Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
La empresa puede formar hombres de participaci?n c?vica con su interna informaci?n y participaci?n adecuada.
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?Es posible la democracia en la empresa?
?Es posible la democracia en la empresa?


?Qu? queda despu?s de diez a?os de la promulgaci?n de las Leyes Auroux? Si hoy escuchamos a los protagonistas de la ?poca, nos encontramos con una paradoja.


Por una parte, su progenitor Jean Auroux (entonces Ministro del Trabajo) confiesa que est? decepcionado con los resultados de la pol?tica contractual, que no ha dado todos sus frutos, en particular respecto a las peque?as y medianas empresas: "Eso se debe, yo creo, a nuestra cultura, con su sistema jerarquizado, herencia del ej?rcito napole?nico. Se dan demasiados niveles jer?rquicos, pero insuficientes contactos entre las diversas categor?as del personal." Por otra parte, Ivon Gattaz, que entonces era el "patr?n de los patrones", ve un balance totalmente positivo de esas cuatro leyes. Para el fundador de Ethic, el beneficio es principalmente cultural: los trabajadores han comprendido los problemas econ?micos... y los jefes de empresa han terminado por aceptar el hecho de que la productividad est? ligada al consenso. Sin embargo, surge el antisindicalismo primario de ciertos jefes de empresa: "Me temo que algunos se aprovechen de la sumisi?n de los trabajadores a las condiciones econ?micas para intentar recobrar un poder dictatorial."


Cuatro tendencias de fondo
Es un hecho que ante la moda de la direcci?n participativa (se pensaba que las leyes Auroux introducir?an un poco de democracia representativa en la empresa) se ha enfatizado el lazo indisoluble entre desempe?o econ?mico y participaci?n en informaci?n. Tambi?n los a?os 80 estuvieron marcados por profundos cambios culturales en cuanto a la jerarqu?a y la participaci?n del poder. Como subraya Daniel Grosjean, dirigente del departamento de "desarrollo personal" en CRC (Centro de Investigaci?n y de estudios de los jefes de empresa), de Jouyen-Josas: "El problema en la empresa no est? en saber qui?n tiene el poder sobre qui?n, sino c?mo cada uno de los miembros de toda la empresa va a reaccionar y adaptarse.

Y la receta es sabida: democratizaci?n de las relaciones sociales. ?Un viraje de este camino se deber?a s?lo a la impugnaci?n de los "jefecitos", desacreditados en los a?os 70 por la "guerrilla social" y por el ?xito alcanzado por el famoso "principio de Peter" ("los individuos tienden a ser promovidos en la jerarqu?a de la empresa hasta alcanzar su nivel de incompetencia")? El problema es m?s de fondo. El intercambio de informaci?n y la participaci?n del poder en la empresa exigen reconocer claramente estas cuatro tendencias permanentes:

-- Ante todo, si se trata de la producci?n o de los servicios, las cosas vienen a ser tan complejas y el saber-hacer tan especializado, que es necesario participar el poder t?cnico.
-- Despu?s, en el momento en que lo primordial es la calidad del servicio al cliente, los trabajadores de base vienen a ser particularmente importantes. "Es preciso invertir la pir?mide, organizar el impulso de la base a la c?spide", afirma Jean- Ren? Fourtou, Presidente y Director General de Rh?ne-Poulenc.
-- En tercer lugar, cada vez es m?s dif?cil considerar a los trabajadores como meros ejecutantes, cuando la mayor parte de ellos tienen bachillerato y los que poseen diplomas superiores se han duplicado de 1970 a 1985.
-- Finalmente, los jefes de empresa buscan interlocutores, porque las reivindicaciones han cambiado de asunto. Cada vez m?s y m?s la direcci?n exige esfuerzos de los trabajadores: individualizaci?n de salarios, administraci?n del tiempo de trabajo, flexibilidad de los trabajadores, reducci?n de personal en funci?n de los aumentos de productividad, etc.

Ahora bien, las evoluciones no tienen oportunidad de tener ?xito si no son aceptadas por los trabajadores, es decir, negociadas. Por ejemplo, la pr?ctica del ?justo a tiempo" en ciertas l?neas de producci?n en la f?brica Renault de Cl?on se aplic? sin que los obreros fueran consultados. Resultado: pese a las adaptaciones formales, los operarios pronto volvieron a sus antiguos comportamientos.


B?squeda desesperada de sindicatos
Por la parte de los interlocutores, es mayor el vac?o el d?a de hoy. En veinte a?os, la tasa de sindicalizaci?n ha ca?do de 50 por ciento para llegar apenas al 9 por ciento del conjunto de trabajadores, y ?nicamente 5.6 por ciento de los del sector privado; la tasa m?s d?bil en Europa.

En cuatro a?os, el n?mero de los establecimientos que cuentan con un delegado sindical ha retrocedido en siete puntos. En las elecciones profesionales los "no sindicalizados" han venido a ser la primera fuerza, aun cuando no tienen derecho a presentarse a la primera vuelta. Y, seg?n la Sofres, ?56 por ciento de los franceses no tienen plena confianza en los sindicatos!

Esto es tan grave que los dirigentes a?oran los tiempos rosados del di?logo social.

Seg?n una encuesta realizada por CSA (Expansi?n, 7 a 20 marzo 1991), el 54 por ciento de los empresarios con m?s de 200 trabajadores deploran la retirada de la influencia sindical en Francia. Seg?n ella, en 61% de los casos, los empresarios expresan su preferencia por un sindicato de "casa", no adherido a ninguna central nacional.

