Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
Nueva evangelizaci?n y espiritualidad misionera en el inicio del tercer milenio
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Espiritualidad Misionera en el Tercer Milenio
Espiritualidad Misionera en el Tercer Milenio

Nueva evangelizaci?n y espiritualidad misionera en el inicio del tercer milenio

Presentaci?n

Despu?s de trazar las l?neas de acci?n pastoral para el inicio del tercer milenio, el Papa ha dicho con insistencia en el tema de la ?nueva evangelizaci?n?, recordando la figura de Mar?a: ?Nos acompa?a en este camino la santisima Virgen, a la que hace algunos meses, junto con muchos obispos llegados a Roma desde todas las partes del mundo, consagr? el tercer milenio. Muchas veces en estos a?os la he presentado o invocado como ?Estrella de la nueva evangelizaci?n". La sigo indicando como aurora luminosa y gu?a segura de nuestro camino? (Novo milliennio ineunte, 58).

La ?nueva evangelizaci?n?, en su aspecto m?s importante, se concreta en el ?nuevo fervor de los ap?stoles?, que equivale al esp?ritu o ?espiritualidad misionera?. S?lo a partir de esta espiritualidad ser? posible encontrar los ?nuevos m?todos? y ?nuevas expresiones?, que reclama la ?nueva evangelizaci?n?.

La expresi?n ?nueva evangelizaci?n? ya se encuentra en el documento de Puebla (n. 366), y fue usada por Juan Pablo II, por primera vez, en Puerto Pr?ncipe, Hait?, el d?a 9 de marzo de 1983, y luego en Santo Domingo, los d?as 11 y 12 de octubre de 1984. El Papa hizo frecuentes llamamientos en este perspectiva, matiz?ndolos seg?n las situaciones geogr?ficas y los contenidos de los documentos. El documento de Santo Domingo dedica al tema el capitulo primero de la segunda parte (nn. 23-30), se?alando su significado din?mico, el sujeto (toda la comunidad eclesial), la finalidad, los destinatarios, el contenido, el nuevo ardor, los nuevos m?todos y las nuevas expresionos. La exhortaci?n Ecclesia in America (nn, 6, 66-74) la presenta en la perspectiva de ir a la misi?n desde el encuentro con Cristo.

El inicio del tercer milenio pone de relieve las nuevas situaciones geogr?flcas, sociol?gicas y culturales (cf. Redemptoris missio, 37-38), as? como los nuevos ?signos de esperanza? (Tertio millennio adveniente, 46) y las nuevas gracias, que indican el ?amanecer? de ?una nueva ?poca misionera? (Redemptoris missio, 92). Todo ello reclama unas actitudes nuevas por parte de los evangelizadores, que se concretan en la ?espiritualidad misionera? (Ad gentes, 29. 23-25: Evangelii nuntiandi, 75-82; Redemptoris missio, 87-92).

El problema que queda por estudiar es el de las l?neas actuales de la espiritualidad misionera, en relaci?n con la nueva evangelizaci?n y con vistas a la evangelizaci?n en el tercer milenlo del cristianismo, las nuevas situaciones y las nuevas gracias abren nuevas posibilidades de evangelizaci?n, mientras, al mismo tiempo, indican nuevas exigencias, que se traducen en espiritualidad misionera. No se trata s?lo de una reflexi?n teol?gica sobre el tema, sino de discernir esas exigencias y se?alar las actitudes que debe asumir el evangelizador.



Los documentos magisteriales posconciliares indican una din?mica nueva, m?s existencial o experiencial, que intentamos resumir en el apartado n?mero 3. En realidad, la misi?n, bajo la fuerza del Esp?ritu Santo, se concreta en ?transmitir a los dem?s la propia experiencia de Jes?s? (Redemptoris missio, 24). Seg?n parece, el desaf?o mayor de toda la historia de la evangelizaci?n, hasta el presente, es el encuentro entre experiencias de Dios: por porte del cristianismo y de las otras religiones. La respuesta a ese desaf?o deber? ser por parte de ?testigos de la experiencia de Dios? (Redemptoris missio, 91: cf. Evangel?? nuntiandi, 76)

Si, por una parte, ?al encontrar a Cristo, todo hombre descubre el misterio de su propia vida? (Incarnationi mysterium, 1), por otra, ?nuestra poca fe ha hecho caer en la indiferencia y alejado a muchos de un encuentro aut?ntico con Cristo. (ib., 11).

La llamada al ?encuentro con Cristo? parece ser una idea central de los documentos de Juan Pablo II, a partir de su primera enc?clica, Redemptor hominis. ?El encuentro con el Se?or produce una profunda transformaci?n de quienes no se cierran a ?l. El primer impulso que surge de esta transformaci?n es comunicar a los dem?s la riqueza adquirida en la experiencia de este encuentro? (Ecclesia in America, 68). De ah? deriva una urgencia mayor de renovaci?n ecliesial (Iglesia misterio, comuni?n y misi?n), en la l?nea de la espiritualidad misionera.

1. La espiritualidad misionera se abre camino en la misionolog?a

Los temas de ?espiritualidad? y de ?misi?n? han encontrado su lugar respectivo en la teolog?a (teolog?a de la espiritualidad y misionologla). La ?espiritualidad? indica una ?vida? o ?Camino? seg?n el ?Esp?ritu? (cf. Ga 5, 25: Rm 8. 4.9). ?Se llama espiritual quien obra seg?n el Esp?ritu? (san Basilio Magno, De Spiritu Sancto, cap. 26, n. 61). La ?misi?n? puede estudiarse en su naturaleza (teolog?a dogm?tica), en su metodologia (teolog?a pastoral) y en su vivencia (teolog?a espiritual o espiritualidad).

