Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
...la clave adecuada para leer, entender y aplicar el Concilio, debe basarse en la lectura de una novedad en la fidelidad. Se busca no lo novedoso en las verdades que constituyen el dep?sito de la fe cat?lica, sino la nueva reflexi?n (verdadera novedad) q
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Objetivos del Concilio Vaticano II para la Vida Consagrada
Objetivos del Concilio Vaticano II para la Vida Consagrada
A 40 a?os de distancia de la ?ltima sesi?n p?blica del Concilio Vaticano II , es posible reflexionar con mayor objetividad sobre el camino recorrido. Diversas y variadas son las aportaciones que se han hecho sobre los frutos que el Concilio ha tra?do a la vida consagrada. Sin embargo debemos distinguir claramente tres aspectos: los objetivos del Concilio, sus repercusiones para la vida consagrada y las aplicaciones que la misma vida consagrada ha hecho de estas repercusiones ya en la pr?ctica.

Esta triple distinci?n nos permite discernir las formas en que el Concilio ha sido recibido en el mundo religioso femenino a lo largo de los 40 a?os del per?odo de renovaci?n, que formar?n el prop?sito de este art?culo. Benedicto XVI en su discurso a la curia romana ha hecho una s?ntesis del camino recorrido hasta este momento, del que nosotros queremos sacar provecho para iluminar algunas de nuestras conclusiones que servir?n de introducci?n a futuros art?culos.

Los objetivos del Concilio.


Juan XXIII y Pablo VI, recogiendo por inspiraci?n divina los signos de los tiempos, hab?an percibido un cambio en el mundo y en el hombre de los ?ltimos tiempos. No es que el hombre dejara de ser hombre o cambiara su naturaleza, sino que el mundo influ?a sobre ?l en forma muy diversa a como lo ven?a haciendo antes, y adem?s, el hombre entend?a al mundo y a las realidades que en ?l se encontraba, de distinta manera.

Ya P?o XII hab?a percibido estos cambios que se ven?an dando en el nuevo orden internacional, cuando al t?rmino de la Segunda Guerra, se hab?a dado a la tarea de ayudar a la construcci?n de un mundo basado en la civilizaci?n de la justicia y del amor . Pablo VI, haci?ndose eco de las intenciones de Juan XXIII no dudaba en afirmar que el objetivo primordial del Concilio era el de haber dado gloria a Dios, haber buscado conocerlo y amarlo, haber progresado en el esfuerzo por contemplarlo, por celebrarlo y por proclamarlo a los hombres .

A partir de una toma de conciencia de las verdades eternas, la Iglesia podr?a proponer al mundo dichas verdades para la construcci?n de este nuevo orden mundial que estaba naciendo. Si por un lado el Concilio deb?a responder a tres preguntas fundamentales ?la relaci?n entre la fe y las ciencias modernas; la relaci?n entre la Iglesia y el Estado moderno; el problema de la tolerancia religiosa -, por otro lado deb?a mantenerse fiel al dep?sito de la fe, como ha sido siempre su tarea a lo largo de los siglos y transmitirlo intacto, pero fresco, con una reflexi?n de acuerdo a las necesidades de los tiempos, al hombre actual.

Queda claro por tanto, que el objetivo del Concilio era reflexionar sobre el dep?sito de la doctrina, custodiado y garantizado por la Iglesia, y en palabras de Juan XXIII, ?presentar dichas reflexiones de forma que correspondan a las exigencias de nuestro tiempo.?

El primer objetivo del Concilio, el de reflexionar sobre las realidades que constituyen la Iglesia, va de acuerdo con la labor que debe llevar a cabo la Iglesia como custodia y guardiana de la fe: ?Con la venida del Hijo y el don del Esp?ritu, la Revelaci?n ya se ha cumplido plenamente, auque la fe de la Iglesia deber? comprender gradualmente todo su alcance a lo largo de los siglos? . No se trata por tanto tan s?lo de resguardar o defender la fe, sino de desarrollarla constantemente.

