Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
Los cantorales del Scriptorium del Monasterio de Santa Fe, son un conjunto de piezas del repertorio cisterciense.
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?Qu? son los cantorales del scriptorium del Monasterio de Santa Fe?


En el ?mbito de los trabajos de investigaci?n (1) que se est?n llevando a cabo sobre los fondos musicales en Arag?n, presentamos (2) hoy un corpus del repertorio cisterciense, un conjunto de c?dices de especial importancia no s?lo para el estudio de los repertorios lit?rgico-musicales utilizados en Arag?n a lo largo de los siglos, sino tambi?n para su estudio en otras Congregaciones Cistercienses del resto de Espa?a.

El C?ster, en efecto, aparece muy pronto en Arag?n (3) con la fundaci?n de Santa Mar?a de Veruela (Zaragoza), en 1146. Le seguir?n las abad?as de Piedra, en 1194, y de Rueda, en 1202, as? como los monasterios femeninos de Casbas y Santa Luc?a, y otros. Pero el que m?s interesa a nuestro prop?sito es el Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe, de cuyo scriptorium proceden los c?dices en cuesti?n, custodiados hoy, por azares del destino, en la Cartuja "Aula Dei" de Zaragoza (4).


PROCEDENCIA

De c?mo llegaron estos cantorales a la biblioteca de la Cartuja "Aula Dei" conocemos lo esencial. En el a?o 1835, este conjunto de libros tuvo la suerte de salvarse del exilio y del despojo que sigui? a la Desamortizaci?n. Fueron, de hecho, a parar al Seminario de San Carlos de Zaragoza, junto con otros de la Cartuja y de otras ?rdenes religiosas. Cuando, en 1903, los Cartujos, expulsados a su vez de Francia, pudieron regresar a su Monasterio en tierras aragonesas, el Seminario les hizo entrega de los Cantorales propios de su Orden as? como los del C?ster.

En efecto, aparte de otros interesantes manuscritos y de los libros lit?rgicos propios de la Orden Cartujana, de los que se hablar? en un estudio aparte, al punto me llam? poderosamente la atenci?n una colecci?n de 30 magn?ficos cantorales, al parecer de la liturgia cisterciense, celosamente custodiados por esta Comunidad. Se trata de un conjunto que abarca el a?o lit?rgico casi en su totalidad. Todos tienen, como m?s adelante se ver?, la misma procedencia: el scriptorium del hoy desaparecido Real Monasterio de Santa Fe (5), de la Orden del C?ster, situado en la ribera izquierda del r?o Huerva, cerca de Cuarte y Cadrete, no muy lejos de la ciudad de Zaragoza. Fue fundado en 1223 por Miguel Zapata, quien previamente hab?a tenido en esos dominios un castillo. Se uni? al C?ster aragon?s en 1616. Sufri? saqueos en la guerra de la Independencia y fue abandonado en 1835, como consecuencia de la Desamortizaci?n.


CONTENIDO

Uno de los principales valores de este conjunto de cantorales consiste en que transmite un repertorio, el cisterciense, casi completo, y de la misma ?poca. No es dif?cil hallar c?dices aislados o en grupo, y, en su caso, fragmentos de la misma tradici?n. Sin embargo, el hecho de que nuestro corpus transmita pr?cticamente todo el repertorio cantable y que, adem?s, todos sus elementos sean contempor?neos, le a?ade una especial significaci?n. (...)

La notaci?n que aparece en todos los cantorales es la conocida como cuadrada gregoriana, sobre tetragrama. Todav?a se mantiene en ella la concepci?n neum?tica, y no se aprecia disgregaci?n del neuma, que muy pronto aparecer? por todos sitios. B?sicamente, en un estudio comparativo con las fuentes primeras, San Galo y Laon, se aprecia la correspondencia entre ambas escrituras, con las salvedades de las distintas reformas cistercienses de que hablaremos m?s adelante.