La espiritualidad misionera indica, pues, el ?esp?ritu? con que se vive la misi?n, o tambi?n una vida seg?n el Esp?ritu Santo que es la fuerza de la misi?n. ?La actividad misionera exige, ante todo, espiritualidad espec?fica?, que se delinea como ?plena docilidad al Esp?ritu? (Redemptoris missio, 87) y ?comuni?n ?ntima con Cristo? (ib., 88). La misi?n de Cristo se realiza en pleno docilidad al Esp?ritu (cf. Lc 4, 1. 14. 18; 10, 21; Hch 10,38). Es la misma misi?n que Cristo comunica a los suyos bajo la acci?n del Esp?ritu (cf. Jn 20, 21-23; Hch 20, 22).

Hoy la ?espiritualidad misionera? ya tiene carta de ciudadan?a respecto a la terminolog?a (cf. Ad gentes, 29; Redemptoris missio, 87) y a los contenidos. Estos han quedado resumidos especialmente en Ad gentes, 23-25, Evangel?? nuntiandi, 75-82 y Redemploris missio,87-92: fidelidad al Esp?ritu Santo, intimidad con Cristo (o experiencia de Cristo), vocaci?n misionera, virtudes del misionero, oraci?n y contemplaci?n, fidelidad y amor de Iglesia, la figura materna de Mar?a. El punto de referencia es la figura del buen pastor y su imitaci?n por parte de las diversas f?guras misioneras de la historia, seg?n las diversas l?neas de la ?vida apost?lica? (seguimiento radical de Cristo, vida comunitaria y disponibilidad misionera).



Esta espiritualidad es una funci?n de la misma teolog?a, en cuanto que toda reflexi?n teol?gico debe tender simult?neamente a la fundamentaci?n dogm?tica, a la aplicaci?n pastoral y a la vivencia espiritual. Cada uno de los temas o contenidos, que hemos anotado en el p?rrafo anterior, puede desarrollarse seg?n diversas dimensiones: trinitaria, cristol?gica, pneumatol?gica, eclesiol?gica, hist?rica, antropol?gica, etc.

Pero, m?s all? de los conceptos (por v?lidos que sean), la espiritualidad misionera debe dejar traslucir el misterio de Dios-Amor manifestado en Cristo, que llama a la contemplaci?n de la Palabra, al seguimiento evang?lico, a la vida de comuni?n eclesial y a la disponibilidad misionera. Todav?a cabe distinguir, en la profundizacl?n de los conceptos, s? se trata de la espiritualidad misionera de todo cristiano, del ap?stol en general o del misionero en particular (vocaci?n misionera especifica, carisma misionero peculiar, etc.).

He querido sintetizar brevemente el significado y los contenidos de la espiritualidad misionera, tal como hoy van entrando pacificamente en los estudios misionol?gicos, para intentar dar un salto de calidad, que nos sit?a ante la urgencia de esa misma espiritualidad misionera, con vistas a la nueva evangelizaci?n (como nuevo fervor de los ap?stoles) y en el Inicio de un tercer milenio del cristianismo.

En efecto, el problema m?s urgente de la evangelizaci?n actual es el encuentro entre las diversas experiencias religiosas, como aut?ntica experiencia del mismo Dios que ha ido sembrando las ?semillas del Verbo? en todos las culturas y religiones. Se podr?a decir, pues, que la espiritualidad misionera se concreta hoy especialmente en el testimonio de la experiencia de Dios (traducida en anuncio, servicios de caridad, etc.), por parte del ap?stol (cf. Evangelii nuntiandi, 76: Redemptoris missio, 91), como fidelidad a la acci?n actual del Esp?ritu Santo en la Iglesia y en el mundo, para que las semillas del Verbo lleguen a ?su madurez en Cristo? (Redemptoris missio, 28). Es lo que intento analizar en los apartados siguientes.

2. Situaciones nuevas que piden la experiencia contemplativa del ap?stol (contenidos de la enc?clica, ?Fides et ratio?)

Probablemente la inmediatez del problema impide ver su perspectiva e importancia. La sociedad actual (?posmoderna?), cansada de ideologias e inclinada hacia lo ?til y constatable, no deja de buscar la trascendencia: ?Parad?jicamente, el mundo, que, a pesar de los innumerables signos de rechazo de Dios, lo busca, sin embargo, por caminos insospechados y siente dolorosamente su necesidad, exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente, como si estuvieran viendo al Invisible? (Evangelii nuntiandi, 76).

A pesar de la ambig?edad del fen?meno religioso actual, hay que constatar que ?se busca la dimensi?n espiritual de la vida como ant?doto a la deshumanizaci?n? (Redemptoris missio, 38). Mientras tanto, las religiones buscan el contacto con el cristianismo para preguntar sobre su peculiar experiencia de Dios. De ah? que pueda afirmarse que ?el futuro de la misi?n depende en gran parte de la contemplaci?n? (ib.. 91).



El tema de las ?semillas del Verbo? (y ?preparaci?n evang?lica?), que ya ha sido objeto de diversos estudios actuales, se presenta hoy como momento de llegada a su ?madurez en Cristo?. Si hay que admitir ?la presencia y la actividad del Esp?ritu en las culturas y las religiones?, no es menos cierto que -?es tambi?n el Esp?ritu quien esparce las semillas de la Palabra presentes en los ritos y culturas, y los prepara para su madurez en Cristo? (lb., 28).

Habr? que profundizar en la experiencia de Cristo, por parte del ap?stol, en el sentido de adoptar ?actitudes interiores? (Evangelii nuntiandi, 75), es decir, convicciones, motivaciones, decisiones, que se traduzcan en encuentro o relaci?n personal con Cristo, seguimiento, comuni?n eciesial y misi?n. M?s all? de un an?lisis teol?gico, filos?fico o psicol?gico del tema de la experiencia, habr? que partir de la realidad revelada expresada por san Juan: ?Hemos visto su gloria? (Jn 1,14); ?lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que contemplamos y tocaron nuestras manos acerca de la Palabra de vida... Lo que hemos visto y o?do, os lo anunciamos. (1 Jn 1, 1. 3).