Esto explica que un asesor como Henri Vacquin recomiende a los empresarios inteligentes poner en pr?ctica un "plan Marshall para el sindicalismo". Pero toda ayuda demasiado visible corre el riesgo de manchar todav?a un poco m?s la fiabilidad de los sindicatos: as? por ejemplo el "cheque sindical" distribuido por Claude B?b?ar, empresario del grupo de seguros AXA, a todo el personal, a fin de que cada uno lo remita a la organizaci?n que eligiera ?ha sido echado a la basura por m?s de la mitad de los trabajadores!

Palabras sin hechos
Por otra parte ser?a f?cil pretextar que la p?rdida de influencia sindical es lo que justifica la debilidad del di?logo social en Francia. "El doble discurso" patronal es tambi?n de mucha importancia. ?Un ejemplo? En mayo de 1989, 52 por ciento de los trabajadores estimaban que ellos estaban "mucho" o "no mal" informados por su direcci?n, contra 42 por ciento tres a?os antes (encuesta Sofres Francom). Pero 65% a?ad?an que eran informados... ?una vez que todo estaba decidido! Moraleja: en materia de comunicaci?n, los empresarios saben hablar, pero no siempre ejecutar. Seg?n otra encuesta, realizada por RES a fines de 1988, 43.3 por ciento de los trabajadores no tienen confianza en sus dirigentes. No obstante la abundancia de discursos acerca de la administraci?n participativa, la desilusi?n es patente... Como subraya Hubert Landier, editor de "Notes" de coyuntura social: "Los trabajadores est?n cada vez m?s despechados por la contradicci?n entre los discursos y los hechos".


El peso de la jerarqu?a
El peso de la jerarqu?a en las empresas francesas constituye una tercera fuente de bloqueos. Al hacer que se llenara el mismo cuestionado a sus 116,000 trabajadores en todo el mundo IBM ha realizado la m?s grande encuesta internacional nunca antes hecha acerca de la jerarqu?a. Resultado aterrador a la pregunta "?en donde usted trabaja, el personal muchas veces teme expresar su desacuerdo con sus jefes?" Francia con un 68% de respuestas afirmativas, supera a todos los pa?ses industrializados (Espa?a 57%, Estados Unidos 40%, Alemaniaoccidental 35% e Israel ?nicamente 13%).

Seg?n Phillippe d?Iribame, director de investigaciones en CNRS, lo tocante a las jerarqu?as ser?a una singularidad francesa, profundamente arraigada en una tradici?n multicentenaria: "Francia sigue siendo la patria del honor, de los rangos, de la oposici?n del noble y del vil, de las ?rdenes, de los cuerpos, de los estados
que se distinguen, no tanto por la amplitud de sus poderes, cuanto por la de sus privilegios". Deduce de esto que la sociedad francesa vive primero, seg?n un
principio jer?rquico, y luego, seg?n un principio igualitario: "Cuando la jerarqu?a se hace muy visible, es cuando predomina la referencia igualitaria y se da el vuelco siempre en la revoluci?n social".


Las condiciones de un nuevo di?logo
Estos diferentes obst?culos ?podr?n ser superados en un futuro pr?ximo? No es seguro... pero tres condiciones podr?an aligerar sus principales dificultades: (1) Distinguir la participaci?n en las informaciones y la diseminaci?n de los poderes. Esto es lo que pide muy claramente Francois Introvigne, sindicalista CFDT de Metalurgia de Lorena: "Es necesario hacer participar a los mejores trabajadores en la toma de decisiones, pero la Direcci?n debe conservar la responsabilidad". (2)

Hacer un esfuerzo importante de formaci?n, pues reducir los niveles jer?rquicos supone elevar el nivel del personal a quien se le da una mayor autonom?a. Esto vale tambi?n para los dirigentes. Jean Pierre Cressy, promotor de la modalidad "consejo de empresa" en CJD piensa que la prioridad real es hoy la formaci?n "con el fin de evitar desviaciones y accidentes en las experiencias del consejo de empresa". (3) Unir la democracia interna con la ciudadan?a exterior a la empresa.

M?s que hacer so?ar a los trabajadores en una hipot?tica "partici?n del poder", es mejor indudablemente permitirles ejercitar plenamente su papel en la sociedad.

Ejemplos de aliento a los trabajadores para vivir su ciudadan?a, se encuentran ya en algunas empresas. As?, la empresa de G?rard Cordelier, en Chamb?ry, decidi? apoyar las asociaciones locales y facilitar la inscripci?n de trabajadores en las listas
municipales.

La tentaci?n totalitaria
?Puede la empresa (y debe) ir m?s lejos y ponerse a la cabeza de una nueva democracia? Esto ser?a ceder a una desviaci?n totalitaria. Y la democracia francesa ya embotada por la indiferencia social y la mediaci?n pol?tica, no necesita ese servicio si se ha de dar fe a los periodistas de una nueva publicaci?n mensual: "El legislador, enmarcado por los expertos y la maquinaria de los partidos, no delibera en su alma y conciencia; s?lo aprueba las posiciones emitidas por las feudalidades partidistas. Es necesario conjurar ese peligro y reconstruir la democracia. Volver a tomar conciencia de s?, volver a saber decir "no", a mi modo de ver, son actitudes imprescindibles para salvar la libertad. El asunto est? en dar su medida al universo t?cnico y rehusar las manifestaciones de su poder que nos triturar?a con su necesidad y con sus leyes". Seguramente no son las empresas quienes est?n en mejores condiciones para dar solas, este combate..


Publicado por mario.web @ 0:06
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