Jueves, 12 de mayo de 2011
Publicamos la conferencia que pronunci? el arzobispo Claudio Maria Celli, presidente del Pontificio Consejo de las Comunicaciones Sociales en la Universidad Pontificia de Salamanca, el 22 de mayo de 2009
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Qu? espera la Iglesia de las Facultades Cat?licas de Comunicaci?n
Qu? espera la Iglesia de las Facultades Cat?licas de Comunicaci?n
SALAMANCA, s?bado, 30 de mayo de 2009 (ZENIT.org).- .

El compromiso de la Iglesia en la promoci?n de Facultades universitarias de inspiraci?n cristiana responde a una exigencia nueva y antigua a la vez.. Exigencia antigua: la de formar las conciencias, para que la creatividad individual pueda empaparse del esp?ritu cristiano al contribuir a la creaci?n compartida en los laboratorios del saber y la cultura. Y a una exigencia nueva, a la que el Santo Padre Benedicto XVI llama "emergencia educativa", confirmada por los fracasos que no pocas veces afrontamos en los esfuerzos por formar personas integradas, capaces de colaborar con los dem?s y dar un sentido a la propia vida. (Cf. Benedicto XVI, Carta a la di?cesis y a la ciudad de Roma sobre la tarea urgente de la educaci?n, 21 enero 2008).

?Cu?les son las esperanzas que la Iglesia cat?lica deposita, considerando esta exigencia, en las Escuelas y Facultades de comunicaci?n? ?stas habr?an de ser, al igual que las dem?s Facultades de inspiraci?n cat?lica, sobre todo "lugares en los cuales encontrar a Dios vivo, que revela en Jesucristo la forma transformadora de su amor y de su verdad" (Benedicto XVI, Discurso a la "Catholic University of America", Washington, 17 abril 2008). Como sucede con todas las instituciones educativas marcadas por el esp?ritu cristiano, su identidad no es "simplemente una cuesti?n de n?mero de estudiantes cat?licos". Es una cuesti?n de convicci?n que no depende de las estad?sticas, y obviamente, tampoco puede ser medida por la "ortodoxia naturalmente contenida" (ibid.). Como todas las dem?s Escuelas o Facultades cat?licas, ?stas desean promover una lectura de la historia y de las sensibilidades contempor?neas que garantice un anuncio m?s eficaz de la propuesta cristiana y una articulaci?n cultural m?s cre?ble respecto a los valores que lleva consigo.

Pero esto no basta. Las Facultades cat?licas de comunicaci?n deben prestar una atenci?n particular al desarrollo vertiginoso de las comunicaciones mismas, que exige - con urgencia creciente- un esfuerzo de clarificaci?n sobre su propia identidad y misi?n. ?Qu? son hoy y hacia donde van las Facultades de comunicaci?n? ?En qu? sentido est?n llamadas a mantener su fisonom?a propia y respecto a las dem?s Facultades de inspiraci?n cristiana, y respecto al m?s amplio mundo universitario? ?C?mo definir los lineamientos de esta fisonom?a?


No es posible dar una respuesta exhaustiva a estas preguntas en una intervenci?n como esta.

Podemos, sin embargo, interrogarnos sobre las preguntas cruciales y los recursos concretos con que cuentan hoy nuestras Facultades- De ah? extraeremos algunas indicaciones estructurales y de m?todo, que esperamos puedan ser ?tiles a la reflexi?n com?n.

1. Desaf?os y recursos: restaurar un lenguaje simb?lico, volver a narrar
Para dise?ar un nuevo estilo y un nuevo orden de madurez cr?tica, es necesario tener una clara conciencia del contexto sociocultural de hoy, que experimenta -o m?s bien que hipotetiza- la ausencia de Dios.

Uno de los mayores desaf?os del mundo contempor?neo es una "des-verticalizaci?n" en la propuesta de sentido en las micro-culturas que pueblan el tablero planetario. Se desvanece la trascendencia entendida en sentido cristiano, a la vez que disminuye tambi?n el inter?s por las meta-narraciones y por la noci?n misma de verdad.