Por esto, se puede afirmar que ?el misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo cre?ble? (Redemptoris missio, 91), En este sentido, el desaf?o actual del encuentro entre las diversas experiencias de Dios en las religiones se convierte en el mayor desaf?o que ha tenido la historia de la evangelizaci?n. Pero ello es un signo de esperanza.

El deseo y la b?squeda de Dios, hoy, por parte de la sociedad en general y, de modo especial, por parte de las religiones, pone de manifiesto que ?en lo m?s profundo del coraz?n del hombre est? el deseo y la nostalgia de Dios? (Fides et ratio, 24). ?El hombre busca un absoluto que sea capaz de dar respuesta y sentido a toda su b?squeda? (ib.,27). Es ?b?squeda de verdad y b?squeda de una persona de quien fiarse? (ib., 33). Por esto, el ap?stol debe saber anunciar con franqueza que ?en Jesucristo, que es la verdad, la fe reconoce la llamada ?ltima dirigida a la humanidad, para que pueda llevar a cabo lo que experimenta como deseo y nostalgia? (ib.).

Se necesita mucha audacia y coherencia (nacidas de un encuentro personal con Cristo), para poder anunciar al mundo de hoy esta experiencia de fe, que es siempre fruto del Esp?ritu Santo (cf. Redemptoris missio, 24). Cualquier destello de verdad, que Dios ya ha sembrado en el coraz?n humano, se dirige necesariamente hacia la verdad completa, que Dios nos ha manifestado por su revelaci?n en Cristo. Sin la experiencia verdadera de encuentro con Cristo, el ap?stol caeria en uno de esos dos extremos igualmente err?neos: pensar que todas las religiones ya son la verdad plena (sin Jesucristo) o querer imponer fa propia te sin respetar la hora de Dios (la acci?n de la gracia).

La b?squeda de Dios, que anida en todo coraz?n humano y que conduce al encuentro definitivo con Cristo, es un cuestionamiento para la persona del ap?stol. La verdad completa se encuentra s?lo en Cristo. A la luz de esta convicci?n y en la l?nea de la paciencia milenaria de Dios, ?es posible superar las divisiones y recorrer juntos el camino hacia la verdad completa, siguiendo los senderos que s?lo conoce el Esp?ritu del Se?or resucitado? (Fides et? ratio, 92).


El camino de la reflexi?n humana, inherente a toda cultura y religi?n, no se opone a la revelaci?n sobrenatural. Por esto, el anuncio de la fe cristiana (aunque sea con t?rminos filos?ficos y teol?gicos de otra cultura) ?ha estimulado ciertamente la raz?n a permanecer abierta a la novedad radical que comporta la revelaci?n de Dios. (ib., 101). Por este mismo anuncio, ?el hombre contempor?neo llegar? as? a reconocer que ser? tanto m?s hombre cuanto, entreg?ndose al Evangelio, m?s se abra a Cristo? (ib., 102).

Pero este anuncio misionero conlleva, por parte del ap?stol, una convicci?n y una vida coherente, de suerte que se vea en ?l la experiencia de haber encontrado a Cristo. Entonces aparecer? que ?la revelaci?n cristiana es la verdadera estrella que orienta al hombre... es la ?ltima posibilidad que Dios ofrece para encontrar en plenitud el proyecto originario de amor iniciado en la creaci?n? (ib., 15). Un testimonio de las bienaventuranzas, por una caridad heroica, se hace transparencia del misterio de la muerte y resurrecci?n de Cristo y, consiguientemente, ?rompe los esquemas habituales de reflexi?n? para abrirse a la fe (cf. ib.,23). Toda cultura ?tiene en s? misma la posibilidad de acoger la revelaci?n divina? (ib., 71), pero necesita la gracia y el testimonio cristiano, ?que sabe acoger cada cultura, favoreciendo el progreso de lo que en ella hay de impl?cito, hacia su plena explicitaci?n en la verdad? (ib.).

La actitud de ?bienaventuranzas? es una l?nea b?sica de la espiritualidad misionera: ?El misionero es el hombre de las bienaventuranzas... Viviendo las bienaventuranzas el misionero expermenta y demuestra concretamente que el reino de Dios ya ha venido y que ?l lo ha acogido. La caracter?stica de toda vida misionera aut?ntica es la alegr?a interior, que viene de la fe. En un mundo angustiado y oprimido por tantos problemas, que tiende al pesimismo, el anunciador de la buena nueva ha de ser un hombre que ha encontrado en Cristo la verdadera esperanza? (Redemptoris missio, 91). La misi?n es anuncio y testimonio de las bienaventuranzas, porque ?en su profundidad original son una especie de autorretrato de Cristo y, precisamente por esto, son invitaciones a su seguimiento y a la comuni?n de vida con ?l. (Veritatis splendor, 16).

La actitud de espiritualidad misionera equivale a detectar con respeto, tanto las ?semillas del Verbo?, presentes en toda cultura y religi?n, como la plenitud que s?lo se encuentra en Cristo, el Verbo encarnado. ?La Iglesia sabe que ?los tesoros de la sabidur?a y de la ciencia? est?n ocultos en Cristo (Coli 2, 3)? (Fides et ratio, 51). Y tambi?n cree que ?la promesa de Dios en Cristo llega a ser, ahora, una oferta universal como patrirnonio del que cada uno puede libremente participar? (ib., 70). Aunque hay semillas de verdad y de bien en todas las culturas y religiones, como dones de Dios concedidos a todos los pueblos, ?el anuncio o kerigma llama a la conversi?n, proponiendo la verdad de Cristo que culmina en su misterio pascual. En efecto, s?lo en Cristo es posible conocer la plenitud de la verdad que nos salva (cf. Hch 4, 12; 1 Tm 2, 4-6)? (ib., 99). Cristo es la ??nica respuesta a los problemas del hombre. (ib., 104).