Si bien el dep?sito de la fe contiene verdades eternas, inalterables en el tiempo y en el espacio, ?stas deben desarrollarse constantemente para ofrecer al hombre de todos los tiempos, una mejor comprensi?n y vivencia de dichas verdades. De aqu? nace la adecuada hermen?utica de la reforma del Concilio, es decir, que la clave adecuada para leer, entender y aplicar el Concilio, debe basarse en la lectura de una novedad en la fidelidad.

Se busca no lo novedoso en las verdades que constituyen el dep?sito de la fe cat?lica, sino la nueva reflexi?n (verdadera novedad) que sobre las verdades y los elementos que constituyen la Iglesia, han hecho los pastores reunidos en Concilio. Dicha hermen?utica es posible realizarla cuando se concibe la Iglesia como una realidad sobrenatural y no s?lo como una realidad social, psicol?gica o pol?tica .

Este trabajo de constante reflexi?n y desarrollo que hace la Iglesia sobre s? misma, sobre sus verdades y sobre sus elementos no se reduce tan s?lo al trabajo que hicieron los pastores reunidos en el aula conciliar, sino el trabajo que el Magisterio continuar?a y contin?a realizando en la etapa post-conciliar . Ya lo dec?a Pablo VI cuando afirmaba que muchas cuestiones que el Concilio hab?a levantado, quedaban a?n en espera de una adecuada respuesta.

Y una de esas cuestiones era la vida consagrada. Concebida como un don de Dios a su Iglesia , el Concilio reflexionar?a sobre esta realidad propia de la Iglesia. Tres ser?an los documentos que recoger?an estas primeras reflexiones ?la constituci?n dogm?tica Lumen gentium, en los n?meros dedicados a la vida religiosa, el decreto Perfectae caritatis y el motu proprio Ecclesiam suam. Estos documentos dar?an inicio a otros muchos que recoger?an las repercusiones del Concilio en la vida consagrada.

Las repercusiones del Concilio en la vida consagrada.


La Iglesia ten?a que darse a la tarea de reflexionar sobre s? misma, sobre los elementos esenciales que la compon?an, y entre ellos se encontraba la vida consagrada, o la vida religiosa, como antes era conocida. Una realidad que abarcaba un buen n?mero de personas, pero sobretodo, un buen n?mero de a?os, los mismos a?os de existencia que la Iglesia.

La labor del Concilio para la vida consagrada, de acuerdo al objetivo antes mencionado, era la de reflexionar sobre esta realidad, confrontarse con ella y aportar al hombre actual los frutos de esta reflexi?n, en t?rminos que pudieran ser significativos a las nuevas realidades por las que ahora deb?a transcurrir su vida. Se trataba por tanto de ir a lo esencial, dejando a un lado lo accesorio, para descubrir lo que siempre hab?an sido los elementos esenciales de la vida consagrada y ofrecerlos al mundo de hoy, es decir, al hombre de hoy.

A lo largo del tiempo algunos de esos elementos esenciales podr?an haber sido oscurecidos u opacados por ?pr?cticas y tradiciones anticuadas, de orden m?s bien cultural y social antes que religioso.? Se trataba por tanto, entre otras cosas, de identificar esos elementos esenciales, reflexionar sobre ellos y ofrecerlos al hombre, de acuerdo a las exigencias de su tiempo.

As?, la vida consagrada vino a conocer con mayor profundidad lo que desde siempre hab?a sido su identidad, a saber: una llamada, una persona que llama, una respuesta, un compromiso y unos votos. Todo lo cual podr?a sintetizarse en el seguimiento m?s cercano de Cristo, al estilo del Fundador .

Podemos afirmar por tanto, que uno de las principales aportaciones de la reflexi?n que sobre los elementos constitutivos de la Iglesia ha hecho el Concilio Vaticano II, ha sido la reflexi?n sobre la identidad de la vida consagrada en los tiempos actuales. No es que viniera a cambiar o redimensionar el concepto de la vida consagrada, sino que, fiel a su tarea antes mencionada de realizar una s?ntesis de fidelidad y de dinamicidad, ha sabido reflexionar, profundizar y dar a conocer al mundo de hoy cu?l es la identidad de la vida consagrada.

