Martes, 10 de mayo de 2011
La formaci?n en la vida consagrada es un proceso pedag?gico que tiene como fin primordial el lograr que la persona vaya adquiriendo a lo largo de su vida los mismo sentimientos de Cristo
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Formarse para Formar
Formarse para Formar
LA NOVEDAD DE LA FORMACI?N A PARTIR DEL CONCICLIO VATICANO II
A partir del Concilio Vaticano II se ha visto un gran esfuerzo en la mayor?a de las Congregaciones religiosas femeninas por lograr en cada uno de sus miembros una formaci?n a la altura de los tiempos. El llamado de los padres conciliares ha encontrado eco en superioras y formadoras que se han dado a la tarea de capacitar a todas las religiosas de acuerdo a las nuevas situaciones del hombre de hoy. El documento Perfectae caritatis deja consignado para la posteridad la ruta que deb?a emprenderse: ?Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz.? 1

La ayuda m?s eficaz a los hombres que menciona el documento conciliar no era solamente una invitaci?n a una capacitaci?n meramente t?cnica o acad?mica. No se buscaba simplemente formar mejores profesoras, mejores enfermeras o mejores catequistas. Si leemos con atenci?n y a la luz del conjunto del Concilio Vaticano II este documento conciliar, b?sico para entender la renovaci?n de la vida consagrada en la Iglesia cat?lica, podemos entender mejor el papel que juega la formaci?n en la renovaci?n de la vida consagrada. El documento, cuando se refiere a los principios generales que deben guiar la formaci?n, establece como premisa el hecho de que ?la adecuada adaptaci?n y renovaci?n de la vida religiosa comprende a la vez el continuo retorno a las fuentes de toda vida cristiana y a la inspiraci?n originaria de los Institutos, y la acomodaci?n de los mismos, a las cambiadas condiciones de los tiempos.? 1Un camino de ida y un camino de vuelta. De ida, para recuperar, lo que dir? a?os m?s tarde Juan Pablo II, la santidad, la creatividad y la audacia de los Fundadores 3 . De vuelta, porque con ese fervor y con ese ardor se quiere llegar a los hombres que se encuentran en situaciones nuevas, in?ditas, y muchas de ellas amenazantes. Por tanto, el objetivo de la renovaci?n es el retorno a las fuentes originarias para vivir con mayor frescura el evangelio y la inspiraci?n originaria de los Institutos, para as? adaptarse mejor a las nuevas situaciones del mundo.

Si todo el objetivo del Concilio Vaticano II se reduce en esta m?xima, es necesario comprender que los medios que a continuaci?n indicar? el documento Perfectae caritatis, ser?n solamente para lograr con una mayor eficacia este volver a vivir la frescura de los or?genes, en forma tal que puedan adaptarse mejor a las cambiadas condiciones de los tiempos. Podemos establecer por tanto que el detonante que ha originado la adaptaci?n, el cambio sugerido a las congregaciones religiosas, son los nuevos retos a los que se enfrenta la humanidad. Retos que son de muy distinto tipo y que en este peque?o estudio no podemos abarcar. La vida consagrada, como el resto de la Iglesia, corr?a el peligro de quedarse anquilosada, atrasada y anclada en el pasado y no cumplir con su misi?n de evangelizadora del hombre y de la cultura en la que el hombre comenzaba a vivir. En muchas congregaciones religiosas se hab?a confundido la esencia de la consagraci?n con modelos culturales. Por ello el Concilio invita a que la vida consagrada, como todos los otros estratos de la Iglesia, se adaptaran a estos nuevos cambios. Para la vida consagrada elige como punto de partida recobrar el fervor de los primeros cristianos y de los fundadores de las congregaciones.