Los caminos o v?as que conducen a la verdad son muchos y variados. La ?nica meta final y el ?camino? verdaderamente salvifico es s?lo Jesucristo. Por esto, ?cualquiera de estas v?as puede seguirse, con tal de que conduzca a la meta final, es decir, a la revelaci?n de Jesucristo. (ib., 38). Cualquier reflexi?n humana, filos?lica y teol?g?ca, debe estar abierta al infinito del misterio de Dios-Amor en Cristo. Por esto, ?la verdad, que es Cristo, se impone como autoridad universal que dirige, estimula y hace crecer (cf. Ef 4, 15) tanto la teolog?a como la filosof?a? (ib., 92).
La espiritualidad misionera ayudar? a adoptar una actitud equilibrada, para descubrir los valores aut?nticos de toda cultura (como valores universales y preparaci?n evang?lica), purificarlos cuando sea necesario, abrirlos a la plenitud en Cristo y compartir con todos los pueblos y culturas esos dones y gracias recibidas del mismo Dios (cf. lb., 71-72). Este proceso de inculturaci?n ser? aut?ntico si se convierte en misi?n universal. La misi?n de insertar el Evangelio en una cultura hace posible que el mismo proceso de inculturaci?n se convierta en proceso de misi?n a todos los pueblos.

El problema misionero m?s urgente de la evangelizaci?n actual es el de la espiritualidad misionera del ap?stol: ?Qu? actitud debe asumir el ap?stol ante la realidad de gracia existente en culturas y religiones, a partir del hecho de que ?el Verbo encarnado es el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad?? (Tertio millennio adveniente). Se trata de saber reconocer gozosamente esta real?dad, discernirla a la luz del Esp?ritu Santo y encontrar los caminos evang?licos para que se realice el encuentro expl?cito con Cristo.

Este desaf?o forma parte de los ?signos de esperanza? de nuestra ?poca (Tertio millennio adveniente, 46). Las nuevas situaciones geogr?ficas, sociol?gicas y culturales (cf. Redemptoris missio, 37-38) urgen a reconocer que ?la Iglesia tiene un inmenso patrimonio espiritual para ofrecer a la humanidad: en Cristo, que se proclama ?el camino, la verdad y la vida" (Jn 14, 6). Es la vida cristiana para el encuentro con Dios, para la oraci?n, la ascesis, el descubrimiento del sentido de la vida. Tambi?n este es un are?pago que hay que evangelizar? (Redemptoris missio, 38).

3. La din?mica experiencial de los documentos magisteriales posconciliares

El paso que intento dar, en el presente estudio sobre la espiritualidad misionera, consiste en presentar la urgencia de esta espiritualidad como ?experiencia? de Dios, para responder a los desaf?os de la nueva etapa de evangelizaci?n (que he resumido en el apartado anterior). Pero este paso (que describir? en el apartado n?mero 4) necesita una aportaci?n previa y que ofrezca garant?a, es decir, la dimensi?n experiencial y vivencial de los documentos megisteriales en relaci?n con la misi?n (que resumo en el presente apartado).

No resulta f?cil, en la reflexi?n teol?gica, aceptar t?rminos psicol?gicos, como es el caso de la ?experiencia?. Pero es un hecho de la revelaci?n cristiana constatado por san Juan: ?Hemos visto su gloria? (Jn 1, 14), ?lo que hemos visto y o?do, os lo anunciamos? (1 Jn 1, 1. 3). La realidad existe (es decir, la ?experiencia? de haber encontrado a Cristo); la naturaleza de la misma queda siempre para el estudio teol?gico, que deber? tener en cuenta los dos factores b?sicos: la gracia y la naturaleza humana. Para nuestro caso, nos basta, por el momento, con constatar esta realidad en los documentos magisteriales actuales, referentes a la evangelizaci?n.

En la exhortaci?n apost?lica Evangell? nuntiandi, Pablo VI indic? esta l?nea experiencial para poder responder a los desaf?os de la sociedad actual: ?El mundo exige a los evangelizadores que le hablen de un Dios a quien ellos mismos conocen y tratan familiarmente, como si estuvieran viendo al invisible? (n. 76). En esta misma perspectiva experiencial, Juan Pablo II, en la enc?clica Redemptoris missio, presente la misi?n como comunicaci?n de una ?experiencia?: ?La venida del Esp?ritu Santo los convierte (a los Ap?stoles) en testigos o profetas (Cf.Hch 1, 8; 2 , 17-18), infundi?ndoles una serena audacia que les impulsa a transmitir a los dem?s su experiencia de Jes?s y la esperanza que los anima? (n. 24).

La misma ?espiritualidad misionera?, cuyos contenidos quedan descritos en la Redemptoris m?ssio, cap. VIII, tiene esta l?nea experiencial por parte del ap?stol: ?Precisamente porque es enviado, el misionero experimenta la presencia consoladora de Cristo, que lo acompa?a en todo momento de su vida. ?No tengas miedo porque yo estoy contigo" (Hch 18, 9-10). Cristo lo espera en el coraz?n de cada hombre? (n. 88).

El resultado de esta perspectiva existencial de la espiritualidad misionera se concreta en esta afirmaci?n: ?El misionero es un testigo de la experiencia de Dios y debe poder decir, como los Ap?stoles: ?Lo que contemplamos acerca de la Palabra de vida os lo anunciamos? (1 Jn 1, 1-3)? (ib., 91). Por esto, ?nota esencial de la espiritualidad misionera es la comuni?n ?ntima con Cristo? (ib., 88).

La realidad de fe, a la que hace referencia este experiencia misionera, es la presencia de Cristo resucitado en la vida del ap?stol (cf. Mt 28, 20) y la uni?n del mismo Cristo con cada ser humano redimido: El Hijo de Dios con su encarnaci?n se ha unido, en cierto modo, con todo hombre? (Gaudium et spes, 22; cf. Jn 1, 14).