Queremos ser incisivos en este punto y decir que no es que antes existiera una identidad de la vida consagrada y ahora se diera otra. La identidad es la misma. La novedad es la reflexi?n que ha hecho de esta identidad y el modo en que ha estado presentada.


Una identidad que no se identifica con partidismo pol?tico, pues estar?a traicionando su car?cter universal de promoci?n al hombre y al evangelio: ?Los religiosos han demostrado, en general, ser conscientes de que su participaci?n en la promoci?n humana es un servicio al Evangelio y al hombre, no una opci?n preferencial de ideolog?as o de partidos pol?ticos. Ellos ven, m?s bien, en implicaciones de este g?nero, el riesgo de p?rdida de la identidad propia de la vida religiosa y de la misi?n de la Iglesia, junto a una tendencia peligrosa a absolutizar ideas y m?todos, pudiendo ser objeto de f?ciles e interesadas instrumentalizaciones.?


Una identidad tambi?n definida a la luz de las vocaciones que se dan en toda la Iglesia. Si bien el laicado recib?a en el Concilio Vaticano II, esto no significaba una p?rdida de la identidad de la vida consagrada, como muchos lo pensaron, ni una minusvaloraci?n, sino una nueva perspectiva a partir de la cu?l se deber?a ver la vida consagrada: la perspectiva de toda la Iglesia, de todas las vocaciones dentro de la Iglesia.


Si antes se hablaba de estado de perfecci?n, ahora esta perfecci?n se deber?a ver junto con las dem?s vocaciones en la Iglesia, en la caridad: ?La identidad de la vida religiosa y de su papel espec?fico recibe una nueva luz a trav?s de la pluriformidad y complementariedad de vocaciones y ministerios existentes en la Iglesia. Por eso es necesario conocer y dar su justo valor a las funciones que competen a cada uno de los componentes eclesiales: ministerio jer?rquico, vida consagrada en sus diversas formas, laicado.


De esta forma, el ejercicio de la funci?n propia de cada uno se realiza en una b?squeda constante de convergencia fraterna y de complemento mutuo que es, al mismo tiempo, afirmaci?n de la identidad propia y de la comuni?n eclesial.?
Una identidad que est? conformada sobretodo por el carisma de cada Instituto religioso. Carisma que el documento Mutuae relationes defini? como ?experiencia del Esp?ritu.?


Si se quiere conocer la identidad propia, como miembros de un Instituto o congregaci?n religiosa, es necesario conocer, vivir y transmitir el propio carisma: ?La creciente configuraci?n con Cristo se va realizando en conformidad con el carisma y normas del instituto al que el religioso pertenece. Cada instituto tiene su propio esp?ritu, car?cter, finalidad y tradici?n, y es conform?ndose con ellos, como los religiosos crecen en su uni?n con Cristo.?


Y con el andar del tiempo, la reflexi?n teol?gica a la que hab?a invitado y auspiciado Pablo VI, fue dando sus frutos cuando en 1983 quedan definidos los elementos esenciales que constituyen la identidad de la vida consagrada : una forma de particular consagraci?n a Dios, a trav?s de: la vivencia de los votos, la vida fraterna en comunidad, la misi?n evang?lica, la oraci?n, el ascetismo, el testimonio p?blico, las relaciones con la Iglesia, la formaci?n, el gobierno.


Es tan grande el legamen de cada uno de estos elementos con la identidad de la vida consagrada, que no se puede cambiar cada uno de ellos sin afectar directamente la identidad de la vida consagrada.
La labor de salvaguardar la identidad de la vida consagrada es una labor que no se reserva a unas personas en particular, sino a todos los miembros de la Congregaci?n, lo cual viene recogido en el canon 578 del C?digo de Derecho Can?nico: ?La naturaleza, fin, esp?ritu y car?cter del instituto, como fueron establecidos por el fundador o fundadora y aprobados por la Iglesia, deben ser salvaguardados por todos, junto con las sanas tradiciones del instituto.?


El Concilio dio una importancia tan grande a la identidad, que considera como una de las labores fundamentales de la formaci?n de los religiosos ?el de ayudarles a tomar conciencia de su identidad de consagrados por la profesi?n de los consejos evang?licos de castidad, de pobreza y de obediencia, en un instituto religioso.?


