Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
El trabajo es colaboraci?n con Dios, es servicio y puede ser participaci?n en la construcci?n de un mundo justo y solidario.
?
A los Campesinos, Empleados y Obreros de Monterrey
A los Campesinos, Empleados y Obreros de Monterrey

DISCURSO DE JUAN PABLO II A LOS CAMPESINOS, EMPLEADOS Y OBREROS DE MONTERREY
1 de febrero 1979?

?Campesinos, empleados y, sobre todo, obreros de Monterrey,?


GRACIAS POR TODO lo que he podido oir. Gracias por todo lo que puedo ver. A todos y a cada uno muchas gracias.?

Os agradezco de coraz?n esta acogida tan calurosa y cordial en vuestra ciudad industrial de Monterrey. En torno a ella discurre vuestra existencia y se desarrolla vuestro trabajo diario para ganaros el pan y el pan de vuestros hijos. Ella es testigo tambi?n de vuestras penas y de vuestras aspiraciones.

Ella es obra vuestra, obra de vuestras manos y de vuestra inteligencia, y en este sentido s?mbolo de vuestro orgullo de trabajadores y un signo de esperanza para un nuevo progreso y para una vida cada vez m?s humana. Me siento feliz de encontrarme entre vosotros como hermano y amigo vuestro, como compa?ero de trabajo en esta ciudad de Monterrey, que es para M?xico algo parecido a lo que significa Nueva Hutta en mi lejana y querida Cracovia.

No olvido los a?os dif?ciles de la guerra mundial, en los que yo mismo tuve la experiencia directa de un trabajo f?sico como el vuestro, de una fatiga cotidiana y su dependencia, de su pesadez y monotan?a.?

He compartido las necesidades de los trabajadores, sus justas exigencias y sus leg?timas aspiraciones. Conozco muy bien la necesidad de que el trabajo no enajene y fruste, sino que corresponda a la dignidad superior del hombre.

Puedo dar testimonio de una cosa: en los momentos de mayor prueba el pueblo de Polonia ha encontrado en su fe en Dios, en su confianza en la Virgen Mar?a Madre de Dios, en la comunidad eclesial unida en torno a sus Pastores, una luz superior a les tinieblas, y una esperanza inquebrantable.

S? que estoy hablando a trabajadores que son concientes de su condici?n de cristianos y que quieren vivir esa condici?n contodas sus energ?as y consecuencias. Por eso el Papa quiere haceros algunas reflexiones que tocan vuestra dignidad como hombres y como hijos de Dios. De esa doble fuente brotar? la luz para conformar vuestra existencia personal y social. En efecto, si el esp?ritu de Jesucristo habita en nosotros, debemos sentir la preocupaci?n prioritaria por aquellos que no tienen el conveniente alimento, vestido, vivienda, ni tienen acceso a los bienes de la cultura.

Dado que el trabajo es fuente del propio sustento, es colaboraci?n con Dios en el perfeccionamiento de la naturaleza, es un servicio a los hermanos que ennoblece al hombre, los cristianos no pueden despreocuparse del problema del desempleo de tantos hombres y mujeres, sobre todos j?venes y cabezas de familia, a quienes la desocupaci?n conduce al desanimo y a la desesperaci?n. Los que tienen la suerte de poder trabajar aspiran a hacerlo en condiciones m?s humanas, m?s seguras, a participar m?s justamente en el fruto del esfuerzo com?n en lo referente a salarios, seguridad social, posibilidades de desarrollo cultural y espiritual.

Quieren ser tratados como hombres libres y responsables, llamados a participar en les decisiones que conciernen a su vida y a su futuro. Es derecho fundamental sayo crear libremente organizaciones para defender y promover sus intereses y para contribuir responsablemente al bien com?n. La tarea es inmensa y compleja. Se ve complicada hoy por la crisis econ?mica mundial, por el desorden de c?rculos comerciales y financieros injustos, por el agotamiento r?pido de algunos recursos, y por los riesgos de contaminaci?n irreversibles del ambiente biof?sico.?