En realidad, todo ser humano experimenta la voz de Dios en el fondo de su coraz?n: ?Porque el hombre tiene una ley escrita por Dios en su coraz?n, en cuya obediencia consiste la dignidad humana y por la cual ser? juzgado personalmente. La conciencia es el n?cleo m?s secreto y el sagrario del hombre, en el que este se siente a solas con Dios, cuya voz resuena en el recinto m?s ?ntimo de aquella? (Gaudium et spes, 16). El misterio del hombre se descifra, a la luz del misterio de Cristo, escuchando la voz de Dios en el propio coraz?n: ?Por su interioridad (el hombre) es, en efecto, superior al universo entero; a esta profunda interioridad retorna cuando entra dentro de su coraz?n, donde Dios le aguarda, escrutador de los corazones, y donde personalmente, bajo la mirada de Dios, decide su propio destino? (ib., 14).

Todo ello reclama, por parte del creyente y, de modo especial, por parte del evangelizador, una fe m?s vivencial, que no se reduzca a la afirmaci?n de unos conceptos (cuya validez no se pone en duda): ?Urge recuperar y presentar una vez m?s el verdadero rostro de la fe cristiana, que no es simplemente un conjunto de proposiciones que se han de acoger y ratificar con la mente, sino un conocimiento de Cristo vivido personalmente, una memoria viva de sus mandamientos, una verdad que se ha de hacer vida... La fe es una decisi?n que afecta a toda la existencia: es encuentro, di?logo, comuni?n de amor y de vida del creyente con Jesucristo, camino, verdad y vida (cf. Jn 14, 6). Implica un acto de confianza y abandono en Cristo, y nos ayuda a vivir como ?l vivi? (cf. Ga 2, 20), o sea, en el mayor amor a Dios y a los hermanos. (Veritatis splendor, 88).

La ?mirada contemplativa? del ap?stol (cf. Evangelii nuntiandi, 83) le ayudar? a ?ver? a Cristo donde, humanamente hablando, parece que no est? (ct. Jn 20, 8). Esa mirada de fe vivencial sabr? respetar los valores culturales y religiosos como ?semillas del Verbo?, mientras, al mismo tiempo, sabr? purificarlos y llevarlos a ?su madurez en Cristo? (cf. Redemptoris missio, 28). Una se?al de autenticidad ser? la capacidad de no absolutizar ninguna cultura (ni reflexi?n filos?fico-teol?gica, por v?lida que sea). De este modo, la inculturaci?n del Evangelio, en unas determinadas coordenadas, se convertir? en una nueva plataforma para evangelizar a todas las culturas y a todos los pueblos.

La terminolog?a existencial o experiencial tiene, pues, carta de ciudadan?a en el campo misionoi?gico, gracias tambi?n a los documentos magisteriales. Ser? dif?cil, es verdad, precisar los t?rminos y evitar excesos de m?s o de menos. Pero la evangelizaci?n ser? siempre, si es aut?ntica, un ?amor apasionado por Jesucristo? (Vita consecrata, 109), que lleva necesariamente al ?anuncio apasionado de Jesucristo? (ib.,75). Se pasa necesariamente de la contemplaci?n a la misi?n: ?Alimentando en la oraci?n una profunda comuni?n de sentimientos con ?l (cf. Flp 2, 5-11), de modo que toda su vida est? impregnada de esp?ritu apost?lico y toda su acci?n apost?lica est? sostenida por la contemplaci?n. (ib., 9).

La ?pasi?n? del ?anuncio? no es fundementalismo, sino ?conocimiento amoroso?, convicci?n profunda, motivaci?n clara y entrega generosa, dentro de los planes saiv?ficos de Dios en la historia humana, que dejan entrever su paciencia milenaria... Esta ?pasi?n? se puede concretar en este afirmaci?n clave referente al tercer milenio: ?En el 2000 deber? resonar con fuerza renovada la proclamaci?n de la verdad: ?Ecce natus est nobis Salvator mundi?? (Tertio millennio adveniente, 38). En efecto, ?del conocimiento amoroso de Cristo es de donde brota el deseo de anunciarlo, de evangelizar, y de llevar a otros al s? de la fe en Jesucristo. Y el mismo tiempo se hace sentir la necesidad de conocer siempre mejor esta fe? (Catecismo de laa Iglesia cat?lica, n. 429).

La espiritualidad misionera se concreta en actitud relacional con Cristo, puesto que ?l es el punto de referencia para ?comprender y vivir la misi?n? (Redemptoris missio, 88). En realidad, no es m?s que la puesta en pr?ctica de las directrices paulinas sobre la sintonia con ?los sentimientos de Cristo? (Fip 2. 5): ?El estudio y la actividad pastotal se apoyan en una fuente interior, que la formaci?n deber? custodiar y valorizar: se trata de la comuni?n cada vez m?s profunda con la caridad pastoral de Jes?s..., un modo de estar en comuni?n con los mismos sentimientos y actitudes de Cristo, buen Pastor? (Pastores debo vobis, 57).

Este ?relaci?n? con Cristo se traduce en ?una comuni?n de vida y de amor cada vez m?s rica, y una participaci?n cada vez m?s amplia y radical de los sentimientos y actitudes de Jesucristo? (ib.,72). Toda la formaci?n del ap?stol consiste en ?un itinerario de progresiva asimilaci?n de los sentimientos de Cristo hacia el Padre? (Vita consecrata, 65).

