Jueves, 12 de mayo de 2011
Con cierta frecuencia etiquetamos a los dem?s. Este es espa?ol, por lo tanto es as? o as?. Aquel es zapatero, entonces...
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Con cierta frecuencia etiquetamos a los dem?s. Este es espa?ol, por lo tanto es as? o as?. Aquel es zapatero, entonces... El otro es un mentiroso (sin m?s comentarios). El de m?s all? pertenece a tal grupo pol?tico o a tal equipo de f?tbol, luego... Distinguimos en seguida si estamos ante un joven o un anciano, un hombre o una mujer, un ciudadano honesto o un extra?o que amenaza mil peligros...


Hay etiquetas inofensivas, mientras que otras est?n unidas a un sentido de desprecio. Decir que un adulto es ?infantil? puede significar que es alegre como un ni?o, o que es inmaduro y de poco car?cter. Decir que una persona es ?racista?, casi siempre implica sentir hacia ella un cierto desprecio (aunque quiz? la persona etiquetada no tenga nada de racismo entre sus ideas).

Desde luego, si alguien se acerca con una navaja contra nosotros, podemos ponerle una etiqueta de ?persona peligrosa? y tomar las debidas precauciones. Pero en otros casos, las apariencias o etiquetas, la fama merecida o la fama inventada por quien se dedica a llenar de fango a los dem?s, no deber?an ser motivo suficiente para levantar la nariz y mirar hacia otro lado.

En el mundo de la Iglesia tambi?n se da el fen?meno de las etiquetas. Dos cat?licos que no se conocen se saludan despu?s de un encuentro en los salones parroquiales. Todo son se?ales de cordialidad y de inter?s por el otro. De repente, una pregunta: ?Ud. pertenece a tal grupo? El otro dice que s?. Un hielo extra?o cierra toda la conversaci?n. La despedida apresurada parece dar a entender que el otro debe ser casi, casi, un enemigo por el ?delito? de pertenecer a este o a aquel grupo cat?lico...

Ser?a bueno, de vez en cuando, quitarnos las gafas de las etiquetas para empezar a ver cosas y valores que no aparecen a primera vista. Quien recibe la etiqueta de ?anciano? encierra experiencias de una riqueza insospechada. Aquel ?joven? no es tan inexperto como su edad podr?a dar a entender. El se?or que siempre va ?malvestido? no es un borracho, sino una persona que no puede cuidarse a s? mismo porque dedica todo su tiempo a atender a su madre con Alzheimer...

Despu?s de quitarnos gafas etiquetadoras, deber?amos ponernos unas gafas nuevas, con las cuales fu?semos capaces de ver a los otros con los ojos de Dios. ?C?mo trataba Cristo a los publicanos y a los pecadores? ?C?mo les miraba, c?mo les hablaba, c?mo les buscaba, c?mo se dejaba tocar por ellos, a pesar de que algunos se asustaban al verle comer con los ?pecadores? y las ?prostitutas??

As? deber?amos ver a los dem?s. Al se?or borracho y a la se?ora que, seg?n dicen (a veces es mentira) acaba de abortar. Al sacerdote que parece preocuparse demasiado del dinero de las ofrendas, y al monaguillo que toda la misa ha estado jugando con su compa?ero. A la chica que siempre lleva unos pantalones muy ajustados, y al joven que tiene dos pendientes en cada oreja...

El mundo est? demasiado lleno de personas etiquetadas, de personas a las que los dem?s se?alan como si fuesen apestados o peligrosos pecadores. Frente a tanta etiqueta, los cristianos podemos responder con el Evangelio, y tratar a todos, tambi?n al ?enemigo? (al que lo sea de verdad, al que lo aparenta sin haberlo sido nunca) con el mismo amor con el que el Padre nos ha perdonado, nos ha acogido, nos ha amado, nos ha reconocido como a hijos.

De modo especial, hemos de tratar as? a todos los hermanos en la fe. No importa si ?ste pertenece a una u otra espiritualidad, a un movimiento, a un camino o a alguna realidad de entre las muchas que el Esp?ritu Santo ha suscitado en nuestra Iglesia. Es hermoso ver que cuando dos cat?licos se encuentran vibran y se sientan profundamente como lo que son: hermanos en la fe, hijos en el Hijo, por encima de lo poco (es siempre muy poco) que los pueda distinguir.

No siempre es f?cil, pero alg?n d?a habr? que comenzar. Y, si alguien comienza, veremos c?mo la levadura cristiana act?a y cambia un mundo demasiado lleno de desconfianzas y etiquetas...



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Publicado por mario.web @ 2:25
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