Bajo esta ?ptica, la formaci?n a la que est? invitando la Perfectae caritatis en el n?mero 2d, no es exclusiva y simplemente una formaci?n acad?mica, cient?fica o profesional. Debe ser una formaci?n que pueda ayudar a entender las nuevas situaciones del hombre para ayudarlo a encontrar la riqueza del evangelio y de este modo su salvaci?n. Si la formaci?n acad?mica y cient?fica ayudan a comprender y ayudar al hombre, no debe olvidarse que esta ayuda se debe prestar siempre en nombre de Dios y de forma tal que esta ayuda, aunque sea solamente desde el punto de vista humano, pueda ayudarlo a encontrar la salvaci?n. As?, Benedicto XVI ha definido todo el quehacer de la Iglesia, como un acto de caridad: ?Con el paso de los a?os y la difusi?n progresiva de la Iglesia, el ejercicio de la caridad se confirm? como uno de sus ?mbitos esenciales, junto con la administraci?n de los Sacramentos y el anuncio de la Palabra: practicar el amor hacia las viudas y los hu?rfanos, los presos, los enfermos y los necesitados de todo tipo, pertenece a su esencia tanto como el servicio de los Sacramentos y el anuncio del Evangelio. La Iglesia no puede descuidar el servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra.? 4Toda acci?n que realizan las personas consagradas para beneficiar al hombre, no lo hacen a t?tulo personal, ni siquiera a t?tulo de la propia Congregaci?n, lo hacen a nombre de la Iglesia, que tiene al ejercicio de la caridad como una de sus principales funciones. Y estas funciones, aunque sean para la promoci?n social del hombre, no acaban ah?. La promoci?n humana del hombre es siempre un medio para ayudarlo a alcanzar la finalidad ?ltima de la Iglesia que es la evangelizaci?n. ?Las transformaciones culturales, sociales y pol?ticas, que involucran, no sin dificultad, pueblos y continentes, inducen a la Iglesia a una presencia evang?lica que se convierta en respuesta a las esperanzas y aspiraciones m?s difusas de la humanidad. Esta viva preocupaci?n pastoral, agudizada por las reflexiones y perspectivas del Vaticano II, reaflora en los s?nodos de los Obispos y en las exhortaciones apost?licas, que incitan con claridad e insistencia a la comunidad eclesial a tomar decisiones valientes de renovaci?n, con el fin de acercar al hombre contempor?neo a la fuente de toda aut?ntica promoci?n humana y social: el Evangelio.? 5

Por otra parte, la ayuda que se le pueda dar al hombre, una ayuda m?s eficaz, no debe ser ?nicamente de tipo acad?mico, cient?fico, social, cultural o humanitario. La ayuda m?s eficaz que requieren los hombres de nuestros tiempos es aquella que le sirve para comprender su sentido en la vida, su relaci?n con el Creador, la finalidad para la cual han sido creados .6 La necesidad de la formaci?n a la que invita el decreto Perfectae caritatis quiere impulsar a las religiosas a adecuar lo mejor posible el mensaje del evangelio de forma que pueda ser recibido por todas las personas. No basta por tanto una formaci?n acad?mica o cient?fica por s? misma para entender y ayudar al hombre. Este tipo de formaci?n es un medio para ayudar m?s eficazmente al hombre actual a vivir el evangelio y as? ayudarlo a encontrar a Cristo, el sentido ?ltimo de su existencia. Es necesario por tanto una formaci?n permanente integral y eminentemente espiritual, que permita a la persona consagrada estar en posibilidad de adaptarse siempre lo mejor posible para transmitir el mensaje del evangelio a trav?s del apostolado que la obediencia le ha asignado. Esta capacidad de formarse constantemente es una cualidad que debe adquirirse en las primeras etapas de la formaci?n para ser continuada a lo largo de toda la vida. Sin esta actitud constante de formaci?n, la persona corre el riesgo de anquilosarse, de estancarse y de perder la esperanza en s? misma y en la vida consagrada.

Por ello, la formaci?n, lejos de ser meramente acad?mica o cient?fica, debe ser una formaci?n integral, que abarque a toda la persona consagrada y a todas las personas consagradas. Asistimos quiz?s a un espect?culo demasiado triste en algunas congregaciones religiosas, especialmente en Italia. Debido a la escasez del esfuerzo por buscar vocaciones, y no s?lo a la escasez misma de las vocaciones, observamos congregaciones con una fuerte divisi?n cultural y generacional. Las religiosas de edad avanzada son por lo general italianas con una formaci?n acad?mica pobre o b?sica. Las religiosas j?venes son extranjeras, de cultura distinta a la italiana con una formaci?n b?sica generalmente pobre, pero que se enriquece constantemente mediante los esfuerzos de la congregaci?n por dotarlas de una formaci?n universitaria o acad?micamente rica en contenidos. Sin embargo, ambas religiosas no poseen por lo general una formaci?n espiritual rica en contenidos. Se toma en cuenta, y muy en cuenta, la primera formaci?n espiritual, una formaci?n espiritual cl?sica, pero que est? muy lejos de calar en el interior de la persona. Es una formaci?n espiritual en la que importan m?s los contenidos externos que la postura interna. Se da m?s importancia a lo que se hace en la vida espiritual que aquello a lo que se va asimilando. Si la formaci?n permanente deber?a de ser ?la disponibilidad constante a aprender que se expresa en una serie de actividades ordinarias, y luego tambi?n extraordinarias, de vigilancia y discernimiento, de ascesis y oraci?n, de estudio y apostolado, de verificaci?n personal y comunitaria, etc., que ayudan cotidianamente a madurar en la identidad del creyente y en la fidelidad creativa a la propia vocaci?n en las diversas circunstancias y fases de la vida? 7, para lograr ?(?) el fin de la vida consagrada (que) consiste en la conformaci?n con el Se?or Jes?s y con su total oblaci?n, a esto se debe orientar ante todo la formaci?n. Se trata de un itinerario de progresiva asimilaci?n de los sentimientos de Cristo hacia el Padre? 8, entonces esta formaci?n permanente, de todo tipo, no deber?a terminar con la profesi?n perpetua. Y sin embargo nos damos cuenta que sucede todo lo contrario.