La espiritualidad misionera es, pues, ?fe vivida?, de la que Mar?a es modelo perfecto (cf. Tertio millennio adveniente, 43). Por esto, ?la misi?n, adem?s de provenir del mandato formal del Se?or, deriva de la exigencia profundo de la vida de Dios en nosotros. (Redemploris missio, 11). Sin esta perspectiva ?espiritual? (que es fidelidad al Esp?ritu Santo), las teor?as sobre la misi?n surgen sin control, seg?n las preferencias intelectuales de quien las elabora. Una actitud de fe sabr? encontrar teor?as v?lidas y estimulantes, basadas en que la misi?n ?dimana del amor fontal o caridad del Padre? (Ad gentes, 2) y tiene un objetivo final: ?As?, por fin, se cumple verdaderamente el designio del Creador, al hacer al hombre a su imagen y semejanza, cuando todos los que participan de la naturaleza humana, regenerados en Cristo por el Esp?ritu Santo, contemplando un?nimes la gloria de Dios, puedan decir: ?Padre nuestro?? (ib., 7).


Si la misi?n tiende al encuentro con Cristo, ello reclama, por parte del evangelizador, la propia experiencia de encuentro con el Se?or (cf. Redemptoris missio, 88, citado m?s arriba). Entonces, ?al encontrar a Cristo, todo hombre descubre el misterio de su propia vida? (Incarnationis mysterium,1).

La exhortaci?n postsinodal Ecclesia in America ofrece este significado vivencial de la misi?n: ?No se trata s?lo de ense?ar lo que hemos conocido, sino tambi?n, como la mujer samaritano, de hacer que los dem?s encuentren personalmente a Jes?s: ?Venid a ver? (Jn 4, 29) la Iglesia, que vive de la presencia permanente y misteriosa de su Se?or resucitado, tiene como centro de su misi?n ?llevar a todos los hombres al encuentro con Jesucristo"... En efecto, encontrar a Cristo vivo es aceptar su amor primero, optar por ?l, adherir libremente a su persona y proyecto, que es el anuncio y la realizaci?n del reino de Dios? (Ecclesia in America, 68).

La reflexi?n filos?fica y teol?gica, as? como los esquemas metodol?gicos de pastoral, son necesarios; pero deben dejar traslucir el ?m?s all? que es el misterio de Cristo y que ?supera toda ciencia? (Ef 3, 19). Toda b?squeda humana, si es aut?ntica, tiende a llegar, guiada por la gracia, al encuentro y ?a la revelaci?n de Jesucristo? (Fides et ratio, 38), ?La verdad, que es Cristo, se impone como autoridad universal que dirige, estimula y hace crecer (cf. Ef 4,15) tanto la teolog?a como la filosof?a(ib.,92). El enfoque de toda la enc?clica Fides etl ratio es predominantemente de encuentro con Cristo. Sin este enfoque relacional, los comentarios resultan unilaterales y pueden producir una reacci?n contraria al objetivo de la enc?clica.

El capitulo primero de Novo millennio ineunte tiene como titulo: ?El encuentro con Cristo, herencia del gran jubileo?. El Papa afirma que intu?a en cada peregrino ?una historia de encuentro con Cristo y que en el di?logo con ?l reemprendia su camino de esperanza? (n. 8).

4. Inicio del tercer milenio: Hacia una nueva etapa de la evangelizaci?n por medio de la espiritualidad misionera

A primera vista, puede parecer pretensi?n exagerada el querer acaparar la atenci?n sobre la espiritualidad misionera; pero, como hemos indicado en el apartado n?mero 1, se trata de la vivencia de la misi?n, sin olvidar sus contenidos y desaf?os teol?gicos y pastotales. La espiritualidad no es espiritualismo, sino vivencia (bajo la acci?n del Esp?ritu) del ser y del obrar.

La llamada a la misi?n, en estos momentos de inicio de un tercer milenio, tiene esta perspectiva de llamada a la santidad, que es elemento esencial de la espiritualidad misionera: ?Nunca como hoy la Iglesia ha tenido la oportunidad de hacer llegar el Evangelio, con el testimonio y la palabra, a todos los hombres y a todos los pueblos. Veo amanecer una nueva ?poca misionera, que llegar? a ser un d?a radiante y rica en frutos, si todos los cristianos y, en particular, los misioneros y las j?venes Iglesias responden con generosidad y santidad a las solicitudes y deseos de nuestro tiempo? (Redemptoris missio, 92).


En realidad, esa fue tambi?n la llamada del Concilio en el decreto Ad gentes: ?Puesto que toda la Iglesia es misionera y la obra de la evangelizaci?n es deber fundamental del pueblo de Dios, el santo Concilio invita a todos a una profunda renovaci?n interior a fin de que, teniendo viva conciencia de la propia responsabilidad en la dilusi?n del Evangelio, acepten su cometido en la obra misional entre los gentiles(n. 35).

El Inicio de un tercer milenlo se encuadra en la perspectiva de la revelaci?n sobre el Verbo encarnado. Es el gran evento: ?Al llegar la plenitud de los tiempos, envi? Dios a su Hijo, nacido de mujer? (Ga 4, 4). Es, pues, normal que se urja a anunciar esta revelaci?n divina a todas las gentes, sin ambiguedades: ?En el 2000 deber? resonar con fuerza renovada la proclamaci?n de la verdad: Ecce natus est nobis Salvator mundi? (Tertio millennio adveniente, 38).

Nos encontramos ante el significado salv?fico del tiempo (que no necesita que sea exacto cronol?gicamente en cuanto a las fechas concretas que se quieren celebrar). Efectivamente, ?en Jesucristo, el tiempo llega a ser una dimensi?n de Dios? (ib., 10). Es decir, si desde la Encarnaci?n, ?el Hijo de Dios (...) se ha unido, en cierto modo, con todo hombre? (Gaudium et spes, 22), ello significa que la historia de cada pueblo (cultura y religi?n) tiene las huellas o ?semillas? del Verbo, que esperan un encuentro de madurez o plenitud (cf. Jn 1, 14: Redemptoris missio, 28).

