Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
Fragmento del Catecismo que habla de la codicia, la concupiscencia, el pudor, la limpieza de coraz?n, el combate por la pureza y la permisividad de las costumbres. Importante para los que desean conocer la posici?n de la Iglesia ante la pornograf?a.
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?Qu? dice el Catecismo sobre el Pudor y la pureza de esp?ritu?
?Qu? dice el Catecismo sobre el Pudor y la pureza de esp?ritu?
ART?CULO 9
EL NOVENO MANDAMIENTO



No codiciar?s la casa de tu pr?jimo, ni codiciar?s la mujer de tu pr?jimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de tu pr?jimo (Ex 20, 17).

El que mira a una mujer dese?ndola, ya cometi? adulterio con ella en su coraz?n (Mt 5, 28).


2514 San Juan distingue tres especies de codicia o concupiscencia: la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida (cf 1 Jn 2, 16). Siguiendo la tradici?n catequ?tica cat?lica, el noveno mandamiento proh?be la concupiscencia de la carne; el d?cimo proh?be la codicia del bien ajeno.

2515 En sentido etimol?gico, la ?concupiscencia? puede designar toda forma vehemente de deseo humano. La teolog?a cristiana le ha dado el sentido particular de un movimiento del apetito sensible que contrar?a la obra de la raz?n humana. El ap?stol san Pablo la identifica con la lucha que la ?carne? sostiene contra el ?esp?ritu? (cf Gal 5, 16.17.24; Ef 2, 3). Procede de la desobediencia del primer pecado (Gn 3, 11). Desordena las facultades morales del hombre y, sin ser una falta en s? misma, le inclina a cometer pecados (cf Cc Trento: DS 1515).

2516 En el hombre, porque es un ser compuesto de esp?ritu y cuerpo, existe cierta tensi?n, y se desarrolla una lucha de tendencias entre el ?esp?ritu? y la ?carne?. Pero, en realidad, esta lucha pertenece a la herencia del pecado. Es una consecuencia de ?l, y, al mismo tiempo, confirma su existencia. Forma parte de la experiencia cotidiana del combate espiritual:


Para el ap?stol no se trata de discriminar o condenar el cuerpo, que con el alma espiritual constituye la naturaleza del hombre y su subjetividad personal, sino que trata de las obras -mejor dicho, de las disposiciones estables-, virtudes y vicios, moralmente buenas o malas, que son fruto de sumisi?n (en el primer caso) o bien de resistencia (en el segundo caso) a la acci?n salv?fica del Esp?ritu Santo. Por ello el ap?stol escribe: ?si vivimos seg?n el Esp?ritu, obremos tambi?n seg?n el Esp?ritu? (Ga 5, 25) (Juan Pablo II, DeV 55).

I La purificaci?n del coraz?n

2517 El coraz?n es la sede de la personalidad moral: ?de dentro del coraz?n salen las intenciones malas, asesinatos, adulterios, fornicaciones? (Mt 15, 19). La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificaci?n del coraz?n:


Mantente en la simplicidad, la inocencia y ser?s como los ni?os peque?os que ignoran el mal destructor de la vida de los hombres (Hermas, mand. 2, 1).


2518 La sexta bienaventuranza proclama: "Bienaventurados los limpios de coraz?n porque ellos ver?n a Dios" (Mt 5,8). Los "corazones limpios" designan a los que han ajustado su inteligencia y su voluntad a las exigencias de la santidad de Dios, principalmente en tres dominios: la caridad (cf 1 Tm 4, 3-9; 2 Tm 2 ,22), la castidad o rectitud sexual (cf 1 Ts 4, 7; Col 3, 5; Ef 4, 19), el amor de la verdad y la ortodoxia de la fe (cf Tt 1, 15; 1 Tm 3-4; 2 Tm 2, 23-26). Existe un v?nculo entre la pureza del coraz?n, del cuerpo y de la fe:


Los fieles deben creer los art?culos del S?mbolo ?para que, creyendo, obedezcan a Dios; obedeci?ndole, vivan bien; viviendo bien, purifiquen su coraz?n; y purificando su coraz?n, comprendan lo que creen? (S. Agust?n, fid. et symb. 10, 25).


2519 A los ?limpios de coraz?n? se les promete que ver?n a Dios cara a cara y que ser?n semejantes a El (cf 1 Co 13, 12, 1 Jn 3, 2). La pureza de coraz?n es el pre?mbulo de la visi?n. Ya desde ahora esta pureza nos concede ver seg?n Dios, recibir al otro como un ?pr?jimo?; nos permite considerar el cuerpo humano, el nuestro y el del pr?jimo, como un templo del Esp?ritu Santo, una manifestaci?n de la belleza divina.


