Martes, 10 de mayo de 2011
Rogelio Obaya nos ofrece una art?culo en el que indaga cu?les son las virtudes que mantienen vigente y moralmente atractivo al Quijote entre los j?venes.
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Don Quijote y los j?venes
Don Quijote y los j?venes
Ya ha tenido lugar el refer?ndum en Espa?a al que alude el autor de este? art?culo, pero su idea de fondo est? vigente y lo incluimos en este apartado de las nuevas dictaduras, de lo que ofrece una buena muestra.



Creo que lo que hace perdurar a una obra literaria es su capacidad doble de retratar su lugar y su tiempo y a la vez retratar casi cualquier lugar y cualquier tiempo, mostrar con hondura unas vidas individuales, reales o inventadas, y hacer que esas vidas sean las de cualquiera?

Antonio Mu?oz Molina



La lectura es y ser? siempre una aventura. Una aventura hecha a la medida de la vida y a la medida de nuestros sue?os. El que lee realiza y desarrolla su naturaleza de ser sin l?mites, de ser incompleto, y es en el libro donde mejor encuentra el terreno y el aire para echarse a andar sin las ataduras que rebajan y enajenan. Una persona, cualquiera que sea su condici?n u origen, si es capaz de leer es capaz de entender el mundo y de orientarse en ?l aun en la peor oscuridad. Los libros, los buenos libros, son como l?mparas encendidas que iluminan en todo momento, y, como luz, nos sirven para espantar los monstruos que para el hombre representan la ignorancia y la falta de libertad.

Hace cuatrocientos a?os vio la luz un libro excepcional: El Ingenioso Hidalgo Don Quijote De La Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra. Desde hace cuatrocientos a?os, en su primera aparici?n, tiene la lengua espa?ola en esta novela su m?s importante aporte y su m?s preciado tesoro ling??stico y literario. A cuatro siglos de distancia, son poco menos que innumerables los trabajos cr?ticos sobre esta obra, como innumerables siguen siendo los aspectos y aristas que hacen merecer seguir estudi?ndola.

Mart?n de Riquer, uno de los m?s importantes cervantistas vivos, ha dicho que este libro tal vez persegu?a solamente hacer re?r, haciendo escarnio de los libros de cierto g?nero literario muy en boga en su ?poca. Lo curioso ?declara Riquer- es que aun trat?ndose de una novela literaria, es decir, inspirada en la literatura misma, haya tenido tanto ?xito popular desde el primer momento.

Para entender mejor lo que se quiere expresar con esto y siguiendo su observaci?n, imaginemos que alguien escribe en son de burla y con una gran dosis de iron?a un libro destinado a ridiculizar los libros de ciencia ficci?n o los de detectives, para mencionar dos de los g?neros m?s vendidos y conocidos hoy en d?a. Pero que lo hace con tanto acierto que logra que el libro se convierta en un acontecimiento de fama mundial sin barreras de tiempo, idioma o cultura.

Claro est? que para re?rnos hoy de los libros de caballer?as primero deber?amos conocer qu? son ?stos y c?mo eran tenidos en los usos y maneras de la cultura local de Cervantes. Si llegamos a re?rnos de un personaje que enloquece y termina crey?ndose, por ejemplo, Sherlock Holmes en pleno siglo XXI y en un contexto totalmente ajeno a la Inglaterra victoriana del siglo XIX, es porque antes hemos le?do o conocemos muy bien las creaciones de Arthur Conan Doyle y entendemos, gracias a la iron?a empleada, que se trata de una burla y en qu? medida cabr?a o no re?rse.

Siguiendo este razonamiento, es comprensible el ?xito que tuviera el libro en la Espa?a y los tiempos de los libros de caballer?as. Pero ?c?mo explicamos entonces que tambi?n lo haya tenido y contin?e teni?ndolo a?n en lugares tan dis?miles geogr?fica y culturalmente como Jap?n o Nueva Zelanda (m?s de 1.500 ediciones en cerca de 50 idiomas)? Este solo hecho pone de manifiesto que los valores principales del libro de Cervantes hay que verlos m?s all? de la simple cr?tica que hace e incluso del grado de perfecci?n con que la ejecuta.