Con esta perspectiva de experiencia de encuentro con Cristo, el ap?stol capta, por sinton?a de fe, que ?el Verbo Encarnado es, pues, el cumplimiento del anhelo presente en todas las religiones de la humanidad: este cumplimiento es obra de Dios y va m?s all? de toda expectativa humana? (Tertio millennio adveniente, 6). Solamente una actitud contemplativa, a modo de ?un conocimiento de Cristo vivido personalmente? (Veritatis splendor, 88), ser? capaz de aceptar gozosamente y de descubrir las enormes potencialidades misioneras de estas afirmaciones: ?En ?l (Cristo) el Padre ha dicho la palabra definitiva sobre el hombre y sobre la historia? (Tertio millennio adveniente, 5).

El paso a un tercer milenio pone m?s de relieve que ?la encarnaci?n del Hijo de Dios y la salvaci?n que ?1 ha realizado con ?su muerte? y resurrecci?n son, pues, el verdadero criterio para juzgar la realidad temporal y todo proyecto encaminado a hacer la vida del hombre cada vez m?s humana. (Incarnationis mysterium, 1).

Para que ?al encontrar a Cristo, todo hombre descubra el misterio de su propia vida? (ib.), se necesita que el ap?stol sea testigo experiencial de este mismo encuentro, seg?n los contenidos que hemos explicado sobre la espiritualidad misionera (cf. nn. 1-3 del presente estudio). El objetivo de la evangelizaci?n, en l?nea paulina, es el de ?formar a Cristo? en los dem?s (Ga 4, 19). El objetivo que ?deriva de la exigencia profunda de la vida de Dios en nosotros? (Redemptoris missio, 11), tambi?n al estilo de san Pablo: ?Es Cristo quien vive en m? Vivo en la le del Hijo de Dios que me am? y se entreg? a si mismo por mi? (Ga 2, 20).

El testimonio de las ?bienaventuranzas?, que ya hemos resumido m?s arriba (apartado n?mero 2), se concreta en la disponibilidad ?martirios?. El martirio, tan frecuente en nuestros d?as, es una nota constante de la misi?n. ?Un signo perenne, pero hoy particularmente significativo, de la verdad del amor cristiano es la memoria de los m?rtires. Que no se olvide su testimonio, Ellos son los que han anunciado el Evangelio dando su vida por amor. El m?rtir, sobre todo en nuestros d?as, es signo de ese amor m?s grande que compendia cualquier otro valor (?.). El creyente que haya tomado seriamente en consideraci?n la vocaci?n cristiana, en la cual el martirio es una posibilidad anunciada ya por la Revelaci?n, no puede excluir esta perspectiva en su propio horizonte existencial. Los dos mil a?os transcurridos desde el nacimiento de Cristo se caracterizan por el constante testimonio de los m?rtires? (Incarnationis mysterium, 13).

La espiritualidad misionera del ap?stol es una experiencia de la propia pobreza, en la que se han encontrado las huellas de Cristo (por el don de la fe). De esta experiencia humilde y agradecida nace la misi?n sin fundamentalismos ni reduccionismos. El encuentro con Cristo no es una conquista de la raz?n, sino una gracia que reclama la propia colaboraci?n. ??La fe se fortalece d?ndola!? (Redemptoris missio, 2).

Con esta actitud experiencial, se aprende a discernir y apreciar todos las ?semillas del Verbo?, escondidas bajo los signos pobres de cualquier cultura y situaci?n humana, apreciando cualquier valor cultural (que es siempre de inter?s universal), sin hacerlo exclusivo y sin absolutizarlo por encima de la revelaci?n. Cualquier valor humano es un don de Dios que lleva al encuentro con Cristo. Con esta audacia, Juan Pablo II formul? un deseo para el tercer milenio: ?Deseo expresar firmemente la convicci?n de que el hombre es capaz de llegar a una visi?n unitaria y org?nica del saber. Este es uno de los cometido que el pensamiento cristiano deber? afrontar a lo largo del pr?ximo milenio de la era cristiana. (Fides et ratio, 85).

El hecho de que la revelaci?n cristiana se haya inculturado ya relativamente en los ambientes greco-latinos no debe producir el resentimiento de otras culturas donde el cristianismo s?lo ha iniciado un proceso de inculturaci?n. Al mismo tiempo, hay que mirar al futuro con la disponibilidad de aceptar gozosamente la aportaci?n de otras culturas, para la mejor comprensi?n del mensaje cristiano (cf. lb., 71-72).

Conclusi?n: La renovaci?n de la Iglesia por la espiritualidad misionera

Es un hecho f?cilmente constataste el de la llamada a una renovaci?n eclesial por la l?nea de la espiritualidad y santificaci?n. El decreto Ad gentes ha dejado constancia de esta llamada urgente con vistas a la misi?n: ?El santo Concilio invita a todos a una profunda renovaci?n interior? (n. 35; ver otras llamadas parecidas en los mismos textos conciliares: Sacrosanctum Concilium, 1,43; Presbyterorum ordinis 12; Optatam totius, 1; Perfectae caritatis, 2-4; Unitatis redintegratio, 6-7).

