Jueves, 12 de mayo de 2011
Conocer la forma que el Magisterio de la Iglesia ha ido desarrollando y perfilando el t?rmino y el concepto encerrado en las palabras direcci?n espiritual
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Lineamientos de la direcci?n espiritual en el Magisterio de la Iglesia despu?s del concilio.
Lineamientos de la direcci?n espiritual en el Magisterio de la Iglesia despu?s del concilio.
Objetivo del estudio
Las palabras, como signos, representan limitadamente el pensamiento del hombre. Sin embargo logran presentar, significar y calificar la realidad. Son las palabras instrumentos del pensamiento para definir la realidad. Y gracias a la riqueza que las palabras poseen, podemos abrirnos y enriquecernos con la realidad. Sucede entonces que podemos expresar con distintas palabras una misma realidad, un mismo concepto.

?ste ha sido quiz?s lo sucedido con el t?rmino direcci?n espiritual. Durante mucho tiempo ha sido parte del patrimonio espiritual de la Iglesia: desde los monasterios cenob?ticos de San Pacomio se consigna esta realidad como instrumento de progreso espiritual. El concepto existe, son las palabras que de alguna manera ayudan a expresar mejor su significado. Y como dicen Mondin: ?La lengua se convierte en la semilla de todo aquello que tiene que ver con el desarrollo cultural de un pueblo: de determinados signos ling??sticos se vale el lenguaje ordinario, el filos?fico, el po?tico, el cient?fico, el religioso, etc. En la lengua se encuentra pr?cticamente encerrada toda la vida de un pueblo y ella es el s?mbolo principal y fundamental, as? como el instrumento primario de toda cultura? . Las palabras son de alguna manera hijas de la realidad y no pueden dejar de representar la cultura en la cual se hayan inscritas.

Ser? interesante enfocar nuestro estudio en conocer la forma que el Magisterio de la Iglesia ha ido desarrollando y perfilando el t?rmino y el concepto encerrado en las palabras direcci?n espiritual. De alguna manera podremos descubrir la influencia que el medio ha ejercido sobre este t?rmino. Influencia nada despreciable si pensamos cu?n refractaria es nuestra cultura a todo lo que signifique coartar la libertad individual. Veremos por tanto, porque el Magisterio ha escogido cuidadosamente sus palabras cuando ha querido expresar esta realidad en los tiempos actuales.

Utilizaremos para nuestro estudio aquellos documentos m?s representativos, no interpret?ndolos, sino descubriendo la riqueza de su significado en s? mismos y encuadr?ndolos en el desarrollo hist?rico del propio Magisterio en el per?odo de la renovaci?n post-conciliar. Por otra parte, son tantos los autores que han hablado sobre la direcci?n espiritual que conviene de vez en cuando ir a los or?genes y saber cu?l es el pensamiento de la Iglesia. Bienvenidos los que a trav?s de su investigaci?n profundizan este concepto en coincidencia con el Magisterio, pero conviene descubrir la riqueza que el Magisterio aporta por s? mismo. ?ste ser? tambi?n uno de nuestros objetivos.

Vasta es la exposici?n que hace el Magisterio de este concepto, por lo que debemos seguir algunos criterios para el estudio y la profundizaci?n. En primer lugar fundamentaremos nuestra postura del porqu? hemos elegido centrarnos ?nicamente en el Magisterio de la Iglesia, sin recurrir a otras fuentes bibliogr?ficas, como podr?an ser los autores cl?sicos o post-modernos que han abordado ampliamente este tema. Daremos una visi?n general al uso que el Magisterio ha hecho del t?rmino direcci?n espiritual, para luego profundizar en el desarrollo sem?ntico y conceptual del t?rmino. Finalizaremos el estudio analizando qui?nes deben ser los que imparten la direcci?n espiritual, de acuerdo a las indicaciones dadas en estos 40 a?os de Magisterio.


?Por qu? hablar del Magisterio?
Es ?sta una pregunta espont?nea que nos viene a nuestra mente al pensar en la innumerable bibliograf?a que se ha producido en los ?ltimos a?os, a ra?z del desarrollo que ha tenido el concepto direcci?n espiritual. Todos estos autores han tenido un af?n sincero por explicitar un concepto que lleg? al Concilio en plena crisis. Hacia los a?os sesentas, y como producto de una contestaci?n que buscaba cuestionar todo sin construir nada, o por lo menos, sin tener claro los ideales a los que quer?a llegar, la direcci?n espiritual se presentaba como un medio del pasado que de alguna manera deb?a de ser superado para lograr la mejor realizaci?n el hombre. Recordemos que son a?os en los que, como reacci?n a un autoritarismo o a un mal entendido concepto de autoridad, todo aquello que ten?a sabor de autoridad o imposici?n, significaba coartar la libertad personal, que se ve?a (y a?n se sigue viendo) como un valor supremo .