La formaci?n inicial en algunos institutos, parecer?a meramente un requisito formal para la profesi?n perpetua. Tal parece que se ci?en a la letra del derecho can?nico cuando habla de la formaci?n que deben recibir los novicios: ?Estim?lese a los novicios para que vivan las virtudes humanas y cristianas; se les debe llevar por un camino de mayor perfecci?n mediante la oraci?n y la abnegaci?n de s? mismos; instr?yaseles en la contemplaci?n del misterio de la salvaci?n y en la lectura y meditaci?n de las sagradas Escrituras; se les preparar? para que celebren el culto de Dios en la sagrada liturgia; se les formar? para llevar una vida consagrada a Dios y a los hombres en Cristo por medio de los consejos evang?licos; se les instruir? sobre el car?cter, esp?ritu, finalidad, disciplina, historia y vida del instituto; y se les imbuir? de amor a la Iglesia y a sus sagrados Pastores.? 9Y sin embargo olvidan lo que cita m?s adelante el mismo Derecho can?nico: ?Los religiosos continuar?n diligentemente su formaci?n espiritual, doctrinal y pr?ctica durante toda la vida; los Superiores han de proporcionarles medios y tiempo para esto.? 10Y es en este punto en d?nde se establece la ruptura, especialmente en las superioras de comunidad. Se habla mucho hoy d?a de la formaci?n permanente. No hay congregaci?n religiosa que no trate este punto en los cap?tulos generales, en las asambleas intercapitulares, en los congresos internos o en las jornadas de actualidad. Pero mucha de esa formaci?n continua se entiende solamente como una mera actualizaci?n de tipo cient?fico, acad?mico o de conocimientos, incluso teol?gicos. Y no es que este tipo de formaci?n vaya en contra de lo que ha establecido el Magisterio de la Iglesia para la adecuada renovaci?n? pero resulta insuficiente.

La formaci?n necesaria para adaptar la gran riqueza de la vida consagrada a los retos actuales, aquella que permite aplicar la frescura de la vida de los fundadores a las situaciones actuales, aquella que hemos nombrado como formaci?n de ida y formaci?n de vuelta, requiere sin duda alguna de todo este tipo de formaci?n acad?mica, de actualizaci?n, de informaci?n teol?gica. Pero poco o nada efectivo lograr?n sin una adecuada formaci?n espiritual, es decir, sin lograr que todos esos conocimientos adquiridos calen en el interior de la religiosa y la transformen con el fin no de hacerla una mejor profesora, catequista o enfermera, sino, sobretodo, una mejor disc?pula de Cristo, que viva en s? misma los mismos sentimientos de Cristo, con el fin de que pueda de esa manera, incidir mejor en los hombres, a trav?s del propio carisma que Dios ha regalado a su Instituto de manos de su Fundador. De lo contrario todos esos contenidos acad?micos, formativos, teol?gicos, buenos en s? mismo, corren el riesgo de que no transformen a la mujer consagrada y no la hagan m?s disponible para la misi?n. Es triste muchas veces el espect?culo de religiosas que van de un congreso a otro, buscando formaci?n, buscando escuchar discursos que las emocionen, pero que despu?s de a?os siguen siendo las mismas. No han faltado los medios externos, pero faltan los medios internos para lograr que esos contenidos realmente transformen a la persona y las hagan m?s semejantes a Cristo, a la manera de sus fundadores y fundadoras.

Hemos dicho que los esfuerzos que se han hecho las congregaciones religiosas femeninas por dotar de buena formaci?n a sus religiosas, ha sido una empresa laudable y digna de encomio. Ahora, las religiosas pululan en los diversos ?mbitos universitarios, procurando adquirir una buena formaci?n acad?mica ? cient?fica. Se les ve tambi?n asistir con asiduidad a cursos de actualizaci?n, conferencias de actualidad. Sin embargo tal parece que todo el esfuerzo en la formaci?n permanente se concentra en este tipo de formaci?n acad?mica - cient?fica, dejando a un lado la continuidad en los otros campos de la formaci?n. Es muy f?cil delegar la formaci?n de un solo aspecto a una instituci?n universitaria, pero es muy dif?cil continuar la formaci?n en todos los campos del desarrollo humano, especialmente en el campo espiritual. La fenomenolog?a observada al respecto es muy curiosa y vale la pena detenernos un momento en ella para observarla y sacar las conclusiones pertinentes.


