Martes, 10 de mayo de 2011
Las congregaciones est?n condenadas a desaparecer en los pr?ximos quince o veinte a?os. La falta de esperanza en la vida consagrada es uno de los factores primarios que ha originado esta situaci?n
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Las preguntas fundamentales en la planeaci?n
Las preguntas fundamentales en la planeaci?n
Introducci?n
El P. ?ngel Pardilla, claretiano que ha estudiado por a?os el desarrollo de la vida consagrada, est? por publicar un libro en d?nde recoger? cuidadosamente los datos estad?sticos de las congregaciones masculinas en los ?ltimos cuarenta a?os, es decir, en el per?odo as? llamado de la renovaci?n de la vida consagrada. No ha sido f?cil tal labor, pues muchas de las estad?sticas ofrecidas por dichas congregaciones religiosas a los ?rganos oficiales de la Santa Sede no eran exactas. He podido hablar con el autor y me ha comentado la enorme gratitud que muchas congregaciones le han expresado, pues les ha abierto los ojos.

No es dif?cil de intuir que el servicio hecho por este sacerdote ser? de un gran valor, no s?lo desde el punto de vista hist?rico, lo cual quedar? para la posteridad como una huella dejada por el post-concilio, sino sobre todo por hacer que muchas congregaciones se enfrenten a los hechos tal y como son. En nuestros d?as, y especialmente en las curias generales con sede en Roma, es muy f?cil encontrar argumentos paliativos a la situaci?n que vive la vida consagrada. Se dice com?nmente, la vida consagrada est? pasando por un momento dif?cil, y a partir de esa afirmaci?n se comienzan a dar una serie de explicaciones 1 , verdaderas algunas, falsas otras, mediocres la mayor?a, del porqu? la vida consagrada est? pasando por momentos dif?ciles. Sin embargo, no se hace nada por remediar esta situaci?n. Y quiz?s no se hace nada en concreto porque no se ha visto el problema en su gravedad total. Pero las estad?sticas no mienten? y qui?n sabe un poco de esta materia conoce perfectamente que, de seguir la tendencia actual sin variar, muchas de estas congregaciones est?n condenadas a desaparecer en los pr?ximos quince o veinte a?os, pues no es dif?cil proyectar el futuro de aquellas congregaciones cuya edad media es de 75 a?os y que no han tenido nuevos ingresos en los ?ltimos quince a?os.

La falta de esperanza en la vida consagrada es uno de los factores primarios que ha originado esta situaci?n. Sin esperanza es dif?cil trabajar con ilusi?n en la animaci?n vocacional y no s?lo en ese campo, sino en el mismo apostolado. Como lo ha establecido el documento Nuevas vocaciones para una nueva Europa, no se trata de un problema de reclutamiento vocacional, sino de inserirse en la pastoral ordinaria , 2 con el mismo carisma, para as? crear una cultura cat?lica que propicie el campo id?neo para el florecimiento de las vocaciones. Pero quien no quiere enfrentar la realidad, est? condenado a dejarse llevar por los hechos . 3

Proponemos a continuaci?n una serie de preguntas sugeridas por la Planeaci?n estrat?gica que permite ver con claridad la situaci?n de cada congregaci?n y el futuro que le depara. No debemos dejar de pensar, con Juan Pablo II, que el Se?or es el due?o de la historia , 4 y que s?lo ?l conoce el futuro de la vida consagrada. Pero debemos tambi?n tener presente que las tendencias hist?ricas pueden ser modificadas por el hombre, ya que ?l tambi?n colabora con Dios en la construcci?n del mundo .


?D?nde estamos?
Es necesario partir de un conocimiento sincero y real de la situaci?n por la que atraviesa la congregaci?n, en sus diferentes estratos: apost?lico, espiritual, vocacional. No hay que temer a enfrentar en la realidad, Es m?s desastroso ignorar la realidad que enfrentarla. Para ello, convendr? hacer el an?lisis de las fuerzas, las debilidades, las amenazas y las oportunidades por las que se atraviesa.