Muchos de estos autores, sinceros y devotos hijos de la Iglesia, han pretendido iluminar con las ciencias teol?gicas, filos?ficas y humanas el concepto de direcci?n espiritual. Sin menospreciar la contribuci?n decidida que muchos de ellos han dado a este medio espiritual, queremos nosotros ponernos en contacto con el Magisterio, ya que ?ste, junto con la Palabra y la Tradici?n, representa uno de los pilares de nuestra fe. No podemos olvidar en este contexto las palabras del Cardenal Ratzinger en la misa del inicio del C?nclave de 2005: ?Tener una fe clara, seg?n el Credo de la Iglesia, es etiquetado con frecuencia como fundamentalismo. Mientras que el relativismo, es decir, el dejarse llevar ?zarandear por cualquier viento de doctrina?, parece ser la ?nica actitud que est? de moda. Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que s?lo deja como ?ltima medida el propio yo y sus ganas.? Creer en Jesucristo es creer en la fe de la Iglesia y el Magisterio se hace no s?lo un fiel transmisor de esta fe, sino un autorizado int?rprete de esta fe, gracias a la acci?n del Esp?ritu Santo que ilumina continuamente el coraz?n de los que ha destinado como maestros de esta fe. ?Las l?neas maestras que han inspirado la reflexi?n y los documentos conciliares entran como componentes constitutivos de la vida de la Iglesia, y consecuentemente de la espiritualidad contempor?nea, llegando a ser fuerza de renovaci?n para las formas tradicionales y principio inspirador de nuevas formas que corresponder?n a las nuevas situaciones socio-eclesiales.?

Se presenta por tanto el Magisterio como un medio propicio para reflexionar no s?lo en aquello que se refiere a las ense?anzas de la doctrina cat?lica, sino como un instrumento privilegiado para comprender el desarrollo socio-cultural de nuestra sociedad. El Concilio Vaticano II fue un esfuerzo de toda la Iglesia por hacer una reflexi?n sobre su propia realidad, una comprensi?n mayor de este misterio de salvaci?n para un hombre que cambiaba a pasos agigantados con el paso del tiempo. Este esfuerzo por entenderse a s? misma y entender al hombre ha sido siempre el desarrollo que ha tenido la Iglesia de forma que pueda ser fiel a las ense?anzas y a la labor de evangelizaci?n que desde siempre su fundador ?Cristo-, ha querido de ella. Y como producto de esta labor la Iglesia reflexiona sobre el hombre, sobre sus realidades temporales y refleja dichas reflexiones en su Magisterio. No es por tanto el Magisterio una serie de declaraciones salidas fuera de la ?rbita humana, sino que surgen del profundo tesoro de la doctrina, de la Palabra y de la Tradici?n, y son adaptadas precisamente a la realidad de los hombres. Por ello, el Magisterio refleja con profundidad la situaci?n corriente y actual de la humanidad en sus diversas vertientes .

Este Magisterio es el que ahora nos dar? luz para comprender el concepto de la direcci?n espiritual. Ella misma se daba cuenta de la crisis profunda en la que se hab?a embarcado este medio espiritual y de alguna manera quiere sacarlo a flote, no para resucitar in?tilmente a un muerto, sino que, consciente del valor que la direcci?n espiritual puede aportar a la vida espiritual de los fieles, afinar? los puntos principales, se apoyar? en los aportes v?lidos de las ciencias humanas y promover? su adecuada utilizaci?n.


Visi?n general de la direcci?n espiritual.

a. En los documentos conciliares.

El t?rmino direcci?n espiritual en los textos conciliares aparece s?lo tres veces y es citado ?nicamente para la formaci?n de los sacerdotes: Optatam totius y Decreto Presbyterorum ordinis. Sin embargo, indirectamente se habla de la direcci?n espiritual dos veces m?s: en Gravissinus educationis y Pefectae caritatis.

