense?ar a los obreros, a los j?venes actuales, a orar. Es precisamente en la oraci?n, el encuentro personal con Dios, en d?nde se hace el discernimiento vocacional. Es en la oraci?n en d?nde los corazones de los j?venes se deciden a dejar todo por seguir el ?nico necesario. Si un joven no sabe rezar, es in?til que se hagan campa?as promocionales de oraci?n por las vocaciones, de que se convoque a j?venes a eventos para darles a conocer lo que es el sacerdocio o la vida consagrada. Si falta en el joven la capacidad de interiorizarse, de encontrar a Dios en lo profundo de su ser, de nada o poco servir?n todos esos medios externos. Podemos entonces decir que Benedicto XVI ha re-cualificado la oraci?n por las vocaciones, para que se convierta verdaderamente en un instrumento para suscitar vocaciones en el coraz?n de los j?venes. ?Parecer? extra?o, pero yo pienso muchas veces que la oraci?n ?el unum necessarium? es el ?nico aspecto de las vocaciones que resulta eficaz y que nosotros tendemos con frecuencia a olvidarlo o infravalorarlo. No hablo solamente de la oraci?n por las vocaciones. La oraci?n misma, nacida en las familias cat?licas, fomentada por programas de formaci?n cristiana, reforzada por la gracia de los Sacramentos, es el medio principal por el que llegamos a conocer la voluntad de Dios para nuestra vida. En la medida en que ense?amos a los j?venes a rezar, y a rezar bien, cooperamos a la llamada de Dios. Los programas, los planes y los proyectos tienen su lugar, pero el discernimiento de una vocaci?n es ante todo el fruto del di?logo ?ntimo entre el Se?or y sus disc?pulos. Los j?venes, si saben rezar, pueden tener confianza de saber qu? hacer ante la llamada de Dios.? 35



NOTAS
1 ?La santa Iglesia, nuestra madre, mantiene y ense?a que Dios, principio y fin de todas las cosas, puede ser conocido con certeza mediante la luz natural de la raz?n humana a partir de las cosas creadas" (Cc. Vaticano I: DS 3004; cf. 3026; Cc. Vaticano II, DV 6). Sin esta capacidad, el hombre no podr?a acoger la revelaci?n de Dios. El hombre tiene esta capacidad porque ha sido creado "a imagen de Dios" (cf. Gn 1,26). (?)El esp?ritu humano, para adquirir semejantes verdades, padece dificultad por parte de los sentidos y de la imaginaci?n, as? como de los malos deseos nacidos del pecado original. De ah? procede que en semejantes materias los hombres se persuadan f?cilmente de la falsedad o al menos de la incertidumbre de las cosas que no quisieran que fuesen verdaderas (P?o XII, enc. "Humani Generis": DS 3875). Por esto el hombre necesita ser iluminado por la revelaci?n de Dios, no solamente acerca de lo que supera su entendimiento, sino tambi?n sobre "las verdades religiosas y morales que de suyo no son inaccesibles a la raz?n, a fin de que puedan ser, en el estado actual del g?nero humano, conocidas de todos sin dificultad, con una certeza firme y sin mezcla de error" (ibid., DS 3876; cf. Cc Vaticano I: DS 3005; DV 6; S. Tom?s de A., s.th. 1,1,1). Catecismo de la Iglesia cat?lica, nn. 36 ? 38.
2 Ib?dem., n. 2590
3 Antonio Furioli, Preghiera e contemplazxione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 22.
4 ?la preghiera ? un incontro dell?uomo con Dio. (?). Si tratta din un incontro del Padre con il figlio, del figlio con il proprio Dio che sa essergli Padre, di un incontro quindi che ? uno scambio di amore. Le forme delle preghiere potranno essere diverse, cos? pure i suoi motivi e anche le difficolt? che vi troviamo, ma la ragione intima della preghiera ? sempre l?amore; e una persona che desidera incontrarsi con Dio, dovr? preoccuparsi di una cosa sola: amare, o meglio rispondere a Dio che le si d? per puro amore.? F. Charmot, L?oraison ?change d?amour, c. I. in Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 22.
5 ?Una aut?ntica renovaci?n de la vida religiosa s?lo puede darse tratando de llevar una existencia plenamente evang?lica, sin anteponer nada al ?nico Amor, sino encontrando en Cristo y en su palabra la esencia m?s profunda de todo carisma del fundador o de la fundadora.? Benedicto XVI, Carta con motivo de la Asamblea plenaria de la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, 27.9.2005.
6 Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditaci?n cristiana ? Orationis formas, 15.10.1989, n. 1.
7 Benedicto XVI, Discursos, 19.4.2005.
8 Benedicto XVI, Homil?as, 24.4.2005
9 Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditaci?n cristiana ? Orationis formas, 15.10.1989, n. 2.
10 Ib?dem.
11 Ib?dem.
12 Ib?dem., n. 11.
13 Ib?dem., n. 9 ? 10.
14 Ib?dem., n. 31.
15 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
16 Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 24 ? 31.
17 Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditaci?n cristiana ? Orationis formas, 15.10.1989, n. 19.