El Magisterio de la Iglesia tambi?n se?al? a lo largo del tiempo, los medios m?s adecuados para conocer, vivir y desarrollar esta identidad propia: ?La identidad de la persona consagrada depende de la madurez espiritual: es obra del Esp?ritu, que impulsa a configurarse con Cristo, seg?n la particular modalidad que nace del ?carisma originario, mediaci?n del Evangelio, para los miembros de un determinado Instituto?.
Es muy importante, en estos casos, la ayuda de un gu?a espiritual, que conozca bien y respete la espiritualidad y la misi?n del instituto, para ?discernir la acci?n de Dios, acompa?ar al hermano en las v?as del Se?or, alimentar la vida con s?lida doctrina y con la vida de la oraci?n?. Este acompa?amiento, particularmente necesario en la formaci?n inicial, resulta tambi?n ?til para todo el resto de la vida, en orden a conseguir el ?verdadero crecimiento en Cristo?.?


?sta y otras aportaciones deber?an ser recibidas y aplicadas por cada uno de los Institutos de vida consagrada.

Repercusiones en la vida pr?ctica.


M?s que hablar de aquellos elementos externos que pudieran ser notorios, queremos dedicar nuestra atenci?n a los lineamientos que han llevado a cambiar la forma de la vida consagrada en las congregaciones. Recalcamos que es en la forma en donde se debe buscar estos cambios, y no en el fondo, que debe mantenerse siempre, para lograr vivir la novedad en la continuidad. Despu?s de recordar estas indicaciones, podremos analizar con detenimiento las repercusiones que tuvieron en la vida pr?ctica de las mujeres consagradas.


Las directrices para estos cambios fueron se?aladas en el decreto Perfectae caritatis, del 28 de octubre de 1965. A cuarenta a?os del documento, el Papa Benedicto XVI ha hecho un claro an?lisis de la situaci?n en el discurso a la curia romana con motivo de las felicitaciones navide?as, ya antes citado, y en la carta dirigida a Mons. Rod? , prefecto de la Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apost?lica con ocasi?n de la plenaria de dicha congregaci?n.


Podemos sacar como conclusi?n de ambos documentos que las repercusiones en la vida consagrada por parte del Concilio Vaticano II han dependido fundamentalmente de la forma en que se han acogido las cinco directrices emanadas en el decreto Perfectae caritatis. De la forma de lectura ?hermen?utica, la llamar? el Papa-, dependen las aplicaciones pr?cticas que la vida consagrada ha hecho de las directrices para la renovaci?n.


Dos son las vertientes de lectura del Concilio Vaticano II que ya hemos analizado, y que pueden ser tambi?n aplicadas a la vida consagrada: aquella que habla de la discontinuidad y de la ruptura y la que habla de la reforma, o sea, de la renovaci?n en la continuidad . La primera de ellas ha querido interpretar en clave de ruptura la identidad de la vida consagrada. Para esta hermen?utica, siendo los textos del Concilio Vaticano II representaciones inadecuadas del verdadero esp?ritu del Concilio, ser?a necesario ir m?s all? de estos textos para expresar su realidad m?s profunda.


De esta manera, la identidad de la vida consagrada estar?a a?n por ser descrita. Y para ejemplo, b?stenos citar una aportaci?n de esta l?nea de pensamiento : ?La virtud de la vida religiosa contempor?nea reside en el hecho de que hay muy poco a lo que guardar fidelidad, excepto una visi?n de la m?s excelsa naturaleza. Ahora no se trata de guardar fidelidad a una cosa, ni a una persona, ni siquiera a un modo de vida. El propio proceso de discernimiento es lo que mide la fidelidad religiosa en la actualidad.?


Estas y otras interpretaciones originaron la as? llamada crisis de identidad de la vida religiosa, se?alada por numerosos autores. Se hablaba de una crisis en la identidad, cuando m?s bien se deber?a hablar de una crisis en la interpretaci?n del Concilio en donde cada uno quer?a interpretarlo no de acuerdo a las ense?anzas y a la ortodoxia de la Iglesia, como ya hemos se?alado, sino de acuerdo a lo que ?l pensaba que era la Iglesia y la vida consagrada, en concomitancia con la clave de lectura de la ruptura.