Resulta por dem?s evidente que estas citas comprenden de alguna manera el mundo que en ese entonces la Iglesia estaba descubriendo, por utilizar un t?rmino audaz, pero que refleja la realidad del Concilio y a la cual, 40 a?os despu?s ya estamos acostumbrados. Se valora y se considera como un campo importante de la Iglesia el mundo de los laicos y se comienza a reflexionar en el sentido de la vida consagrada.

En lo referente a los sacerdotes los documentos antes mencionados hacen alusi?n a la direcci?n espiritual como un medio para la debida formaci?n de los candidatos al sacerdocio y para la perseverancia de los mismos. ?Para lograr este fin (para que se preparen convenientemente) es muy importante la diligente y prudente direcci?n espiritual (...) Para cumplir con fidelidad su ministerio, gusten cordialmente el coloquio divino con Cristo Se?or en la visita y en el culto personal de la Sagrada Eucarist?a; practiquen gustosos el retiro espiritual y aprecien mucho la direcci?n espiritual.?

Los textos dan a entender que ya se practicaba este medio, pues no lo explicitan. Lo dan por un hecho, pero refuerzan y recomiendan su uso, prueba quiz?s del per?odo de crisis en el que se encontraba la direcci?n espiritual. Las ciencias humanas comenzaban ya a aportar algunos descubrimientos a este medio, pero algunos, llev?ndolos al extremo, los habr?an propuesto incluso como sustituto de la direcci?n espiritual. En 1980, cuando la crisis de la direcci?n espiritual alcanza uno de los momentos culminantes, el Magisterio har? una distinci?n clara entre direcci?n espiritual y otros medios de corte humano o psicol?gico: ?Tambi?n la direcci?n espiritual en sentido estricto merece recobrar su propia funci?n en el desarrollo espiritual y contemplativo de las personas. De hecho, nunca podr? ser sustituida por inventos ps?quico-pedag?gicos.? Pero no adelantemos a los hechos. B?stenos mencionar que en este momento el Magisterio de la Iglesia refuerza la direcci?n espiritual para los sacerdotes como un medio de formaci?n y de perseverancia.

Otro texto de importancia es el que se refiere a la direcci?n espiritual en los Seminarios Menores : ?En los Seminarios Menores, erigidos para cultivar los g?rmenes de la vocaci?n, los alumnos se han de preparar por una formaci?n religiosa peculiar, sobre todo por una direcci?n espiritual conveniente, para seguir a Cristo Redentor con generosidad de alma y pureza de coraz?n.? Resultan significativas las palabras sobre todo referidas a la direcci?n espiritual, catalogada por este documento como un medio de formaci?n religiosa. Recalca la necesidad de este medio para alcanzar una buena formaci?n en el seguimiento de Cristo. No se menciona para nada la opci?n de este medio. Si bien el Vaticano II cuid? mucho el lenguaje para dar a entender el respeto por la dignidad de las personas, utiliza en este caso un lenguaje mandatario ?se han de preparar?, consciente de estar recomendando una tradici?n de ?ptimos resultados que no debe ser cambiada, modificada o abandonada por las adaptaciones que deb?an hacerse en la formaci?n de los seminaristas, para adecuarse a los nuevos tiempos. Es iluminativo este pasaje porque nos hace ver c?mo la Iglesia, poseedora de una sabidur?a bi-milenaria sabe discernir entre lo esencial y lo accesorio. Hay que recordar que el Concilio no ven?a a cambiar nada, sino a adaptar la esencia a las situaciones cambiantes del mundo. Posiblemente hab?a que adaptar algunas cosas en la direcci?n espiritual, pero queda claro que deb?a mantenerse como parte de una formaci?n religiosa peculiar... para seguir a Cristo Redentor con generosidad de alma y pureza de coraz?n.

En lo que se refiere a la vida consagrada, las cosas se complican un poco m?s. En el decreto Perfectae caritatis que habla sobre la adecuada renovaci?n de la vida religiosa, no menciona expl?citamente la palabra direcci?n espiritual. Se contenta con el t?rmino direcci?n de conciencia: ?Gobiernen a sus s?bditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana. Por lo mismo, especialmente, d?jenles la debida libertad por lo que se refiere al sacramento de la penitencia y a la direcci?n de conciencia.?

