Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
Imitar a los fundadores consiste en imitar su fe y su generosidad en responder a la palabra de Dios
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El encuentro apasionado con el fundador
El encuentro apasionado con el fundador
El porqu? de la renovaci?n.
Quien ha nacido despu?s del Concilio Vaticano II puede perder de vista los motivos que indujeron al Papa Juan XXIII, y a toda a Iglesia en general, a iniciar un movimiento de renovaci?n. Movimiento que contin?a en nuestros d?as y del cu?l comenzamos ya a ver sus frutos. Resulta necesario y conveniente repasar y tener vivo en nuestra mente las motivaciones profundas de esta renovaci?n.

Recordando a los padres conciliares podemos hacer presente aquellas palabras del decreto Perfectae caritatis en el que se expresaban los motivos fundamentales de la renovaci?n: ?Mas para que el eminente valor de la vida consagrada por la profesi?n de los consejos evang?licos y su funci?n necesaria, tambi?n en las actuales circunstancias, redunden en mayor bien de la Iglesia.? Pedir una renovaci?n no significaba que algunos aspectos de la vida consagrada no funcionaban bien, sino m?s bien que dichos elementos hab?an sido oscurecidos u opacados por ?pr?cticas y tradiciones anticuadas, de orden m?s bien cultural y social antes que religioso.? Se trataba por tanto de rescatar esos elementos y hacerles brillar de nuevo. ?se, y no otros, es el objetivo principal de la renovaci?n. Providencial si pensamos que el mundo moderno estaba convirti?ndose en un espacio irreal para el ?mbito de la vida consagrada, ya que mientras aqu?l continuaba inexorable su marcha, ?ste parec?a haberse detenido, precisamente por esas pr?cticas y tradiciones culturales y sociales.

Habr?a por tanto que hacer una labor de discernimiento para distinguir lo esencial de lo accidental, lo inherente a la vida consagrada de lo meramente opcional. Para ello, el papa Pablo VI fue trazando las l?neas de la adecuada renovaci?n, contrast?ndola con aquellos movimientos impulsivos que poco o nada ten?an que ver con un discernimiento y una labor profunda de renovaci?n. Famosas son ya sus intervenciones en la Enc?clica Ecclesiam suam y en la exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio en d?nde dejaba claro lo que deb?a entenderse por la adecuada renovaci?n de la Iglesia en general y de la vida consagrada en particular .

Andando el tiempo, la Iglesia ha seguido profundizando en la renovaci?n y ha ido tomando conciencia de que si quiere ser fiel al tesoro que ha recibido de manos de Cristo y al mismo tiempo ayudar al mundo a descubrir el verdadero sentido de la vida, debe conformarse siempre con Cristo: ?Debe permanecer viva, pues, la convicci?n de que la garant?a de toda renovaci?n que pretenda ser fiel a la inspiraci?n originaria est? en la b?squeda de la conformaci?n cada vez m?s plena con el Se?or.?

Parecer?a justo entonces admitir que el objetivo de la renovaci?n en la vida consagrada es el de ser fiel a s? misma para ayudar al mundo a alcanzar la plenitud al que est? llamado, por ser obra de la Creaci?n de Dios, sacudi?ndose aquellas estructuras que no pertenecen propiamente a la vida consagrada. Este trabajo debe realizarse siguiendo un adecuado discernimiento que permita distinguir los elementos esenciales de la vida consagrada.


Un medio: el Fundador.
La Iglesia, ?madre y maestra? no deja a las personas solas despu?s de haber lanzado unas directrices. Como buena pedagoga da las l?neas fundamentales para llevar a cabo las iniciativas por ella dispuesta. Y en este caso, a trav?s del decreto Perfectae caritatis, dio desde el inicio los principios generales de la renovaci?n .
Uno de estos principios se refer?a precisamente a la figura del fundador: ?Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos.?

El Concilio se hab?a propuesto el regreso a los or?genes como un medio eficaz para desembarazarse de todo aquello que a lo largo del tiempo se hubiese ido adhiriendo a la vida consagrada y que no le pertenec?a estrictamente como algo esencial. Uno de estos medios era el volver la mirada al Fundador para sacar de ?l, los elementos vivos con los que se pod?a dar nuevo lustre a la vida consagrada en el instituto o la congregaci?n por ?l fundada. Y es as? como la Iglesia ha vivido en estos 40 a?os y movimiento que tiende a descubrir la figura del Fundador como punto fundamental para la renovaci?n.

