Jueves, 12 de mayo de 2011

La esperanza, es la virtud por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en la promesas de Cristo.

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Para algunos la esperanza es como una luz al final de un t?nel oscuro que indica la salida. Para otros, m?s pesimistas, esa luz indica un tren que viene de frente. ?En d?nde est? la diferencia? Todo depende sobre qu? o en qui?n ponemos esa esperanza.

La esperanza, es la virtud por la que deseamos y esperamos de Dios la vida eterna como nuestra felicidad, confiando en la promesas de Cristo (CIC, 387). Por lo tanto, implica confiar en algo o en alguien que nos dar? el bien y la felicidad que pretendemos.

Si la esperanza se convierte en sufrimiento, angustia o desesperaci?n, es porque no est? basada en algo que sea seguro. La excesiva confianza en el dinero, la fama, la belleza, en las propias cualidades, no proporciona la fuerza necesaria para superar los problemas, y puede angustiarnos. De aqu? el dolor ante la perdida de bienes, la frustraci?n por el derrumbe de un proyecto, la angustia frente a una enfermedad, el desaliento ante las cruces de cada d?a. Cuando nuestra esperanza tiene por fundamento las arenas movedizas de las cosas pasajeras es comprensible que esa luz sea un tren que viene de frente.

Muy diversamente vive esta virtud el aut?ntico cristiano, pues tiene por fundamento a Jesucristo. ?l es una base segura que nos acompa?a hasta el fin del mundo, nos promete el ciento por uno en esta vida en fortaleza, paz y felicidad, y la vida eterna. Por esto el cristiano afronta con decisi?n y entereza las situaciones adversas. El Santo Padre nos recordaba en una de sus enc?clicas que ?la capacidad de sufrir depende del tipo y de la grandeza de la esperanza que llevamos dentro y sobre la que nos basamos? (Spe Salvi, 39).

Un gran testimonio de esperanza cristiana nos lo dio san Pablo. ?l, a pesar de los grandes sufrimientos y persecuciones, confi? en Aqu?l que lo llam?, muri? y resucit? por ?l; y as? animaba a sus comunidades: ?mantengamos firme la confesi?n de la esperanza, pues fiel es el autor de la promesa? (Hch 10,23). Esta es la esperanza que llev? a san Pablo a no bajar los brazos y seguir luchando, esperando contra toda esperanza.

Cuando nos sentimos solos, la enfermedad toca a nuestra puesta o nos preocupa el futuro, la esperanza es la luz que nos permite ver m?s all? de esas vicisitudes. Quien pone su esperanza en Jesucristo no ser? defraudado, porque ?l es fiel a su promesa. Si vamos a su lado no debemos temer, pues el que va con ?l jam?s caminar? en tinieblas. Si nuestra esperanza se fundamenta en las promesas de Cristo, entonces esa luz al final del t?nel es la salida.


Publicado por mario.web @ 1:20
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