Dos son, a mi modo de ver, las aportaciones de este n?mero a la direcci?n espiritual en las personas consagradas. El primero y m?s evidente lo es sin duda la diferencia expl?cita que hace del sacramento de la penitencia y de la direcci?n espiritual o direcci?n de conciencia. Netamente establece que se trata de dos cosas diversas, pues no admite al part?cula inclusiva ?o?, sino que utiliza la part?cula exclusiva ?y?. Hace por tanto referencia a dos realidades diferentes y que se conceb?an como distintas en aquel entonces. Por un lado esta el sacramento de la confesi?n y por otro el medio espiritual de la direcci?n de conciencia. Esta diferencia ayudar? en un futuro a establecer claramente el campo de cada una de ellas. Diremos aqu? brevemente que la materia de la penitencia ser? siempre los pecados, mientras que la materia de la direcci?n de conciencia ser? el progreso espiritual del alma.

La segunda aportaci?n que hace es la de sugerir a las personas consagradas la necesidad de frecuentar la direcci?n de conciencia. El decreto pide a los superiores (y superioras, ya que en ese entonces no se hac?a una distinci?n entre masculino y femenino y el t?rmino masculino inclu?a tambi?n al femenino) que vigilaran para que sus s?bditos acudieran a la direcci?n de conciencia. Si bien encarece a los superiores que dejen en la debida libertad a los s?bditos para acudir a este medio espiritual, no niega este medio. Si el superior debe cuidar que los s?bditos acudan a la direcci?n de conciencia, significa que deben hacer uso de este medio con una relativa frecuencia. La libertad no es para que tengan o no tengan direcci?n de conciencia, sino para que elijan la persona a la cual deben acudir. La libertad en la direcci?n de conciencia entra en el campo de gobierno: ?Gobiernen a sus s?bditos...? y una materia de este gobierno es la direcci?n de conciencia. La frecuencia ser? establecida en com?n acuerdo entre el s?bdito y el superior, con respeto a la persona. Pero no se puede sacar como colof?n, como algunos quisieron hacerlo ver, la libertad para tener o no tener direcci?n de conciencia. Se debe tener, as? lo establece el decreto conciliar. Lo que cae dentro del campo de la libertad es la frecuencia y la persona con la que se debe tener esta direcci?n de conciencia.

Esta aclaraci?n nos lleva a analizar otra aportaci?n de este n?mero. Este t?rmino de direcci?n de conciencia era el que m?s se usaba en el ?mbito de la vida religiosa de aquel entonces y el documento no hace m?s que recoger la praxis de aquel momento con el fin de no caer en confusiones o errores de mala interpretaci?n. Recalca de esta manera una costumbre que ya se ven?a dando desde 1890 y que hab?a creado no poca confusi?n en la vida religiosa, por el abuso que algunas autoridades religiosas hab?an hecho de ella. Se trataba de la as? llamada manifestaci?n de conciencia. Veamos lo que dec?a este documento. ?Sua santit? annulla (...) qualunque disposizione (...) che rigaurda, in qualsiasi modo e denominazione, l?intima manifestazione di coscienza.?

Se trata por tanto de una disposici?n que viene a suprimir un abuso que se daba entonces y que hab?a causado algunos serios problemas en la vida religiosa. Los superiores pod?an exigir a los s?bditos la as? llamada manifestaci?n de conciencia. Conviene aqu? explicitar lo que debe y puede entenderse por manifestaci?n de conciencia. ?La conciencia es el n?cleo m?s secreto y el sagrario del hombre, en el que est? solo con Dios, cuya voz resuena en lo m?s ?ntimo de ella? (Gaudium et spes, 16). Y lo que sucede en la conciencia siempre ser? dentro de lo que se llama fuero interno . Decimos por tanto que todo lo que sucede entre el hombre y Dios es materia del fuero interno y tiene lugar en su conciencia. La religiosa puede cumplir externamente una serie de normas, pero en su interior, en su conciencia, en su relaci?n ?ntimamente con Dios puede estar cumpliendo dichas normas sin amor, por af?n de aparecer, de ser reconocida, o para ganar alg?n favor. Todo lo que sucede en su conciencia es materia del fuero interno y cuando lo comunica, bien sea en el sacramento de la confesi?n o en la direcci?n espiritual, se habla de manifestaci?n de la conciencia que queda reservada al fuero interno. La disposici?n del Decreto Quemadmodum ven?a a corregir ciertas desviaciones y abusos que se hab?an dado en algunas Congregaciones religiosas cuando los superiores exig?an esa manifestaci?n de conciencia.

