Jueves, 12 de mayo de 2011
Quien no sabe lo que es, raramente podr? indicar a otro el camino. Es por tanto necesario que la mujer consagrada tenga una idea clara y objetiva sobre qui?n es y cu?l es su misi?n en la vida.
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Lineamientos de Juan Pablo II para la Pastoral Vocacional.
Lineamientos de Juan Pablo II para la Pastoral Vocacional.

Objetivo del art?culo.

La escasez de vocaciones es uno de los argumentos en el que suelo ser m?s consultado. Muchas de las Congregaciones por la edad media de sus miembros que oscila entre los sesenta y cinco y setenta a?os, han tenido que dejar algunos de los que fueron sus apostolados espec?ficos y ahora se preguntan dram?ticamente por su porvenir. Si bien algunas encuentran un cierto alivio en las vocaciones que han reclutado en Asia, ?frica o Am?rica Latina, son conscientes que estos relevos no ser?n suficientes para paliar las necesidades que en diez a?os surgir?n al interno de la Congregaci?n, especialmente para sustituir los puestos que dejar?n vac?os sus hermanas en religi?n, bien sea por vejez o por muerte.

Es este un panorama que escuece e interpela a poner soluciones, no sin antes cuestionarse seriamente las causas por las que se ha llegado a esta situaci?n. La lectura fenomenol?gica requiere una revisi?n en diversos niveles, si queremos dar una respuesta fundamentada. Una respuesta sin embargo, que a?n tomando en cuenta todos los aspectos que las ciencias humanas puedan aportar a comprender mejor el dato, no debe olvidar la practicidad para poner soluciones a corto plazo, que si bien sus frutos no se ver?n hasta en el largo plazo, se corre el riesgo de la extinci?n o la muerte, en caso de que ahora no se comience a tomar alguna medida al respecto.

Me parece asistir, en algunas congregaciones -que desgraciadamente son la mayor?a- al proceso psicol?gico que sigue un paciente en su fase terminal.
La primera reacci?n es la de negar la realidad del hecho. No se acepta la muerte, se niega la noticia que recibe del m?dico o de alg?n familiar. Surge la rebeli?n interna y externa y parece que el paciente viviera en esos momentos fuera de la realidad. Acto seguido viene la desesperanza, la p?rdida del sentido por la vida, y en este caso espec?fico, de la muerte. Llega una etapa en la que se la acepta sin poder hacer nada. Una etapa de triste resignaci?n. Por fin, el paciente se reconcilia con la muerte, la espera, la hace su amiga y hasta llegar a entablar amistad con la que ahora se ha convertido en la hermana muerte.

Si bien no podemos adaptar completamente este proceso psicol?gico a todas las Congregaciones religiosas femeninas por igual, observo caracter?sticas muy parecidas al proceso antes descrito. Parece ser que en un primer momento no se dan cuenta de la realidad. Saben que de no hacer nada, est?n destinadas a la extinci?n total, a menos que suceda un milagro. Y sin embargo no hacen nada, no por confiar en el milagro, sino porque no creen lo que est?n viendo con sus ojos y palpando en la realidad del cierre de tantas comunidades, la retirada de obras de apostolado y el aumento de las casas de reposo de su Congregaci?n. Fen?meno curioso, pero que inexorablemente llevar? a la muerte.

Se da en un segundo momento lo que yo llamar?a el susto de la realidad. Se toma conciencia de lo que est? pasando, se duele de esa realidad, pero no se act?a. Se act?an sobre planos que no incidir?n en la realidad Sucede como si las Congregaciones religiosas perdieran contacto por la realidad y en lugar de prever el futuro, de dirigirlo hacia metas y resultados objetivos, movilizan energ?as a hechos que sin ser da?inos a la vida de la Congregaci?n, no la llevan a solucionar su proceso de muerte.

As?, hay congregaciones que se separan del carisma originario y comienzan a adaptarse m?s al mundo, secularizando sus normas, sus principios, sus constituciones. ?ltimamente se da el fen?meno de buscar una re-fundaci?n, o trabajar por los derechos del hombre, o buscar horizontes de trabajo en iniciativas ecologistas. Es como asistir al espect?culo del enfermo de c?ncer que en su fase terminal decidiera dedicarse a velear, zarpando por puertos y as? pretender alejarse del diagn?stico que le acaba de dar el m?dico. No niega la realidad, pero vive una ilusi?n. No acepta la realidad y la trata de ocultar a toda costa.