Sin lugar a dudas Don Quijote cumple a la perfecci?n su misi?n de entretener. Al menos de ese modo fue recibida la obra en el mil seiscientos y tantos. Sin embargo, debemos admitir, incluso m?s all? de la intenci?n expresa del propio Cervantes, que el resultado es infinitamente m?s rico y m?s profundo: hace tambi?n pensar, y, sobre todo, pensar como mejor puede hacerlo el ser humano, riendo, del personaje de la novela, pero tambi?n de uno mismo, y de todos, los de aqu? y los de all?, los de hoy y los de ma?ana.

El blanco de la iron?a cervantina es, por as? decirlo, nuestro sentido de la realidad y con ?l la subjetividad en perenne trasiego entre las borrosas l?neas divisorias que separan lo real de lo fant?stico. La importancia que esta cuesti?n reviste para la aparici?n de la novela moderna ha sido vista y examinada por escritores de caletre tan diverso como Am?rico Castro y Christiane Zschirnt, quienes destacan c?mo hasta el momento en que Cervantes concibi? al c?lebre Caballero no se hab?a formulado la pregunta: ?Ficci?n o realidad? No exist?a en la conciencia de los lectores. Camino sin se?ales que termin? llevando al compulsivo hidalgo a perder los estribos de su debilitado juicio.

Debemos decir que cuando hablamos de libros pensamos en libros, por eso quiz?s ser?a mejor trasladar la reflexi?n al contexto presente, dominado por el adelanto en materia tecnol?gica, y hacer referencia al rol subyugante de la televisi?n o a la ilusi?n sin l?mites de la telara?a global de la Internet. Es probable que as? todos los libros de caballer?as juntos nos lleguen a parecer lejanos e inofensivos peccata minuta comparados con los efectos predatorios de los demonios medi?ticos actuales.

Entre todos los m?ritos del Quijote, que son muchos y vistos desde muy variadas perspectivas, est?, como ha se?alado Harold Bloom en flagrante eco orteguiano, el que tal vez sea sost?n y v?rtice de todos los dem?s: ?el descubrimiento y celebraci?n de la individualidad heroica?, o, dicho en otras palabras, la resoluci?n de defender y de llevar hasta las ?ltimas consecuencias el ser en su expresi?n m?s propia y singular, o la determinaci?n de ser uno mismo (ipseidad) contra viento y marea. Pero una determinaci?n precisa y coherente. La locura del ilustre derrotado de Barcino no hace concesiones y la historia de su desvar?o se corresponde con lo que Roger Callois defin?a como ?delirio riguroso? que caracteriza a las ?locuras razonantes?.

Por esta raz?n y no obstante considerar que el Quijote no es, como sostiene Mu?oz Molina, un ?tratado moral?, lo cierto es que ser?a imperdonable ignorar el extraordinario contenido ?tico que encierran estas p?ginas gloriosas de nuestra lengua. Principalmente para los j?venes, porque hay que decir que el Quijote es una obra escrita para los j?venes. Su misma calidad de narraci?n itinerante responde por s? sola a una concepci?n de la existencia de suyo opuesta a toda estandarizaci?n de la vida y a todo sedentarismo retr?grado y culpable.

?Por qu? los j?venes deben leer el Quijote? Pues porque muy pocas veces existi? en la literatura ejemplo m?s completo de inconformidad personal ante el imperialismo de la inmediatez reductora y banalizadora del mundo.

El Caballero, en su excentricidad hilarante, personifica una voluntad de ser por encima del individualismo complacido de la mediocridad. Quiere ser siempre m?s, y sabe qui?n quiere ser, tal y como lo vio Unamuno, otro insigne estudioso de la gran novela de Cervantes, y posteriormente Erich Fromm, recordando a un Kierkegaard que es a su vez casi Nietszche. Fromm escribe en su libro Tener o ser: ?La primera condici?n para alcanzar algo m?s que la median?a en cualquier terreno es querer una sola cosa?. Es esa sola cosa lo que da vida al Manchego. La b?squeda obstinada de horizontes de hero?smo arrastra al Quijote a la sobrepujanza perenne de s? mismo, a la reivindicaci?n de su dimensi?n trascendente y su derecho de so?ar.

Le arrebata un af?n libertario que es, dicho sea de paso, prueba y reflejo de las no pocas trazas autobiogr?ficas que contiene la obra de cabo a rabo. Conocemos la experiencia de Cervantes a trav?s de sus frecuentes encerramientos y sabemos que cuando Don Quijote se pronuncia, verbigracia, sobre la libertad, sus palabras brotan de lo m?s aut?ntico humano, que es independiente por naturaleza de si es dicho en el siglo XVI o en el XXI.