La "par?lisis" operativa que deriva de muchos relativismos contempor?neos produce una especie de "exilio de la realidad" y una hu?da del r?gimen normativo que la caracteriza. Nace de aqu? la fuerte tendencia des-regulatoria del mundo virtual.

A estos aspectos problem?ticos se corresponden sin embargo nuevas oportunidades: con la des-verticalizaci?n, surge parad?jicamente un continuo deseo de progreso en enlace con otros.

Es un ansia de (auto) superaci?n que dirige sus impulsos promet?icos ya no hacia cielos demasiado altos, sino hacia la finitud y la compasi?n respecto de lo finito. Es la fidelidad a lo limitado, al presente, verdadero polo de atracci?n postmoderna. A partir de aqu?, se llega a la desintegraci?n de las epistemolog?as y a un concepto l?quido de la verdad, que ya no es absoluta. En su lugar surge el cuidado por la "verdad" de lo finito, que debe buscarse en todos los rincones de lo existente, tambi?n y sobre todo en los rincones m?s obscuros y olvidados por las grandes narraciones metaf?sicas de la historia. Todo ello en una especie de movilidad trashumante, un concepto din?mico del "habitar" en medio de las cosas. El sentido de lo real se reinterpreta uniendo a ?l las din?micas de lo posible, lo virtual, lo imaginativo y lo on?rico.

El mundo contempor?neo est? siendo insistentemente bombardeado con el mensaje de que "la concepci?n religiosa de la realidad no forma parte de nuestra cultura", y por ello es m?s importante que nunca restaurar el sentido religioso simb?lico de objetos y eventos en la esfera p?blica, lo cual es una tarea nada c?moda, pero muy urgente.

Las Facultades eclesiales de comunicaci?n habr?an de dar una aportaci?n en este sentido. Mediante una intensa y sin?rgica colaboraci?n con las ciencias sociales -un v?nculo vital que no deber?a romperse nunca- habr?an de analizar, estimular y avivar la recuperaci?n del sentido religioso en el discurso social. Se requiere una nueva "creatividad cultural" ante la vivencia fragmentada en la que desaparece el sentido del grupo-comunidad (familiar y afectivo) y prevalece el de una individualidad ligada en diversas direcciones. Una experiencia en la que casi ya no existen comunidades homog?neas, sino segmentos sociales con connotaciones distintas (j?venes, ancianos, trabajadores, etc.). Ante esta dispersi?n crece el valor del "s?mbolo" que convoca y a?na las mentes y los corazones de las personas. As?, hemos de repensar nuestra capacidad de comunicar como "narradores" significativos y cualificados respecto al mundo contempor?neo, distra?do y con frecuencia indiferente. Es de vital importancia que las Facultades de comunicaci?n valoricen y ense?en esta capacidad narrativa, ayudando a las generaciones j?venes a redescubrir la gran capacidad de impacto sociocultural que tienen esas narraciones.

2. Vida acad?mica que armoniza fe y raz?n

El Papa Benedicto XVI est? llevando a cabo una tarea para la que solicita la colaboraci?n de las universidades cat?licas: la sinton?a y mutua ayuda entre fe y raz?n. La ciencia y la apertura a la trascendencia no son contradictorias. Puede y debe recurrirse la ciencia, en di?logo con una mediaci?n teol?gica que d? significado a la propia originalidad de la comunicaci?n - la que se alcanza con la luz de la fe y con una mirada a la tradici?n de la Iglesia, no desde fuera, sino desde dentro de esa misma esfera de inter?s en que el hombre de hoy se realiza y se auto-interpreta. La clave es la inculturaci?n..