Fijar el horizonte de la formaci?n, ?hasta d?nde quiero llegar?
Con el pasar de los a?os se entiende cada vez m?s los prop?sitos del Concilio Vaticano II para la vida consagrada. Si hemos sintetizado estos objetivos en un camino de ida que quer?a recuperar el fervor de los Fundadores y en un camino de vuelta para aplicar dicho fervor a las circunstancias actuales de los hombres, tal parece que este camino se ha visto truncado en una de sus partes. Si por un lado las nuevas generaciones de religiosas tienden a llegar con una mejor preparaci?n acad?mica?cient?fica y las congregaciones e institutos religiosos se esfuerzan por continuar este tipo de formaci?n a lo largo de la vida de sus miembros, la parte de la adaptaci?n a los nuevos tiempos no se ha visto completa del todo. Es innegable el hecho que muchas congregaciones, por diversos motivos, han renunciado a tener un papel preponderante en la cultura moderna. Si bien es cierto que las dificultades en nuestros tiempos son muchas y no podemos aducir a un solo factor la renuncia de las congregaciones religiosas femeninas a influir en la cultura, tambi?n es cierto que esta renuncia se debe a una falta de preparaci?n de los miembros de las congregaciones por afrontar los nuevos retos de la cultura y de la sociedad. Es necesario por tanto una visi?n integral del proceso formativo. Esta falta de visi?n adecuada puede deberse a una concepto equivocado de la consagraci?n, ya que la formaci?n debe responder al objetivo final que se quiere lograr, es decir al tipo de mujer consagrada que se quiere formar. Y esto no s?lo en las etapas iniciales, sino a lo largo del todo el arco de vida de la mujer consagrada.

Esta falta de visi?n global de la vida consagrada ha originado en muchas congregaciones e institutos religiosos una formaci?n parcial, privilegiando tan s?lo una formaci?n acad?mica ? cient?fica. Los resultados pueden observarse en la falta de adaptaci?n de muchas religiosas a los tiempos actuales, especialmente en aquellas religiosas de edad avanzada. Han quedado postergadas en este esfuerzo de adaptaci?n, observ?ndose no pocas veces fracturas al interno de la congregaci?n que se hacen evidentes en la diferencia de edad, de cultura o de preparaci?n. Al interno de una misma congregaci?n pueden darse diferencias entre estos grupos que genera rupturas irreconciliables.

Se debe pensar por tanto en un horizonte de la formaci?n que responda a un tipo de mujer consagrada que se desea formar. Puede ser que el error de varios institutos religiosos haya sido el de haber fijado una ratio formationis sin haber tomado en cuenta el modelo de mujer consagrada que se quer?a formar. Llevadas por la moda, por las prisas, por falta de preparaci?n o por una falta de reflexi?n adecuada, se lanzaron a modificar el proceso de la formaci?n sin tener en cuenta el modelo que se quer?a alcanzar. Dejaron el todo de la formaci?n por seguir una parte.

El todo de la formaci?n debe abarcar el esfuerzo de la mujer consagrada por hacer ese camino de ida y ese camino de vuelta. Es decir, debe tomar en cuenta la formaci?n necesaria para descubrir y vivir cada d?a la frescura y la audacia de los Fundadores y aplicar dicha audacia y frescura a las situaciones actuales, sea estas situaciones actuales personales, sea de los hombres a los que se tiene que hacer llegar el evangelio. Las fracturas son evidentes desde el momento en que muchas congregaciones han perdido el ardor por llevar a cabo la misi?n que su mismo carisma les ped?a o no han adaptado y desarrollado el carisma a las cambiantes situaciones de los tiempos actuales. Congregaciones y personas consagradas que se lamentan por la situaci?n actual pero que poco o nada hacen por remediarlo. Al faltar el modelo, cualquier tipo de formaci?n, cualquier contenido formativo es simplemente una yuxtaposici?n de informaciones que se recogen sin lograr formar un objeto preciso. La formaci?n debe ser en funci?n del modelo fijado, pero tal parece que muchas han recorrido el camino inverso, pensando que una colecci?n indiscriminada de contenidos podr?a formar una mujer consagrada a la altura de los tiempos actuales.

Pensar la formaci?n de la vida consagrada en los tiempos actuales requiere pensar en primer lugar en el tipo de mujer consagrada que se quiere formar. Una vez que se tiene clara la meta a la que se quiere llegar, entonces y s?lo entonces se buscan los mejores contenidos que puedan llevar a cabo el modelo pensado. Cada congregaci?n, lo veremos en los siguientes incisos, por el carisma propio, posee la huella de una mujer consagrada ideal que el fundador o la fundadora han pensado, iluminados por la experiencia del esp?ritu que Dios les ha permitido realizar. Sin embargo hay notas y caracter?sticas comunes a toda congregaci?n religiosa que permite tener una idea clara y precisa del tipo de mujer consagrada que se quiere formar.