Sin embargo la praxis ha provocado otra exageraci?n no menos grave y muchos religiosos y religiosas han visto en esta disposici?n una prohibici?n tajante para que el superior o la superiora pueda atender espiritualmente a sus s?bditos. Hacen, a nuestro parecer una extrapolaci?n inadecuada de los t?rminos, ya que, si bien el superior no puede exigir esta manifestaci?n de conciencia, sin embargo el s?bdito, si espont?nea y libremente lo pide, puede acudir al superior para manifestar esta conciencia . Esta extrapolaci?n ha causado que la direcci?n espiritual en el mundo religioso, especialmente el femenino, haya salido del ?mbito interno de la Congregaci?n y haya ido a parar en personas que muchas veces no conocen nada de la vida consagrada, y no digamos del carisma de la Congregaci?n. Sin embargo, el mismo documento antes citado explicita a rengl?n seguido la facultad que el s?bdito tiene de recurrir al superior para la manifestaci?n de dicha conciencia: ?Questo per? non impedisce che i sottoposti non possano parir? il loro animo spontaneamente e liberamente ai superiori, per ottenere dalla loro prudenza consiglio e direzioni dei dubbi e nelle ansie al fine di acquistare virt? e progredire nella perfezione.? El religioso o la religiosa podr? acudir libremente a su superior para esta ?manifestaci?n de conciencia?, sin incurrir en ninguna falta o pena contra lo establecido por la Iglesia. Esta misma disposici?n y posibilidad ser? recogida por el Magisterio de la Iglesia, declarando que los superiores son ante todos maestros espirituales de sus s?bditos: ?Los Superiores religiosos tienen la misi?n y autoridad del maestro de esp?ritu con relaci?n al contenido evang?lico del propio Instituto; dentro de ese ?mbito, pues, deben ejercitar una verdadera direcci?n espiritual de toda la Congregaci?n y de las comunidades de la misma; lo cual procurar?n llevar a la pr?ctica en armon?a sincera con el magisterio aut?ntico de la Jerarqu?a, conscientes de realizar un mandato de grave responsabilidad dentro del ?mbito del ?rea evang?lica se?alada por el Fundador.?

Se han conjuntado por tanto dos errores de interpretaci?n que han visto dejada aparte la direcci?n espiritual en la vida consagrada del post-concilio. Por una lado la mala interpretaci?n de lo que es y a quien se debe manifestar la conciencia y por otro la mala interpretaci?n de la libertad para acudir o no a la direcci?n espiritual.

Por ?ltimo los documentos conciliares hacen referencia a la direcci?n espiritual para los seglares. Nos referimos expl?citamente al decreto Gravissimus educationis: ?Puesto que la suerte de la sociedad y de la misma Iglesia est? ?ntimamente unida con el progreso de los j?venes dedicados a los estudios superiores, los pastores de la Iglesia no s?lo han de tener sumo cuidado de la vida espiritual de los alumnos que frecuentan las universidades cat?licas, sino que, sol?citos de la formaci?n espiritual de todos sus hijos, consultando oportunamente con otros obispos, procuren que tambi?n en las universidades no cat?licas existan residencias y centros universitarios cat?licos, en que sacerdotes, religiosos y seglares, bien preparados y convenientemente elegidos, presten una ayuda permanente espiritual e intelectual a la juventud universitaria.?

Una ayuda permanente espiritual parece ser la preocupaci?n de este n?mero, dedicada especialmente a los j?venes universitarios o que frecuentan los estudios superiores. Habla de una ayuda espiritual y no solamente de una formaci?n espiritual. Podemos deducir sin temor a hacer extrapolaciones falsas, que un medio de formaci?n espiritual bien pudiera referirse a la direcci?n espiritual. No hay que olvidar que el Vaticano II no es un Concilio dogm?tico y por lo tanto el lenguaje versaba m?s sobre el car?cter pastoral. Se dan por tanto lineamientos generales que deb?an despu?s ser acogidos y puestos en pr?ctica por los pastores en cada di?cesis. El n?mero hace referencia a los obispos y son ellos los que, al velar por la formaci?n espiritual de los universitarios tendr?an que definir los medios adecuados para ello. Bien podemos suponer que uno de esos medios ser?a la direcci?n espiritual, pues al observar la realidad post-conciliar del mundo universitario se contemplan muchos j?venes que son seguidos por sacerdotes a trav?s de este medio. Hacemos esta constataci?n asoci?ndola a un caso m?s bien triste, pues muchos de estos j?venes fueron invitados a seguir caminos diferentes a la direcci?n espiritual.


b. En los documentos post-conciliares.