Para participar realmente en el esfuerzo solidario de la humanidad los pueblos de Am?rica Latina exigen con raz?n que se les devuelva su justa responsabilidad sobre los bienes que la naturaleza les ha confiado y les condiciones generales que les permitan conducir un desarrollo en conformidad con su esp?ritu propio con la participaci?n de todos los grupos humanos que los componen: Se hacen necesarias innovaciones atrevidas y renovadoras para superar les graves injusticias heredadas del pasado y para vencer el desaf?o de les transformaciones prodigiosas de la humanidad.?

En todos los niveles, nacional e internacional, y por parte de todos los grupos sociales, de todos los sistemas, les realidades nuevas exigen aptitudes nuevas. La denuncia unilateral del otro y el f?cil pretexto de les ideolog?as ajenas, fueren cuales fueren, son coartadas cada vez m?s irrisorias. Si la humanidad quiere controlar una evoluci?n que se le escapa de la mano, si quiere sustraerse a la tentaci?n materialista que gana terreno en una huida hacia adelante desesperada, si quiere asegurar el desarrollo aut?ntico a los hombres y a los pueblos, debe revisar radicalmente los conceptos de progreso, que bajo sus diversos nombres, han dejado atrofiar los valores espirituales.?

La Iglesia ofrece su ayuda. Ella no teme denunciar con fuerza los ataques a la dignidad humana. Pero reserva lo esencial de sus energ?as para ayudar a los hombres y grupos humanos, a los empresarios y trabajadores para que tomen conciencia de les inmensas reservas de bondad que llevan dentro, que ellos han hecho ya fructificar en su historia y que hoy deben dar frutos nuevos.?

El movimiento obrero, al que la Iglesia y los cristianos han aportado una contribuci?n original y diversa, particularmente en este continente, reivindica su justa parte de responsabilidad en la construcci?n de un nuevo orden mundial. El ha recogido les aspiraciones comunes de libertad y de dignidad. Ha desarrollado los valores de solidaridad, fraternidad y amistad.

En la experiencia compartida, ha suscitado formas de organizaci?n originales, mejorando sustancialmente la suerte de numerosos trabajadores, y contribuyendo, por m?s que no siempre se quiera decirlo, a dejar una huella en el mundo industrial. Apoy?ndose en este pasado, deber? comprometer su experiencia en la b?squeda de nuevas v?as, renovarse a si mismo y contribuir de manera a?n m?s decisiva a construir la Am?rica Latina del ma?ana.?

Hace diez a?os que mi predecesor el Papa Pablo VI estuvo en Colombia. Quer?a traer a los pueblos de Am?rica Latina el consuelo del Padre Com?n. Quer?a abrir a la Iglesia Universal les riquezas de les Iglesias de este continente. Algunos a?os despu?s, celebrando el octog?simo aniversario de la primera Enc?clica Social, la Rerum Novarum , escrib?a: ?La ense?anza social de la Iglesia acompa?a con todo su dinamismo a los hombres en su b?squeda.

Si bien no interviene para dar autenticidad a una estructura determinada o para proponer un modero prefabricado, ella no se limita simplemente a recordar unos principios generales. Se desarrolla por medio de una reflexi?n madurada al contacto con situaciones cambiantes de este mundo, bajo el impulso del Evangelio como fuente de renovaci?n desde el momento que su mensaje es aceptado en su totalidad y en sus exigencias.

Se desarrolla con la sensibilidad propia de la Iglesia, marcada por una voluntad desinteresada de servicio, y una atenci?n a los m?s pobres. Finalmente se alimenta en una experiencia rica de muchos siglos, lo que permite asumir en la continuidad de muchos siglos, lo que permite asumir en la continuidad de sus preocupaciones permanentes la innovaci?n atrevida y creadora que requiere la situaci?n presente del mundo?. Son palabras de Pablo VI.?

Queridos amigos: en fidelidad a esos principios la Iglesia quiere hoy llamar la atenci?n sobre un fen?meno grave y de gran actualidad: el problema de los emigrantes.