Como expres? en su discurso en Ratisbona (12 de septiembre 2006): "Mientras nos regocijamos en las nuevas posibilidades abiertas a la humanidad, tambi?n podemos apreciar los peligros que emergen de estas posibilidades y tenemos que preguntarnos c?mo podemos superarlas. S?lo lo lograremos si la raz?n y la fe avanzan juntas de un modo nuevo, si superamos la limitaci?n impuesta por la raz?n misma a lo que es emp?ricamente verificable, y si una vez m?s generamos nuevos horizontes. En este sentido la teolog?a pertenece correctamente a la universidad y est? dentro del amplio di?logo de las ciencias, no s?lo como una disciplina hist?rica y ciencia humana, sino precisamente como teolog?a, como una profundizaci?n en la racionalidad de la fe"

Las Facultades cat?licas, y en especial las de comunicaci?n, deben dar testimonio de que nada de lo humano les es ajeno; que es necesaria una sana interdisciplinariedad, de modo que ejerzan un aut?ntico di?logo con los agentes de la actualidad contempor?nea. Volvamos a escuchar al Papa Benedicto XVI, esta vez en el ?ngelus del 28 de enero 2007: "Urge redescubrir de modo nuevo la racionalidad humana abierta a la luz del Logos divino y a su perfecta revelaci?n, que es Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre. Cuando es aut?ntica, la fe cristiana no mortifica la libertad y la raz?n humana; y entonces, ?por qu? la fe y la raz?n deben tener miedo una de la otra, si encontr?ndose y dialogando pueden expresarse perfectamente? La fe supone la raz?n y la perfecciona, y la raz?n, iluminada por la fe, encuentra la fuerza para elevarse al conocimiento de Dios y de las realidades espirituales. La raz?n humana no pierde nada abri?ndose a los contenidos de la fe; m?s a?n, esos contenidos requieren su adhesi?n libre y consciente."

Queda claro entonces que el fundamento de este esfuerzo no es ?nicamente estrat?gico, sino basado en la estructura misma de la fe y la revelaci?n. Nace de la Encarnaci?n y del car?cter "global" de la comunicaci?n de Dios al hombre. La vocaci?n de una comunidad de creyentes (tambi?n una comunidad acad?mica) es sobre todo la de contextualizar de modo "global" la propia identidad ejercitando sin miedo la propia funci?n prof?tica, justamente siguiendo el modelo divino.

A una revelaci?n global, corresponde una comunicaci?n global: he aqu? la ra?z teol?gica de una misi?n educativa seg?n el Evangelio. ?Qu? tipo de comunicaci?n pueden ofrecer las Facultades de comunicaci?n para ser fieles a esta visi?n trascendente?

3. El testimonio (martirio) de la coherencia

Una Facultad cat?lica de comunicaci?n habr? de vivir, evidentemente, una comunicaci?n caracterizada por una credibilidad y que sea relevante para nuestro tiempo. En este sentido, hace exactamente un a?o, el Congreso de Facultades en Roma urg?a a los educadores cristianos y a las instituciones a dar un testimonio de coherencia entre la palabra y la acci?n, entre lo que se proclama y lo que se vive.

No existe testimonio sin una referencia a la verdad del ser y del hacer. Y este testimonio emerge del amor, de la caridad hacia las personas concretas de hoy. Cierto, la empat?a hacia la cultura actual no deber? confundirse con una disoluci?n del mensaje en favor de su presentaci?n o de una mayor "digeribilidad". Como bien solicita el Papa, "es evidente que en el centro de cualquier reflexi?n seria sobre la finalidad de la comunicaci?n humana deber? haber un compromiso serio con el tema de la verdad. Un comunicador puede intentar informar, educar, entretener, convencer, confortar, pero el valor ?ltimo de cualquier comunicaci?n reside en su veracidad" (Benedicto XVI, Discurso a los participantes en el Congreso del PCCS, 23 mayo 2008). De aqu? la exigencia de "alimentar y recompensar la pasi?n por la verdad y la bondad", sobre todo en referencia a las nuevas generaciones. Respecto a ellas las palabras del Papa se hacen a?n m?s vibrantes: "?Ayudadlos a dedicarse plenamente a la pasi?n por la verdad! A la vez, ense?adles que esa pasi?n por la verdad, aunque puede servirse de un cierto escepticismo metodol?gico, en particular sobre cuestiones de inter?s p?blico, no debe ser distorsionada y convertirse en cinismo relativista en que todas las instancias de verdad y de belleza son sistem?ticamente rechazadas o ignoradas." (Ibid.).

