Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
Miguel ?ngel Loma hace una interesante analog?a entre las habilidades ortogr?ficas y las responsabilidades de los cat?licos al comunicar su fe.
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 La ortograf?a de la vida
La ortograf?a de la vida
A fuerza de que nos presenten como habituales, conductas que parecen graves y manifiestas faltas de ortograf?a, acabamos consider?ndolas como correctas. Y si tales conductas son observadas por personas susceptibles de mayor influencia, por encontrarse en per?odos de formaci?n tan delicados como la infancia y la adolescencia, se produce el riesgo de que tan fr?giles observadores acaben asumi?ndolas como normales

Exceptuando esas traviesas erratas que siempre se cuelan de matute, lo habitual en un texto impreso es que no contenga faltas de ortograf?a, no ya porque el autor no las cometa, sino porque previamente a toda publicaci?n suele existir la labor revisora de un corrector. Cosa diferente sucede con otro tipo de textos m?s espont?neos..., como los correos cruzados a trav?s de Internet o los mensajes que se han puesto tan de moda en algunos programas de la tele, enviados a trav?s de tel?fonos m?viles. En estos casos, es habitual encontrar textos trufados de faltas, o con la misma incorrecci?n tan repetida por sus empecinados autores, que llega un momento en que el t?rmino incorrecto se nos llega a adherir de forma inconsciente y acaba gener?ndonos una molesta duda que exige recurrir al diccionario. Esto puede suceder incluso con palabras o expresiones de aparente sencillez ortogr?fica y que hab?amos utilizado con seguridad hasta ese momento; tanto es as? que, despu?s de consultado el diccionario, averg?enza reconocer la confusi?n. Si quien se enfrenta a textos con incorrecciones es alguien que no domina en absoluto la ortograf?a o que est? aprendiendo a escribir, la consecuencia puede ser de mayor alcance, porque corre el grave riesgo de asimilar el t?rmino err?neo incorpor?ndolo como correcto a su vocabulario.

Algo muy parecido sucede con las erratas en las conductas humanas, en lo que podr?amos llamar ?ortograf?a de la vida?. A fuerza de que nos presenten como habituales, conductas que padecen graves y manifiestas faltas de ortograf?a, acabamos consider?ndolas como correctas. Y si tales conductas son observadas por personas susceptibles de mayor influencia, por encontrarse en per?odos de formaci?n tan delicados como la infancia y la adolescencia, se produce el riesgo de que tan fr?giles observadores acaben asumi?ndolas como normales, esto es, como conformes a la norma. Si a esto a?adimos que vivimos una ?poca de encendida fobia por todo lo que signifique adecuaci?n a unas pautas de comportamiento, y donde el ejercicio de corregir se ha asimilado a un execrable acto de represi?n autoritaria que impide el vuelo de nuestro libre desarrollo de la personalidad, obtendremos unos efectos devastadores. Porque lo peor no es equivocarnos, sino desconocer d?nde radica el error y cu?l es la referencia correcta, requisitos imprescindibles para rectificar.

Aunque lo anterior es perceptible y aplicable en todos los ?mbitos de la vida, adquiere m?xima trascendencia en el ?mbito afectivo y sexual. Cuando el amor se identifica ?nicamente con la mera atracci?n sexual, lo ordinario es que el matrimonio acabe convirti?ndose en una instituci?n de usar y tirar; un bien de consumo que viene con fecha de caducidad impresa en el velo de la novia o en la pajarita del novio. Pero m?s ordinario a?n es que directamente se eluda cualquier tipo de compromiso con vocaci?n de permanencia. Al entender el amor como un sentimiento integrado b?sicamente por el deseo sexual, la relaci?n s?lo durar? mientras la satisfacci?n sexual supere las incomodidades que conlleva toda convivencia ?ntima y prolongada. Con estos mismos planteamientos, lo ordinario ser? tambi?n que el inter?s de los hijos pase a un segundo plano, y que graves dificultades de la vida, la aparici?n de un tercero, o incluso cualquier peque?o se?smo de naturaleza dom?stica, acaben produciendo la quiebra matrimonial y el abandono del proyecto inicial.

El actual protagonismo estelar del sexo, desplazando y suplantando al amor, adquiere su m?xima consagraci?n con las nuevas leyes aprobadas por el Gobierno ZP. Tanto el divorcio expr?s, aut?ntica estocada al coraz?n de la instituci?n matrimonial, como el otorgamiento de naturaleza marital a uniones de personas del mismo sexo, uniones rechazadas en todo tiempo y lugar como id?neas para crear una familia, constituir?n ahora las nuevas normas de ortograf?a adoptadas por la real y disolvente academia zapateril para desorientar m?s a?n, si cabe, a las nuevas generaciones de espa?oles.

Si nos dedic?ramos durante un tiempo a la lectura de textos donde las comas estuvieran colocadas al azar, las equis y las haches se alojasen donde buenamente entendiesen, las bes y las uves jugasen a un fr?volo travestismo y los acentos coronasen vocales elegidas al antojo, es f?cilmente previsible que, salvo algunos ingenios selectos, la mayor?a acabar?amos con tal confusi?n ortogr?fica que dif?cilmente podr?amos comunicarnos a trav?s de la escritura. En la literatura de la vida, tras una ?poca en que la mayor?a de medios de comunicaci?n nos han machacado con la exposici?n de torpes y err?neas conductas presentadas como normales, el diccionario de la ley ha acabado claudicando. De aqu? en adelante, hasta lo m?s sencillo corre el riesgo de convertirse en algo ininteligible, y nos acabar? resultando un oscuro jerogl?fico el sentido del amor y del sexo, el sentido del matrimonio y de la familia, y sobre todo, el sentido del dolor y el definitivo sentido de la muerte.

Publicado por mario.web @ 13:43
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