La espiritualidad misionera (sin ser exclusiva ni excluyente) ser? la nota dominante de la nueva evangelizaci?n en el inicio del tercer milenio. Efectivamente, ?la santidad de vida permite cada cristiano ser fecundo en la misi?n de la Iglesia? (Redemptoris missio, 77). Por esto, ?la llamada a la misi?n deriva, de por si, de la llamada a la santidad. Cada misionero lo es aut?nticamente si se esfuerza en el camino de la santidad. La santidad es un presupuesto fundamental y una condici?n insustituible para realizar la misi?n salv?fica de la Iglesia. La vocaci?n universal a la santidad est? estrechamente unida a la vocaci?n universal a la misi?n (?). La espiritualidad misionera de la Iglesia es un camino hacia la santidad. El renovado impulso hacia la misi?n ad gentes exige misioneros santos (?). Es necesario suscitar un nuevo anhelo de sentidad entre los misioneros y en toda la comunidad cristiana? (Redemptoris missio, 90).
Los programas de pastoral necesitan incorporar la llamada a la santidad como columna vertebral de toda acci?n misionera: ?En realidad, poner la programaci6n pastoral bajo el signo de la santidad es una opci?n llena de consecuencias. Significa expresar la convicci?n de que, si el bautismo es una verdadera entrada en la santidad de Dios por medio de la inserci?n en Cristo y la lnhabitaci?n de su Esp?ritu, seria un contrasentido contentarse con una vida, mediocre, vivida seg?n una ?tica m?nimalista y una religiosidad superficial. Preguntar a un catec?meno, "?quieres recibir el bautismo?", significa al mismo tiempo preguntarle, ??quieres ser santo??. Significa ponerle en el camino del serm?n de la Monta?a: ?Sed perfectos como es perfecto vuestro Padre celestial? (Mt 5, 48). (Novo millennio ineunte, 31).

Estas afirmaciones pueden sonar a t?pico, por el hecho de repetirse con frecuencia; pero, en el presente estudio, hemos centrado la atenci?n sobre la experiencia de Dios-Amor (revelado en Cristo) por parte del ap?stol, con vistas a poder presentar el mensaje cristiano a quienes ya tienen una verdadera experiencia del mismo Dios, pero todav?a no han llegado al encuentro expl?cito con Cristo. No estar?a bien confundir la ?espiritualidad misionera? con cualquier tipo de enfoque o de estilo de la misi?n. La ?espirituaudad? es una ?vida seg?n el Esp?ritu?, que pide a la Iglesia una fidelidad mayor para hacerse transparencia del mensaje evang?lico. Se trata de un compromiso de ?santificaci?n y renovaci?n para que la se?al de Cristo resplandezca con mayores claridades sobre el rostro de la Iglesia. (Lumen gentium, 15).

Si la espiritualidad misionera es una fidelidad al Esp?ritu Santo en el campo de la misi?n, los campos actuales del di?logo interreligioso, de la inculturaci?n y de la nueva evangelizaci?n constituyen un nuevo modo de ?escuchar la voz del Esp?ritu? (Ap 2, 7). ?Hoy la Iglesia debe afrontar otros desaf?os, provocl?ndose hacia nuevas fronteras, tanto en la primera misi?n ad gentes, como en la nueva evangelizaci?n de pueblos que han recibido ya el anuncio de Cristo. Hoy se pide a todos los cristianos, a las Iglesias particulares y a la Iglesia universal la misma valent?a que movi? a los misioneros del pasado y la misma disponibilidad para escuchar la voz del Esp?ritu. (Redemptoris missio, 30).

Acertar en el camino de la nueva evangelizaci?n con ocasi?n de iniciar un tercer milenio, supone, tambi?n por parte del ap?stol, una actitud de ?conversi?n?. Esta actitud cristiana de conversi?n equivale a la apertura generosa hacia los nuevos planes salv?ficos de Dios en Cristo. ?Es necesaria una radical conversi?n de la mentalidad para hacerse misioneros, y esto vale tanto para las personas como para las comunidades (?). S?lo haci?ndose misionera la comunidad cristiana podr? superar las divisiones y tensiones internas y recobrar su unidad y su vigor de fe. (Redemptoris missio, 49). En el campo ecum?nico el tema es de permanente actualidad: ?El aut?ntico ecumenismo no se da sin la conversi?n interior? (Unitatis redintegratio, 7).

El encuentro del cristianismo con los creyentes de otras religiones conlleva, por parte del cristiano, una actitud de permanente conversi?n: ?Cada convertido es un don hecho a la Iglesia y conlleva una grave responsabilidad para ella (?) porque, especialmente si es adulto, lleva consigo como una energ?a nueva, el entusiasmo de la fe, el deseo de encontrar en la Iglesia el Evangelio vivido. Ser?a una desilusi?n para ?l, si despu?s de ingresar en la comunidad eclesial encontrase en la misma una vida que carece de fervor y sin signos de renovaci?n. No podemos predicar la conversi?n si no nos convertimos nosotros mismos cada d?a? (Redemptoris missio, 47).
La espiritualidad misionera para una nueva evagelizaci?n en el inicio del tercer milenio del cristianismo, es un campo de educaci?n y formaci?n de la comunidad eclesial para colaborar a que las ?semillas del Verbo? realicen el encuentro con las huellas expl?citas del Verbo. Se podr?an se?alar tres l?neas de actuaci?n: 1?) tomar conciencia de este momento de nuevas gracias para el campo de la evangelizaci?n (?kair?s?); 2a) responder con el testimonio de una vida m?s contemplativa y evang?lica (bienaventuranzas y consejos evang?licos); 3a) disponerse para una preparaci?n cultural y teol?gica que responda a los desaf?os y a las necesidades del di?logo interreligioso y de la inculturaci?n.

La Iglesia se inspira en la figura de Mar?a, ?Trono de la sabidur?a?, quien, ?engendrando la Verdad y conserv?ndola en su coraz?n, la ha compartido con toda la humanidad para siempre (Fides et ratio,108). As? se presenta como Iglesia misterio (signo de Cristo), que es fraternidad y comuni?n misionera.

La figura de Mar?a es program?tica para la Iglesia en el inicio del tercer milen?o: ?modelo de fe vivida? (Tertio millennio adveniente. 43), ?d?cil a la voz del Esp?ritu? (ib., 48), ?modelo perfecto de amor? (ib.,54), ?aurora luminosa y gu?a segura de nuestro camino? (Novo millennio ineunte, 58). La exhortaci?n Ecclesiaa in America recuerda que: ?Mar?a sant?sima de Guadalupe es invocada como patrona de toda Am?rica y Estrella de la primera y de la nueva evangelizaci?n? (n. 11).


Publicado por mario.web @ 13:37
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