Encontramos todos los neumas propios de la graf?a gregoriana: punctum, virga, clivis, pes, torculus, porrectus, scandicus, climacus, y sus desarrollos. En esto se apartan de las ediciones inmediatamente posteriores, donde el neuma desaparece en beneficio de una escritura plana, en la que es dif?cil percibir la intencionalidad r?tmica del escritor. Todav?a se percibe en estos cantorales los agrupamientos neum?ticos, o dicho de otro modo, el corte neum?tico, base de toda la r?tmica gregoriana. Es ?ste un dato importante por cuanto ya en la misma ?poca, en otros sitios el canto gregoriano se iba reduciendo a la yuxtaposici?n y sucesi?n de notas sueltas. Se dir?a, por todos estos datos y otros, que se trata de una copia de c?dices anteriores.

Hay, adem?s, un elemento interesante, que denota la influencia tridentina (10), aunque sea de una mano posterior. En algunos de los cantorales, por ejemplo en el n?mero 25, correspondiente a las misas de Jueves Santo, Viernes Santo, etc., una mano ha mutilado brutalmente los melismas prolijos. Ha raspado la tinta, aunque todav?a es perceptible el dise?o original porque la mancha permanece perfectamente visible. De este modo, lo que antes constitu?a una pieza melism?tica, se ha convertido en una pieza semiadornada, o en algunos casos, sil?bica.

En cuanto al uso de las tintas, los copistas utilizan los colores negro y rojo para el cuerpo de escritura y notaci?n, respectivamente. Y el morado y sepia para el relleno de algunas letras m?s destacadas

Hay, adem?s, en los cantorales gran profusi?n de p?ginas ricamente iluminadas, de letras iniciales, algunas de ellas de gran belleza. Varias de ellas ocupan el folio entero, como en el cantoral n? 17 (fol. 1r y 41r), con un formato de 88 x 64, o en los n? 23, 24 y 25, con un formato de 83 x 60. Los autores parecen ser varios, aunque hay una ?nica concepci?n y, parece, una sola direcci?n.

Varias de ellas consisten en trabajos caligr?ficos de extrema perfecci?n, lo que supone un empleo largu?simo del tiempo y una paciencia realmente "benedictina" (no 22 y 27). Unas son pinturas al ?leo (no 2, 17 y 2 l); otras son acuarelas (no 9, 18 y 19), y otras son mezclas.


ORIGEN

Se ha dicho ya que de su an?lisis se desprende que proceden del Scriptorium del Real Monasterio de Santa Fe. Sin embargo, lo que es cierto para la mayor?a no lo era tan claro, en un primer momento, para 5 de ellos. As?, los registrados con los n?meros 1 al 5 omiten algunos salmos en los Nocturnos. Son los mismos que omite la Orden de los Cartujos: salmos 35 y 42, en la feria II; 50 y 56, en la feria III, etc. Esto hac?a sospechar, en un primer momento, que estos cinco cantorales pertenec?an a la liturgia cartujana. Sin embargo, varios elementos nos inclinan a pensar lo contrario:

- los vers?culos de Maitines y Laudes, as? como el n?mero de alleluia de las ant?fonas del tiempo pascual, son distintos al repertorio cartujano;

- los responsorios de Laudes y V?speras se cantan siempre como los responsorios prolijos;

- las ant?fonas de Prima de los d?as feriales tienen notaci?n musical;

- contienen tambi?n el Oficio de Completas.

Para dilucidarlo se ha consultado un breviario antiguo cisterciense (11). En ?l, los salmos de Maitines que se omiten en el C?ster, tambi?n se omiten en la Cartuja. Pero en los Cantorales del C?ster aparecen citados para que se busquen en otra parte del mismo libro (para el salmo 35, remite a Laudes de la misma Feria; para los salmos 42 y 56, remite a Laudes de la Feria IV, etc.)

El contraste de ?ste y otros elementos hacen pensar, con un grado de probabilidad bastante alto, que estos 5 cantorales pertenecen tambi?n al Scriptorium del Real Monasterio de Santa Fe, aunque de fecha anterior.

Los cantorales restantes no ofrecen duda alguna sobre su procedencia (12).


DATACI?N

De los datos que se desprenden de su estudio codicol?gico y paleogr?fico, y seg?n consta en una inscripci?n del cantoral registrado con el no. 19, en su folio 44r, son del "a?o 1616" fecha en la que el Monasterio se un?a a la Congregaci?n Cisterciense de Arag?n (13).