II El combate por la pureza


2520 El Bautismo confiere al que lo recibe la gracia de la purificaci?n de todos los pecados. Pero el bautizado debe seguir luchando contra la concupiscencia de la carne y los apetitos desordenados. Con la gracia de Dios lo consigue

? mediante la virtud y el don de la castidad, pues la castidad permite amar con un coraz?n recto e indiviso;

? mediante la pureza de intenci?n, que consiste en buscar el fin verdadero del hombre: con una mirada limpia el bautizado se afana por encontrar y realizar en todo la voluntad de Dios (cf Rm 12, 2; Col 1, 10);

? mediante la pureza de la mirada exterior e interior; mediante la disciplina de los sentidos y la imaginaci?n; mediante el rechazo de toda complacencia en los pensamientos impuros que inclinan a apartarse del camino de los mandamientos divinos: ?la vista despierta la pasi?n de los insensatos? (Sb 15, 5);

? mediante la oraci?n:


Cre?a que la continencia depend?a de mis propias fuerzas, las cuales no sent?a en m?; siendo tan necio que no entend?a lo que estaba escrito: que nadie puede ser continente, si t? no se lo das. Y cierto que t? me lo dieras, si con interior gemido llamase a tus o?dos, y con fe s?lida arrojase en ti mi cuidado (S. Agust?n, conf. 6, 11, 20).


2521 La pureza exige el pudor. Este es parte integrante de la templanza. El pudor preserva la intimidad de la persona. Designa el rechazo a mostrar lo que debe permanecer velado. Est? ordenado a la castidad, cuya delicadeza proclama. Ordena las miradas y los gestos en conformidad con la dignidad de las personas y con la relaci?n que existe entre ellas.

2522 El pudor protege el misterio de las personas y de su amor. Invita a la paciencia y a la moderaci?n en la relaci?n amorosa; exige que se cumplan las condiciones del don y del compromiso definitivo del hombre y de la mujer entre s?. El pudor es modestia; inspira la elecci?n de la vestimenta. Mantiene silencio o reserva donde se adivina el riesgo de una curiosidad malsana; se convierte en discreci?n.

2523 Existe un pudor de los sentimientos como tambi?n un pudor del cuerpo. Este pudor rechaza, por ejemplo, los exhibicionismos del cuerpo humano propios de cierta publicidad o las incitaciones de algunos medios de comunicaci?n a hacer p?blica toda confidencia ?ntima. El pudor inspira una manera de vivir que permite resistir a las solicitaciones de la moda y a la presi?n de las ideolog?as dominantes.

2524 Las formas que reviste el pudor var?an de una cultura a otra. Sin embargo, en todas partes constituye la intuici?n de una dignidad espiritual propia al hombre. Nace con el despertar de la conciencia personal. Educar en el pudor a ni?os y adolescentes es despertar en ellos el respeto de la persona humana.

2525 La pureza cristiana exige una purificaci?n del clima social. Obliga a los medios de comunicaci?n social a una informaci?n cuidadosa del respeto y de la discreci?n. La pureza de coraz?n libera del erotismo difuso y aparta de los espect?culos que favorecen el exhibicionismo y los sue?os indecorosos.

2526 Lo que se llama permisividad de las costumbres se basa en una concepci?n err?nea de la libertad humana; para llegar a su madurez, ?sta necesita dejarse educar previamente por la ley moral. Conviene pedir a los responsables de la educaci?n que impartan a la juventud una ense?anza respetuosa de la verdad, de las cualidades del coraz?n y de la dignidad moral y espiritual del hombre.

2527 ?La buena nueva de Cristo renueva continuamente la vida y la cultura del hombre ca?do; combate y elimina los errores y males que brotan de la seducci?n, siempre amenazadora, del pecado. Purifica y eleva sin cesar las costumbres de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda, consolida, completa y restaura en Cristo, como desde dentro, las bellezas y cualidades espirituales de cada pueblo o edad? (GS 58, 4).

Resumen


2528 ?Todo el que mira a una mujer dese?ndola, ya cometi? adulterio con ella en su coraz?n? (Mt 5, 28).

2529 El noveno mandamiento pone en guardia contra el desorden o concupiscencia de la carne.

2530 La lucha contra la concupiscencia de la carne pasa por la purificaci?n del coraz?n y por la pr?ctica de la templanza.

2531 La pureza del coraz?n nos alcanzar? el ver a Dios: nos da desde ahora la capacidad de ver seg?n Dios todas las cosas

2532 La purificaci?n del coraz?n es imposible sin la oraci?n, la pr?ctica de la castidad y la pureza de intenci?n y de mirada

2533 La pureza del coraz?n requiere el pudor, que es paciencia, modestia y discreci?n. El pudor preserva la intimidad de la persona.

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Publicado por mario.web @ 0:23
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