El an?lisis de las estad?sticas sirve, a manera de diagn?stico. Ser? necesario una ulterior interpretaci?n de esos datos, pero se debe partir de la realidad: tantos miembros en la congregaci?n, con una media de edad determinada, con unas fuerzas espec?ficas y con una proyecci?n de vida activa de determinados a?os. Lo mismo se debe hacer en el apostolado. Ver el n?mero de obras, la cantidad de personal que de dispone para dichas obras puedan seguir en pie, la ayuda que presta el personal laico, la influencia que dicha obra genera en el propio contexto social y cultural.

Muchas de estas preguntas, para algunos, pueden parecer herej?a. Se propaga m?s bien el valor de lo peque?o, viendo los n?meros como baluarte de un pasado plet?rico de triunfos, donde la cuesti?n num?rica lo era todo . Sin embargo nosotros preferimos pensar como Juan Pablo II, que ve en la cuesti?n num?rica una posibilidad para evangelizar: ??Vosotros no solamente ten?is una historia gloriosa para recordar y contar, sino una gran historia que construir! Poned los ojos en el futuro, hacia el que el Esp?ritu os impulsa para seguir haciendo con vosotros grandes cosas.? 7 Estas grandes cosas no son sino el continuar ofreciendo a los hombres el testimonio gozoso de la vida consagrada para darles esperanza de un mundo nuevo y colaborar as? con el Se?or en esta hora de la nueva evangelizaci?n. Los n?meros y las estad?sticas no son importantes, pero son necesarios para quien busca colaborar con Dios en la construcci?n de inmundo m?s justo y m?s fraterno.


?D?nde vamos?
Pero no basta saber en d?nde estamos. Es necesario saber hacia d?nde nos dirigimos.

El mundo actual, lo sabemos de sobra, nos lanza como catapulta sobre el activismo. La disminuci?n del personal religioso unido a tantos factores, hace de los religiosos unas hormigas imparables del trabajo. Es cierto, ofrecemos nuestras vidas a Dios y el trabajo es un medio para cumplir con su voluntad. He conocido religiosas que por a?os, salvo una o dos semanas al a?o pasadas en familia, y a veces ni eso, trabajan sin descanso todos los d?as de la semana. El trabajo fren?tico, febril, constante, incluso en las curias generales de las congregaciones, es un mal consejero, pues no deja espacio para analizar el punto hacia d?nde se dirige la congregaci?n.

La proyecci?n econom?trica es una ciencia fascinante, que he podido manejar con la ayuda de las computadoras. Consiste simplemente en incluir diversos factores que influyen sobre un acontecimiento y proyectarlos a lo largo del tiempo. Se analiza entonces la forma en que cada factor influye sobre un determinado evento o acontecimiento, de suerte que haciendo las debidas variaciones se corrigen ciertas tendencias que podr?an ser catastr?ficas o no deseables para el evento o acontecimiento analizado.

Si bien es cierto que en las congregaciones religiosas manejamos algo m?s que factores humanos, pues lo que est? en juego son personas consagradas y obras que ayudan a la salvaci?n de los hombres, bien puede hacerse un an?lisis de tendencias, para saber hacia d?nde se dirige la congregaci?n, en caso de no modificarse los factores actuales. Habl?bamos al inicio de este art?culo de las estad?sticas sobre el n?mero de vocaciones en el tiempo del postconcilio. Este an?lisis por s? mismo nos puede decir mucho sobre el punto al que se dirige la congregaci?n en el campo de efectivos personales. El resultado de este an?lisis se expresa casi siempre de esta forma: ?De no hacerse nada, dentro de unos a?os nos encontraremos en esta situaci?n.?

Lo que hemos mencionado para las vocaciones, conviene aplicarlo a los campos m?s importantes de la congregaci?n, de forma que pueda tenerse una vis?n concreta del punto al que puede llegar la congregaci?n en unos a?os. Es curioso observar la forma en que muchas congregaciones, en la preparaci?n de los cap?tulos generales olvidan o dan por descontado la tendencia actual de la congregaci?n, siendo que deber?a ser ?ste el punto neur?lgico de dichas reuniones. Algunas congregaciones fatalmente se dirigen a la desaparici?n, y no hacen nada por evitarlo. Quiz?s asistimos a un proceso de narcotizaci?n de la realidad, previo a la muerte de la congregaci?n.