En un tercer momento, las Congregaciones religiosas se desesperan, pero sin hacer nada. Comienzan a darse cuenta que la herencia, multisecular en algunos casos, que el fundador o la fundadora les han dejado, se les va de las manos y no pueden hacer nada por recuperarla. Han entrado en una fase de desesperaci?n en la que las lamentaciones est?n a la orden del d?a. Se lamentan por los tiempos que corren, por el hecho de que Dios no les manda vocaciones, por no saber qu? hacer o c?mo actuar para atraer vocaciones a la Congregaci?n. Son los ?ltimos estertores antes de la muerte.

Llega por fin la resignaci?n. Una triste resignaci?n unida a la sumisi?n. Se acepta la muerte de la Congregaci?n, quiz?s porque as? lo ha querido Dios. Se acepta piadosamente la muerte.

Muchos otros an?lisis podr?an citarse en este art?culo. Los hay que desde un punto de vista sociol?gico tratan de dar una interpretaci?n del fen?meno. No es nuestro inter?s traerlos a colaci?n. Pretendemos fijar el alcance del art?culo trayendo a colaci?n el an?lisis y la respuesta que a lo largo de su Pontificado ha dado Juan Pablo II a este acuciante problema. Limitaremos nuestro estudio a aquellos documentos m?s representativos de la vida religiosa en el magisterio de Juan Pablo II y que abarcan el universo de las religiosas. Con estos criterios hemos elegido los siguientes escritos de Juan Pablo II:
Exhortaci?n apost?lica post-sinodal Vita Consecrata (VC).
Carta de Juan Pablo II a los obispos estadounidenses On April 3, sobre el papel de la vida religiosa. (A3)
Carta apost?lica Novo millennio ineunte (NM).
Enc?clica Ecclesia de Eucarist?a (EE)
Enc?clica Redemptoris Missio (RM)
Exhortaci?n apost?lica pos-sinodal Ecclesia in Europa
Exhortaci?n apost?lica Pastores dabo vobis (PV)

Si bien este ?ltimo documento se refiere a ?la formaci?n de los sacerdotes en la situaci?n actual?, hemos elegido aquellas ense?azas de Juan Pablo II que bien pueden referirse y aplicarse a la pastoral vocacional para la vida religiosa femenina.


?C?mo se plante? Juan Pablo II el problema de las vocaciones?
Diversas las posturas que se toman frente al problema de la escasez de vocaciones. Las hay desde las m?s dram?ticas, en d?nde no se ve otra posible salida que la extinci?n del Instituto, hasta aquellas que, negando la importancia del fen?meno, lo ven como un paso normal en al historia de la Iglesia. Para ?stos ?ltimos, ha sonado la hora de los laicos y as? comienzan a dejar en sus manos obras, instituciones, apostolados y hasta carisma.

Juan Pablo II parte de un hecho: la vida religiosa, la vida consagrada, pertenece a la Iglesia. ?La vida consagrada, enraizada profundamente en los ejemplos y ense?anzas de Cristo el Se?or, es un don de Dios Padre a su Iglesia por medio del Esp?ritu.? (VC, 1) Por lo tanto no es algo superfluo o que est? s?lo al servicio de ciertas necesidades de la Iglesia.

Quien se empe?a por tanto en la pastoral vocacional debe partir de este presupuesto: La vida consagrada, como don de Dios a la Iglesia, no depende de tiempos, circunstancias o lugares. Si Dios ha suscitado este don, no lo ha limitado en el tiempo ni en el espacio. Con este razonamiento vienen por tierra aquellos sofismas, hoy en d?a muy en boga, sobre la eficacia de la vida consagrada, que ve solamente su oportunidad, dependiendo de las necesidades que deben cubrirse en la Iglesia. No depende por tanto la vida consagrada de las culturas, los tiempos o los lugares. As? lo afirma Juan Pablo II cuando dice: ?De este modo, si en algunas regiones de la tierra los Institutos de vida consagrada parece que atraviesan un momento de dificultad, en otras prosperan con sorprendente vigor, mostrando que la opci?n de total entrega a Dios en Cristo no es incompatible con la cultura y la historia de cada pueblo. Adem?s, no florece solamente dentro de la Iglesia cat?lica; en realidad, se encuentra particularmente viva en el monacato de las Iglesias ortodoxas, como rasgo esencial de su fisonom?a, y est? naciendo o resurgiendo en las Iglesias y Comunidades eclesiales nacidas de la Reforma, como signo de una gracia com?n de los disc?pulos de Cristo.? (VC, 2).

La escasez de vocaciones, por tanto, no es un signo de que la vida consagrada debe desaparecer. ?Las dificultades actuales, que no pocos Institutos encuentran en algunas regiones del mundo, no deben inducir a suscitar dudas sobre el hecho de que la profesi?n de los consejos evang?licos sea parte integrante de la vida de la Iglesia, a la que aporta un precioso impulso hacia una mayor coherencia evang?lica.? (VC, 3). Es m?s bien un reclamo que llama a la acci?n.