Las Facultades han de ser espacios donde la comunicaci?n sea fluida, respetuosa, abierta, dialogante. En un clima de libertad responsable, los alumnos recibir?n casi por "?smosis" las claves que les permitir?n ser comunicadores eficaces y constructores de sociedades pac?ficas y participativas. Esta es una alta exigencia, quiz? haya quien la considere una utop?a, pero la tensi?n constante hacia la coherencia entre palabras y obras no puede m?s que ser factor de excelencia en la Instituci?n.

Visto de otra forma, ello ser?a un modo de formar para la opini?n p?blica en la Iglesia (cf. Communio et progressio, n. 55). Participaci?n y verdad no est?n re?idas con respeto y caridad, con paciencia y comprensi?n. Hoy vivimos en una sociedad que ha llegado a ser "transparente".

Parece desdibujarse la frontera entre lo p?blico y lo privado. As?, los alumnos de nuestras Facultades deben aprender, vivi?ndolo, un estilo comunicativo que les permita moverse con "respeto, di?logo, amistad" (cf. Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Mundial de las Comunicaciones 2009), y con amor a la verdad, tambi?n en el contexto interno de la Iglesia.
Por otra parte, ha terminado definitivamente el tiempo de las comunicaciones unidireccionales e incapaces de valorar al receptor, consider?ndolo de marginal importancia. El ?xito de una comunicaci?n a la altura de nuestro tiempo presta una especial atenci?n a la "connaturalidad" comunicativa entre el emisor, el mensaje y sus posibles receptores que a la vez son emisores: justo seg?n el modelo, tambi?n aqu?, del Dios que se hizo carne para hablar a toda carne. Es decir: deber? ofrecerse como comunicaci?n "que escucha", proporcionada a las categor?as y registros expresivo-receptivos del interlocutor, capaz de comprender y hacerse comprender, de acoger y ser acogida. En funci?n de eso deber? ser capaz de aceptar lo finito como don y como tarea. Ense?ar? entonces a "habitar" en el mundo, a no huir de ?l, a releer las huellas de la presencia de Dios en los senderos del tiempo y de la historia, tambi?n en los m?s escondidos y olvidados. Se tratar?, en s?ntesis de una comunicaci?n capaz de encontrar en la humanidad la gram?tica de la revelaci?n divina, y justamente por esto, capaz de ponerse cada vez m?s en "religiosa escucha" de la "palabra", del propio ser hist?rico para comprender cualquier otra comunicaci?n y ponerse en continuidad y sinton?a con ella.

4. Una visi?n antropol?gica global

Es indispensable recordar que la comunicaci?n, entendida en clave cristiana, tiene la responsabilidad de asumir un enfoque definitiva y genuinamente a medida humana.

En este sentido, la propuesta acad?mica de una Facultad de Comunicaci?n cat?lica, adem?s de la excelencia en la formaci?n t?cnica y profesional, habr? de ofrecer a los alumnos unas s?lidas bases antropol?gicas, de modo que la ?tica emerja naturalmente de una visi?n del hombre en su integridad. La Iglesia es "experta en humanidad".

Puede y debe ofrecer a los alumnos elementos para comprender al ser humano en su plenitud como ser libre, inteligente y capaz de amar, social por naturaleza y abierto a la trascendencia. Comprenderse y comprender lo humano les har? entender las din?micas b?sicas de la comunicaci?n, y tambi?n afrontar en su momento las decisiones ?ticas propias de su profesi?n: afrontar las disyuntivas con responsabilidad social, estando atentos a las desigualdades que existen y pueden crecer con la brecha digital, profesionales capaces tener el bien de las personas y de las comunidades como objetivo y criterio de ejercicio en su vida personal.