No podemos cerrar los ojos a la situaci?n de millones de hombres que en su b?squeda de trabajo y del propio pan, han de abandonar su patria y muchas veces la familia, afrontando les dificultades de un ambiente nuevo no siempre agradable y acogedor, una lengua desconocida y condiciones generales, que les sumen en la soledad y a veces en la marginaci?n a ellos, a sus mujeres y a sus hijos, cuando no se llega a aprovechar esas circunstancias para ofrecer salarios m?s bajos, recortar los beneficios de la seguridad social y asistencial, a dar condiciones de viviendas indignas de seres humanos.

Hay ocasiones en que el criterio puesto en pr?ctica es el de procurar el m?ximo rendimiento del trabajador emigrante sin mirar a la persona. Ante este fen?meno la Iglesia sigue proclamando que el criterio a seguir en este, como en otros campos, no es el de hacer prevalecer lo econ?mico, lo social, lo pol?tico por encima del hombre, sino que la dignidad de la persona humana est? por encima de todo lo dem?s y a ello hay que condicionar el resto.?

Crear?amos un mundo muy poco habitable si solo se mirase a tener m?s y no se pensare ante todo en la persona del trabajador, en su condici?n de ser humano y de hijo de Dios, llamado a una vocaci?n eterna, si no se pensare en ayudarle a ser m?s. Ciertamente, por otra parte, el trabajador tiene unas obligaciones que ha de cumplir con lealtad, ya que sin ello no puede haber un recto orden social.?

A los poderes p?blicos, a los empresarios y a los trabajadores invito con todas mis fuerzas a reflexionar sobre estos principios y a deducir les consiguientes l?neas de acci?n. No faltan ejemplos, hay que reconocerlo tambi?n, en los que se ponen en pr?ctica con ejemplaridad estos principios de la doctrina social de la Iglesia. Me complazco de ello. Alabo a los responsables, y aliento a imitar este buen ejemplo. Ganar? con ello la causa de la convivencia y hermandad entre grupos sociales y naciones. Podr? ganar a?n la misma econom?a. Sobre todo ganar? ciertamente la causa del ser humano.?

Pero no nos quedemos en el solo hombre. El Papa os trae tambi?n otro mensaje. Un mensaje que es para vosotros, trabajadores de M?xico y de Am?rica Latina: abr?os a Dios.Dios os ama. Cristo os ama. La Madre de Dios, la Virgen Mar?a, os ama. La Iglesia y el Papa os amen y os invitan a seguir la fuerza arrolladora del amor que todo puede superar y construir.

Hace casi dos mil a?os, cuando Dios nos envi? a su Hijo no esper? a que los esfuerzos humanos hubieran eliminado previamente toda clase de injusticias. Jesucristo vino a compartir nuestra condici?n humana con su sufrimiento, con sus dificultades, con su muerte. Antes de transformar la existencia cotidiana, E1 supo hablar al coraz?n de los pobres, liberarlos del pecado, abrir sus ojos a un horizonte de luz y colmarlos de alegr?a y de esperanza.

Lo mismo hace hoy Jesucristo que est? presente en vuestras Iglesias, en vuestras familias, en vuestros corazones, en toda vuestra vida.Abridle todas les puertas. Celebremos todos juntos en estos momentos con alegr?a el amor de Jes?s y de su Madre. Nadie se sienta excluido, en particular los m?s desdichados, pues esta alegr?a que proviene de Jesucristo no es insultante para ninguna pena. Tiene el sabor y el calor de la amistad que nos ofrece Aquel que sufri? m?s que nosotros, que muri? en la cruz por nosotros, que nos prepara una morada eterna a su lado y que ya en esta vida proclama y afirma nuestra dignidad de hombres, de hijos de Dios.?

Estoy con amigos trabajadores y me quedar?a con vosotros mucho m?s tiempo. Pero he de concluir. A vosotros aqu? presentes, a vuestros compa?eros de M?xico, y a cuantos compatriotas vuestros trabajan fuera del suelo patrio, a todos los obreros de Am?rica Latina, os dejo mi saludo de amigo, mi bendici?n y mi recuerdo.A todos, a vuestros hijos y familiares, mi abrazo de hermano.?


Publicado por mario.web @ 13:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios