Mi?rcoles, 11 de mayo de 2011
?C?mo afrontar el tiempo de la separaci?n, sobre todo si se trata de tiempos largos, de meses o incluso de m?s de un a?o?
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Matrimonios cat?licos a distancia
Matrimonios cat?licos a distancia
Ocurre con relativa frecuencia que los esposos viven separados por temporadas de tiempo m?s o menos largas. Normalmente es por motivos de trabajo. Otras veces por situaciones familiares o de otro tipo.

?C?mo afrontar el tiempo de la separaci?n, sobre todo si se trata de tiempos largos, de meses o incluso de m?s de un a?o?

Para los cristianos, la vida matrimonial se cimienta en Dios. Al casarse, los esposos se han comprometido a amarse, a ayudarse, a sobrellevar las dificultades de la vida. Sus promesas matrimoniales nacen desde los compromisos bautismales y pueden ser vividas desde la ayuda constante de Dios.

Por eso, durante el tiempo de la separaci?n lo m?s importante es vivir muy cerca de Dios. El esposo y la esposa (si hay hijos, con los hijos) ir?n a misa los domingos, participar?n de la Eucarist?a, y esa es la mejor ayuda para ser fieles a su amor. Buscar?n tambi?n un tiempo para la confesi?n, cuando haga falta, porque es necesario estar limpios de pecado para mantener fuerte el lazo matrimonial. Encontrar?n momentos para orar, para unirse a Dios y entre s? con el rezo de un padrenuestro y un Avemar?a, o con la lectura del Evangelio. Cerca de Dios las distancias se hacen peque?as. Cerca de Dios el amor crece en frescura y en entrega.

Lo anterior, que vale tambi?n para los esposos cuando tienen la dicha de estar juntos, es algo esencial durante los tiempos en que dura la separaci?n f?sica. Sin Dios el fracaso es casi seguro. Con Dios se pueden superar hasta los problemas m?s duros. Con Dios... y con la Virgen, que es Madre tierna y compa?era de camino para todos los matrimonios cristianos.

El segundo consejo consiste en mantener abiertos y frescos los cauces de la comunicaci?n. Si el esposo ha dejado a la esposa en casa con los hijos, debe sentir una necesidad profunda de saber c?mo est?n, c?mo va todo por casa, c?mo siguen los familiares, qu? ocurre en la escuela. Ella, a su vez, agradecer? infinitamente cada llamada, o tomar? la iniciativa y llamar? primero, para as? saber c?mo est? ?l, qu? tipo de trabajo lleva a cabo, d?nde duerme, qu? come.

En el mundo de la comunicaci?n ser?a triste que los esposos tuvieran tiempo para la televisi?n o para contactar a otros familiares y amigos, y no dedicasen un momento abundante, de ser posible diario o varias veces por semana, para hablar entre s?, para avivar el amor, para contarse cosas ?triviales? que valen mucho entre enamorados, para repetir, una y otra vez, lo mucho que se aman.

Puede ocurrir que ?l o que ella tenga pocos deseos de hablar, o que est? muy cansado, o que no sepa qu? decir. En esos casos, hace falta avivar el ingenio y darse cuenta de que no importa la propia dificultad, sino el deseo de ?l o de ella de conocer noticias. Si hay amor, un poco de chispa y un mucho de voluntad de la buena permitir? no s?lo marcar el n?mero de tel?fono del ausente o enviar un correo electr?nico, sino hacerlo con tal cari?o y delicadeza que la otra parte sentir? una caricia sincera a trav?s de un mensaje enamorado.

El tercer consejo se refiere a una ense?anza de Cristo: ?Velad y orad, para que no caig?is en tentaci?n; que el esp?ritu est? pronto, pero la carne es d?bil? (Mc 14,38). Los esposos que est?n separados largo tiempo pueden sentir con m?s intensidad el susurro de tentaciones que les invitan a alguna amistad demasiado atrevida, o incluso a una infidelidad sumamente destructora.

Por eso hay que mantener una actitud de sano realismo. Es cierto de que no hay que ver tentaciones ni posibles acosadores en cada esquina. Pero tambi?n es cierto que somos d?biles, que la ausencia puede hacerse muy larga, que un ?pretendiente? sabe que las presas m?s vulnerables son los esposos o las esposas que viven mucho tiempo separados.

El consejo de Cristo vale siempre: velar, para que nada ni nadie pueda romper o dividir un amor que ha sido prometido delante de Dios, que quiz? ya ha sido bendecido por unos hijos. Velar, para no dejar abrir rendijas a ocasiones de peligros o a visitas que conviene aplazar para cuando los esposos est?n juntos. Velar, para que el amor hacia ?l o hacia ella se mantenga fresco, incluso se acreciente, en la oraci?n continua por ser fieles a las promesas matrimoniales.

Pueden darse casos, y por desgracia son frecuentes, de una ca?da. Tal vez un mal momento, o una tentaci?n m?s fuerte, o esa malicia interna que llega a dominar el propio coraz?n, desembocaron en unas caricias deshonestas, o en un adulterio completo y triste. En esos casos, hay que mirar a Dios, y con valent?a reconocer la propia culpa, pedir perd?n en el Sacramento de la penitencia. Luego, y tras suplicar mucha luz al Esp?ritu Santo, hay que buscar la manera para reparar el da?o que sufre la esposa o el esposo (aunque no sepa nada) que ha sido traicionado. Renovar los detalles de cari?o, aunque parezca dif?cil, puede ser el inicio de una curaci?n profunda, a pesar de las cicatrices que toda infidelidad deja dentro de uno mismo.

Un cuarto consejo, m?s importante de lo que parece, se refiere a la limpieza mental y al filtro en los o?dos. Limpieza mental, para no andar sospechando, o suponiendo, o fomentando celos durante el tiempo de la ausencia. Y filtro en los o?dos, para no aceptar la menor alusi?n de alguien, aunque sea un familiar o un amigo ?ntimo, que aluda m?nimamente a cosas que ?quiz? el esposo o la esposa est?n haciendo.

Los chismes, cuanto m?s lejos, mejor. Hay que apartar de nosotros cualquier lengua venenosa que quiera meter su cuchara entre los esposos, precisamente en ese tiempo m?s o menos largo en que est?n separados. Especialmente si el ?informante? ya ha mostrado m?s de una vez sus pocas simpat?as hacia el ausente, o sus excesivas simpat?as hacia quien recibe la confidencia.

Toda vida humana tiene sus momentos de dificultad, de prueba, de lucha. El periodo de una separaci?n larga puede ser duro para dos esposos que se aman sinceramente, sean j?venes, sean ya maduros. Pero encontrarse ante una situaci?n as?, sobre todo si ?l o ella han salido de casa para ganar el sustento de los hijos, o para ayudar a alg?n familiar que vive lejos, debe ser no s?lo un reto, sino una oportunidad maravillosa que lleve a vivir con mayor fuerza, con mayor ilusi?n, con mayor alegr?a, ese amor que llev? a los esposos a unirse para siempre.

El mismo Dios que bendijo la boda estar? al lado de los esposos cat?licos en esos meses de distancia. Cuando llegue el d?a anhelado del reencuentro, ese Dios sonreir? ante un abrazo profundo y sincero que reflejar? lo mucho que los dos se amaron a pesar de la distancia y del tiempo.

Publicado por mario.web @ 14:04
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