Del per?odo transcurrido de 1965 hasta nuestros d?as bien podr?a decirse que marca el momento de la acogida y puesta en marcha del Concilio. Sabemos muy bien que se dieron esfuerzos notables y muy fructuosos por llevar a la pr?ctica todo lo que el Concilio ped?a. Sabemos tambi?n que se tuvieron luces y sombras en este esfuerzo. No profundizaremos en un an?lisis fr?o. Ser?n los mismos documentos del Magisterio los que ir?n trazando este derrotero, pues ellos mismos actuar?n como testigos privilegiados de lo acaecido, y en el caso que nos ata?e, nos dir?n qu? fue lo que ocurri? con la direcci?n espiritual.

En una primera visi?n, podr?amos decir panor?mica y sint?tica, observamos un documento clave, que marca el parte aguas de la direcci?n espiritual en el per?odo del post-concilio. Se trata de la Reconciliatio et Paenitentia del 2 de diciembre de 1984, ya citado anteriormente en este estudio. Ah?, Juan Pablo II se?ala las desviaciones que estaba teniendo la direcci?n espiritual, originada por una p?rdida del concepto de pecado. ?Incluso en el terreno del pensamiento y de la vida eclesial algunas tendencias favorecen inevitablemente la decadencia del sentido del pecado. Algunos, por ejemplo, tienden a sustituir actitudes exageradas del pasado con otras exageraciones; pasan de ver pecado en todo, a no verlo en ninguna parte; de acentuar demasiado el temor de las penas eternas, a predicar un amor de Dios que excluir?a toda pena merecida por el pecado; de la severidad en el esfuerzo por corregir las conciencia err?neas, aun supuesto respeto de la conciencia, que suprime el deber de decir la verdad. Y ?por qu? no a?adir que la confusi?n, creada en la conciencia de numerosos fieles por la divergencia de opiniones y ense?anzas en la teolog?a, en la predicaci?n, en la catequesis, en la direcci?n espiritual, sobre cuestiones graves y delicadas de la moral cristiana, termina por hacer disminuir, hasta casi borrarlo, el verdadero sentido del pecado?? Aqu? el Papa da a conocer las desviaciones que se estaban dando en la direcci?n espiritual. Quiero se?alar sobre todo las referidas al supuesto respeto que debe darse por la conciencia del otro que orillar? a una deformaci?n de la direcci?n espiritual convirti?ndola en un mero ejercicio de consultor?a psicol?gica, o lo m?s, en una confrontaci?n personal en donde el director espiritual pierde su car?cter directivo para diluirse en un mero consultor, en una opini?n m?s, entre otras muchas.

Antes de esta se?alaci?n el Magisterio de hab?a limitado a intervenir en tres ocasiones y siempre con el fin de definir mejor lo que deber?a ser la direcci?n espiritual.

1. En ?Nuovi orientamenti della S. Congregazione dei religiosi sull?aggiornamento del postulato e del noviziato all?Unione internazionale dell Superiore generali? (7.3.1967), leemos: ?I cann. 539 e 450 stabiliscono che negli istituti femminili, prima del noviziato, sei mesi o un anno al massimo, devono essere consacrati a un <>, sia nel noviziato, sia in un?altra casa di vita religiosa, sotto la direzione spirituale di una maestra.? En esta explicaci?n a dicho c?nones establece que el per?odo as? llamado postulandato se realice bajo la direcci?n espiritual de una maestra. La explicaci?n no baja m?s all? y debemos cuestionarnos sobre el significado de esta direcci?n espiritual. Se refiere a la direcci?n de un periodo formativo en donde la postulante o candidata al noviciado debe prepararse para ingresar al noviciado con una cierta madurez humana y espiritual. Esta preparaci?n podemos calificarla como una preparaci?n integral pues tendr? que ver con todos los aspectos de la persona. Pero no podemos dejar de resaltar la importancia de la preparaci?n espiritual, recordando las directrices que hab?a dado la Perfectae caritatis: ?Los que profesan los consejos evang?licos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos am? a nosotros primero, y procuren con af?n fomentar en todas las ocasiones la vida escondida con Cristo en Dios, de donde brota y cobra vigor el amor del pr?jimo en orden a la salvaci?n del mundo y a la edificaci?n de la Iglesia. Aun la misma pr?ctica de los consejos evang?licos est? animada y regulada por esta caridad.? Esta direcci?n espiritual del postulantado, sugerida por el documento de 1967 puede llevarse de muy diversos modos, siendo que el coloquio personal, la as? llamada direcci?n espiritual, ser? un modo privilegiado de llevarlo a cabo. No puede concebirse una direcci?n espiritual en una etapa formativa, sin la formaci?n personalizada y el apoyo constante, maduro, serio y respetuoso de la persona a trav?s de un contacto directo y a nivel espiritual con la formadora. Establece claramente la posibilidad de que la direcci?n espiritual sea impartida por una religiosa, contrariamente a la costumbre que comenzaba a circular de que s?lo los sacerdotes pod?an impartir la direcci?n espiritual.