?D?nde podemos ir?
Para quien tiene esperanza, los horizontes se dilatan.

El alba de un nuevo milenio fue anunciada por Juan Pablo II como una nueva estaci?n llena de esperanza: ??Caminemos con esperanza! Un nuevo milenio se abre ante la Iglesia como un oc?ano inmenso en el cual hay que aventurarse, contando con la ayuda de Cristo. El Hijo de Dios, que se encarn? hace dos mil a?os por amor al hombre, realiza tambi?n hoy su obra. Hemos de aguzar la vista para verla y, sobre todo, tener un gran coraz?n para convertirnos nosotros mismos en sus instrumentos. ?No ha sido quiz?s para tomar contacto con este manantial vivo de nuestra esperanza, por lo que hemos celebrado el A?o jubilar?? 8 Es necesario por tanto tener la mira siempre en el porvenir. Para quien tiene en mano el futuro de la congregaci?n o de la comunidad, este planteamiento se refleja en un abanico de posibilidades, contrario a quien ha perdido la esperanza, que se deja trajinar por los hechos y s?lo ve como posible salida, el ir tirando y en el esperar tiempos mejores. Quien tiene esperanza es un constructor de la realidad, basado en un an?lisis de posibles escenarios, variados y diversos. Se plantea constantemente diversas posibilidades, con la seguridad de que cada uno de los escenarios posibles podr? ofrecer un camino para mejor vivir la vida consagrada. Tiene como gu?a el propio carisma y en base a ?l, se dispone a analizar diversas posibilidades, buscando de entre ellas el ideal.

Este tipo de postura permite tambi?n analizar y enfrentar las nuevas condiciones que se presentan a la congregaci?n o a la comunidad, algo que es contrario a quien ha perdido la esperanza. Las nuevas condiciones, las nuevas situaciones se presentan siempre como oportunidades para las personas que tienen esperanza y se lanzan a describir los posibles caminos que se podr?an tomar. Cada nueva condici?n influye en forma diversa a la congregaci?n en cada uno de sus aspectos y un an?lisis sereno, minucioso y detallado llevar? a quien hace la planeaci?n de la congregaci?n a presentar las diversas alternativas, para despu?s pasar al punto del discernimiento.


?D?nde queremos ir?
Pero no basta con analizar las posibilidades, hay que tomar un camino.

Bien sabemos que otra de las enfermedades de la vida consagrada en nuestros d?as es la indecisi?n. La eterna indecisi?n que ha postrado muchas congregaciones en la inactividad, dejando pasar para ellas un tiempo precioso. Esta inactividad ha sido muchas veces el fruto de un relativismo exasperante, en d?nde, en aras a un mal entendido concepto de libertad, se llega a un total individualismo que cierra toda posibilidad a la comuni?n y a la uni?n en la acci?n. De esta forma, no se establecen metas claras, los problemas no se enfrentan y se permite en la congregaci?n todo tipo de interpretaciones a la forma de vivir la consagraci?n, llegando muchas veces a representar s?lo una caricatura de lo que deber?a ser la verdadera vida consagrada.

Fijarse un ideal significa tener muy presente el carisma de la congregaci?n y buscar desarrollarlo, en comuni?n con toda la congregaci?n y con la Iglesia .9 En base al carisma, se busca vivir una fidelidad creativa, sintetizada en las palabras de Juan Pablo II: ?Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy.? 10 Viviendo y haciendo vivir en todos los miembros de la congregaci?n estas tres virtudes, la misma congregaci?n se fija y fija para todos sus miembros un ideal para alcanzar, es decir una meta concreta.

Esta meta se expresar? en t?rminos de un ideal, una visi?n, una misi?n para todo el Instituto. Deber? expresarse de forma general, de tal manera que de ah? puedan desprenderse los objetivos, los medios y las tareas que deben desarrollarse. Pero algo que debe quedar muy en claro es que dicho ideal, visi?n o misi?n debe ser compartida por todos los miembros del Institutos, ya que a todos corresponde la tarea de vivir el carisma. Si se dan peque?as fisuras en este aspecto, se corre el riesgo de no poder alcanzar el ideal que se persigue, pues dejar a la libre interpretaci?n de cada miembro la vivencia del carisma es un signo de debilitamiento de la autoridad y de un individualismo infiltrado al interno de la congregaci?n. Podr?a llegar a pensarse que muchos criterios del mundo se han ya infiltrado en los Institutos que han perdido su identidad o la han diluido dej?ndolo todo al libre albedr?o de cada persona.

La fijaci?n de metas claras y objetivas no va en contra de la libertad personal ni suprime las personalidades individuales. Al contrario. El tener unas metas claras permite que la persona pueda alcanzarlas expresando su propia personalidad, lo cual no coarta la libertad, pues ella misma ha elegido pertenecer a la congregaci?n como respuesta de Dios. Consecuencia de esta libertad es la de seguir coherentemente lo que en ella se indica para logar la mayor plenitud tanto personal como comunitaria.


?Qu? debemos hacer?
Se trata por tanto de pasar a los medios necesarios para logra que la visi?n, el ideal o la misi?n se materialicen.

Aqu? entran en juego los objetivos, los medios y las tareas que cada comunidad y cada persona deben desarrollar. Es una llamada por tanto a la madurez y a la seriedad personal. Pero para que ?stas se den, es necesario que la autoridad presente con madurez y con seriedad los objetivos, los medios y las tareas.

Parece que asistimos a una estaci?n de la vida consagrada en la que se tiene temor de exigir. No se trata de una exigencia desp?tica, pero s? la de presentar suavemente, pero con firmeza, los programas de acci?n para alcanzar el ideal. La suavidad en las formas no est? re?ida con la firmeza en los principios. Su adecuada combinaci?n es producto de un amor por las almas y de un recto sentido de la caridad, que busca no imponer la propia voluntad, sino la voluntad de Dios materializada en esos programas.

Qu? debemos hacer, deber?a ser la respuesta coral a unas necesidades muy particulares y a un amor muy grande por Dios, por las almas y por la propia congregaci?n.


?C?mo hacerlo?
Junto con la propuesta deben venir las formas espec?ficas para llevarlo a cabo.

No basta se?alar la meta y los medios para alcanzarla. Es necesario tambi?n dar una mano en lo pr?ctico y proponer los medios concretos para hacerlo. Mientras una congregaci?n especifique detalladamente los sistemas y procedimientos, tendr? m?s probabilidades de alcanzar el la visi?n, el ideal, la misi?n que se ha propuesto.

No se trata de crear personalidades infantiles acostumbr?ndolas a decirles lo que tienen que hacer y c?mo lo deben hacer. Se trata m?s bien de allanar el camino y de ayudar a vivir en el Instituto el esp?ritu de uni?n y cuerpo, de forma que todos trabajen en sincron?a.

NOTAS

Muchas de estas afirmaciones las podemos estudiar en el libro de Fernando Prado (ed.), Dove ci porta il Signore, La vita consacrata nel mondo: tendenze e prospettive, Ed. Paoline, Milano, 2005.

2 ?Si la pastoral de las vocaciones naci? como emergencia debida a una situaci?n de crisis e indigencia vocacional, hoy ya no se puede pensar con la misma incertidumbre y motivada por una coyuntura negativa; al contrario, aparece como expresi?n estable y coherente de la maternidad de la Iglesia, abierta al designio inescrutable de Dios, que siempre engendra vida en ella; (?)en consecuencia, el mismo animador vocacional deber?a llegar a ser cada vez m?s educador en la fe y formador de vocaciones, y la animaci?n vocacional llegar a ser siempre m?s acci?n coral, de toda la comunidad, religiosa o parroquial, de todo el instituto o de toda la di?cesis, de cada presb?tero o consagrado/a o creyente, y para todas las vocaciones en cada fase de la vida.? Obra Pontificia para las vocaciones eclesi?sticas, Nuevas vocaciones para una nueva Europa, 6.1.1998, n. 5c.

3 ?Fata volentem ducunt, nolentem trahunt.? (S?neca)

4 ?En la ?poca del autor del Apocalipsis, tiempo de persecuci?n, tribulaci?n y desconcierto para la Iglesia (cf. Ap 1, 9), en la visi?n se proclama una palabra de esperanza: ? No temas, soy yo, el Primero y el Ultimo, el que vive; estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la Muerte y del Hades ? (Ap 1, 17-18). Estamos ante el Evangelio, ? la Buena nueva ?, que es Jesucristo mismo. ?l es el Primero y el ?ltimo: en ?l comienza, tiene sentido, orientaci?n y cumplimiento toda la historia; en ?l y con ?l, en su muerte y resurrecci?n, ya se ha dicho todo.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Ecclesia in Europa, 28.6.2003, n. 6.

5 ?El Evangelio de la esperanza que resuena en el Apocalipsis abre el coraz?n a la contemplaci?n de la novedad realizada por Dios: ? Luego vi un cielo nuevo y una tierra nueva ? porque el primer cielo y la primera tierra desaparecieron, y el mar no existe ya ? (Ap 21, 1). Dios mismo la proclama con una palabra que explica la visi?n apenas descrita: ? Mira que hago un mundo nuevo ? (Ap 21, 5). La novedad de Dios ? plenamente comprensible sobre el fondo de las cosas viejas, llenas de l?grimas, luto, lamentos, preocupaci?n y muerte (cf. Ap 21, 4) ? consiste en salir de la condici?n de pecado y sus consecuencias en que se encuentra la humanidad; es el nuevo cielo y la nueva tierra, la nueva Jerusal?n, en contraposici?n a un cielo y una tierra viejos, a un orden de cosas anticuado y a una Jerusal?n decr?pita, atormentada por sus rivalidades. Para la construcci?n de la ciudad del hombre no es indiferente la imagen de la nueva Jerusal?n que baja ? del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia ataviada para su esposo ? (Ap 21, 2), y que se refiere directamente al misterio de la Iglesia. Es una imagen que habla de una realidad escatol?gica: va m?s all? de todo lo que el hombre puede hacer; es un don de Dios que se cumplir? en los ?ltimos tiempos. Pero no es una utop?a: es una realidad ya presente. Lo indica el verbo en presente usado por Dios ?? Mira que hago un mundo nuevo ? (Ap 21, 5)?, el cual precisa aun: ? Hecho est? ? (Ap 21, 6). En efecto, Dios ya est? actuando para renovar el mundo; la Pascua de Jes?s es ya la novedad de Dios. Ella hace nacer la Iglesia, anima su existencia y renueva y transforma la historia. Esta novedad empieza a tomar forma ante todo en la comunidad cristiana, que ya ahora ? es la morada de Dios con los hombres ? (Ap 21, 3), en cuyo seno Dios ya act?a, renovando la vida de los que se someten al soplo del Esp?ritu. Para el mundo la Iglesia es signo e instrumento del Reino que se hace presente ante todo en los corazones. Un reflejo de esta misma novedad se manifiesta tambi?n en cada forma de convivencia humana animada por el Evangelio. Se trata de una novedad que interpela a la sociedad en cada momento de la historia y en cada lugar de la tierra, y particularmente a la sociedad europea, que desde hace tantos siglos escucha el Evangelio del Reino inaugurado por Jes?s.? Ibidem, nn. 106 ? 107.

6 Algunos de estos autores siguen el pensamiento de Joan Chittister, OSB, El fuego en estas cenizas, Espiritualidad de la vida religiosa hoy, Ed. Sal T?rrea, Santander, Espa?a, 2005, en el cap?tulo 6 La espiritualidad del empeque?ecimiento, pp. 96 ? 107.

7 Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consacrata, 25.3.1996, n. 110.

8 Juan Pablo II, Carta apost?lica Novo Millennio Ineunte, 6.1.2001, n. 58.

9 ?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. nunt. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos seculare, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 11.

10 Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica postsinodal Vita consacrata, 25.3.1996, n. 37.

Publicado por mario.web @ 23:08
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