LA TRADICI?N LIT?RGICA DEL C?STER

Los primeros cistercienses, de finales del siglo XI y comienzos del XII, quer?an seguir en todo la Regla de san Benito, huyendo de los excesos de Cluny, donde cada d?a se cantaban 215 salmos, en vez de los 40 prescritos por la Regla. Su reforma (14) iba en el sentido de la simplicidad, palabra que se repetir?, una y otra vez, a prop?sito de canto y de la liturgia.

En el pensamiento de Esteban Harding, tercer abad del C?ster, para recuperar la pureza original del canto de la Iglesia, hab?a que volver al rito romano. Y as? envi? a sus chantres a Metz (15). Esta ciudad hab?a sido, en el siglo IX, uno de los principales centros de difusi?n del canto romano en el imperio carolingio. Esta versi?n mesina del canto se mantuvo hasta la muerte de Esteban, en 1134. A su muerte, los cistercienses quisieron refundir el repertorio lit?rgico, revisando sistem?ticamente cada pieza seg?n los criterios establecidos por la teor?a. Una teor?a que hab?a que elaborar para ello.

Esta reforma, cuyo principal protagonista fue Guy d?Eu, ten?a como base el canto gregoriano y abarcaba dos aspectos fundamentales:

A) Ordenaci?n musical, referente sobre todo al modo de cada una de las piezas y a sus caracter?sticas b?sicas:

- La ornamentaci?n superflua y los giros extra?os quedaban excluidos.
- La modalidad deb?a aparecer claramente en cada pieza, sin ambig?edad ni mezcla de modos.
- En el interior de un modo, cada grado de la escala sonora deb?a ocupar su rango jer?rquico, gracias al cual pod?a desenvolverse correctamente el discurso sonoro. De todo ello se segu?a una presencia exagerada de los grados principales, que manifestaban de este modo su funci?n polarizante en el desarrollo de la obra.
- El ?mbito de cada modo no pod?a sobrepasar los l?mites establecidos en la teor?a.

B) Ordenaci?n lit?rgico, en cuanto al uso de algunas de las formas
musicales:

- Los cistercienses quer?an cantar el alleluia hasta Cuaresma, a pesar de lo dispuesto en el s?nodo de Aquisgr?n en 816, que ped?a omitirlo desde septuag?sima. De igual modo suprimieron oraciones, letan?as, vers?culos, procesiones, sufragios de los santos, e incluso de la Virgen Mar?a.
- Los cistercienses, seg?n les reprocha Abelardo, abandonan la costumbre de los monjes para ajustarse, en el Oficio de los 3 ?ltimos d?as de Semana Santa, a la pr?ctica de la iglesia occidental, la cual celebraba dichos Oficios seg?n una f?rmula arcaica muy extendida. Los cistercienses se contentaron con celebrar dichos d?as como ferias ordinarias.
- La elecci?n de los himnos. La Regla habla de ambrosiano a prop?sito del himno de Vigilias (16), Laudes (17) y V?speras (18). Para los cistercienses eso significaba que se trataba de un himno compuesto por san Ambrosio. Fueron a Mil?n a investigar qu? himnos eran esos. El resultado fue una reforma un tanto singular del himnario que trajeron de Molesme. A lo largo del a?o s?lo utilizaban veintis?is, con melod?as distintas a las que se sol?an cantar en Francia. As? desde el 1 de enero al 31 de diciembre, ya fuera Navidad, Pascua, Todos los Santos, Viernes Santo o Feria de Cuaresma, los cistercienses cantaban incansablemente, como en Mil?n, un ?nico himno Aeterne rerum conditor, suprimiendo himnos tan tradicionales como Vexilla regis o Ave Maris Stella.

Pero hay una segunda reforma, vinculada a san Bernardo, y que fue llevada a cabo en la Orden Cisterciense entre 1142 y 1147. El mismo san Bernardo escrib?a: Entonces yo mismo convoqu? a algunos hermanos nuestros, especialistas y diestros en el arte y ejecuci?n del canto, y de entre tantas y tan variadas cuestiones y soluciones result? el nuevo antifonario. Este volumen que presentamos es, a nuestro parecer, perfecto en texto y en notaci?n. Cualquier cantor, si es versado en su arte, lo comprobar? (19).

Y as? fue. La reforma inclu?a una selecci?n de himnos m?s variada. Para las Horas Menores, se pudo elegir el himno no en funci?n de la hora sino de la Fiesta o del Tiempo Lit?rgico, dando un resultado bastante at?pico. Por eso se cant?, durante el tiempo de Pasi?n, Vexilla regis en Tercia y Crux fidelis en Completas.

En cuanto al antifonario, se realizaron muchas reformas mel?dicas, seg?n la teor?a del canto cisterciense, aunque en realidad, todo el esfuerzo se limit? simplemente a ajustar las melod?as de Metz a las l?neas maestras del repertorio com?n. Las revisiones corrigieron muchas repeticiones del repertorio anterior. Tambi?n se a?adi? un importante n?mero de textos nuevos y melod?as nuevas. Quiz? lo m?s t?pico del nuevo material introducido fuera la Salve Regina, y la serie de ant?fonas destinadas a varios oficios nocturnos de la Virgen, inspiradas en el Cantar de los Cantares.

Finalmente, entre 1180 y 1182 se produjo una nueva revisi?n del com?n del leccionario nocturno, se reorganizaron los domingos de despu?s de Epifan?a, y se purgaron 48 misas que se celebraban en honor de varios santos, que disfrutaban de conmemoraci?n en Laudes y V?speras.

Varios siglos despu?s, en 1783, Agust?n V?zquez, en su Ilustraci?n apolog?tico al Breviario, Misal y Ritual Cisterciense de la Congregaci?n de San Bernardo en los reinos de Castilla (20) afirma que, en cuanto al misal, no se ha producido ninguna innovaci?n, aparte de algunas ant?fonas, responsorios y colectas de oficios particulares.

El Liber usuum o Consuetudines, obra de san Bernardo y de san Esteban, se conserv? en su integridad hasta el siglo XVII. Prueba de ello es otro Liber usuum muy posterior (21), que, en un an?lisis comparativo, resulta id?ntico al de los primeros cistercienses.

En fechas no muy lejanas a la mencionada, 1649, los Cistercienses de la Congregaci?n de Castilla editaron el Liber Processionarius Sacti Ordinis Cisterciensis, en cuyo prefacio se explicaban los motivos de las transformaciones introducidas en un canto que "por su suavidad, facilidad, brevedad y dulzura favorecer?a la gravedad de las procesiones y la edificaci?n del alma". La reforma, en realidad, iba en la l?nea decadente que se generalizar?a por todas partes, bajo la influencia del Concilio de Trento (22).


CONCLUSI?N

El siglo XVII, ?poca de profundos cambios en la liturgia occidental, tiene una influencia menor en el repertorio cisterciense, tal como aparece reflejado en los cantorales estudiados. Hasta este siglo, el peso de la tradici?n mon?stico del legado recibido por los antepasados es a?n tan fuerte que el mundo cisterciense se resiste a abandonar unos usos que consideran profundamente enraizados en el mismo origen del canto gregoriano. Y as?, hasta este scriptorium del Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe llega, b?sicamente igual, la reforma emprendida por los primeros cistercienses respecto a la ornamentaci?n superflua y los giros extra?os que quedaban excluidos; a la modalidad, que deb?a aparecer claramente en cada pieza; y al ?mbito de cada modo, que no deb?a sobrepasar los l?mites impuestos.

La b?squeda de las fuentes primeras del canto lit?rgico, tal como aparece formulado en el siglo VI por san Benito, conducir? finalmente a un repertorio reelaborado, el conocido como cisterciense. Y es el mismo san Bernardo quien, en el Prefacio al antifonario cisterciense, ofrece la raz?n ?ltima de estos cambios: "En muchos sitios del antiguo antifonario hemos descubierto un texto tan relajado y disoluto que, corrompido por tantos errores o cuentos ap?crifos, provocaba abultamiento y disgusto en sus lectores; y los novicios, instruidos en la disciplina eclesi?stica, tomaban aversi?n al texto y a las melod?as del antifonario, desde?aban su estudio, y no aportaban ya a las alabanzas divinas sino indolencia y desidia (23).

Este es, en definitiva, el repertorio que nos ha llegado a trav?s de los cantorales del Real Monasterio Cisterciense de Santa Fe (Zaragoza), testigo mudo de siglos de b?squedas y vivencias.

Santa Fe: ms. 1 al 15
Santa Fe: ms. 16 al 30




M?s detalles sobre los c?dices de Santa Fe en la p?gina web de Amigos del Canto Gregoriano



NOTAS


1. La C?tedra de M?sica Medieval Aragonesa, de la Instituci?n ?Fernando el Cat?lico" (C.S.I.C.), est? llevando a cabo, entre otros trabajos, dos importantes proyectos, denominados: A) Proyecto ?C?dices". B) Proyecto "Fragmentos?. En ambos casos se trata de estudiar (catalogar, cotejar, analizar y, en su caso, transcribir) toda la m?sica medieval conservada en Arag?n, sea en forma de c?dices o de fragmentos. El formato de trabajo utilizado es el CD ROM, cuyo dise?o permite posteriormente su estudio detenido con los medios inform?ticos y, en su momento, su consulta a trav?s de las redes inform?ticas de comunicaci?n, dada la dificultad de acceso a muchos de los archivos y bibliotecas donde se encuentran
depositados.
2. El objetivo del presente trabajo es dar a conocer la existencia de este corpus cisterciense, enmarc?ndolo en su contexto. No se trata, pues, de un estudio definitivo, con resultados cient?ficos, algo que se har? en una segunda fase desde la C?tedra de M?sica Medieval Aragonesa.
3. Acerca del nacimiento del C?ster y de su implantaci?n en Espa?a, v?ase Alejandro MASSOLIIVER: Historia del Monacato cristiano. II. De san Gregorio Magno hasta el siglo XVIII. Ediciones Encuentro: Madrid, 1994; pp. 88ss. Sobre la implantaci?n en Arag?n, AA.VV.: El C?ster. ?rdenes religiosas zaragozanas. Instituci?n "Fernando el Cat?lico". Excma. Diputaci?n de Zaragoza: Zaragoza, 1987. Desde otro punto de vista, puede leerse el reciente libro de Agust?n UBIETO, Leyendas para una historia paralela del Arag?n Medieval. Instituci?n ?Fernando el Cat?lico". Excma. Diputaci?n de Zaragoza: Zaragoza, 1998.
4. Desde aqu? quiero agradecer a Dom Carlos, Prior de la Cartuja "Aula Dei", su confianza al pedir mi colaboraci?n para iniciar en el Canto Gregoriano a las j?venes vocaciones del monasterio. Fue as? c?mo entr? en contacto con su rica biblioteca, en la que "descubr?" este hermoso patrimonio musical.
5. A lo largo de su historia, esta comunidad dio una amplia lista de sabios y estudiosos en las diferentes ramas del saber: Catedr?ticos en la Universidad de Huesca, Acad?micos de las Artes y de la Lengua, Te?logos, Canonistas, especialistas en Medicina Natural, etc. Entre los historiadores cabe destacar a fr. Gualberto Fabricio de Bagdad (1499), quien, en el siglo X-V, public? Cr?nica del reino de Arag?n, La esclarecida Cr?nica de los muy altos y muy poderosos Pr?ncipes y reyes cristian?simos de los siempre constantes fidel?simos Reynos de Sobrarve, de Arag?n, y de Valencia y otros". Este monje, en efecto, obtuvo el t?tulo oficial de cronista mayor del rey don Fernando. Fueron varios diputados quienes le encargaron la obra citada, para la que tuvo que recorrer archivos como S. Juan de la Pe?a, San Victori?n, Montearag?n, Poblet y otros. Es cierto que Lanuza, Carrillo y Juan de Molina pretendieron rebajar el m?rito de esta obra. Sin embargo, el cronista fray Jer?nimo de San Jos? opina que "est? trabajada con harto cuidado y cr?dito por su mucha antig?edad, originales noticias y muchos trozos excelentes que se hallan en ella. En efecto, su m?rito fue bastante para obligar a verterla en lat?n a Micer Garc?a de Santa Mar?a, c?lebre literato, por cuyo trabajo se hizo digno de recomendaci?n de Zurita en los "Anales de Arag?n". Este mismo autor compuso asimismo, entre otras obras, una historia sobre la Virgen del Pilar. Fr. Bartolom? Ponce de Le?n (s. XVI), escribi? una biograf?a de don Pedro de Aosta, obispo de Osma, y, en 1581, Clara Diana, aplicaci?n del concepto de belleza femenina a la Virgen. Fr. Juan Cris?stomo Oloriz y Nadal (1711-1783), por su lado, pertenec?a a la clase m?s distinguida de Zaragoza y entr? muy joven en Santa Fe. Su sabidur?a le llev? muy pronto a las c?tedras de la Universidad de Huesca, donde el C?ster ten?a un colegio mayor para sus estudiantes. En 1737 la Real Academia le nombr? Acad?mico, y en 1739 se le nombr? calificador del Santo Oficio en el Reino de Arag?n. Fr. Isidoro Francisco Andr?s (1708-1785), maestro en teolog?a, Acad?mico de La Lengua Espa?ola, predicador del rey...