De esta forma se dieron interpretaciones de la vida consagrada como la de poner en discusi?n muchos aspectos inamovibles o intocables ?esenciales a la vida consagrada-, en nombre de la puesta en d?a (aggiornamento). Se dio despu?s un redescubrimiento del valor de la persona, de su autonom?a, de su originalidad, para ponerla en contraste con una cierta idea r?gida de la observancia en la vida consagrada .


Se pasa despu?s a un nuevo y difuso inter?s por la comunidad (se habla mucho de koinonia), para despu?s interrogarse sobre la misi?n eclesial y la fidelidad din?mica al carisma original. Sucesivamente se llega a hablar de un regreso al per?odo de institucionalizaci?n. Ya en las ?ltimas fases, se habla de m?ltiples dificultades en la vida consagrada y un preguntarse constante sobre la formaci?n de los religiosos .


Si esta es la panor?mica de la hermen?utica de la ruptura, podemos observar por contraste la hermen?utica de la reforma, que seg?n las misma palabras de Benedicto XVI ?silenciosamente, pero cada vez en forma m?s visible, ha dado frutos.? Muchas de estas congregaciones, que gracias a Dios son la mayor?a, comienzan por convocar el Cap?tulo general extraordinario, pedido y sugerido por el mismo Concilio.


Se dan despu?s a la tarea, dentro del mismo cap?tulo y siguiendo una de las directrices de la Perfectae caritatis , de poner en pr?ctica las disposiciones del Concilio para la adecuada renovaci?n y se dan ya las primeras repercusiones. Se busca de alguna manera conocer con exactitud el carisma de la Congregaci?n, dedic?ndose a esta labor personal y tiempo. Se pasa tambi?n, despu?s de precisar el carisma, a la redacci?n de las Constituciones, el directorio y la regla de vida, bas?ndose siempre en el carisma del fundador.


Paralelamente a este trabajo, comienza a desarrollarse la teolog?a de la vida consagrada a partir de los documentos del Magisterio de la Iglesia y que servir? tambi?n como punto de referencia en las repercusiones del Concilio en la vida pr?ctica. Adem?s, muchas congregaciones revisar?n sus obras de apostolado, adecu?ndolas siempre cada vez m?s al carisma y a la pastoral diocesana, cooperando con el obispo diocesano.


As? mismo, algunas de las repercusiones m?s importantes que se dar?n en cada congregaci?n vendr?n a cobrar vida en las directrices para la formaci?n, obligando a muchos Institutos y congregaciones religiosas a redactar la ratio studiorum y a incluir el carisma como un elemento que debe permear todas las etapas y los procesos formativos de los miembros de la Congregaci?n. La formaci?n inicial y la formaci?n permanente comenzar?n a ser punto fundamental del gobierno de las congregaciones. Todas estas aportaciones desembocan en una toma de conciencia cada vez m?s clara, definida y di?fana sobre la identidad de la vida consagrada.


Muchos puntos a?n quedan por ponerse en pr?ctica. No debemos olvidar que el Concilio ha sido s?lo el inicio de una renovaci?n de la vida consagrada. Mucho queda a?n por hacer. Pero parte del camino ya ha sido realizado.


Bibliograf?a

La ?ltima sesi?n p?blica del Concilio de celebr? el 7 de diciembre de 1965, festividad de San Ambrosio.
Benedicto XVI, Discurso a la curia romana en ocasi?n de las presentaci?n de las felicitaciones navide?as, 22.12.2005.
El Santo Padre P?o XII, desde que concluy? la guerra, se ha embarcado personalmente en una actividad infatigable.


Alejada la pesadilla nazi, Italia como el resto de Europa emprende su reconstrucci?n. Sin embargo, ni Italia ni Europa emprende volver?n a ser las mismas. Atento al soplo de los nuevos vientos, P?o XII desea ver renacer una civilizaci?n cristiana; una sociedad que cimiento s?lidamente los r?pidos progresos cient?ficos, tecnol?gicos, sociales y culturales sobre los perennes valores del Evangelio. ?ngeles Conde, David J. P. Murray, Fundaci?n, Editorial Planeta, Barcelona, 2005, p. 163.