El Fundador se presenta como una figura a imitar. ?Imitar a los fundadores no es copiarlos mim?ticamente, como hac?a Fray Juan el Simple, aquel franciscano que, queriendo imitar en todo a san Francisco de As?s, tos?a cuando el santo tos?a e inclinaba la cabeza cuando el santo lo hac?a. (?) Imitar a los fundadores consiste en imitar su fe y su generosidad en responder a la palabra de Dios.? La imitaci?n no debe realizarse por tanto en las cuestiones externas, sino m?s bien en su disposici?n para estar a la escucha de la palabra de Dios y ponerla por obra ?con la misma audacia, la creatividad y la santidad.? Aunque algunos autores opinan que si bien no todos los individuos de una Congregaci?n deban poseer todas estas cualidades, sino m?s bien que la Congregaci?n en general tenga estas cualidades , creemos m?s convenientes el ce?irnos a las palabras de la exhortaci?n y proponer que todos los individuos desarrollen dichas cualidades. En este caso preferimos seguir lo indicado por el Prefecto de la congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y sociedades de vida apost?lica: ?El camino de renovaci?n nunca ser? una mera vuelta a los or?genes, sino una recuperaci?n del fervor de los or?genes, de la alegr?a del inicio de la experiencia, para vivir de una forma creativa el propio carisma.? Y tambi?n lo que menciona Vita consecrata en el n?mero 37: ?Se invita pues a los Institutos a reproducir con valor la audacia, la creatividad y la santidad de sus fundadores y fundadoras como respuesta a los signos de los tiempos que surgen en el mundo de hoy.? Es por tanto una vuelta a los or?genes no con fines academicistas o especulativos, sino con un car?cter eminentemente vivencial. Se va a los or?genes del manantial para beber y tener vida.

Esta imitaci?n conlleva un conocimiento no s?lo de la persona del fundador o de sus acciones, sino del esp?ritu que lo incit? a fundar la Congregaci?n. Se trata por tanto de tener al fundador como centro en la propia vida consagrada. Si la consagraci?n no es otra cosa que el seguimiento ?ntimo y personal de Jesucristo hasta llegar a conformar la vida con ?l , con un estilo peculiar y definido, las almas consagradas tienen en el Fundador una gu?a segura para conocer este estilo peculiar y definido. Es ?l, quien con su vida, ha dejado un ejemplo palpable de c?mo seguir a Cristo. Ser? por tanto necesario tener un conocimiento preciso y claro sobre esta forma peculiar del seguimiento de Cristo, es decir, del carisma del fundador.

El camino recorrido hasta ahora.
Hablar de carisma en nuestros d?as es apasionante. A todos entusiasmo la idea de conocer esta experiencia del Esp?ritu o gracia viviente para seguir mejor a Jesucristo. Pero debemos recordar que 40 a?os antes, no se hablaba nada acerca de carisma, o si se hablaba, se ve?a con un cierto recelo. Cuando, al preguntar a algunas sobre el carisma de la congregaci?n respond?an simplemente que el carisma era el carisma franciscano, o lo identificaban con las obras de la congregaci?n, podemos darnos cuenta del adelanto que se ha hecho en este campo.

Y no pod?a ser de otra forma. El Concilio Vaticano II, en sus ?mpetus de renovaci?n, lanz? a las personas consagradas a buscar en los or?genes de la congregaci?n las fuentes de su estilo peculiar. El decreto Perfectae caritatis hablaba de ciertos estilos peculiares ?Ya desde los or?genes de la Iglesia hubo hombres y mujeres que se esforzaron por seguir con m?s libertad a Cristo por la pr?ctica de los consejos evang?licos y, cada uno seg?n su modo peculiar, llevaron una vida dedicada a Dios, muchos de los cuales bajo la inspiraci?n del Esp?ritu Santo, o vivieron en la soledad o erigieron familias religiosas a las cuales la Iglesia, con su autoridad, acogi? y aprob? de buen grado.? Por ello, comenz? una vuelta a los or?genes que se caracteriz? por un estudio serio, sistem?tico y teol?gico para llegar a conocer el n?cleo fundante de la congregaci?n, es decir, el carisma. Naci? lo que justamente hoy llamamos la teolog?a de la vida consagrada y m?s concretamente la teolog?a del carisma.

Los autores proliferaron en sus estudios y as? hay quienes hacen distinciones entre carisma del Fundador, carisma de Fundador, carisma de fundaci?n, carisma originario, carisma del Instituto o Congregaci?n. Sin quitar el m?rito a estos estudios, debemos aceptar que su esfuerzo ha llevado a un conocimiento m?s cercano del fundador y de su carisma. Hay congregaciones que han dedicado personal y medios para llegar a conocer con precisi?n el carisma del fundador o de la fundadora.