Si partimos de la definici?n que nos da el Derecho can?nico de la vida consagrada, podremos destacar algunos elementos fundamentales de la mujer consagrada. ?La vida consagrada por la profesi?n de los consejos evang?licos es una forma estable de vivir en la cual los fieles, siguiendo m?s de cerca a Cristo bajo la acci?n del Esp?ritu Santo, se dedican totalmente a Dios como a su amor supremo, para que entregados por un nuevo y peculiar t?tulo a su gloria, a la edificaci?n de la Iglesia y a la salvaci?n del mundo, consigan la perfecci?n de la caridad en el servicio del Reino de Dios y, convertidos en signo preclaro en la Iglesia, preanuncien la gloria celestial.? 11 El modelo de mujer consagrada ser? aquella que haya decidido seguir m?s de cerca de Cristo, mediante los consejos evang?lico y poner a disposici?n de ?l toda su vida, como bellamente ha recogido la Exhortaci?n apost?lica postsinodal, Vita consecrata: ?A quien se le concede el don inestimable de seguir m?s de cerca al Se?or Jes?s, resulta obvio que ?l puede y debe ser amado con coraz?n indiviso, que se puede entregar a ?l toda la vida, y no s?lo algunos gestos, momentos o ciertas actividades. El ung?ento precioso derramado como puro acto de amor, m?s all? de cualquier consideraci?n ? utilitarista ?, es signo de una obreabundancia de gratuidad, tal como se manifiesta en una vida gastada en amar y servir al Se?or, para dedicarse a su persona y a su Cuerpo m?stico.? 12 Se trata por tanto de formar una mujer consagrada que est? siempre en capacidad de seguir a Cristo, de amarlo. Se deben formar en ella las disposiciones necesarias para que pueda tender todos los d?as a seguir a Cristo.

No es una empresa f?cil pues debe pensarse en una formaci?n de toda la persona. Quien adquiere un conocimiento t?cnico o cient?fico, podemos decir que dicho conocimiento permanece, mientras los avances cient?ficos no digan lo contrario. Quien aprender a sumar y sabe que dos m?s dos suman cuatro, mientras no haya una evidencia cient?fica que demuestra lo contrario, dicho conocimiento permanecer? inalterado en su persona. Sin embargo la formaci?n de la persona consagrada no puede reducirse a adquirir una serie de conocimientos cient?ficos o espirituales. Es necesario que dichos conocimientos calen en el interior de la persona para hacer que siempre est? disponible a modelar su persona en base a la meta que quiere alcanzar. Esta meta no es sino la de asemejarse a Cristo. Si la definici?n que da el Derecho can?nico de la persona consagrada es la de seguir m?s de cerca a Cristo bajo la acci?n del Esp?ritu Santo, bien sabemos que este seguimiento no se reduce a las primeras etapas de la formaci?n, adem?s de que el seguimiento no est? exento de sufrir menoscabos a lo largo del tiempo. El paso de los a?os, los posibles fracasos, las desilusiones de la vida pueden llevar a las personas consagradas a echar marchar atr?s en este seguimiento o por lo menos a frenar el ardor primero y comenzar a vivir sin ilusi?n y sin entusiasmo. Como quien va arrastrando una vida consagrada, m?s que gozando del seguimiento de Cristo, como dec?a Pablo VI: ?La gioia di appartenergli per sempre ? un incomparabile frutto dello Spirito santo, che voi avete gi? assaporato. Animati da questa gioia, che Cristo vi conserver? anche in mezzo alle prove, sappiate guardare con fiducia all?avvenire. Nella misura in cui si irradier? dalle vostre comunit?, questa gioia sar? per tutti la prova che lo stato di vita, da voi scelto, vi aiuta, attraverso la triplice rinuncia della vostra professione religiosa a realizzare la massima espansione della vostra vita nel Cristo.? 13

El punto fundamental de esta formaci?n permanente se encuentra en formar las disposiciones interiores para estar siempre en una sana tensi?n para seguir a Cristo. Quiz?s la exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consecrata nos da la clave para resolver este acertijo. Si la persona consagrada a lo largo de su vida debe asemejarse cada vez m?s a Cristo, respondiendo a al llamado que ?l le ha hecho para ser uno de sus disc?pulos, esto es, para ser uno de los que le siguen m?s de cerca, esta semejanza tiende a hacerse real en la medida en que la persona se asemeja a Cristo, esto es, en la medida en la que piensa, act?a y quiere como Cristo. Se habla por tanto de una formaci?n que logre penetrar todas las potencias del hombre, su inteligencia, su voluntad y su afectividad, es decir, de una formaci?n integral en forma tal que la persona responde con todo su ser a la persona de Cristo. La misma exhortaci?n Vita consecrata, en base a esta definici?n de lo que es la consagraci?n, nos da la definici?n de la formaci?n. ?La formaci?n, por tanto, debe abarcar la persona entera, de tal modo que toda actitud y todo comportamiento manifiesten la plena y gozosa pertenencia a Dios, tanto en los momentos importantes como en las circunstancias ordinarias de la vida cotidiana. Desde el momento que el fin de la vida consagrada consiste en la conformaci?n con el Se?or Jes?s y con su total oblaci?n, a esto se debe orientar ante todo la formaci?n. Se trata de un itinerario de progresiva asimilaci?n de los sentimientos de Cristo hacia el Padre.? 14Tenemos por tanto cerrada l ecuaci?n de la formaci?n en base al concepto de consagraci?n.