Juan Pablo II, a lo largo de su Pontificado tuvo la intuici?n, sana intuici?n humana, de ver los problemas como retos, como oportunidades. As?, desde el comienzo de su Pontificado, frente a las dificultades que propon?a el mundo y para poner en obra las ense?azas del Concilio Vaticano II, lanza una exclamaci?n que ser? el inicio de un eco repetido a lo largo de estos a?os de pontificado. ?No teng?is miedo. Abrid de par en par las puertas a Cristo.? Y esta misma intuici?n le hace tomar en mano el problema de la escasez de vocaciones con una visi?n muy especial: ?El problema de las vocaciones es un aut?ntico desaf?o que interpela directamente a los Institutos, pero que concierne a toda la Iglesia. En el campo de la pastoral vocacional se invierten muchas energ?as espirituales y materiales, aunque los resultados no siempre se corresponden a las expectativas y a los esfuerzos realizados.? (VC, 64).

Es una visi?n realista que no escamotea la dificultad del momento y que se proyecta a la acci?n, buscando en primer lugar las causas, para actuar sobre ellas. Con ello, Juan Pablo II se revela como un estratega del esp?ritu, ya que aplica una visi?n realista a los problemas, analiza sus causas y se lanza a actuar sobre estas mismas causas.

Yendo a las causas, Juan Pablo II no deja de ser el m?dico que no duda en ir al fondo de la herida, aunque para ello deba de causar cierto dolor al cuerpo. As?, en una carta dirigida a los obispos estadounidenses, el 22 de abril de 1989, no dudar? en dar un elenco claro y preciso de las causas que atenazan el nacimiento de las nuevas vocaciones: ?Los Institutos religiosos deben mantener un sentido claro y firme de la propia identidad y misi?n. Un continuo estado de cambio de direcci?n, la incoherencia entre como vienen expuestos los valores y los ideales y c?mo se viven de hecho en la realidad, una introspecci?n y un centrarse excesivo en s? mismos, un ?nfasis exagerado por las necesidades de los miembros del Instituto que se opone a las necesidades del pueblo de Dios, constituyen a menudo obst?culos para aquellos que desean seguir la llamada de Cristo <>? (A3).

Aqu? Juan Pablo II tiene la idea clara y certera que las causas de la falta de vocaciones las debemos buscar primero al interno de cada Congregaci?n, analizando la coherencia con la que viven su propia consagraci?n. A?os m?s tardes, al referirse a los sacerdotes en Europa, pero que podemos aplicarla a las religiosas de todo el mundo, dir? refiri?ndose a este mismo problema: ?Y es indispensable que los sacerdotes mismos vivan y act?en en coherencia con su verdadera identidad sacramental. En efecto, si la imagen que dan de s? mismos fuera opaca o l?nguida, ?c?mo podr?an inducir a los j?venes a imitarlos??

Juan Pablo II no duda de poner el dedo en la llaga y cifrar en la identidad de la vida religiosa la causa de la falta de vocaciones. Una persona con una identidad clara en la vida, es una persona psicol?gicamente armoniosa y espiritualmente segura de las metas que quiere en la vida. Una persona que vive con radicalidad su identidad, ser? una persona que atraiga a otras a vivir una vida plena y gozosa. Si en cambio tiene una identidad dudosa, o se la cuestiona constantemente, o la cambia con frecuencia para adaptarla as situaciones cambiantes del amiente, no podr? ofrecer una imagen, un modelo o un proyecto de vida.

De frente a esta imperiosa necesidad de tener clara la identidad religiosa, Juan Pablo II dejar? los lineamientos de la pastoral vocacional: ?La invitaci?n de Jes?s: ? Venid y ver?is ? (Jn 1, 39) sigue siendo a?n hoy la regla de oro de la pastoral vocacional. Con ella se pretende presentar, a ejemplo de los fundadores y fundadoras, el atractivo de la persona del Se?or Jes?s y la belleza de la entrega total de s? mismo a la causa del Evangelio. Por tanto, la primera tarea de todos los consagrados y consagradas consiste en proponer valerosamente, con la palabra y con el ejemplo, el ideal del seguimiento de Cristo, alimentando y manteniendo posteriormente en los llamados la respuesta a los impulsos que el Esp?ritu inspira en su coraz?n.? (VC, 64).