Sin embargo, tenemos que lamentar que este esfuerzo ha sido llevado a cabo por un n?mero a?n muy peque?o de congregaciones o institutos de vida consagrada. La gran mayor?a se han quedado a?n atr?s en esta labor. Por un lado se han contentado con medios, que sin ser malos, son insuficientes. Por ejemplo, la revisi?n de las Constituciones, el cambio de h?bito, la puesta en d?a de algunas de las obras de apostolado, la reorganizaci?n de la Congregaci?n en base a la falta de personal (supresi?n de comunidades, unificaci?n de Provincias), la apertura de nuevos apostolados llamados ?de frontera?. Son aspectos laudables y necesarios, pero que se han hecho, muchos de ellos, sin tomar en cuenta el esp?ritu del Fundador.

Conocer el carisma del Fundador no es s?lo conocer la historia de la Congregaci?n y los avatares por los que tuvo que pasar el Fundador para llevar adelante la obra. Es m?s bien, conocer la experiencia del Esp?ritu e individuar aquellos elementos esenciales que conforman su identidad. Elementos que formar?n parte del patrimonio espiritual del Instituto.

Se trata por tanto de hacer primero un trabajo de investigaci?n para identificar claramente cu?l ha sido la experiencia del Esp?ritu que impuls? al Fundador a sacar la obra adelante. Dicha experiencia del Esp?ritu es la lectura espec?fica que hace el Fundador del evangelio y de ah? recibe la inspiraci?n necesaria para vivir y hacer vivir a otros compa?eros suyos de acuerdo a esa experiencia. ?Francisco de As?s y sus compa?eros contemplan preferentemente a Aquel que <>; Ignacio de Loyola y sus compa?eros contemplan preferentemente al Hijo que sirve al padre, dej?ndose mandar sobre la tierra, <>; Camillo de Lellis y sus ministros de los enfermos, contemplan preferentemente <>, a identificarse con los hermanos, especialmente en los enfermos; Vincenzo de?Paolo y sus hijos contemplan preferentemente Aquel que ha venido para <>; Don Giacomo Alberione pide a sus disc?pulos contemplar preferentemente a Jes?s Maestro que se ofrece al hombre como <>.?

Sin este n?cleo fundante, sin haber identificado esta experiencia del Esp?ritu es muy dif?cil proceder a la adecuada renovaci?n de la Congregaci?n, pues en esta experiencia se encuentra la esencia de lo que es la Congregaci?n y lo que da vida a toda ella. Quien se olvida de identificar plenamente el carisma y se lanza a la renovaci?n, corre el peligro de realizar una labor de fachada, con la probable o inminente venida debajo de todo el edificio.

Esta experiencia del Esp?ritu debe conocerse en forma espec?fica, no intuirse, con el fin de que d? respuesta a todo lo que existe en el Instituto, desde las tradiciones m?s peque?as o insignificantes hasta las obras propias del Instituto. Es por ello que primero debe conocerse el carisma y despu?s hacer la revisi?n de todo el patrimonio espiritual. Quien comienza en sentido inverso se parece a aquel que quiere renovar la casa y pretende derruir los cimientos por considerarlos obsoletos, pasados de moda, anticuados o fuera de uso. El carisma es lo que constituye el cimiento de toda la Congregaci?n y da respuesta a todo lo que hay en ?l. Es entender al fundador desde sus prop?sitos y sus intuiciones m?s espec?ficas. ?Todos han de observar con fidelidad la mente y prop?sitos de los fundadores, corroborados por la autoridad eclesi?stica competente, acerca de la naturaleza, fin, esp?ritu y car?cter de cada instituto, as? como tambi?n sus sanas tradiciones, todo lo cual constituye el patrimonio del instituto.?

Cuando se ha identificado esta experiencia del Esp?ritu, entonces proceder? la revisi?n de todo el andamiaje espiritual de la Congregaci?n, viendo siempre a contraluz de esta experiencia cada elemento del Patrimonio espiritual. S?lo si responde al carisma deber? ser mantenido.

Un elemento privilegiado de este patrimonio espiritual son las Constituciones. Cada n?mero en ellas incluido debe responder al carisma, a la experiencia del Esp?ritu, y lo debe hacer en forma lo m?s espec?fica posible. Las generalidades no van bien aqu?, pues se necesita bajar hasta lo espec?fico si se quiere vivir la vida consagrada en la forma en que la quiso y la vivi? el Fundador.