Si se ha dicho que la esencia de la consagraci?n es el seguimiento m?s cercano de la persona de Cristo y que este seguimiento se concretiza en el esfuerzo que hace la persona consagrada por copiar los sentimientos de Cristo, entonces la formaci?n no tendr? como otro objetivo sino el de lograr que la persona consagrada a lo largo de su vida est? siempre disponible a imitar los sentimientos de Cristo. No es ya simplemente el tener unas nociones acad?micas-cient?ficas o espirituales, sino es dejar que Cristo penetre en la persona consagrada, para lograr en la persona consagrada una respuesta que la lleve cada vez m?s a asemejarse m?s a ?l. Este proceso no es simplemente un proceso pedag?gico, sino una experiencia del Esp?ritu.



La formaci?n como una experiencia del Esp?ritu.
Todo proceso pedag?gico tiende a generar un modelo previamente aceptado y positivamente buscado. Sin un proceso que lleve al cumplimiento del objetivo se corre el peligro de caer en un idealismo o en una espiritualidad evanescente. Es necesario que la persona conozca por tanto el camino que lo llevar? a adquirir los conocimientos que de antemano se ha prefijado o el tipo de personalidad que se ha fijado como modelo. De acuerdo a este proceso pedag?gico se busca no tanto el tener o el ser, sino la capacidad constante para llegar a ser lo que se quiere ser. Si en el pasado se ha puesto m?s ?nfasis en la adquisici?n de una serie de conocimientos o la adquisici?n de un cierto status en la personalidad, hoy d?a los procesos pedag?gicos se focalizan m?s en la evoluci?n constante de la persona.

Este proceso din?mico puede deberse en parte a la velocidad extrema con la que muchas situaciones en nuestro tiempo van cambiando, dejando a la persona que no tiene la capacidad de adaptarse constantemente a dichos cambios, en una situaci?n precaria de frente al modelo que se hab?a prefijado llegar a alcanzar. Puede deberse tambi?n a la caracter?stica vital del ser humano que tiende constantemente al cambio, acentuada por la vertiginosa velocidad de las sociedades actuales, especialmente las sociedades occidentales en las que el avance tecnol?gico requiere incisamente la adaptaci?n de la persona a dichos cambios. Se trata por tanto de un proceso din?mico no en la meta que se desea alcanzar, la cual deber? permanecer siempre fija, sino en las adaptaciones constantes que la persona deber? llevar a cabo debido a los factores internos y a los factores externos. Muchas escuelas de formaci?n han enfatizado el constante cambio de modelo, cuando m?s bien es el modelo el que debe permanecer fijo y son los medios los que constantemente deben adaptarse para lograr alcanzar el modelo que se ha fijado.

El proceso de formaci?n debe hacer hincapi? por lo tanto en dos aspectos, como son el tener claro el modelo que se quiere alcanzar y la capacidad del sujeto para alcanzar el objeto. Se habla por tanto de un proceso objetivo llevado a cabo por un sujeto. En dicho binomio entra perfectamente la capacidad de adaptaci?n que deber? poseer el sujeto para alcanzar el objeto. Mientras que el objeto no cambia, es el sujeto el que debe cambiar constantemente para llegar a la plenitud del objeto. El proceso de formaci?n enfatiza por tanto la capacidad del sujeto para la transformaci?n personal.

Este proceso eminentemente din?mico se traduce en la vida consagrada en la adquisici?n de las cualidades necesarias, capacidades, para estar siempre en busca del modelo que se ha prefijado. ?El objetivo central del proceso de formaci?n es la preparaci?n de la persona para la consagraci?n total de s? misma a Dios en el seguimiento de Cristo, al servicio de la misi?n. Decir ? s? ? a la llamada del Se?or, asumiendo en primera persona el dinamismo del crecimiento vocacional, es responsabilidad inalienable de cada llamado, el cual debe abrir toda su vida a la acci?n del Esp?ritu Santo; es recorrer con generosidad el camino formativo, acogiendo con fe las ayudas que el Se?or y la Iglesia le ofrecen. La formaci?n, por tanto, debe abarcar la persona entera, de tal modo que toda actitud y todo comportamiento manifiesten la plena y gozosa pertenencia a Dios, tanto en los momentos importantes como en las circunstancias ordinarias de la vida cotidiana.? 15