Pablo VI, Alocuci?n, 7.12.1965.
Benedicto XVI, Discurso a la curia romana en ocasi?n de las presentaci?n de las felicitaciones navide?as, 22.12.2005.
S. Oec. Conc. Vat. II Constitutiones Decreta Declarrationes, 1974, pp. 863 ? 865.
Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de editores del


Catecismo, Madrid, 2005, n. 9.
?Por una parte existe una interpretaci?n que podr?a llamar "hermen?utica de la discontinuidad y de la ruptura"; a menudo ha contado con la simpat?a de los medios de comunicaci?n y tambi?n de una parte de la teolog?a moderna.

Por otra parte, est? la "hermen?utica de la reforma", de la renovaci?n dentro de la continuidad del ?nico sujeto-Iglesia, que el Se?or nos ha dado; es un sujeto que crece en el tiempo y se desarrolla, pero permaneciendo siempre el mismo, ?nico sujeto del pueblo de Dios en camino? Benedicto XVI, Discurso a la curia romana en ocasi?n de las presentaci?n de las felicitaciones navide?as, 22.12.2005.


?Para penetrar en el Misterio de la Iglesia, conviene primeramente contemplar su origen dentro del designio de la Sant?sima Trinidad y su realizaci?n progresiva en la historia. "El Padre eterno cre? el mundo por una decisi?n totalmente libre y misteriosa de su sabidur?a y bondad. Decidi? elevar a los hombres a la participaci?n de la vida divina" a la cual llama a todos los hombres en su Hijo: "Dispuso convocar a los creyentes en Cristo en la santa Iglesia".

Esta "familia de Dios" se constituye y se realiza gradualmente a lo largo de las etapas de la historia humana, seg?n las disposiciones del Padre: en efecto, la Iglesia ha sido "prefigurada ya desde el origen del mundo y preparada maravillosamente en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza; se constituy? en los ?ltimos tiempos, se manifest? por la efusi?n del Esp?ritu y llegar? gloriosamente a su plenitud al final de los siglos" (LG 2).?

Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de editores del Catecismo, Madrid, 2001, nn. 758 y 759.
No debemos olvidar que la reflexi?n que la Iglesia se hace sobre s? misma, sobre su fe y sobre sus elementos que la componen, no es un trabajo reducido a las labores de un Concilio. Esta reflexi?n se extiende a lo largo del tiempo y es propia del Magisterio de la Iglesia: ?La interpretaci?n aut?ntica del dep?sito de la fe corresponde s?lo al Magisterio vivo de la Iglesia, es decir, al Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma, y a los obispos en comuni?n con ?l.

Al Magisterio, el cual, en el servicio de la Palabra de Dios, goza del carisma cierto de la verdad, compete tambi?n definir los dogmas, que son formulaciones de las verdades contenidas en la divina Revelaci?n; dicha autoridad se extiende tambi?n a las verdades necesariamente relacionadas con la Revelaci?n.? Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de editores del Catecismo, Madrid, 2005, n. 16.


Pablo VI, Alocuci?n, 7.12.1965.
?La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y ense?anzas de Cristo el Se?or, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Esp?ritu. Con la profesi?n de los consejos evang?licos los rasgos caracter?sticos de Jes?s ?virgen, pobre y obediente? tienen una t?pica y permanente ? visibilidad ? en medio del mundo, y la mirada de los fieles es atra?da hacia el misterio del Reino de Dios que ya act?a en la historia, pero espera su plena realizaci?n en el cielo.? Juan Pablo II, Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita consecrata, 25.3.1996, n. 1


?ngeles Conde, David J. Murray, Fundaci?n, Editorial Planeta, Barcelona, Espa?a, 2005, p. 210.
Como una de las ?ltimas definiciones que el Magisterio de la iglesia ha dado sobre la identidad de la vida consagrada, podemos se?alar aquella que indica el Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica: ?La vida consagrada es un estado de vida reconocido por la Iglesia; una respuesta libre a una llamada particular de Cristo, mediante la cual los consagrados se dedican totalmente a Dios y tienden a la perfecci?n de la caridad, bajo la moci?n del Esp?ritu Santo.