La revisi?n de los elementos que conforman el Instituto, a la luz del carisma es a?n un camino muy largo que falta recorrer a la vida consagrada, si quiere ser fiel al llamado del Concilio para su adecuada renovaci?n.


?C?mo encontrar al Fundador?,
?Ante todo se pide la fidelidad al carisma fundacional y al consiguiente patrimonio espiritual de cada Instituto. Precisamente en esta fidelidad a la inspiraci?n de los fundadores y fundadoras, don del Esp?ritu Santo, se descubren m?s f?cilmente y se reviven con m?s fervor los elementos esenciales de la vida consagrada.?

Despu?s de 40 a?os de renovaci?n, muchos autores se han dado a la tarea de ayudar a descubrir a otras congregaciones su carisma espec?fico. Si bien es necesario un trabajo cient?fico de no poco espesor, es tambi?n necesaria una actitud del alma muy caracter?stica. No se puede ir al encuentro del Fundador solamente con el coraz?n del investigador que quiere descubrir lo in?dito. Se tarta m?s bien de ir al encuentro del Fundador en forma apasionada, sabiendo que en ?l encontrar? la raz?n y la explicaci?n m?s profunda al misterio de su vida y al misterio de su vocaci?n personal. Vivir en una congregaci?n es vivir con una finalidad muy clara y definida. Parte quiz?s del momento duro por el que pasan algunos Institutos de vida consagrada puede deberse a la falta de claridad en el carisma.

Junto con esta ilusi?n del alma, es necesario tambi?n encontrar al Fundador con un coraz?n de ni?o, es decir con una apertura y confianza total para encontrar en ?l las normas de vida. Estar disponible para informar toda la vida con lo que es el carisma, significa estar dispuesta a bajar el carisma hasta los m?s m?nimos detalles, no para mimetizar al Fundador, sino para copiar en el ordinario de la vida diaria, las virtudes que m?s lo caracterizaron. Significa tambi?n permear de esta experiencia del Esp?ritu todas las obras apost?licas del Instituto, con el fin de que puedan responder a los retos del tiempo con la audacia, la creatividad y la santidad del fundador. Es aprender a ver, a actuar y a juzgar con los ojos, la mente y el coraz?n del Fundador.

Por ?ltimo es necesario tambi?n tener una confianza ilimitada en el carisma, queriendo aplicarlo a todos los aspectos de la vida, tanto personal como comunitario, de forma que la espiritualidad sea el humus que sostente toda la vida de la persona consagrada. De lo contrario, todo encuentro con el Fundador ser? superficial y no tocar? el n?cleo de la vida consagrada. Para ello, cuando tenga en su haber las Constituciones, los escritos y todo aquel material que conforme el legado del Fundador, deber? ense?arse no s?lo a apreciarlo, sino a sacar de ?l material de para su oraci?n, de forma que vaya caldeando su coraz?n, es decir, su voluntad, de acuerdo con los criterios, fines y prop?sitos del Fundador. S?lo as? podr? tener un encuentro personal y apasionado con el Fundador, que le ayude a llevar a cabo la adecuada renovaci?n pedida y auspiciada por la Iglesia.


Bibliograf?a

Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 1.
?ngeles Conde, David J.P. Murray, Fundaci?n, Editorial Planeta, Barcelona, Espa?a, 2005, p. 210
?Infundir un nuevo vigor espiritual en el Cuerpo M?stico de Cristo, en cuanto sociedad visible, purific?ndolo de los defectos de muchos de sus miembros y estimul?ndolo a nuevas virtudes (?)Ante todo, hemos de recordar algunos criterios que nos advierten sobre las orientaciones con que ha de procurarse esta reforma. La cual no puede referirse ni a la concepci?n esencial, ni a las estructuras fundamentales de la Iglesia cat?lica. La palabra "reforma" estar?a mal empleada, si la us?ramos en ese sentido (?)De modo que en este punto, si puede hablarse de reforma, no se debe entender cambio, sino m?s bien confirmaci?n en el empe?o de conservar la fisonom?a que Cristo ha dado a su Iglesia, m?s a?n, de querer devolverle siempre su forma perfecta que, por una parte, corresponda a su dise?o primitivo y que, por otra, sea reconocida como coherente y aprobada en aquel desarrollo necesario que, como ?rbol de la semilla, ha dado a la Iglesia, partiendo de aquel dise?o, su leg?tima forma hist?rica y concreta.? Pablo VI, Enc?clica Ecclesiam suam, 6.8.1964, nn. 16, 17. ?Nell?ambito stesso di questo processo dinamico, in cui lo spirito del mondo rischia costantemente di mescolarsi all?azione dello Spirito santo, come aiutarvi ad operare con il necessario discernimento? Come salvaguardare o raggiungere l?essenziale? Come beneficiare dell?esperienza del passato e della riflessione presente, per rafforzare questa forma di vita evangelica?