La idea central de la formaci?n en la vida consagrada se establece en la preparaci?n para seguir a Cristo a trav?s de un crecimiento constante. El seguimiento de Cristo es el dato objetivo que el sujeto, cada persona consagrada, debe esforzarse por alcanzar. Se establece por tanto el dinamismo pedag?gico del que hemos hablado renglones arriba en el que la persona consagrada se debe esforzar por llegar a asemejarse con Cristo, que es el dato objetivo del proceso pedag?gico. Sin embargo este dato objetivo es influenciado por la persona del sujeto y por las circunstancias que rodean al sujeto. El dinamismo se dar? siempre en el sujeto, no en el objeto quien permanece inalterado. El sujeto podr? tener una visi?n cada vez m?s clara y n?tida del objeto, en la medida que se esfuerza por alcanzarlo. Su esfuerzo deber? centrarse en lograr que su persona y las circunstancias que lo rodeen sean cada vez m?s semejantes al objeto con el que ha deseado identificar toda su vida. En el proceso pedag?gico que hemos establecido, es labor del sujeto identificarse con Cristo a lo largo de toda su vida .16

Pero este proceso pedag?gico a diferencia de otros procesos humanos en donde el dinamismo se centra en el esfuerzo personal del educador y en el del educando, debe tomar en cuenta el objeto del proceso pedag?gico, es decir, Cristo, que no es simplemente un objeto pasivo. Cristo, como objeto es eminentemente activo, es decir, que influye en el proceso pedag?gico permitiendo al sujeto no s?lo acercarse a ?l y hacerlo suyo, sino que Cristo mismo como objeto se dona, se entrega al sujeto, llevando a cabo as? la tan deseada transformaci?n a la cual tiende el proceso pedag?gico. Esta caracter?stica, adem?s de ser la m?s original en el proceso pedag?gico de la formaci?n en la vida consagrada, es el elemento m?s importante de dicho proceso, ya que el objeto a alcanzar se convierte a su vez en sujeto activo del proceso pedag?gico. ?Dios Padre, en el don continuo de Cristo y del Esp?ritu, es el formador por excelencia de quien se consagra a El.? 17

Para que este proceso pedag?gico tan caracter?stico y peculiar se lleve a cabo, no basta simplemente con las disposiciones humanas que cualquier otro proceso pedag?gico podr?a prever como podr?a ser la disposici?n del sujeto para alcanzar el objeto, la posibilidad del objeto de dejarse alcanzar por el sujeto y al acci?n del formador para proponer el sujeto el objeto a alcanzar y para guiarlo en este procesos educativo. Es necesario tomar en consideraci?n el hecho de que el objeto se torna en sujeto y que adem?s este proceso formativo se debe realizar a nivel de toda la persona. No se trata por tanto de un objeto al que se deba responder solamente desde un punto de vista netamente intelectual. A la persona consagrada no se le pide que responda simplemente a la pregunta de saber qui?n es Cristo. Debe responder con todas las potencias de su ser, intelecto, voluntad y afectividad, porque el seguimiento de Cristo, que es el fin del proceso pedag?gico se lleva a cabo en todas las potencias del ser y no ?nicamente con la parte intelectual.

Esta fractura en el proceso pedag?gico, es decir, pretender que se puede seguir a Cristo s?lo desde el punto de vista meramente intelectual o a trav?s de una serie de h?bitos, de comportamientos y de acciones que no han sido debidamente interiorizadas por la persona consagrada, es la que origina los abandonos en la vida consagrada o una vida consagrada m?s bien l?nguida, tibia, sin ardor espiritual que ponga en juego toda la vida de la persona consagrada. La formaci?n por tanto ha fallado en sus or?genes cuando no ha establecido todas las potencias de la persona como sujetos activos del proceso pedag?gico. Asemejarse a Cristo no es aprenderlo de memoria, sino que es responder a ?l con todas las potencias del ser humano.

Para que este proceso se lleve a cabo, para que la persona pueda responder y seguir a Cristo con todas las fuerzas de su ser, es necesario que todas estas fuerzas de su ser, es decir, todas sus potencialidades, respondan a Cristo. Cada una de estas potencias, la mente, la voluntad y la afectividad deben responder a Cristo. ?Solamente si segue Creisto nell?uniit? indivisa di vivere con lui e per lui di fare per lui e come lui. Qui ci viene incontro la vecchia verit? della spiritualit? cristiana, e non certo meno vera e profonda per esser vecchia: orazione ed azione, interiorit? e dinamismo apostolico, dono di s? a Cristo ed al prossimo? . 18