2. En Mutuae relationes se habla de una direcci?n espiritual de todo el Instituto. ?Los Superiores religiosos tienen la misi?n y autoridad del maestro de esp?ritu con relaci?n al contenido evang?lico del propio Instituto; dentro de ese ?mbito, pues, deben ejercitar una verdadera direcci?n espiritual de toda la Congregaci?n y de las comunidades de la misma; lo cual procurar?n llevar a la pr?ctica en armon?a sincera con el magisterio aut?ntico de la Jerarqu?a, conscientes de realizar un mandato de grave responsabilidad dentro del ?mbito del ?rea evang?lica se?alada por el Fundador.? Nuevamente podemos ir al Decreto Perfectae caritatis para explicar esta referencia que se hace de la direcci?n espiritual de una Congregaci?n. Dentro de los lineamientos de la renovaci?n, la Perfectae caritatis da a conocer los criterios que deben guiar la renovaci?n en lo que se refiere al gobierno de las Congregaciones religiosas e institutos seculares: ?Mas los Superiores, que habr?n de dar cuenta a Dios de las almas a ellos encomendadas, d?ciles a la voluntad divina en el desempe?o de su cargo, ejerzan su autoridad en esp?ritu de servicio para con sus hermanos, de suerte que pongan de manifiesto la caridad con que Dios los ama. Gobiernen a sus s?bditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana. (?) Logren de los s?bditos, que en el desempe?o de sus cargos y en la aceptaci?n de las iniciativas cooperen ?stos con obediencia activa y responsable. Por tanto, escuchen los Superiores con agrado a los s?bditos, procurando que empe?en su actividad en bien del Instituto y de la Iglesia, quedando, no obstante, siempre a salvo su autoridad para determinar y mandar lo que debe hacerse.? La direcci?n espiritual de una Congregaci?n a la que alude el n?mero de Mutuae relaciones, viene a profundizar los deseos del Concilio Vaticano II de ver a los religiosos cooperar en forma activa con los Superiores, en los mandatos y disposiciones de ?stos. No pod?a ya pensarse ni en una obediencia cadav?rica, ni en una imposici?n de la obediencia. Siempre la obediencia ha sido, y ahora se buscaba resaltarla, un don libre y gozoso de la voluntad, que sin renunciar a su libre albedr?o ni a su capacidad de razonar, elige seguir siempre la voluntad de Dios, representada en la persona de los Superiores. ?stos a su vez, conscientes de gobernar personas y no cosas, deben mirar a los s?bditos como a hijos de Dios y con respeto a la persona humana. Para llevar a cabo este respeto y esta visi?n sobrenatural en la obediencia, se requiere que el gobierno est? fundamentado en las cosas espirituales y no meramente en las cosas naturales. Se gobierna no con criterios de eficiencia burocr?tica o empresarial, lo mejor para el estado, la sociedad o la empresa, sino con criterios espirituales, es decir, lo mejor para las almas. Este tipo de gobierno requiere una verdadera direcci?n espiritual en donde Dios, la Iglesia, la Congregaci?n y las almas tengan el lugar prioritario. Gobernar espiritualmente una Congregaci?n o Instituto religioso requiere conocer, en la media de lo posible, a cada una de las almas, para as? respetar la persona del s?bdito y tratarla como hijo de Dios. No basta por tanto erogar mandatos, disposiciones, a?n cuidando la parte espiritual de los miembros. Se requiere escucharlos con agrado y, al mismo tiempo, determinar y mandar lo que debe hacerse. Un equilibrio dif?cil cuando no se tiene un espacio dedicado precisamente a esta escucha y determinaci?n de lo que debe hacerse. De esta forma se abre la puerta a la direcci?n espiritual en donde el superior escucha al s?bdito y propone, indica y orienta lo que debe hacerse.