18 Benedicto XVI, Carta enc?clica Deus caritas est, 25.12.2005, n. 37
19 Benedicto XVI, Discursos, 13.5.2007, n. 5.
20 Jean Galot, S.J. Presentazione, in Antonio Furioli, Preghiera e contemplazione mistica, Casa editrice Marietti, Genova 2001, p. 15.
21 Benedicto XVI, Carta enc?clica Spes salvi, 30.11.2007, n. 32.
22 Ib?dem., n. 33.
23 ?La ricerca di Dio mediante la preghiera deve essere preceduta e accompagnata dalla ascesi e dalla purificazione dai propri peccati ed errori, perch? secondo la parola di Ges? soltanto <> (Mt 5, 8).? Congregaci?n para la Doctrina de la Fe, Carta sobre algunos aspectos de la meditaci?n cristiana ? Orationis formas, 15.10.1989, n. 18.
24 Benedicto XVI, Carta enc?clica Spes salvi, 30.11.2007, n. 33.
25 Ib?dem.
26 ?Adoptan con libertad esta forma de vida en institutos de vida consagrada can?nicamente erigidos por la autoridad competente de la Iglesia aquellos fieles que, mediante votos u otros v?nculos sagrados, seg?n las leyes propias de los institutos, profesan los consejos evang?licos de castidad, pobreza y obediencia, y, por la caridad a la que ?stos conducen, se unen de modo especial a la Iglesia y a su misterio.? C?digo de Derecho Can?nico, c.573, ? 2.
27 Benedicto XVI, Homil?as, 24.4.2005
28 Benedicto XVI, Cartas, 27.9.2005.
29 Benedicto XVI, Discursos, 10.12.2005.
30 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
31 ?Idem velle, idem nolle, querer lo mismo y rechazar lo mismo, es lo que los antiguos han reconocido como el aut?ntico contenido del amor: hacerse uno semejante al otro, que lleva a un pensar y desear com?n.? Benedicto XVI, Carta enc?clica Deus caritas est, 25.12.2005, n.17.
32 Benedicto XVI, Discursos, 22.5.2006.
33 Benedicto XVI, Discursos, 10.12.2005.
34 ?El primer punto es un problema que se plantea en todo el mundo occidental: la falta de vocaciones. (?)Es diferente la situaci?n en el mundo occidental, un mundo cansado de su propia cultura, un mundo que ha llegado a un momento en el cual ya no se siente la necesidad de Dios, y mucho menos de Cristo, y en el cual, por consiguiente, parece que el hombre podr?a construirse a s? mismo. En este clima de un racionalismo que se cierra en s? mismo, que considera el modelo de las ciencias como ?nico modelo de conocimiento, todo lo dem?s es subjetivo. Naturalmente, tambi?n la vida cristiana resulta una opci?n subjetiva y, por ello, arbitraria; ya no es el camino de la vida. As? pues, como es obvio, resulta dif?cil creer; y, si es dif?cil creer, mucho m?s dif?cil es entregar la vida al Se?or para ponerse a su servicio. (?)As? pues, la primera respuesta es la paciencia, con la certeza de que el mundo no puede vivir sin Dios, el Dios de la Revelaci?n ―y no cualquier Dios, pues puede ser peligroso un Dios cruel, un Dios falso―, el Dios que en Jesucristo nos mostr? su rostro, un rostro que sufri? por nosotros, un rostro de amor que transforma el mundo como el grano de trigo que cae en tierra.
Por consiguiente, tenemos esta profund?sima certeza: Cristo es la respuesta y, sin el Dios concreto, el Dios con el rostro de Cristo, el mundo se autodestruye y resulta a?n m?s evidente que un racionalismo cerrado, que piensa que el hombre por s? solo podr?a reconstruir el aut?ntico mundo mejor, no tiene la verdad. Al contrario, si no se tiene la medida del Dios verdadero, el hombre se autodestruye. Lo constatamos con nuestros propios ojos.
Debemos tener una certeza renovada: ?l es la Verdad y s?lo caminando tras sus huellas vamos en la direcci?n correcta, y debemos caminar y guiar a los dem?s en esta direcci?n.
El primer punto de mi respuesta es: en todo este sufrimiento no s?lo no debemos perder la certeza de que Cristo es realmente el rostro de Dios, sino tambi?n profundizar esta certeza y la alegr?a de conocerla y de ser as? realmente ministros del futuro del mundo, del futuro de todo hombre. Y hemos de profundizar esta certeza en una relaci?n personal y profunda con el Se?or. Porque la certeza puede crecer tambi?n con consideraciones racionales. Realmente, me parece muy importante una reflexi?n sincera que convenza tambi?n racionalmente, pero llega a ser personal, fuerte y exigente en virtud de una amistad con Cristo vivida personalmente cada d?a.
Por consiguiente, la certeza exige esta personalizaci?n de nuestra fe, de nuestra amistad con el Se?or; as? surgen tambi?n nuevas vocaciones.? Benedicto XVI, Discursos, 25.7.2005.
35 Benedicto XVI, Discursos, 16.4.2008, n. 3.


Publicado por mario.web @ 23:06
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