Esta consagraci?n se caracteriza por la pr?ctica de los consejos evang?licos.? Compendio del Catecismo de la Iglesia Cat?lica, Asociaci?n de editores del Catecismo, Madrid, 2005, n. 192.
Sagrada Congregaci?n para los Religiosos e Institutos seculares, Religiosos y promoci?n humana, 25 ? 28 abril, 1978, n. 11
Ibidem. n. 22.


?El carisma mismo de los Fundadores se revela como una experiencia del Esp?ritu (Evang. nunt. 11), transmitida a los propios disc?pulos para ser por ellos vivida, custodiada, profundizada y desarrollada constantemente en sinton?a con el Cuerpo de Cristo en crecimiento perenne. Por eso la Iglesia defiende y sostiene la ?ndole propia de los diversos Institutos religiosos (LG 44; cfr. CD 33; 35, 1, 2, etc.). La ?ndole propia lleva adem?s consigo, un estilo particular de santificaci?n y apostolado que va creando una tradici?n t?pica cuyos elementos objetivos pueden ser f?cilmente individuados.

Es necesario por lo mismo que en las actuales circunstancias de evoluci?n cultural y de renovaci?n eclesial, la identidad de cada Instituto sea asegurada de tal manera que pueda evitarse el peligro de la imprecisi?n con que los religiosos sin tener suficientemente en cuenta el modo de actuar propio de su ?ndole, se insertan en la vida de la Iglesia de manera vaga y ambigua.? Sagrada congregaci?n para los Religiosos e Instituto seculares, Mutuae relationes, 14.5.1978, n. 11.


Sagrada congregaci?n para los Religiosos e Instituto seculares, Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 46
?Los cambios hist?ricos y culturales traen consigo una evoluci?n en la vida real, pero el modo y el rumbo de esa evoluci?n son determinados por los elementos esenciales, sin los cuales, la vida religiosa pierde su identidad.? Sagrada congregaci?n para los Religiosos e Instituto seculares, Elementos esenciales de la doctrina de la Iglesia sobre la vida religiosa, 31.5.1983, n. 4.


Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, Orientaciones sobre la formaci?n en los Institutos, 2.2.1990, n.110.
Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, Vida fraterna en comunidad, 2.2.1994, n.36
Benedicto XVI, Carta de su Santidad Benedicto XVI con ocasi?n de la plenaria de la Congregaci?n para los Institutos de Vida consagrada y las Sociedades de vida apost?lica, 27.9.2005.


Benedicto XVI, Discurso a la curia romana en ocasi?n de las presentaci?n de las felicitaciones navide?as, 22.12.2005.
Benedicto XVI menciona el hecho de que muchos de estos te?logos, que no en raras veces cuentan con la simpat?a de los medios de comunicaci?n, forman parte de la teolog?a moderna. (Benedicto XVI, Discurso a la curia romana en ocasi?n de las presentaci?n de las felicitaciones navide?as, 22.12.2005)


Joan Chittister, OSB, El fuego en estas cenizas. Espiritualidad de la vida religiosa hoy, Sal Terrae, Santander, 5?. Edici?n, 1998
El mismo magisterio de la Iglesia hab?a ya puesto en alerta sobre esta situaci?n: ?b) La reivindicaci?n de la libertad personal y de los derechos humanos ha estado en la base de un amplio proceso de democratizaci?n que ha favorecido el desarrollo econ?mico y el crecimiento de la sociedad civil. En el per?odo inmediatamente posterior al Concilio, este proceso -especialmente en Occidente- ha experimentado una aceleraci?n caracterizada por movimientos ?asamblearios? y por actitudes renuentes a la autoridad.