(Las NOTAS 6 a 9, est?n en la p?gina de CONTENIDO).

10. En lo que concierne a la liturgia y a la m?sica, la ?poca tridentina y postridentina influir? considerablemente en la concepci?n humanista. Ya desde 1575, el papa Gregorio XIII proyectaba la edici?n de libros de canto gregoriano. Y el 25 de octubre de 1577 encarga a Palestrina y a Zoilo "purgare", "cortigere", "reformare? el canto gregoriano. Se tratar? de transformar el canto gregoriano: la modalidad, la simplificaci?n de las melod?as lit?rgicas tradicionales, el lugar de los acentos en el texto. Las nuevas ediciones que ven la luz a partir de Trento abren el camino: al tratamiento libre de las melod?as tradicionales; a composiciones nuevas; a modificaciones: cortes de melismas, discursos rimados, alteraciones, etc. V?ase al respecto Edith WEBER: L-- Concile de Trente et la musique. De la R?forme a la Contre-R?forme. Librairie Honor? Champion: Par?s, 1982.
11. Anexo de la biblioteca de la Cartuja ?Aula Dei", n. 80.
12. Queda todav?a por determinar, como se ha dicho, la ?familia" de procedencia de estos cantorales. En Berl?n, Besan?on, Cambridge, Grande-Chartreuse, Graz, Colonia, Mainz, Metz, Montpellier, Oxford, Par?s, Rouen, Troyes y el Vaticano, entre otros, se encuentran c?dices de la liturgia cisterciense, de primera ?poca, que podr?n completar toda la informaci?n que desear?amos acerca del corpus de Santa Fe.
13. La idea de formar una Congregaci?n se hab?a ido gestando a ritmo lento entre los monasterios de la Corona de Arag?n. Ya en el a?o 1536 se reun?a un Cap?tulo Provincial en Zaragoza, al que se convocaba a todos los abades de la pen?nsula, aunque s?lo acudieron los de Arag?n y Navarra. Este Cap?tulo fue el primer esbozo de la futura Congregaci?n. Tambi?n el rey, Felipe II, quer?a la reforma de los monasterios de Arag?n, y para ello acudi? al abad del C?ster con el fin de que nombrara comisario de la misma al abad de Poblet. El 22 de febrero de 1603, el papa Clemente VIII faculta al abad del C?ster, Dom Edmundo de la Cruz, a visitar los monasterios de la Corona de Arag?n, y el mismo Papa pide al rey de Espa?a, Felipe III, que le reciba ben?volamente. Su petici?n fue en vano, pues el monarca era contrario al proyecto. Poco despu?s el nuevo abad de C?ster, Nicol?s Boucherat, convoca un nuevo Cap?tulo en Zaragoza para la erecci?n de la Congregaci?n, e informa de ello al rey. Esta asamblea se reuni? en Zaragoza el 27 de enero de 1613, bajo la presidencia del arzobispo de la Ciudad, Pedro Manrique de Lara. En ella se propuso la formaci?n de una Congregaci?n con los monasterios de Arag?n, Valencia, Mallorca y Catalu?a, proposici?n que fue aceptada. Paulo V la confirm? en su Breve del 19 de abril de 1616. El documento expone, en primer lugar, el motivo de la erecci?n, que es procurar la salud y la paz en los monasterios por medio de la reforma necesaria. Al a?o siguiente, 1617, del 12 de febrero al 9 de marzo, se celebraba el primer Cap?tulo Provincial de la Congregaci?n en la ciudad de Zaragoza. Con sus decisiones, acuerdos y determinaciones comenz? oficialmente su vida la Congregaci?n de Arag?n.