Para que Cristo sea el centro del proceso formativo, es decir, para que la persona de Cristo pueda transformar a toda la mujer consagrada, es el esp?ritu el que tiene que arrastrar a las potencias a dar una respuesta. La mente ilumina a la voluntad. La voluntad es ciega y sigue lo que la raz?n, lo que la mente le dir?. La afectividad puede sentir gusto o rechazo frente a la respuesta. Por ello, siendo el alma la que anima el esp?ritu del hombre, es decir sus potencias, ser? necesario que el proceso pedag?gico inicie y se d? en el alma del formando. El encuentro de Cristo con el formando es la base y el inicio de todo proceso formativo. Este encuentro con Cristo se tiene que dar, lo hemos apenas dicho, a nivel del alma, a nivel personal, en forma tal que la formada a ra?z y como producto de ese encuentro, habiendo hecho la experiencia personal de Cristo, pueda responder con todo su ser a ese Cristo que la ha llamado. Una experiencia de Cristo que no se centra en un momento hist?rico de la persona, sino que, si bien puede tener un inicio hist?rico en la persona, deber? continuarse a lo largo de toda su vida, enlaz?ndose as? con el concepto de formaci?n permanente, tan presente en el debate de la teolog?a de la vida consagrada de los ?ltimos a?os. ?La formaci?n continua es un proceso global de renovaci?n que abarca todos los aspectos de la persona del religioso y el conjunto del instituto mismo. Se debe realizar teniendo en cuenta el hecho de que sus diversos aspectos son inseparables y se influencian mutuamente en la vida de cada religioso y de cada comunidad.? 19

Retomando de nuevo el argumento sobre el origen de toda formaci?n conviene explicar la forma en que debe darse este encuentro personal con Cristo, esta experiencia personal con Cristo, que ser? el generador de la formaci?n y de la transformaci?n de la persona consagrada. ?Este Esp?ritu, cuya acci?n es de un orden diferente que los datos de la sicolog?a o la historia visible, pero que obra tambi?n a trav?s de ellos, act?a en lo m?s secreto del coraz?n de cada uno de nosotros para manifestarse despu?s en frutos patentes: El es el Esp?ritu de Verdad que ? ense?a ?, ? llama ?, ? gu?a ?. El es ? la unci?n ? que ? hace gustar ?, apreciar, juzgar, optar.? 20

La experiencia de Cristo que se quiere lograr en el proceso formativo de la vida consagrada no es simplemente un acto de la voluntad del hombre. Es eminentemente un acto del amor de Dios y del amor del hombre. ?La comunione di Cristo con il credente trasforma il suo essere e il suo vivere, d? origine a una cosciente reciprocit? che denominiamo <>. Forma parte dello sviluppo normale della grazia cristiana nelle sue differenti fasi (?). Parliamo di esperienza sia in senso passivo che in senso attivo: coscienza teologale della salvezza che Dio opera nella vita del credente; coscienza della vita del cristiano che si rinnova grazie all?azione trasformatrice dello Spirito Santo.? Esta experiencia de Cristo no es algo que debe asustar a las formadoras, a las superioras o a las mismas religiosas. No se habla de una experiencia de Cristo como una experiencia m?stica, sino como una experiencia del esp?ritu. Conviene por tanto detenernos un momento para explicar la diferencia entre estos dos tipos de experiencia, puesto que pueden llevar a malos entendidos en el proceso de formaci?n, sea inicial, sea en la formaci?n continua.

La experiencia del esp?ritu.
Hemos dicho que el n?cleo de la formaci?n es tener los mismos sentimientos de Cristo. Este objetivo se logra en la medida que el sujeto, la persona que se quiere formar, se apropia del objeto, esto es, los sentimientos de Cristo. Para llevar a cabo este proceso pedag?gico es necesario que el sujeto realice un esfuerzo por alcanzar el objeto de la formaci?n. Este proceso es un proceso que se realiza eminentemente en el alma de la persona, en su esp?ritu, por lo que muchas veces suele llamarse una experiencia espiritual. Hacer la experiencia de Cristo en el proceso formativo no es m?s que establecer una relaci?n personal con Cristo. La experiencia espiritual de la que se habla se establece en la relaci?n de persona, entre el objeto del proceso pedag?gico, la formada, y el objeto de la formaci?n, la persona de Cristo. Como son dos personas las que entran en juego en el proceso pedag?gico, y como hemos dicho, si queremos que esta relaci?n verdaderamente toque el interior de la persona para que toc?ndola pueda transformar toda su persona, esto es, todas sus potencialidades, entonces es necesario que esta experiencia se realice a un nivel eminentemente personal, comenzando del n?cleo de la persona, eso es, de esp?ritu a esp?ritu. Esta es la experiencia espiritual. Diferente de la experiencia m?stica.

La experiencia m?stica cristiana ?? una forma, una modalit? della fede, possibile, ma non necessaria. (?) Il mistico non ? nella visione beatifica, ma sperimenta un modo particolare di vivere la realt? della fede. (?) Il soggetto viene <>. (?) Il mistico subisce questa attenzione,, non la produce. (?) E? come un sapere non sapendo <>.? 22Si bien la experiencia m?stica es una experiencia spiritual se defirencia de ?sta porque la persona que experimenta la experiencia m?stica no hace nada por establecer dicha experiencia. Es Dios quien hace todo y la persona solamente experimenta la acci?n de Dios. De ah? que podamos afirmar con certeza que la experiencia espiritual es accesible y no s?lo accesible sino deseable para todo cristiano.

Publicado por mario.web @ 23:07
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