No se puede pensar en poner medios en la pastoral vocacional, si antes no se vive este seguimiento de Cristo. A esto se reduce la identidad de la vida consagrada: ?El fundamento evang?lico de la vida consagrada se debe buscar en la especial relaci?n que Jes?s, en su vida terrena, estableci? con algunos de sus disc?pulos, invit?ndoles no s?lo a acoger el Reino de Dios en la propia vida, sino a poner la propia existencia al servicio de esta causa, dejando todo e imitando de cerca su forma de vida? En efecto, en ella la consagraci?n bautismal los lleva a una respuesta radical en el seguimiento de Cristo mediante la adopci?n de los consejos evang?licos.? (VC, 14)

Partir de la identidad de la vida consagrada.
?El argumento de la interiorizaci?n y de la realizaci?n de la identidad personal nos sit?a en el coraz?n mismo del proceso educativo pues de ?l dependen la plenitud de la vocaci?n y la eficacia de la misi?n del sujeto.? Parecer?a un argumento muy sencillo este de centrar toda la pastoral vocacional en la identidad de la vida consagrada. Sin embargo no es un argumento sencillo ni simplista: es la base de toda vocaci?n. El venid y ver?is, centro del anuncio gozoso de la vocaci?n, y por ende, de la pastoral vocacional, no llega a darse quien no vive centrada en su vocaci?n. Qui?n sabe lo que es, sabe a d?nde va y contagia a otros esta seguridad de vida. Pensemos por un momento lo que significa, por ejemplo, para Europa que ha perdido su identidad, el que las mujeres consagradas ofrezcan por s? mismas un ejemplo v?lido de referencia en la vida, frente a valores mutables y circunstancias cambiantes.

Partir de la identidad de la vida consagrada para vivir con radicalidad la consagraci?n es requisito indispensable, seg?n anota Juan Pablo II, para iniciar una verdadera pastoral vocacional. Esta pastoral vocacional deber? partir sin duda alguna de la confianza depositada en el due?o de la mies, as? como en una constante oraci?n de petici?n. ?Es necesario tener confianza en el Se?or Jes?s, que contin?a llamando a seguir sus pasos, y encomendarse al Esp?ritu Santo, autor e inspirador de los carismas de la vida consagrada. As? pues, a la vez que nos alegramos por la acci?n del Esp?ritu que rejuvenece a la Esposa de Cristo haciendo florecer la vida consagrada en muchas naciones, debemos dirigir una constante plegaria al Due?o de la mies para que env?e obreros a su Iglesia, para hacer frente a las exigencias de la nueva evangelizaci?n (Cf. Mt 9, 37-38).? (VC, 64).

Estos son puntos quiz?s ya demasiado conocidos y practicados a lo largo de la historia. Es por ello que el Papa no duda en se?alar a rengl?n seguido la necesidad de trabajar adecuadamente en la promoci?n de las vocaciones. Contrariamente a lo que se podr?a pensar, esto no es tentar a las vocaciones, sino ayudar a la acci?n de Dios en las almas que ?l tiene escogidas para este servicio.

Hasta hace no muchos a?os, las vocaciones tocaban a las puertas de los conventos. Se pensaba claramente que la fidelidad a la vocaci?n y la oraci?n al due?o de la mies, eran los medios ordinarios para logra vocaciones al Instituto. Y en parte era verdad. En parte, porque se olvidaba, o se daba por descontado, la labor de evangelizaci?n que se realizaba en la familia, en la escuela cat?lica, en la parroquia y de alguna manera, en la sociedad toda entera. Con los cambios que ha tenido la sociedad, al pasar de ser una sociedad cristiana a una sociedad secularizada, la labor de evangelizaci?n ha sido reducida a un m?nimo, sino es que ha desaparecido. Si antes las vocaciones llegaban al convento, no era tan s?lo por la fidelidad y la oraci?n de las familias religiosas. Adem?s de esta fidelidad y de esta oraci?n se daba una labor concreta, clara y precisa de evangelizaci?n llevada a cabo por algunos, o todos, de los agentes antes descritos.
Es por ello que el Papa no duda en mencionar dentro de las directrices de la pastoral vocacional un trabajo organizado: ?Adem?s de promover la oraci?n por las vocaciones, es urgente esforzarse, mediante el anuncio expl?cito y una catequesis adecuada, por favorecer en los llamados a la vida consagrada la respuesta libre, pero pronta y generosa, que hace operante la gracia de la vocaci?n.? (VC, 64).

Este anuncio expl?cito y la catequesis adecuada vendr?n a explicitarse en diversas formas que analizaremos a continuaci?n.
Algo m?s que un simple ?Rogad??


Publicado por mario.web @ 11:53
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