Esta antropolog?a no teme el di?logo y la comprensi?n de las nuevas tecnolog?as y las propuestas de vida social que ellas suscitan. Por ejemplo, en esta era de la "nueva oralidad", reconocida y descrita por Walter Ong y McLuhan, surgen nuevos desaf?os comunicativos que exigen incluir, junto a los c?digos verbales y auditivos, los de la visualidad y la tactilidad.

Ello comporta, una vez m?s, asumir sin reservas una expresividad humana "global", no circunscrita s?lo a los canales modulados por la l?gica textual y la racionalidad del discurso. Es un "decir" al que se corresponde una escucha polisensorial, envolvente, y total. Es, en ?ltima instancia, un espacio de visibilidad de la palabra encarnada, comunicada al hombre desde la carne misma, la carne del cosmos, la carne de la historia, la carne de la temporalidad y las emociones, y que debe ser reincorporada en toda la riqueza de su espectro difusivo.

Es una vez m?s esta din?mica sint?nica con la encarnaci?n, en mi opini?n, la din?mica operativa m?s fecunda para una inscripci?n de la acci?n comunicativa espec?ficamente cristiana en los circuitos de uso medi?tico en la era global.

5. Hacia una espiritualiad (tambi?n "acad?mica") de la comunicaci?n

Dicho todo ello, es natural que sea justamente la antropolog?a la que garantice el paso de un culto de la t?cnica medi?tica a una madura espiritualidad de la comunicaci?n. Comprender y amar al ser humano ayuda a dar el lugar adecuado a la tecnolog?a que puede ?nicamente ampliar, acelerar y aligerar los procesos comunicativos, pero no sustituirlos. Para nosotros est? bastante claro: siempre que se usa la tecnolog?a para sustituir al hombre, se da?a al hombre, porque se le considera menos "aut?ntico" frente a s? mismo y m?s esclavo de sus propias pr?tesis virtuales.

Las Facultades cat?licas de comunicaci?n pueden impulsar la maduraci?n de un cierto "filo-humanismo tecnol?gico". Pueden hacerlo basando el enfoque cr?tico de los estudios en la v?vida apertura a una dimensi?n espiritualmente acogedora del don de Dios, tenazmente convencida de la inalienabilidad de los valores absolutos de la vida, de la justicia social, de la paz, de la solidaridad y la generosidad.

Educar entonces ser? el otro nombre de una disponibilidad a la Gracia que se hace anuncio, profec?a, misterio. Las comunicaciones - lo decimos con convicci?n - son parte integrante de ella.

No puedo concluir m?s que con una palabra de ?nimo y de esperanza.

Mi deseo y augurio es que se hagan todos los esfuerzos para mantener una actitud responsable y abierta hacia las novedades de un contexto socio cultural como el de hoy, a?n en parte inexplorado, lleno de oportunidades aunque tambi?n de ambig?edades. Ello significar? para las Facultades cat?licas de comunicaci?n la urgencia de inculturaci?n y adaptaci?n, a la vez que una llamada a la revisi?n cr?tica y cotidiana de la propia originalidad y especificidad.

Significar? una conversi?n diaria y un esfuerzo permanente de discernimiento. Que nadie se descorazone ante el camino que queda por recorrer, ni se encierre nunca en una pretendida comprensi?n exhaustiva de una realidad que a?n est? en proceso de creaci?n.

Que para todos, educadores y educandos del gran mundo universitario, resuene la invitaci?n program?tica del Papa Juan Pablo II: "Comunicad el mensaje de esperanza, de gracia y de amor de Cristo, manteniendo siempre viva, en este mundo que pasa, el horizonte eterno del Cielo, horizonte que ning?n medio de comunicaci?n podr? alcanzar nunca directamente" (Carta apost?lica El r?pido desarrollo, 24 enero 2005, n. 14).

Publicado por mario.web @ 1:48
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