El personaje de Cervantes es libre, primero porque se posee y por eso mismo puede darse por entero a la consecuci?n de un fin que le religa de manera galopante. Segundo, y en ello se adelanta -en el sentido lato de esta palabra- tres siglos a los profetas de la decadencia, porque sabe que su lugar subversivo se perfila ?nicamente mediante la encarnadura radical de aquello que la frivolidad de todos los tiempos iba a encerrar en t?rminos de un simple diagn?stico cl?nico. ?

Con la cautela de no proyectar sobre esta magistral obra nuestras ideas y cuestiones ideol?gicas ?de cuatrocientos a?os despu?s, creemos ver, no obstante, en cada episodio de la novela situaciones de la vida real que siempre y en todo lugar van a ser enfrentadas con una muy similar estructura de conciencia, aunque necesariamente sean muy otros los contenidos y prismas mentales para cada tiempo.

?A qui?n no le sorprende, por ejemplo, la frescura del aliento que respiran los di?logos de los personajes centrales? Nada m?s hay que ver c?mo de todo tema puede resultar un ameno aprendizaje en situaciones y hechos que parecieran estar ocurriendo en el presente de cualquier parte. En todos ellos aparece en voz activa la figura desvelada del Quijote, movi?ndose ya por la justicia, por la belleza, el amor, la caballerosidad, la amistad, la solidaridad y el sacrificio de s? mismo en aras de un ideal que permanece dando vida y sirviendo de tel?n de fondo a la acci?n a la vez que la justifica. Volvemos a preguntarnos: ?Necesitamos que el Quijote sea un ?tratado moral? para que podamos mostrar y aprovechar estos valores que s? aparecen en ?l abundantemente?

Vivimos, no lo olvidemos, tiempos marcados por un relativismo implacable que nos disminuye a meras categor?as de consumo, a simples m?quinas de comprar y a p?lidas cifras de una vasta y desolada realidad que camina inevitablemente hacia la autodestrucci?n.

Un mundo en el que son una misma cosa el terrorismo a escala global y los virus creados en laboratorios que debieran servir a la salud y a la vida de millones de ni?os que mueren como moscas por falta de una simple vacuna, no puede ignorar el gran reto que tiene ante s? con la educaci?n de la juventud para los d?as futuros.

Hoy ?la guerra ya no la deciden las espadas y las lanzas?, dir?a el Quijote, pero nosotros a?adimos que ni siquiera los ca?ones y la p?lvora, sino los medios cada vez m?s sofisticados de destrucci?n a distancia que son a la vez los mismos medios que nos meten a participar en ella c?moda e indolentemente desde las salas de nuestros hogares, haci?ndonos c?mplices del horror sin que nos demos cuenta.

Este mundo en el que enormes masas humanas claman por comida o por agua en pleno auge de las tecnolog?as es sencillamente un mundo que ha muerto moralmente y el que no podemos mirar con indiferencia.

Los j?venes de hoy como los de ma?ana deben crecer con la lectura que es un h?bito bueno y provechoso como pocos. Han de ser, a la manera del ilustre batallador de La Mancha, hacedores de realidad y creadores de sentido con la locura que es responder al llamado ?tico que nos distingue y nos levanta de la bestialidad ambiente.

Han de ir en pos de esos ?gigantes? que se han apoderado de esta ?mancha? de todos para destruirla y someterla y para lo cual primero nos idiotizaron, masific?ndonos y convirti?ndonos en pobres sujetos carentes de capacidad cr?tica o elecci?n real, vac?os entes adoradores de los nuevos dioses de la velocidad y del dinero, los dioses de la ley del m?s fuerte, del sexo en detrimento del amor y el compromiso, de la soledad ego?sta y de la competencia sin compasi?n por el d?bil.

A estos dioses y a estos gigantes de la mistificaci?n se les destruye con tan s?lo la actitud siempre joven de quien se reconoce, en primer lugar, como un ser digno e inagotable en su interior, capaz de responder generosamente al llamado de vivir con alegr?a la aventura de su proyecto de persona ?nica e irrepetible, que es tambi?n, y en definitiva, la gran aventura que comienza y termina siempre en todo buen libro.


Publicado por mario.web @ 23:39
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