3. La plenaria de la SCRIS en su documento La dimensi?n contemplativa de la vida religiosa clarifica el n?mero 14 del Decreto Perfectae caritatis redimensionando o mejor, explicitando la frecuencia de la direcci?n espiritual, diferenci?ndola de otros medios psicol?gicos o pedag?gicos y sugiriendo las personas id?neas para llevarla a cabo: ?Tambi?n la direcci?n espiritual en sentido estricto merece recobrar su propia funci?n en el desarrollo espiritual y contemplativo de las personas. De hecho, nunca podr? ser sustituida por inventos ps?quico-pedag?gicos. Por eso aquella direcci?n de conciencia, para la cual Perfectae caritatis 14 reclama la debida libertad, habr? de ser facilitada por la disponibilidad de personas competentes y calificadas. Tal disponibilidad ser? ofrecida ante todo por los sacerdotes, pues ellos, por su misi?n pastoral espec?fica, promover?n su estima y participaci?n fructuosa. Pero tambi?n los otros superiores y formadores, consagr?ndose al cuidado de cada una de las personas que les han sido confiadas, contribuir?n, si bien de otra manera, a guiarlas en el discernimiento y la fidelidad a su vocaci?n y misi?n.?

Es importante mencionar que, si bien no da una definici?n positiva de lo que es la direcci?n espiritual, da una definici?n negativa al diferenciarla netamente de inventos ps?quico-pedag?gicos. No hay que olvidar el contexto cultural de los a?os setentas en los que se escribe este p?rrafo. La confusi?n que se daba en el mundo religioso aparec?a en muchos niveles, desde el simplemente humano, hasta el espiritual y el de la misma consagraci?n . Muchos religiosos y religiosas se dirig?an a los estudios profesionales de psicolog?a para tratar algunas de sus dolencias ps?quicas y/o espirituales. Si bien la ciencia psicol?gica pod?a ayudar a resolver algunos aspectos del religioso o la religiosa, no pod?a sustituir a la direcci?n espiritual, especialmente en sus funciones propias para el desarrollo espiritual y contemplativo. Pero se dieron casos de este cambio y abandono de la direcci?n espiritual por los as? llamados inventos ps?quico-pedag?gicos .
En 1994, en el documento Vida fraterna en comunidad, se esclarecer? m?s esa diferencia entre direcci?n espiritual y los as? llamado inventos psicopedag?gicos. El Magisterio no quiere en nada disminuir el aporte y avance de las ciencias humanas para solucionar problemas de ?ndole humana de las personas consagradas. No niega, por tanto, la posibilidad de que se den dichas dolencias en las personas consagradas. Lo que hace es simplemente establecer claramente los l?mites entre lo que es direcci?n espiritual y lo que son medios psicol?gicos. Cada uno en su ?mbito ayuda al armonioso desarrollo de la persona: su madurez humano y su madurez espiritual. Y no niega que tanto una como la otra se apoyen y se complemente, pero respetando siempre su propio campo de acci?n. ?Existen, por otra parte, situaciones y casos en los que es necesario recurrir a las ciencias humanas, sobre todo cuando hay personas claramente incapaces de vivir la vida comunitaria por problemas de madurez humana y de fragilidad psicol?gica o por factores prevalentemente patol?gicos. El recurso a estas intervenciones ha resultado ?til no s?lo como terapia, en casos de psicopatolog?a m?s o menos manifiesta, sino tambi?n como prevenci?n para ayudar a una adecuada selecci?n de los candidatos y para acompa?ar, en algunos casos, al equipo de formadores a afrontar problemas espec?ficos pedag?gico-formativos. En todo caso, en la elecci?n de los especialistas, hay que preferir a una persona creyente y que conozca bien la vida religiosa y sus propios dinamismos. Y tanto mejor si es una persona consagrada. El uso de estos medios, por ?ltimo, resultar? verdaderamente eficaz si se hace con discreci?n y no se generaliza, incluso porque no resuelven todos los problemas y, por lo mismo, ?no pueden sustituir a una aut?ntica direcci?n espiritual?.?


Pero en Reconciliatio et Paenitentia, como hemos mencionado, se da a conocer ya la situaci?n tergiversada por la que estaba pasando la direcci?n espiritual. A partir de ah?, el Magisterio volver? a indicar lo que es la direcci?n espiritual para diferenciarla de lo que no es, evidenciar las desviaciones y deformaciones de las que estaba siendo objeto y dar a conocer los cauces por los que deber?a desarrollarse la direcci?n espiritual en las nuevas situaciones de la Iglesia, espec?ficamente de la vida consagrada y del mundo laico.

Publicado por mario.web @ 11:43
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