El Monasterio de Santa Fe aportar? tambi?n su experiencia a la nueva Congregaci?n, provey?ndola de Vicarios Generales a partir de 1652, con fr. Jos? Corredor, Abad, quien repetir? en 1672. Posteriormente, en 1733 ser? fr. Crist?bal Ponte; en 1765, fr. Nicol?s Catal?n; y en 178 1, fr. Mart?n Benedicto.
14. V?ase al respecto la interesante obra de Claire MA?TRE: La r?forme cistercienne du plain-chant. ?tude d?un trait? th?orique. Citeaux. Studia et documenta. Volume VI: Brecht, 1995.
15. Ciudad que, como se sabe, dio nombre a una de las notaciones musicales m?s conocidas (metense o mesina).
16. Inde sequatur ambrosianum. Regla de san Benito, cap. 9. Edici?n de Garc?a M. COLOMB?S e l?aki ARANGUREN. B.A.C.: Madrid, 1979, p. 101. 17. Et responsorium, ambrosianum, versus... op. cit., p. 105.
18. ...hymnus eiusdem horae post versum... op. cit., p. 109.
19. Obras Completas. B.A.C.: Madrid, 1984, tomo II, p. 591.
20. Impreso en Madrid en 1783.
21. Impreso en Par?s en 1643.
22. En lo que concierne al C?ster, el primer Capitulo General que se tuvo despu?s de la clausura del Concilio de Trento, el 21 de mayo de 1565, con 23 abades, trat? de promover inmediatamente la aplicaci?n de los decretos tridentinos. Algunos abades fueron encargados de visitar y reformar todos los monasterios de Francia, Italia, Espa?a. Poco despu?s, y respondiendo a una indicaci?n de san P?o V, el cardenal Jer?nimo de la Souchi?re, abad de Claraval y postulado como abad del Cister, public? el 1 de abril de 1570 una lista de ?Ordenaciones? en el esp?ritu del Concilio de Trento. Sin embargo, los Cap?tulos Generales de 1601 y 1609 lucharon contra esta tendencia. En este ?ltimo se mand? reimprimir al comienzo del Misal el Liber Usuum, as? como un Ordinarium de 1515. Asimismo se publico un Ritus servandus iuxta Ordinis consuetudinem y se suprimi? la autorizaci?n de utilizar el rito romano para la misa privada, otorgada en 1605. No obstante, las reformas animadas por el Concilio de Trento se fueron abriendo camino y entraron finalmente en la Orden Cisterciense. Pero hubo excepciones: la Congregaci?n italiana adopt? el misal romano y el breviario mon?stico de Paulo V. Algunos monasterios italianos de la Com?n Observancia conservaron el breviario mon?stico. Los cistercienses de la Congregaci?n de Castilla, separados de la jurisdicci?n del Cap?tulo General de la Orden por una Bula del Papa Mart?n V, el 24 de octubre de 1425, no siguieron este movimiento y conservaron, sustancialmente, todo el rito cisterciense tradicional, no sin presiones, como narra Dom Agust?n V?zquez, en 1783 (op. cit.). La Congregaci?n Cisterciense de Arag?n, y con ella el monasterio de Santa Fe, parece haber seguido las mismas pautas, seg?n se deduce del an?lisis de los cantorales. De este modo pudieron conservar la tradici?n propia.
23. Epistola S. Bernardi et tractatus. Edic. de F.J. GUENTNER. Corpus scriptorum de musica: Roma, 1974, p. 25.


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