El rechazo de la autoridad no ha perdonado ni siquiera a la Iglesia ni a la vida religiosa, con consecuencias evidentes tambi?n en la vida comunitaria. La afirmaci?n unilateral y exasperada de la libertad ha contribuido a difundir en Occidente la cultura del individualismo, con el debilitamiento del ideal de la vida com?n y del compromiso por los proyectos comunitarios. Hay que se?alar tambi?n algunas reacciones igualmente unilaterales, como pueden ser las evasiones hacia formas de autoritarismo, basadas en la confianza ciega en un gu?a que inspira seguridad. c)

La promoci?n de la mujer, uno de los signos de los tiempos seg?n el Papa Juan XXIII, ha tenido no pocas resonancias en la vida de las comunidades cristianas de diversos pa?ses. Aun cuando en algunas regiones el influjo de corrientes extremistas del feminismo est? condicionando profundamente la vida religiosa, casi en todas partes las comunidades religiosas femeninas est?n en una b?squeda positiva de formas de vida com?n m?s id?neas para la renovada conciencia de la identidad, de la dignidad y de la misi?n de la mujer en la sociedad, en la Iglesia y en la vida religiosa.?

Congregaci?n para los Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apost?lica, La vida fraterna en comunidad, 2.2.1994, n.4.
Giuseppe Tacconi, Alla ricerca di nuove identit?, Elledici, Torino, 2001.
Benedicto XVI, Discurso a la curia romana en ocasi?n de las presentaci?n de las felicitaciones navide?as, 22.12.2005
?No puede lograrse una eficaz renovaci?n ni una recta adaptaci?n si no cooperan todos los miembros del Instituto.

Sin embargo, s?lo a las autoridades competentes, principalmente a los Cap?tulos Generales, supuesta siempre la aprobaci?n de la Santa Sede y de los Ordinarios del lugar, cuando ella sea precisa a tenor del Derecho, corresponde fijar las normas de la renovaci?n y adaptaci?n, dictar las leyes y hacer las debidas y prudentes experiencias. Mas en aquello que toca al inter?s com?n del Instituto, los Superiores consulten y oigan, de manera conveniente, a los s?bditos.? Concilio Vaticano II, Decreto Perfectae caritatis, 28.10.1965, n. 4.


Ya Paulo VI en la exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio, alertaba y exhortaba a las congregaciones religiosas e institutos de vida apost?lica a no ser f?ciles en realizar cambios o innovaciones, sin proceder antes a un verdadero trabajo de discernimiento.

?Certamente, non pochi elementi esteriori, raccomandati dai fondatori di ordini o di congregazioni religiose, si dimostrano al presente sorpassati. Alcuni appesantimenti o irrigidimenti, accumulati nel corso dei secoli, hanno bisogno di essere snelliti. Adattamenti devono essere operati, ed anche forme nuove possono essere cercate ed istituite con l?approvazione della chiesa. ? appunto lo scopo al quale, ormai da alcuni anni, si sta dedicando generosamente la maggior parte degli istituti religiosi, sperimentando, talvolta troppo arditamente, tipi di costituzioni e di regole. Ben lo sappiamo e seguiamo con attenzione questo sforzo di rinnovamento, voluto dal concilio. Nell?ambito stesso di questo processo dinamico, in cui lo spirito del mondo rischia costantemente di mescolarsi all?azione dello Spirito santo, come aiutarvi ad operare con il necessario discernimento? Come salvaguardare o raggiungere l?essenziale? Come beneficiare dell?esperienza del passato e della riflessione presente, per rafforzare questa forma di vita evangelica? Secondo la responsabilit? singolare che il Signore ci ha affidato nella sua chiesa - quella di " confermare i nostri fratelli " -, noi vorremmo, da parte nostra, stimolarvi a procedere con maggior sicurezza e con pi? lieta fiducia lungo la strada che avete prescelto. Nella " ricerca della carit? perfetta ", che guida la vostra esistenza, quale altro atteggiamento vi sarebbe per voi, se non quello di una disponibilit? totale allo Spirito santo che, agendo nella chiesa, vi chiama alla libert? dei figli di Dio?? Pablo VI, Exhortaci?n apost?lica Evangelica testificatio, 29.6.1971, nn. 5 y 6.

Publicado por mario.web @ 13:40
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