Secondo la responsabilit? singolare che il Signore ci ha affidato nella sua chiesa - quella di " confermare i nostri fratelli " -, noi vorremmo, da parte nostra, stimolarvi a procedere con maggior sicurezza e con pi? lieta fiducia lungo la strada che avete prescelto. Nella " ricerca della carit? perfetta ", che guida la vostra esistenza, quale altro atteggiamento vi sarebbe per voi, se non quello di una disponibilit? totale allo Spirito Santo che, agendo nella chiesa, vi chiama alla libert? dei figli di Dio?? Pablo VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio, 29.6.1971, n. 6. (Nota: no existe una traducci?n oficial en espa?ol, por lo que consideramos oportuno dejarla en italiano.)
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 37.
?Madre y maestra de todas las gentes, la Iglesia universal ha sido instituida por Jesucristo para que todos, a lo largo de los siglos, viniendo a su seno, encontraran plenitud de vida y garant?a de salvaci?n.? Juan XXIII, Enc?clica Mater et Magistra, 15..5.1961, n. 1.
Estos principios son los siguientes: ?a) Como quiera que la ?ltima norma de vida religiosa es el seguimiento de Cristo, tal como lo propone Evangelio, todos los Institutos ha de tenerlos como regla suprema.
b) Redunda en bien mismo de la Iglesia el que todos los Institutos tengan su car?cter y fin propios. Por tanto, han de conocerse y conservarse con fidelidad el esp?ritu y los prop?sitos de los Fundadores, lo mismo que las sanas tradiciones, pues, todo ello constituye el patrimonio de cada uno de los Institutos.
c) Todos los Institutos participen en la vida de la Iglesia y, teniendo en cuenta el car?cter propio de cada uno, hagan suyas y fomenten las empresas e iniciativas de la misma: en materia b?blica, lit?rgica, dogm?tica, pastoral, ecum?nica, misional, social, etc.
d) Promuevan los Institutos entre sus miembros un conocimiento adecuado de las condiciones de los hombres y de los tiempos y de las necesidades de la Iglesia, de suerte que, juzgando prudentemente a la luz de la fe las circunstancias del mundo de hoy y abrasados de celo apost?lico, puedan prestar a los hombres una ayuda m?s eficaz.
e) Orden?ndose ante todo la vida religiosa a que sus miembros sigan a Cristo y se unan a Dios por la profesi?n de los consejos evang?licos, habr? que tener muy en cuenta que aun las mejores adaptaciones a las necesidades de nuestros tiempos no surtir?an efecto alguno si no estuvieren animadas por una renovaci?n espiritual, a la que, incluso al promover las obras externas, se ha de dar siempre el primer lugar.? Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n.2.

Ibidem, n.2b.
?La adecuada adaptaci?n y renovaci?n de la vida religiosa comprende a la vez el continuo retorno a las fuentes de toda vida cristiana y a la inspiraci?n originaria de los Institutos, y la acomodaci?n de los mismos, a las cambiadas condiciones de los tiempos.? Ibidem., n2.
Jes?s ?lvarez G?mez, Carisma e Historia, Publicaciones Claretianas, Madrid, 2001, p. 126
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 37.
Pier Giordano Cabra, Tempo di prova e di speranza, Ancora editrice, Milano, 2005.
Mons. Franc Rod?, Reflexi?n sobre "La vida consagrada en la escuela de la Eucarist?a." 25.8.2005
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 37.
?Los consejos evang?licos, con los que Cristo invita a algunos a compartir su experiencia de virgen, pobre y obediente, exigen y manifiestan, en quien los acoge, el deseo expl?cito de una total conformaci?n con ?l.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 18.
Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 1.
Este es el t?rmino que utiliza el Magisterio para definir lo que es el carisma de cada congregaci?n. ?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. testificatio 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne.? Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos Seculares, Mutuae relaciones, 14.5.1978, n. 11.
Antonio Maria Sicari, Gli antichi carisma nella Chiesa, Editoriale Jaca Book, Milano, 2002, p. 31.
C?digo de Derecho Can?nico, canon 578.
Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 36.

Publicado por mario.web @ 13:23
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